domingo, 23 de julio de 2017

Paul Feyerabend
ADIÓS A LA RAZÓN (II)
Madrid, 1992, Tecnos. 
 

“Un llamamiento a una cosa llamada «lógica» parece impresionar a un gran número de personas, pero sólo porque no saben mucho de ella. Para empezar, hay que recordar que no existe «una lógica», sino muchos sistemas diferentes lógicos, unos más familiares, otros casi desconocidos.” (p. 115)

"...la elección de un programa de investigación es una apuesta. Pero es una apuesta cuyo resultado no puede ser comprobado. La apuesta es pagada por los ciudadanos: puede afectar a sus vidas y a las de generaciones futuras (basta considerar cómo la relación de los hombres con Dios quedó afectada al surgir la ciencia moderna). Ahora bien, si tenemos cierta seguridad de que existe un grupo de personas que por su entrenamiento son capaces de elegir alternativas que implicarían grandes beneficios para todos, entonces nos inclinaríamos a pagarles y a dejarles actuar sin más control durante largos períodos de tiempo. No existe tal seguridad ni por motivos teóricos ni por otros personales. Hemos de concluir que, en una democracia, la elección de programas de investigación en todas las ciencias es una tarea en la que deben poder participar todos los ciudadanos.  
   ...si debe existir una elección pero no hay garantía de éxito, entonces la elección deberá dejarse a aquellos que paguen la política elegida y que sufran sus consecuencias. En tales circunstancias, dejar la ciencia a los científicos significaría abandonar nuestra responsabilidad ante una de las instituciones más poderosas y, si no se toman grandes precauciones, también mortales de nuestro medio, mortal para las mentes tanto como para los cuerpos.” (pp. 118-119)
[Las cursivas pertenecen a los textos.]

Douglas Adams
GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO (II)
Barcelona, 2005, Anagrama.


 
La Enciclopedia Galáctica define a un robot como un aparato mecánico creado para realizar el trabajo del hombre. El departamento comercial de la Compañía Cibernética Sirius define a un robot como «Su amigo de plástico con quien le gustará estar».
    La Guía del autoestopista galáctico define al departamento comercial de la Compañía Cibernética Sirius como un «hatajo de pelmazos y estúpidos que serán los primeros en ir al paredón cuando llegue la revolución»; hay una nota a pie de página al efecto, que dice que los editores recibirán con agrado solicitudes de cualquiera que esté interesado en ocupar el puesto de corresponsal en robótica.
   Curiosamente, hay una edición de la Enciclopedia Galáctica que tuvo la buena fortuna de caer en la urdimbre del tiempo a mil años en el futuro, y que define al departamento comercial de la Compañía Cibernética Sirius como «un hatajo de pelmazos estúpidos que fueron los primeros en ir al paredón cuando llegó la revolución».” (pp. 90-91)

“El infinito tiene un aspecto plano y sin interés. Si se mira al cielo nocturno, se atisba el infinito: la distancia es incomprensible y, por tanto, carece de sentido.” (p. 145)

Paul Feyerabend
ADIÓS A LA RAZÓN (I)
Madrid, 1992, Tecnos.



“...es que precisamente en esta problemática es donde las ciencias se asemejan a las artes. O, para expresarlo de una forma algo paradójica, la ciencia en su mejor aspecto, es decir, la ciencia en cuanto es practicada por nuestros grandes científicos, es una habilidad, o un arte, pero no una ciencia en el sentido de una empresa «racional» que obedece estándares inalterables de la razón y que usa conceptos bien definidos, estables, «objetivos» y por esto también independientes de la práctica. O, para utilizar una terminología tomada del gran debate sobre la distinción entre «Geisteswissenschaften» (Ciencias del espíritu) y «Naturwissenschaften» (Ciencias de la naturaleza), no existen «ciencias» en el sentido de nuestros racionalistas; sólo hay humanidades. Las «ciencias» en cuanto opuestas a las humanidades sólo existen en las cabezas de los filósofos cabalgadas por los sueños." p 32).
[Las cursivas pertenecen a los textos.]

“Según Kant, la ilustración se realiza cuando la gente supera una inmadurez que ellos mismos se censuran. La ilustración del siglo XVIII hizo a la gente más madura ante las iglesias. Un instrumento esencial para conseguir esta madurez fue un mayor conocimiento del hombre y del mundo. Pero las instituciones que crearon y expandieron los conocimientos necesarios muy pronto condujeron a una nueva especie de inmadurez. Hoy se acepta el veredicto de científicos o de otros expertos con la misma reverencia propia de débiles mentales que se reservaba antes a obispos y cardenales, y los filósofos, en lugar de criticar este proceso, intentan demostrar su «racionalidad» interna.” (p. 60; nota 36.)

“Es fácil soñar con teorías grandiosas sobre la naturaleza humana y la sociedad, y es igualmente fácil ridiculizar tales teorías comparándolas con la inagotable riqueza de la realidad y con la infinita variedad de deseos, ideas, sentimientos y aspiraciones del hombre. Pero después, la dimensión crítica de las teorías queda reemplazada, no por un esquema mejor o por ideas más sofisticadas, sino una vez más por la acción.” (p. 78)

Douglas Adams
GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO (I)
Barcelona, 2005, Anagrama.


“Prostetnic Vogon Jeltz no era agradable a la vista, ni siquiera para otros vogones. Su nariz respingada se alzaba muy por encima de su pequeña frente de cochinillo. Su elástica piel de color verde oscuro era lo bastante gruesa como para permitirle jugar a la política de administración pública de los vogones y hacerlo bien; y era lo suficientemente impermeable como para que pudiera sobrevivir indefinidamente en el mar hasta una profundidad de trescientos metros sin que ello le produjera efectos nocivos.
    No es que fuese alguna vez a nadar, por supuesto. Sus múltiples ocupaciones no se lo permitían. Era así porque hacía billones de años, cuando los vogones salieron de los primitivos mares estancados de Vogosfera y se tumbaron jadeantes y sin aliento en las costas vírgenes del planeta..., cuando los primeros rayos del brillante y joven vogosol los iluminaron aquella mañana, fue como si las fuerzas de la evolución los hubieran abandonado allí mismo, volviéndoles la espalda disgustadas y olvidándolos como a un error repugnante y lamentable. No volvieron a evolucionar: no debieron haber sobrevivido.
    El hecho de que sobrevivieran es una especie de tributo a la obstinación, a la fuerte voluntad, a la deformación cerebral de tales criaturas. ¿Evolución?, se dijeron a sí mismos. ¿Quién la necesita? Y lo que la naturaleza se negó a hacer por ellos lo hicieron por sí mismos hasta el momento en que pudieron rectificar las groseras inconveniencias anatómicas por medio de la cirugía.
  Entretanto, las fuerzas naturales del planeta Vogosfera habían hecho horas extraordinarias para remediar su equivocación anterior. Produjeron escurridizos cangrejos, centelleantes como gemas, que los vogones comían aplastándoles los caparazones con mazos de hierro; altos árboles anhelosos, de esbeltez y colores increíbles, que los vogones talaban y encendían para asar la carne de los cangrejos; elegantes criaturas semejantes a gacelas, de pieles sedosas y ojos virginales, que los vogones capturaban para sentarse sobre ellas. No servían como medio de transporte, porque su columna vertebral se rompía al instante, pero los vogones se sentaban sobre ellas de todos modos.” (pp. 50-51)

