sábado, 16 de septiembre de 2017


Marc Augé
¿POR QUÉ VIVIMOS? (II)
Barcelona, 2004, Gedisa.



“El rito es la condición del sentido social. Contra la soledad (el sinsentido de la ausencia), no hay nada más, nada en absoluto, que esta conciencia reafirmada de que los demás existen y de que podemos intercambiar con ellos siquiera sonrisas, lágrimas o palabras, para probarnos a nosotros mismos que existimos. Esta reafirmación de la existencia conjunta pasa por la de la relación en la que constituimos uno de los términos. Dicha relación se basta; no se fundamenta en la afirmación de ninguna trascendencia; tal afirmación puede acompañar el rito, pero no es ni una condición ni un elemento esencial de éste. Su espacio es el espacio de la laicidad.” (pp. 103-104 )

“La antropología de mañana será una antropología de la economía y de las ciencias. Una antropología de la economía porque es en ese dominio donde se manifiestan más fácilmente las mentiras, los silencios y en definitiva el absurdo y las contradicciones del Sistema, los falsos saberes de los expertos y la falta de imaginación de los políticos, pero deja traslucir a fin de cuentas, la deriva de una humanidad aparentemente privada de sus fines. Una antropología de las ciencias porque en este dominio es donde, a la inversa, más allá de las presiones coyunturales que influyen en los políticos, más allá de las relaciones de fuerza que aíslan y concentran la actividad científica en ciertos lugares del planeta, se intuye un desafío sin precedentes: los descubrimientos en curso afectan de lleno a toda la especie humana, a su desarrollo y su porvenir, y además son demasiado susceptibles de trastocar la idea que se forman los hombres de sí mismos y del universo como para ser impunemente confiscados por una élite.” (p. 186)

Marc Augé
¿POR QUÉ VIVIMOS? (I)
Barcelona, 2004, Gedisa.



“Todos los grupos humanos tienen cosmologías, representaciones del universo, del mundo y de la sociedad que aportan a sus miembros puntos de referencia para conocer su lugar, saber lo que les resulta posible o imposible, autorizado y prohibido. […] Los mitos desarrollan estas cosmologías y los ritos las aplican. Las vidas individuales se ordenan en principio sobre el modelo así definido. Cuanto más fuerte es la adhesión a estos modelos, menor es la libertad, pero mayor el sentido; los individuos no tienen otra elección que hacer lo que se les prescribe o asigna; saben lo que tienen que hacer y aún mejor lo que no deben hacer. Su mundo carece de libertad, pero está cargado de sentido. Desde el siglo XVIII rehuimos este mundo. Las religiones tienen todavía mucho peso. pero hasta quienes recurren a ellas tienden a interpretarlas personalmente. Les dan sentido (su propio sentido) para concederse libertad; es decir, las privatizan. Así, pues, las religiones son cada vez menos cosmologías abarcadoras y compartidas (repito que nos limitamos al ejemplo de los países occidentales). La ciencia, por su parte, nos enfrenta a lo desconocido; sus avances desplazan la frontera. La ciencia es la última aventura; no nos reconforta, sino que nos enfrenta constantemente a la evidencia de nuestros límites, a los misterios combinados de lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.” (pp. 14-15)

“Puede entenderse el cuerpo desde dos puntos de vista. En primer lugar, es origen, pero también objeto de acontecimientos. Su llegada al mundo y también su muerte constituyen acontecimientos. Su transformación (pubertad, envejecimiento), sus accidentes (enfermedades, traumatismos) son acontecimientos. Un antropólogo debe prestar atención a un hecho: casi todos los acontecimientos del cuerpo tienen una expresión social, porque afectan, o ponen en tela de juicio, a otros cuerpos y otros individuos.” (p. 67)
Wade Davis
EL RÍO: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica (II)
Valencia, 2005, Pre-Textos.