martes, 18 de julio de 2017

George Steiner
DIEZ (POSIBLES) RAZONES PARA LA TRISTEZA DEL PENSAMIENTO (II)
Madrid, 2007, Siruela.



“Todos vivimos dentro de una incesante corriente y magma de actos de pensamiento, pero sólo una parte muy limitada de la especie da prueba de saber pensar. Heidegger confesó lúgubremente que la humanidad en su conjunto aún no había salido de la prehistoria del pensamiento. Los alfabetizados cerebrales –carecemos de un término adecuado– son, en proporción con la masa de la humanidad, pocos. La capacidad de albergar pensamientos o rudimentos de ellos es universal y es muy posible que vaya unida a unas constantes neurofisiológicas y evolutivas. Pero la capacidad de tener pensamientos que merezcan la pena de ser pensados, más aún, de ser expresados y conservados, es relativamente rara. No hay muchas personas que sepan pensar con una finalidad que sea original, y mucho menos que sea exigente. Todavía hay menos capaces de poner en orden las plenas energías y el potencial del pensamiento y dirigir estas energías a lo que se denomina «concentración» o pensamiento intencionado. Una etiqueta idéntica oscurece los años-luz de diferencia que hay entre el ruido de fondo y las banalidades de la cavilación comunes a toda existencia humana (como también lo es quizá a la de los primates) y la milagrosa complejidad y fuerza del pensamiento de primera categoría.” (pp. 87-89)

“Lo cierto sigue siendo, y de forma abrumadora, que el pensamiento, sean cuales fueren su talla, su concentración, su modo de saltar las grietas de lo desconocido, sea cual fuere su genio ejecutivo para la comunicación y la representación simbólica, no está más cerca de comprender sus objetos primarios. No estamos una pulgada más cerca que Parménides o Platón de cualquier solución verificable del enigma de la naturaleza y de la finalidad de nuestra existencia, si es que la tiene, en este universo probablemente múltiple; no estamos más cerca de determinar si la muerte es o no el final, o si Dios está presente o ausente. A lo mejor incluso estamos más lejos. Los intentos de «pensar» estas cuestiones, de resolverlas pensando, para llegar al santuario de una solución justificadora, explicativa, han producido nuestra historia religiosa, filosófica, literaria, artística y, en gran medida, científica. En el empeño han participado los intelectos y las sensibilidades creativas más potentes de la raza humana: nada menos que Platón, san Agustín, Dante, Spinoza, Galileo, Marx, Nietzsche o Freud. Ha generado sistemas teológicos y metafísicos de fascinante sutileza y sugestivo propósito. Nuestras doctrinas, poesía, arte y ciencia anteriores a la modernidad han estado avalados por la urgente interrogación sobre la existencia, la mortalidad y lo divino. Abstenerse de esta interrogación, censurarla, sería eliminar el pulso y la dignitas definidores de nuestra humanidad. Es el vértigo de preguntar lo que activa una vida sometida a examen.” (pp. 101-102)
[Las cursivas pertenecen a los textos.]



George Steiner
DIEZ (POSIBLES) RAZONES PARA LA TRISTEZA DEL PENSAMIENTO (I)
Madrid, 2007, Siruela.



“Todo esto es una consecuencia inevitable del lenguaje. Hemos nacido dentro de una matriz lingüística que hemos heredado históricamente y compartimos en comunidad. Las palabras, las frases que utilizamos para comunicar nuestro pensamiento, ya interior ya exteriormente, tienen una vigencia común. Hacen democrática la intimidad. En embrión, por decirlo así, el diccionario hace inventario de la casi totalidad del pensamiento tanto real como potencial. El cual, a su vez, se compone de recopilaciones y selecciones combinatorias de fichas prefabricadas. Puede que las reglas gramaticales y los precedentes (las piezas del kit Lego) predeterminen, impongan restricciones a la inmensa mayoría de nuestros actos de pensamiento y a las expresiones de nuestra consciencia. Las posibilidades de construcción son múltiples, pero también repetitivas y limitadas. 
   En consecuencia, la verdadera originalidad de pensamiento, el hecho de tener un pensamiento por primera vez (¿y cómo vamos a saberlo?) es extremadamente infrecuente.” (pp. 38-39)

“Pensar es algo casi increíblemente despilfarrador. Es un conspicuo consumo de la peor especie. Las investigaciones neurofisiológicas han tratado de localizar y evaluar numéricamente las «ondas cerebrales» emitidas por el córtex. Han intentado identificar los cuantos de energía, el ritmo de los impulsos electromagnéticos asociados con momentos y grupos de pensamiento concentrado. Sí parece verosímil que en lo que denominamos «pensamiento» haya componentes de energía neuroquímica y electromagnética; que las sinapsis del cerebro humano tengan una producción mensurable (el estudio de las lesiones cerebrales proporciona pruebas de ello). Pero, por ahora, muchas cosas siguen estando basadas en conjeturas y los esquemas son aproximados. […] La cuestión es ésta: los procesos mentales, ya sean conscientes, ya subconscientes, la corriente de pensamiento en nuestro interior, expresada o tácita, durante las horas de vigilia o las de sueño –esos movimientos oculares rápidos tan estudiados en recientes décadas–, son, en una proporción abrumadora, difusos, sin objeto, dispersos e inexplicados. Están, muy literalmente, «por todas partes», lo cual hace enteramente válido el modismo scatterbrained («de cerebro disperso»: incapaz de concentración) . La economía es la de un despilfarro y un déficit casi monstruosos. No hay quizá ninguna actividad humana más extravagante.” (pp. 53-55)

[Las cursivas pertenecen a los textos.]



















jueves, 13 de julio de 2017

Mike Dash
LA TRAGEDIA DEL BATAVIA (II)
Barcelona, 2003, Lumen.



“La sequía se prolongó un cuarto día, y después un quinto, y la agonía de los supervivientes siguió intensificándose. Sin agua, sus cuerpos se deshidrataron rápidamente; transcurrido un día aproximadamente, la saliva se les espesó hasta convertirse en una desagradable pasta, y poco después dejaron de segregarla. A partir de ese momento, los síntomas solo empeoraron: la lengua se les endureció y se les inflamó; se les agrietaron los párpados, sus ojos derramaban lágrimas de sangre. La garganta se les resecó de tal manera que incluso dificultaba la respiración.” (p. 216)
Joseph Heller
TRAMPA 22 (II)
Barcelona, 2005, RBA.



“El comandante Coronel había nacido demasiado tarde y demasiado mediocre. Algunas personas nacen mediocres, otras alcanzan la mediocridad, a otras se la imponen. En el caso del comandante Coronel, eran las tres cosas. Incluso entre las personas que carecían de todo interés él destacaba invariablemente por una carencia de interés aun mayor que la de los demás, y cuantos lo conocían se quedaban impresionados por el poco interés que despertaba.” (p. 98)

“—Y no me vengas con que los caminos del Señor son inescrutables —añadió Yossarian, aplastando la siguiente objeción de la mujer del teniente Scheisskopf—. No tienen nada de inescrutables. Para empezar, no tiene ningún designio, y se limita a jugar. O es que se ha olvidado de nosotros. Ése es el Dios del que habla la gente, un cateto, un zafio torpe, descerebrado y vulgar. ¡Dios del cielo! ¿Cómo se puede reverenciar a un Ser Supremo que considera necesario incluir en Su divina creación fenómenos como las flemas o las caries dentales? ¿Qué coño le pasaba por esa mente malvada, astuta, escatológica, cuando privó a los viejos del control sobre el movimiento de sus intestinos? ¿Por qué demonios tuvo que crear el dolor?
—¿El dolor? —la mujer del teniente Scheisskopf se aferró a aquella palabra con ademán victorioso—. El dolor es un síntoma muy útil. El dolor nos avisa de los peligros corporales.
—¿Y quién ha creado esos peligros? —preguntó Yossarian. Soltó una cáustica carcajada—. Desde luego, hizo un acto de caridad con nosotros al concedernos el dolor. ¿No podía usar un timbre para comunicárnoslo, o uno de sus coros celestiales? O una instalación de tubos de neón azules y rojos en la frente de cada persona. A cualquier fabricante de máquinas de discos se le habría ocurrido. ¿Por qué a Él no?
—Tendríamos un aspecto ridículo yendo por ahí con tubos de neón rojos en mitad de la frente.
—Pues estarán más guapos con los espasmos de la agonía o atontados de morfina, ¿verdad? ¡Es un metepatas colosal, inmortal! ¡Cuando piensas en las oportunidades y el poder de que disponía para haber realizado un buen trabajo y ves la porquería que ha hecho, te quedas boquiabierto ante su torpeza! Salta a la vista que nunca se ha topado con una nómina. ¡Ningún comerciante que se respete lo contrataría ni como chupatintas!” (pp. 211-212)


Mike Dash
LA TRAGEDIA DEL BATAVIA (I)
Barcelona, 2003, Lumen.



“Incluso ahora, es posible determinar con cierta precisión la incidencia y el alcance de estas dolencias en el siglo XVII, un siglo plagado de enfermedades. El cielo católico contaba, por ejemplo, con no menos de ciento veintitrés santos por cuya intercesión podían rezar los aquejados de fiebres: sin duda, la cantidad más elevada de patrones consagrados a una afección en particular. Otros ochenta y cinco santos atendían las infinitas súplicas de padres desesperados que pedían ayuda para la vasta variedad de enfermedades que aquejaban a los niños; cincuenta y tres más cubrían el abanico de plagas, y veintitrés estaban dedicados en exclusiva a la gota. Los católicos tenían incluso un santo patrón de las hemorroides: san Fiacre, un párroco irlandés que había llevado una vida de excepcional tormento en el siglo VII.” (p. 54)

“Para el lector actual, el ingrediente más insólito de cuantos figuraban en las boticas es sin duda la «momia», carne humana molida extraída (al menos en teoría) directamente de tumbas egipcias saqueadas. Era una panacea popular, supuestamente eficaz contra la práctica totalidad de dolencias, desde la jaqueca hasta la peste bubónica. La mejor momia tenía «un tacto resinoso, curtido y negro brillante», un sabor acre y un olor fragante. Cuando los suministros procedentes de Egipto resultaban difíciles de conseguir, lo cual ocurría con frecuencia, debían reemplazarse con cadáveres europeos, pero era importante que el cuerpo del cual se extraía la carne no hubiese sucumbido a la enfermedad. Aunque era de suponer que hasta la momia más refinada procediera de los restos de hombres que habían muerto por asfixia en tormentas de arena en el Sahara, en la práctica la principal fuente de suministros eran los cadáveres de criminales ejecutados.” (p. 57)

Joseph Heller
TRAMPA 22 (I)
Barcelona, 2005, RBA.