“A través de dos hileras se acercó para arrancar una flor de la rama delgada de otro de sus borracheros. La flor, con forma de trompeta, medía unos treinta centímetros.
—Huelan —dijo, y nos puso en contacto con un olor dulce y cargado que salía de una corola tan amplia como la cara de un niño—. El aroma aumenta todo el día hasta que al atardecer llena el ambiente. Las viejas lo ponen bajo la almohada para soñar. Que algo tan bello pueda... —dudó un poco y luego continuó diciendo—: Yo me comí una vez seis hojas de ese árbol. Me emborraché y vi todo borroso. Vi gente desconocida que se partía por la mitad y se volvía dos. Me sentí loco. Empecé a correr. Me quité la ropa y corrí desnudo por el solar, echándome encima tierra y hierbas que habían dejado unos trabajadores. Los insulté. Después empecé a besar los árboles, pensando que eran mi novia.
—Pero ¿puedes recordar?
—Sí, aunque sólo algunas cosas. Los demás me dijeron lo que había hecho —explicó—. Después salí al campo con un lazo para coger un caballo y montarlo, pero resultó que era un perro.” (p. 207)

“José Cuatrecasas era un español alocado, veterano republicano de la guerra civil, que tenía en la vida dos pasiones acendradas fuera de la botánica: odiaba a los curas y detestaba gastar dinero, en ese orden. Cierta vez que recolectaba en Mitú, un pequeño pueblo a ochocientos kilómetros al sureste de Bogotá, sobre el río Vaupés, había rechazado la invitación de los capuchinos para quedarse con ellos y se había instalado en una bella casita con techo de paja que acababan de construir como regalo de bodas para la hija de un jefe indígena local. Demasiado avaro para contratar a un indio que vigilara, dejó el secador funcionando y se fue a herborizar. Regresó un día antes del matrimonio y encontró la casa quemada por completo. Sobre las cenizas estaba el jefe cubeo.
—¡Mi casa! ¡Mi casa!
—¿Su casa? —aulló Cuatrecasas a su lado—. ¡Mis plantas! ¡Mis plantas!” (p. 239)


José María Poveda (director)
CHAMANISMO: el arte natural de curar
Madrid, 2001, Temas de Hoy.


“Es conveniente darse cuenta y reconocer que hoy toda la investigación en el área de drogas psicodélicas está controlada por las autoridades. Hasta fechas recientes, los esfuerzos dirigidos a investigar en personas han sido denegados.
   Estos materiales, de acuerdo con las leyes federales de los Estados Unidos, carecen de aceptación y uso médico y son socialmente susceptibles de abuso. Así, cualquier esfuerzo para explicar su utilidad se encuentra restringido por el hecho de no ser posible éticamente probarlas en humanos. Como no están aprobadas no podemos probarlas y no pueden ser probadas porque no se han aprobado. […] La verdadera barrera a la investigación en estas áreas no está constituida sólo por dificultades burocráticas, sino por la actitud de la gente que piensa que estas sustancias son intrínsecamente diabólicas. Evidentemente no lo son; los estados de trance que evocan de ninguna manera lo son. Para cambiar la opinión popular al respecto será preciso educar con mucha paciencia. Después de todo ha sido precisa una generación de propaganda negativa para llegar al estado de opinión de hoy. Otra generación se tardará en modificarlo.
   Y para conseguirlo creo que hay dos armas muy simples: la honestidad en los hechos y la integridad personal.” (pp. 119-120)

[La cita pertenece al artículo de Alexander Shulgin: “La bioquímica de los estados de trance”.]

“Cuando iba a la escuela me daba cuenta de que los maestros eran racistas; no mostraban aprecio alguno por el hecho de que hubiera aprendido a leer por mí misma y de que pudiera leer algo más complejo que lo que decían Dick y Jane (personajes de literatura infantil con los que los niños de Estados Unidos solían aprender a leer). Los maestros exclamaban: «Los indios están muertos.» Para ellos mi existencia constituía una mentira. Mi maestra me decía: «Eres una mentirosa, pequeña basura, no sabes leer.» «Sí sé», le contestaba, y leía. Ella me abofeteaba.” (p. 292)
[La cita pertenece al artículo de Dhyani Ywahoo: “Cherokee o Tsalagi. Crear la mente pacificadora”. A su vez, el artículo está tomado de su obra VOCES DE NUESTROS ANTEPASADOS.]
Wade Davis
EL RÍO: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica (I)
Valencia, 2005, Pre-Textos.