“El coronel Cargill, mediador del general Peckem, era un hombre enérgico, rubicundo. Antes de la guerra era un ejecutivo astuto, agresivo y dinámico. El coronel Cargill era un ejecutivo malísimo, tanto que sus servicios eran muy estimados por las empresas deseosas de sufrir pérdidas económicas con el fin de evadir al fisco. En todo el mundo civilizado desde Battery Park hasta Fulton Street, disfrutaba de gran fama como hombre en el que se podía confiar para amortizar rápidamente los impuestos. Cobraba muy caro, porque muchas veces el desastre no sobrevenía fácilmente. Tenía que empezar por arriba y continuar laboriosamente hasta abajo, y con sus amigos de Washington perder dinero no era tarea sencilla. Llevaba meses enteros de esfuerzos y de mala organización bien planeada. Una persona lo desarticulaba todo, lo desbarataba, descuidaba hasta el último detalle y, precisamente cuando pensaba que lo había logrado, el gobierno le daba un bosque o un lago o unos pozos de petróleo y le estropeaba todo. A pesar de tantos obstáculos, se sabía que el coronel Cargill era capaz de destrozar el negocio más próspero. Era un hombre que lo había conseguido todo por sí solo y que no le debía a nadie su fracaso.
    —¡Atención! —empezó a decir el coronel Cargill ante el escuadrón de Yossarian, midiendo las pausas—. Son ustedes oficiales norteamericanos. No pueden decir lo mismo los oficiales de ningún otro ejército del mundo. Piénsenlo un poco.
    El sargento Knight lo pensó un poco y después, con suma corrección, puso en conocimiento del coronel Cargill que se estaba dirigiendo a la tropa y que los oficiales lo esperaban en el otro extremo del escuadrón. El coronel Cargill le dio las gracias secamente y se dirigió hacia allí a grandes zancadas, resplandeciente de satisfacción consigo mismo. Lo enorgullecía comprobar que los veintinueve meses de servicio no habían embotado su talento para la ineptitud.” (pp. 31-32)

martes, 4 de julio de 2017

John Fante
LLENOS DE VIDA (II)
Barcelona, 2008, Anagrama.


“Mi padre solía ser el primero en levantarse todas las mañanas, se hacía su propio desayuno y preparaba café para todos. Para romper el ayuno empezaba con un vaso de clarete con un huevo crudo que parecía un ojo en escabeche. […] La fórmula de mi padre era echar varias cucharadas de café molido en un cazo y calentarlo; echaba al brebaje las cáscaras de huevo y lo dejaba hervir, hasta que se formaba una especie de sopa. Era un café volcánico, le ponías leche y apenas cambiaba de color. Cuando lo removías, la cucharilla tropezaba con grava y en la superficie aparecían motas sospechosas que volvían a sumergirse. Había hilachas de clara cocida y, cuando lo bebías, estabas todo el tiempo escupiendo trozos de cáscara. En pocas palabras, una bazofia. Nos lo tomábamos, como es lógico, por no quedar mal, y luego, cuando llegaba a la oficina, me tomaba un café del bueno.” (pp. 110-111)
Thich Nhat Hanh
EL CORAZÓN DE LAS ENSEÑANZAS DE BUDA
Barcelona, 2012, Oniro.



“Buda nos aconseja recitar los «Cinco recordatorios» cada día:
1. Por mi naturaleza estoy destinado a envejecer. No hay forma de huir del envejecimiento.
2. Por mi naturaleza estoy destinado a caer enfermo. No hay forma de huir de la enfermedad.
3. Por mi naturaleza estoy destinado a morir. No hay forma de huir de la muerte.
4. Todo cuanto quiero y las personas a las que amo tienen la naturaleza del cambio. No hay forma de evitar tener que separarme de todo ello.
5. Mis acciones son lo único que realmente me pertenece. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son la base que me soporta.” (p. 183)

“Los políticos, los economistas y los educadores necesitan practicar la ausencia de signos. Encarcelamos a muchos jóvenes, pero si meditamos en la ausencia de signos, descubriremos de dónde procede su violencia. ¿Cómo es nuestra sociedad? ¿Cómo están organizadas nuestras familias? ¿Qué se enseña en nuestras escuelas? ¿Por qué deberíamos echar toda la culpa a los jóvenes? ¿Por qué no podemos aceptar nuestra propia corresponsabilidad? Los jóvenes se lastiman a sí mismos y a los demás porque la vida no tiene significado para ellos. Si seguimos viviendo de la manera en que lo hacemos, y organizando las sociedades de la misma forma, seguiremos produciendo muchos miles de jóvenes que necesitarán ser encarcelados.” (p. 221)


Roger Garaudy
LOS MITOS FUNDACIONALES DEL ESTADO DE ISRAEL
www.radioislam.org



“Los integrismos, generadores de guerra y violencia, son la enfermedad mortal de nuestro tiempo. Este libro forma parte de una trilogía que he dedicado a combatirlos:
   Grandeza y decadencia del Islam, en la que denuncio el epicentro del integrismo musulmán: Arabia Saudita. Allí tildé al Rey Fahd, cómplice de la invasión americana en el Oriente Medio, como prostituta política, que hace del islamismo una enfermedad del Islam. 
   Dos obras dedicadas al integrismo católico romano que, pretendiendo defender la vida, diserta sobre el embrión, pero se calla cuando 13 millones y medio de niños mueren cada año de desnutrición y de hambre víctimas del monoteísmo del mercado impuesto por la dominación americana, cuyos títulos son: ¿Tenemos necesidad de Dios? y ¿Hacia una guerra de religión?.
   La tercera obra del tríptico:  
   Los mitos fundacionales del Estado de Israel, denuncia la herejía del sionismo político que consiste en sustituir al Dios de Israel por el Estado de Israel, portaaviones nuclear e insumergible de los maestros provisionales del mundo: los Estados Unidos, que pretenden apoderarse del petróleo de Oriente Medio, nervio del desarrollo occidental. (Modelo de crecimiento que, por mediación del Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), le cuesta al Tercer Mundo el equivalente en muertos a los de Hiroshima cada dos días).” (p. 5)

“Lo que nosotros rechazamos, es la lectura sionista, tribal y nacionalista, de estos textos, reduciendo la idea gigante de la Alianza de Dios con el hombre, con todos los hombres, y su presencia en todos, y sacando de ello la idea más maléfica de la Historia de la humanidad: la del pueblo elegido por un Dios parcial y partidista (y en consecuencia un ídolo) que justifica por adelantado todas las dominaciones, las colonizaciones y las matanzas. Como si, en el mundo, no hubiera existido más Historia Sagrada que la de los Hebreos.” (p. 141)

“Tampoco la crítica del mito del holocausto es una contabilidad macabra del número de víctimas. Aunque no hubiera habido más que un solo hombre perseguido por su fe o por su orígen étnico, no hubiera dejado de ser un crimen contra toda la Humanidad.
   Pero la explotación política, por una nación que ni siquiera existía cuando fueron cometidos los crímenes, las cifras arbitrariamente exageradas para intentar demostrar que el sufrimiento de unos no tenía parangón con el de todos los demás, y la sacralización (por el propio léxico religioso, el de holocausto) tiende a tratar de hacer olvidar genocidios más feroces.
   Los mayores beneficiarios han sido los sionistas, teniéndose por las víctimas exclusivas; creando, a pasos agigantados, un Estado de Israel, y, a pesar de los 50 millones de muertos de esa guerra, haciéndose las víctimas casi únicas del hitlerismo, y colocándose, a partir de aquí, por encima de cualquier Ley para legalizar todas sus exacciones exteriores o interiores.” (p. 142)

“Fue preciso, para hacer el martirio real de los judíos, bajo el pretexto de no banalizarlo, no sólo pasar a un segundo plano a todos los demás, tales como la muerte de los 17 millones de ciudadanos soviéticos y de los 9 millones de alemanes, sino incluso conferir a estos sufrimientos reales un carácter sacral (bajo el nombre de Holocausto) que era rehusado por todos los demás.
   Ha sido necesario, para alcanzar este objetivo, violar todas las reglas elementales de justicia y del establecimiento de la verdad.
   Era imprescindible, por ejemplo, que la solución final significara exterminio, genocidio, mientras que no existe ningún documento que permita esta interpretación, tratándose siempre de la expulsión de todos los judíos de Europa, al Este en una primera fase y posteriormente a una reserva africana cualquiera. Lo que ya es suficientemente monstruoso.
  Fue necesario, para ello, falsificar todos los documentos: traducir traslado por exterminio.   
   Este método interpretativo permite hacer cualquier cosa a cualquier texto. Lo que fue una horrible matanza llegaría a ser genocidio.” (pp. 151-152)
[Las cursivas pertenecen al texto. La obra Les Mythes fondateurs de la politique israélienne (título original), fue publicada en 1995 por la editorial La Vieille Taupe. Más tarde, en 1996, fue reeditada por cuenta del autor.]
John Fante
LLENOS DE VIDA (I)
Barcelona, 2008, Anagrama.


“El reencuentro con mi madre era siempre la parte más difícil de mis visitas. Mi madre era de las que se desmayaban, sobre todo si la ausencia había sido superior a tres meses. Cuando no llegaban a tres, la situación estaba controlada hasta cierto punto. En estos casos se limitaba a tambalearse y a hacer amagos de derrumbe, pero dándonos tiempo para sujetarla e impedir la caída. Una ausencia de un mes no acarreaba ninguna consecuencia. Lloraba un poco y lanzaba su habitual andanada de preguntas.
   Pero en esta ocasión habían transcurrido seis meses y sabía por experiencia que no debía presentarme ante ella de sopetón. La técnica era entrar de puntillas, abrazarla por detrás, anunciarme tranquilamente y esperar a que se le doblaran las rodillas. De otro modo, se quedaba sin aliento, exclamaba «¡Gracias a Dios!» y se desplomaba. Una vez en el suelo, sabía doblar las articulaciones como una masa de gelatina y no había forma de levantarla. Cuando el hijo visitante se cansaba de tirar de ella y de gruñir, se levantaba por su propio pie y se ponía a preparar una cena especial. A mi madre le gustaban los desmayos. Los ejecutaba con mucho arte. Bastaba con que un apuntador cualquiera le diese una entrada.
   También le gustaba morirse. Un par de veces al año, sobre todo por Navidad, recibíamos un telegrama avisándonos de que mamá estaba agonizando. No podíamos arriesgarnos a que por una vez fuera cierto. Los hijos, desde distintos puntos del Lejano Oeste, llegábamos a toda prisa a San Juan para cuidarla en su lecho de muerte. Durante un par de horas se moría, hacía ruidos de vajilla rota con la garganta, ponía los ojos en blanco, nos llamaba por nuestro nombre conforme daba los primeros pasos por el valle de sombras. De repente se sentía mucho mejor, abandonaba despacio el lecho de muerte y se ponía a preparar una abundante cena a base de raviolis.” (pp. 40-41)

domingo, 2 de julio de 2017

Julio Ramón Ribeyro
PROSAS APÁTRIDAS (III)
Barcelona, 2007, Seix Barral. 
 

“Durante diez años, mientras trabajé en la Agencia, fui casi todos los días a los jardines del Palais Royal, a caminar por sus arcadas unos minutos, antes o después del almuerzo y, cuando no tenía dinero, en vez del almuerzo. ¿Y qué queda en mí de estos paseos, santo cielo, qué queda en mí? ¿Para qué me sirvió esa inversión de cientos y cientos de horas de mi vida? Para nada, aparte de dejar en mi memoria algo así como el dibujo necio en su precisión de una tarjeta postal. Nosotros tenemos una concepción finalista de nuestra vida y creemos que todos nuestros actos, sobre todo los que se repiten, tienen una significación escondida y deben dar algún fruto. Pero no es así. La mayor parte de nuestros actos son inútiles, estériles. Nuestra vida está tejida con esa trama gris y sin relieve y sólo aquí y allá surge de pronto una flor, una figura. Quizás nuestros únicos actos valiosos y fecundos han sido las palabras tiernas que alguna vez pronunciamos, algún gesto de arrojo que tuvimos, una caricia distraída, las horas empleadas en leer o escribir un libro. Y nada más.” (pp. 106-107)

“Cada religión segrega automáticamente sus propias herejías. Del cuerpo central de una doctrina se desprende siempre una o varias facciones que discuten puntos de detalle y que terminan por crear su propia doctrina, la que a su vez da origen a otras. Así como en el orden biológico ciertos procesos vitales perduran solo a través de la partenogénesis, en el orden de las ideas ocurre lo mismo y éstas solo son fecundas de acuerdo con el principio de la subdivisión permanente.” (p. 80)

“En la cadena biológica, o más concretamente en el curso de la humanidad, somos un resplandor, ni siquiera eso, un sobresalto, menos aún, una piedra que se hunde en un pozo, todavía algo más insignificante, un reflejo, un soplo, una arenilla, nada que salga del número o la indiferencia. Desde esta perspectiva el individuo no cuenta, sino la especie, único agente activo de la historia. Ésta deberá escribirse alguna vez sin citar un solo nombre, así sea de emperador, artista o inventor, pues cada uno de ellos es el producto de todos los que lo antecedieron y el germen de quienes los sucederán. La noción de individuo es una noción moderna, que pertenece a la cultura occidental y se exacerbó después del Renacimiento. Las grandes obras de la creación humana, sean libros sagrados, poemas épicos, catedrales o ciudades, son anónimas. Lo importante no es que Leonardo haya producido La Gioconda sino que la especie haya producido a Leonardo.” (pp. 91-92)
Charles Dickens
OLIVER TWIST (II)
Madrid, 2012, Alianza Editorial. 
 