“En 1928, los trabajadores bananeros se declararon en huelga. La fruta se moría en la mata, los trenes dejaron de pasar, y en el puerto de Santa Marta los cargueros que debían ir rumbo a Boston siguieron anclados y vacíos. Los trabajadores y sus familias acamparon en Ciénaga, esperando la firma del acuerdo final que pusiera fin a la huelga. Entre tanto la compañía y el ejército hicieron un acuerdo en Aracataca. A la mañana siguiente, en lugar del acuerdo, un general dirigió un ultimátum a los huelguistas. Antes de que pudieran sacar a los niños, incluso antes de que despertaran las ancianas, las ametralladoras retumbaron. Cadáveres y carteles se amontonaron en la plaza. El ejército y los matones de la compañía trabajaron toda la noche, limpiando la sangre, lanzando los cadáveres al mar. Al amanecer no había señales de vida, ni de muerte.
    Los que sobrevivieron huyeron al sur, a Aracataca, donde los acorralaron, incluso a los heridos y a los niños. Ciento veinticinco fueron fusilados en el cementerio ante la mirada de un sacerdote. A sólo unas cuadras dormía un bebé. Cincuenta años después, Gabriel García Márquez convertiría a Aracataca en Macondo, el marco de Cien años de soledad, su novela de desesperación y esperanza, donde el viento dispersa la vida y las gentes se transforman en ángeles. Hoy no hay nada en Aracataca que recuerde su pasado y muy poco que sugiera lo que inspirara semejante novela. Palmeras y mangos cocidos por el sol, trochas que van a las plantaciones, niños de escuela en uniformes brillantes correteando aquí y allá.” (p. 42)

“Por la noche el viento se aleja de las costas de Panamá. Una o dos horas después del atardecer, cuando los relucientes cruceros que esperan en la boca del canal encienden sus toldas de fiesta, los pescadores del poblado de Veracruz arrastran sus pequeños botes a la playa y se hacen a la mar. Los que tienen pequeños motores desaparecen rápido en la oscuridad. Los otros tienen que remar, luchando contra la marea y evitándose unos a otros con largas y parejas paladas de los remos. Buscan el borde de una plataforma costera donde cae el fondo bajo del mar y suben las frías aguas del Pacífico llevando bancos de peces a la superficie. Los pescadores saben que están allí cuando ya no les llega el olor a tierra o no pueden distinguir entre las luces en el horizonte y las estrellas en el cielo.” (p.144)
Philippe Grimbert
UN SECRETO
Barcelona, 2005, Tusquets.



“Las pistas de deporte, las piscinas y los gimnasios de L'Alsacienne se extienden a orillas del Marne. A la verja, rematada por una cigüeña metálica, se llega tras recorrer las márgenes llenas de merenderos donde se baila. Los domingos la gente acude en masa a esos bailes al aire libre, junto a restaurantes donde se saborean platos de pescado frito acompañados de un ácido vino blanco. Mozos en mangas de camisa y muchachas con vestidos de flores bailan al son del acordeón y, los días más calurosos del verano, se desnudan para zambullirse en el agua fresca. El desenfado de los bañistas y las exclamaciones de los bailarines contrastan con los jadeos y suspiros de los atletas que, enfundados en camisetas blancas, se entregan a su disciplina exhibiendo su concentración en el césped del estadio.” (pp. 35-36)

Viktor E. Frankl
EN EL PRINCIPIO ERA EL SENTIDO (II
)
Barcelona, 2000, Paidós.



“El hombre puede adoptar ésta o aquella postura, pero si lo declaramos libre en este sentido, no podremos hacerlo sin declararlo también responsable. Es responsable de sus proezas y también de sus fechorías. Si se me permite decirlo, es susceptible de ser culpable y no estamos autorizados a escamotearle la culpa por nada. Esto sería, precisamente, herir su dignidad humana.” (p. 92)
[La cursiva pertenece al texto.] 