“Un lodo espeso cubría el empedrado, una niebla negra se cernía sobre las calles, la lluvia caía perezosamente y todo parecía frío y húmedo al tocarlo. Parecía noche pintiparada para que un ser como el judío saliera de casa. Al deslizarse sigilosamente, arrastrándose al socaire de paredes y portales, el horrible viejo parecía un repugnate reptil engendrado en el cieno y la oscuridad por los que reptara aquella noche en busca de sabrosos despojos para alimentarse.” (p. 208)
Julio Ramón Ribeyro
PROSAS APÁTRIDAS (II)
Barcelona, 2007, Seix Barral.



“¿Por qué nos aflije tanto la muerte de un niño? ¿No es acaso lo mismo morir a los ocho años que a los treinta o los cincuenta? No, porque con los niños muere un proyecto, una posibilidad, mientras que con los adultos muere algo ya consumado. La muerte de un niño es un despilfarro de la naturaleza, la de un adulto el precio que se paga por bien que se disfrutó.” (p. 64)

“El hecho material de escribir, tomado en su forma más trivial si se quiere -una receta médica, un recado-, es uno de los fenómenos más enigmáticos y preciosos que puedan concebirse. Es el punto de convergencia entre lo invisible y lo visible, entre el mundo de la temporalidad y el de la espacialidad. Al escribir, en realidad, no hacemos otra cosa que dibujar nuestros pensamientos, convertir en formas lo que era sólo formulación y saltar, sin la mediación de la voz, de la idea al signo. Pero tan prodigioso como escribir es leer, pues se trata de realizar la operación justamente contraria: temporalizar lo espacial, aspirar hacia el recinto inubicuo de la conciencia y de la memoria aquello que no es otra cosa que una sucesión de grafismos convencionales, de trazos que para un analfabeto carecen de todo sentido, pero que nosotros hemos aprendido a interpretar y a reconvertir en su sustancia primera. Así, toda nuestra cultura está fundada en un ir y venir entre los conceptos y sus representaciones, en un permanente comercio entre mundos aparentemente incompatibles pero que alguien, en un momento dado, logró comunicar, al descubrir un pasaje secreto a través del cual podía pasarse de lo abstracto a lo concreto, gracias a una treintena de figuras que se fueron perfeccionando hasta constituir el alfabeto.” (p. 72)
José Luis Sampedro
EL MERCADO Y LA GLOBALIZACIÓN
Barcelona, 2010, Destino.

 
“La economía del sistema internacional moderno se mueve hoy, por tanto, en un clima dado por esos dos condicionantes: posibilidad prácticamente instantánea de comunicaciones y transferencias económicas, por una parte y, por otra, amplia liberalización de las operaciones privadas y ausencia de control sobre ellas, lo que transfiere un gran conjunto de decisiones económicas importantes desde el ámbito gubernamental con control democrático hacia el campo del poder privado liberado del control ciudadano. Ésa es, en síntesis, la estructura a la que ha llegado el mercado en su evolución reciente, a la que se ha dado el nombre de GLOBALIZACIÓN.” (pp. 61-62)

“Esa reclamación vital de otro mundo posible desenmascara la perversión radical de la ideología globalizadora, empeñada en hacernos creer que para llevarnos a todos a la prosperidad bastará con manipular los mercados y las finanzas mundiales mediante operaciones económicas y especulativas, como si todo lo demás de la vida viniese dado por añadidura. Es una creencia auténticamente fundamentalista, como la religiosa que pone todo lo de este mundo al servicio de la predicada vida eterna o como la fe nazi en la superioridad de una raza salvadora del mundo. Y, como toda fe, esa creencia cegadora impide a sus fieles ver lo que tienen ante sus ojos. Por ejemplo, al mendigo que pide limosna a la puerta de un mercado en el que ni se molesta en entrar porque carece de dinero y no obtendrá nada. Una persona, prueba viviente de que el mercado no es la libertad.” (pp. 91-92)
Julio Ramón Ribeyro
PROSAS APÁTRIDAS (I)
Barcelona, 2007, Seix Barral.



“Los años nos alejan de la infancia sin llevarnos forzosamente a la madurez. Uno de los pocos méritos que admiro de un autor como Gombrowicz es haber insistido, hasta lo grotesco, en el destino inmaduro del hombre. La madurez es una impostura inventada por los adultos para justificar sus torpezas y procurarle una base legal a su autoridad. El espectáculo que ofrece la historia antigua y actual es siempre el espectáculo de un juego cruel, irracional, imprevisible, ininterrumpido. Es falso, pues, decir que los niños imitan los juegos de los grandes: son los grandes los que plagian, repiten y amplifican, en escala planetaria, los juegos de los niños.” (p. 29)

“A mí los tullidos, los tarados, los pordioseros y los parias. Ellos vienen naturalmente a mí sin que tenga necesidad de convocarlos. Me basta subir a un vagón de metro para que, en cada estación, de uno en uno, suban a su vez y vayan cercándome hasta convertirme en algo así como el monarca siniestro de una Corte de los Milagros. La juventud, la belleza, en el andén del frente, en el vagón vecino, en el tren que se fue. En cuántas bifurcaciones de los pasillos del metro he perdido para siempre un amor.” (p. 53)

sábado, 1 de julio de 2017


Javier Cercas
ANATOMÍA DE UN INSTANTE (IV)
Madrid, 2009, Random House Mondadori.



“Aunque no tuviera la alegría del derrumbe instantáneo de un régimen de espantos, la ruptura con el franquismo fue una ruptura genuina. Para conseguirla la izquierda hizo muchas concesiones, pero hacer política consiste en hacer concesiones, porque consiste en ceder en lo accesorio para no ceder en lo esencial; la izquierda cedió en lo accesorio, pero los franquistas cedieron en lo esencial, porque el franquismo desapareció y ellos tuvieron que renunciar al poder absoluto que habían detentado durante casi medio siglo. Es cierto que no se hizo del todo justicia, que no se restauró la legitimidad republicana conculcada por el franquismo ni se juzgó a los responsables de la dictadura ni se resarció a fondo y de inmediato a sus víctimas, pero también es cierto que a cambio de ello se construyó una democracia que hubiese sido imposible construir si el objetivo prioritario no hubiese sido fabricar el futuro sino –Fiat iustitia et pereat mundus– enmendar el pasado: el 23 de febrero de 1981, cuando parecía que el sistema de libertades ya no peligraba tras cuatro años de gobierno democrático, el ejército intentó un golpe de estado que a punto estuvo de triunfar, así que es fácil imaginar cuánto tiempo hubiera durado la democracia si cuatro años antes, cuando apenas arrancaba, un gobierno hubiera decidido hacer del todo justicia, aunque pereciera el mundo. Es cierto también que el poder político y económico no cambió de manos de un día para otro -cosa que probablemente tampoco hubiera ocurrido si en vez de una ruptura pactada con el franquismo se hubiera producido una ruptura frontal-, pero es evidente que enseguida empezó a someterse a las restricciones impuestas por el nuevo régimen, lo que al cabo de cinco años produjo la llegada de la izquierda al gobierno y desde mucho antes el inicio de la reorganización profunda del poder económico. Por lo demás, afirmar que el sistema político surgido de aquellos años no es una democracia perfecta es incurrir en una perogrullada: tal vez exista la dictadura perfecta –todas aspiran a serlo, de algún modo todas sienten que lo son–, pero no existe la democracia perfecta, porque lo que define a una democracia de verdad es su carácter flexible, abierto, maleable –es decir, permanentemente mejorable–, de forma que la única democracia perfecta es la que es perfectible hasta el infinito. La democracia española no lo es, pero es una democracia de verdad, peor que algunas y mejor que muchas, y en cualquier caso, por cierto, más sólida y más profunda que la frágil democracia que derribó por la fuerza el general Franco. Todo eso fue en grandísima parte un triunfo del antifranquismo, un triunfo de la oposición democrática, un triunfo de la izquierda, que obligó a los franquistas a entender que el franquismo no tenía otro futuro que su extinción total. Suárez lo entendió enseguida y obró en consecuencia; todo eso que le debemos; todo eso y, en grandísima parte, también lo obvio: el período más largo de libertad de que ha gozado España en su historia. No otra cosa han sido los últimos treinta años. Negarlo es negar la realidad, el vicio inveterado de cierta izquierda a la que continúa incomodando la democracia y de ciertos intelectuales cuya dificultad para emanciparse de la abstracción y el absoluto impide conectar las ideas con la experiencia. En fin, el franquismo fue una mala historia, pero el final de aquella historia no ha sido malo.” (pp. 432-434)
Simon Leys
LOS NÁUFRAGOS DEL
«BATAVIA»
Barcelona, 2011, Acantilado.


“Una sociedad civilizada no es necesariamente una sociedad que tiene una proporción menor de individuos criminales y perversos (esta proporción es probablemente casi constante en todos los grupos humanos), sino aquella que simplemente les brinda menos oportunidades de manifestar y de satisfacer sus inclinaciones.” (p. 58)

“Pero ¿quién era Torrentius y qué pensaba realmente? Las fuentes de la época concuerdan en describirle como un personaje de una inmoralidad escandalosa; parecía sentir placer en ofender deliberadamente todos los principios de la gente decente y respetable. El sacrilegio, la blasfemia, la lujuria y la ebriedad eran sus pasatiempos favoritos. ¿Reflejaban sus chocantes declaraciones unas convicciones filosóficas, o simplemente la sardónica diversión que sacaba de oponerse a las estrechas convenciones de la sociedad burguesa? ¿Creía lo que profesaba, o cultivaba la paradoja con el exclusivo fin de hacer enfurecerse a los imbéciles? Los entendidos y los críticos de su tiempo le consideraban como un artista de genio; y en el siglo de oro de la pintura holandesa, los estetas locales sabían de qué hablaban. Torrentius alardeaba de pintar con la colaboración personal del diablo; y la inhumana perfección de su arte daba un cierto peso a esta afirmación. Un ateo es exactamente lo contrario de un sectario de Satán; pero ¿en qué campo se alineaba Torrentius? Pues también proclamaba que el Infierno no era más que una superstición ridícula. Fue finalmente detenido en 1627 (unos diez meses antes de que zarpara el Batavia): se le acusaba de herejía y de inmoralidad y se suponía que pertenecía a la sociedad secreta de los Rosacruces. El fiscal pidió la pena de muerte para él; aunque sometido a espantosas torturas, Torrentius dio prueba de una notable firmeza y se negó a confesar, lo que le salvó la vida, pero fue condenado a veinte años de cárcel. El rey Carlos I de Inglaterra, que era un gran mecenas y un coleccionista avisado (¡probablemente el único monarca inglés que dio prueba alguna vez de apreciar realmente las bellas artes!), intercedió personalmente en su favor ante el príncipe de Orange y obtuvo su liberación anticipada dos años más tarde. Pero Torrentius fue dejado en libertad solo a condición de dirigirse inmediatamente a Inglaterra y de no poner nunca más los pies en Holanda. Pasó una docena de años en la corte de Inglaterra, donde «provocó más escándalo que satisfacción dio» y «pintó muy poco» (pero, al igual que el luminoso Vermeer, de quien parece representar una especie de vertiente tenebrosa, su estilo requería una ejecución en extremo lenta, que excluía la posibilidad de una producción copiosa). Durante los desórdenes que marcaron el final del reinado de Carlos I (antes de que al monarca se le hiciera subir al cadalso), Torrentius perdió su pensión real; privado de su empleo, regresó clandestinamente a Holanda, donde fue detenido de nuevo y sufrió tormento una vez más. Murió en 1644, en libertad, según parece, pero en la miseria.
   Sería bastante vano hablar de un gran pintor sin poder invocar el testimonio de sus obras. En el caso de Torrentius, no queda de él —y de forma milagrosa— más que una sola pintura, pero es una obra maestra. Toda su producción holandesa fue confiscada y destruida por orden de la justicia en el momento de su condena.” (pp. 62-64)
Javier Cercas
ANATOMÍA DE UN INSTANTE (III)
Madrid, 2009, Random House Mondadori.