 
“...porque presentar a una persona que ha cometido un crimen cualquiera como víctima de las circunstancias no tiene absolutamente nada que ver con el humanitarismo, sino todo lo contrario, es una de las peores humillaciones que podemos causar a un ser humano, una violación de su dignidad, porque, si así lo hiciéramos, lo consideraríamos un mero aparato estropeado, una máquina que debe ser reparada, cosa que el hombre no es en absoluto. Y viceversa, si tomamos en serio al ser humano como tal, si lo consideramos libre y responsable, podremos apelar también a su libertad y a su responsabilidad, y sólo así le daremos una oportunidad para que realmente «tome las riendas» de su destino, para que se transforme y se supere. Ser persona no significa nunca tener que ser sólo así y nada más, sino que es poder ser siempre de otra manera. Esta capacidad de autoformación, de autotransformación, esta capacidad de madurar más allá de uno mismo no se la puedo negar a nadie, porque si no, la capacidad se marchitará.” (p. 94)
[Las cursivas pertenecen a los textos.]


Carlos Díaz
TREINTA NOMBRES PROPIOS (Las figuras del personalismo)
Madrid, 2002, Fundación Emmanuel Mounier.



“La filosofía, si no lleva a la liberación del sujeto pensante y de su entorno, y si no radicaliza las preguntas humanas, es pasatiempo para que burgueses curriculistas vuelvan al vómito como la puerca lavada: hacen de cualquier hablar-sobre un curriculum-para. Pero la filosofía es para tener hijos con la realidad, y no con Doña Bibliografía. Es referirse a lo que es, y no a la opinión sobre lo que se dice que es. Empero, parece que los pocos que son conscientes de esta realidad han decidido adaptarse a ella. En las universidades, por ejemplo, excepciones aparte, los pocos que comprenden lo que está pasando utilizan el viejo truco de elaborar teorías oscuras y complejas para complicarlo todo, alegando que en la presente coyuntura no caben tratamientos simplistas; sin embargo, lo realmente simplista son esas teorías ininteligibles e inútiles, gracias a las cuales se celebran sin embargo interminables simposios del tipo te-invito-para-que-tu-universidad-me-invite, turismo cursi a cargo de los pobres. Señores míos, si todo os parece tan irresoluble, ¿para qué organizáis tantos foros, saraos y convenciones con cargo a los presupuestos generales del Estado, reunión de pastores ovejas muertas?
   Los parámetros de un sistema sólo pueden ser controlados desde un sistema de mayor complejidad, pero no de mayor oscuridad. Y si esto ocurre en la universidad, en los demás centros neurálgicos (sindicatos, partidos, etc.) la dialéctica suele consistir también en no plantar cara, limitándose cual fragmentos particulares a buscar acomodo egoísta para solucionar los problemas de los propios afiliados, es decir, para quienes ya tienen empleo, para quienes ya están en Europa, etc; en definitiva, para quienes disponen de sus respectivos nichos ecológicos en los que superviven mediante una adaptación funcional a los mecanismos del poder, mecanismos cada vez en mayor medida mecanicismos engullidores. En definitiva, tiempo de la servidumbre voluntaria, esa que ha sustituido las fiestas universales y solemnes por festejos gremiales, yendo también en eso del internacionalismo al tribalismo. Y, mientras tanto, las multinacionales del Imperio cabalgan.” (p. 87)

[La cita proviene del capítulo 16, dedicado al pensamiento y vida de Ignacio Ellacuría.]

Viktor E. Frankl
EN EL PRINCIPIO ERA EL SENTIDO (I)
Barcelona, 2000, Paidós.



"La integración de la vida interior y su consecuencia, la autorrealización, y la consecuencia de ésta, ser feliz, todo esto son consecuencias secundarias de la orientación hacia un objetivo. No hay nada en el mundo que sea tan capaz de consolar a una persona de las fatigas internas o las dificultades externas como el tener conocimiento de un deber específico, de un sentido muy concreto, no en el conjunto de su vida, sino aquí y ahora, en la situación concreta que se encuentra." (pp. 34-35)

“Niego de forma categórica que el hombre busque original y principalmente la felicidad. Lo que el hombre quiere es tener un motivo para ser feliz. Una vez tiene el motivo, la felicidad llega por sí sola. Pero si en lugar de aspirar a un motivo para ser feliz, persigue la propia felicidad, fracasará en el intento y se le escapará. Y esto es algo que los neurólogos observamos a diario en las consultas con nuestros pacientes neuróticos sexuales: en la medida en que un paciente quiere demostrar su potencia, se vuelve impotente; en la medida en que una paciente intenta demostrar que es capaz de tener un orgasmo, se ve cohibida y no puede tenerlo completo.” (p. 72)