 
“Los principales responsables del 23 de febrero tardaron más tiempo en salir de prisión; algunos de ellos han muerto. El último en obtener la libertad fue el teniente coronel Tejero, quien un año después del golpe intentó en vano presentarse a las elecciones con un efímero partido llamado Solidaridad Española cuyo eslogan de campaña rezaba: «Mete a Tejero en el Congreso con tu voto»; como muchos de sus compañeros, durante sus años de reclusión llevó una vida confortable, agasajado por algunos de los directores de las cárceles donde cumplió condena y convertido en un icono de la ultraderecha, pero cuando en 1996 salió de prisión ya no era un icono de nada o sólo era un icono pop, y sus únicas actividades conocidas desde entonces son pintar cuadros que nadie compra y mandar a los diarios cartas al director que nadie lee, además de celebrar cada mes de febrero el aniversario de su gesta.” (p. 420)


John Searle
LA MENTE: UNA BREVE INTRODUCCIÓN
Bogotá, 2006, Norma.
www.lecturasinegoismo.com



“Una de las curiosidades de la experiencia del libre albedrío es que no podemos deshacernos de la convicción de que somos libres, aun cuando estemos filosóficamente persuadidos de que esa convicción es errónea. Cada vez que decidimos o actuamos de manera voluntaria, cosa que hacemos a lo largo del día, debemos decidir o actuar sobre la base del supuesto previo de nuestra libertad. De los contrario nuestras decisiones y acciones nos resultan ininteligibles. No podemos apartar nuestro libre albedrío del pensamiento.
   Al parecer, entonces, debemos tener, por una parte, la profunda convicción de que todo hecho que ocurre debe explicarse a través de condiciones causalmente suficientes, y por otra, las experiencias que nos dan la convicción de la libertad humana, una convicción que en la práctica no podemos abandonar, por mucho que reneguemos de ella en la teoría.” (p. 275)

“En realidad no sabemos cómo existe el libre albedrío en el cerebro, si es que existe. No sabemos por qué o cómo la evolución nos ha dado la inconmovible convicción del libre albedrío. Y no sabemos, en síntesis, cómo puede llegar a funcionar. Pero sí sabemos que la convicción de nuestra libertad es inexorable. Si no la supusiéramos seríamos incapaces de actuar.” (p. 291)

Javier Cercas
ANATOMÍA DE UN INSTANTE (II)
Madrid, 2009, Random House Mondadori.



“... tal vez la furia del general Gutiérrez Mellado no estaba hecha únicamente de una furia visible contra unos guardias civiles rebeldes, sino también de una furia secreta contra sí mismo, tal vez no sea de todo ilícito entender su gesto de enfrentarse a los golpistas como el gesto extremo de contrición de un antiguo golpista.
  El general no hubiese aceptado esta interpretación, o no la hubiese aceptado en público: no hubiese aceptado que cuarenta y cinco años atrás había sido un oficial rebelde que había apoyado un golpe militar contra un sistema político fundamentalmente idéntico al que él representaba ahora en el gobierno. Pero nadie se libra de su biografía, y la biografía del general le corrige: el 18 de julio de 1936, cuando contaba apenas veinticuatro años y era un teniente recién salido de la Academia de Artillería, afiliado a Falange y destinado en un regimiento acantonado a pocos kilómetros de Madrid, Gutiérrez Mellado contribuyó a sublevar su unidad contra el gobierno legítimo de la república, y el día 19, hasta que la insurrección militar fue aplastada en Madrid, se pasó la mañana encaramado en el tejado de su cuartel disparando con una ametralladora convencional a los Breguet XIX procedentes del aeródromo de Getafe que bombardeaban desde el amanecer a los rebeldes. El general nunca negó estos hechos, pero sí hubiera negado la comparación entre la democracia de 1936 y la de 1981 y entre los golpistas del 18 de julio y los del 23 de febrero; jamás se arrepintió en público de haberse sublevado en 1936, jamás hubiese admitido que el régimen político contra el que se insubordinó en su juventud era fundamentalmente idéntico al que había contribuido a crear en su vejez y ahora representaba, y siempre aseguró que el golpe de estado del general Franco había sido necesario porque la democracia de 1936, que había permitido en pocos meses trescientas muertes violentas en incidentes políticos, era de una imperfección escandalosa e insostenible y había abandonado el poder en la calle, de donde el ejército se había limitado a recogerlo. […] su incoherencia es manifiesta: ¿acaso no invocaban los golpistas de 1981 razones parecidas a los de 1936?” (pp. 106-107)


John Fowles
EL COLECCIONISTA
Barcelona, 2012, Sexto Piso.



“Cuando uno no tiene dinero suele pensar que las cosas serían muy distintas si lo tuviera. Yo nunca he querido más que lo justo, nada excesivo, pero me parecía que estaba clarísimo que en aquel hotel, a pesar de que nos trataban con respeto, en realidad nos despreciaban por tener todo aquel dinero y no saber ni cómo gastarlo. Entre bastidores seguían tratándome como lo que soy: un simple oficinista. No estaba bien eso de ir tirando el dinero por ahí. En cuanto decíamos o hacíamos algo nos delatábamos de inmediato. Casi podías escucharles diciendo: no nos engañáis, sabemos quienes sois, ¿por qué no volvéis al lugar de donde habéis venido?
   Recuerdo una noche en la que salimos a cenar a un restaurante de lujo. Estaba en una de las listas que nos habían dado los de las quinielas. La comida estaba buena y nosotros nos la comimos, pero apenas pudimos disfrutarla por la forma en la que nos miraba la gente y en la que nos hablaban esos relamidos camareros extranjeros y en la que todos los que pertenecían a aquel lugar parecían despreciarnos por no haber tenido la misma educación que ellos. Hace poco leí un artículo sobre el comportamiento de ciertas clases sociales… yo podría decir muchas cosas sobre ese asunto. En mi opinión Londres está organizado para la gente que sale de los colegios de ricos y no es posible llegar a ninguna parte si no te han educado con los modales apropiados o no tienes su acento –es decir, el acento de la gente rica, la de West End, obviamente–.” (p. 15)

"Los pobres honrados no son más que ricos vulgares sin dinero. La pobreza hace que la gente desarrolle virtudes y sienta orgullo por otro tipo de cosas que nada tienen que ver con el dinero. Luego cuando tienen dinero no saben qué hacer con él. Olvidan todas sus viejas virtudes porque no eran virtudes reales. De pronto piensan que la única virtud y el único talento es hacer dinero y gastarlo. No son capaces de pensar que son gente a la que no le importa el dinero y que las cosas más hermosas de la vida no tienen nada que ver con el dinero." (p. 224)