lunes, 17 de julio de 2023

José María Merino
NOTICIAS DEL ANTROPOCENO
Barcelona, 2021, Alfaguara.

 

“Esta mañana, uno de los temas se centró precisamente en el declinar del libro como instrumento de formación en el sistema educativo, y en el vertiginoso avance del best seller de usar y tirar como elemento predominante en la literatura más leída.
    En su intervención, él, un escritor ya viejo que, al parecer, ha asistido en el pasado a muchos de estos congresos y a quien mi generación apenas conoce, habló de las nuevas tecnologías con notable perspectiva apocalíptica, señalando que el uso exclusivo de las redes sociales, tan útiles para la rapidez y la generalización comunicativas, ha sido muy dañino para la cultura profunda de la mayoría de los jóvenes, pues, por un lado, ha reducido su patrimonio léxico; por otro, los ha apartado irremediablemente del libro -según él, el más completo y resistente de los objetos depositarios de cultura-. Lo tengo grabado: «Ahora continuamente se pierde información por los cambios de las llamadas aplicaciones, pero cualquier libro antiguo se puede seguir leyendo en su primera edición. Los libros son un depósito mucho más seguro de la cultura que las tabletas.»
   Y llegó a decir que lo digital ha insuflado en la juventud una autoestima expresiva, petulante y cargada de desprecio hacia todo lo no digital, según él.” (pp. 278-279 )

[La cita pertenece al relato “El cuento de los amóviles”.]

Kazuo Ishiguro
UN ARTISTA DEL MUNDO FLOTANTE (III)
Barcelona,1989, Anagrama.



“–Oji, ¿por qué se mató el señor Naguchi?
–No sabría decírtelo con seguridad, Ichiro. No le conocí personalmente.
–Pero ¿era un hombre malo?
–No, no lo era. Sólo fue un hombre que trabajó mucho por lo que él consideraba bueno. Pero al acabar la guerra, todo cambió. Las canciones que había compuesto el señor Naguchi se habían hecho muy populares en todo Japón, no sólo en esta ciudad. Las ponían en la radio y en los bares, y la gente como tu tío Kenji las cantaba en el ejército cuando desfilaba o antes de una batalla. Después de la guerra el señor Naguchi pensó que…, bueno, que había cometido un error componiendo esas canciones. Pensó en toda la gente que había muerto, en todos los muchachos de tu edad que ya no tenían padres, pensó en cosas así y, en fin, pensó que se había equivocado con esas canciones y sintió que debía pedir perdón a los que habían sobrevivido, a los muchachos que ya no tenían padres y a los padres que habían perdido a sus hijos. Quiso manifestar su pesar a esa gente y creo que por eso se mató. El señor Naguchi no fue una mala persona ni mucho menos. Tuvo el valor de reconocer los errores que había cometido. Fue muy valiente y digno de admiración.” (p. 166)

[El diálogo hace referencia a la II Guerra Mundial.]

 


Stefan Zweig
EL MISTERIO DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA
Madrid, 2022, Sequitur.



“A veces nos es dado asistir a ese milagro, y nos es dado en una esfera sola: en la del arte. Les consta a todos que año tras año se escriben y publican diez mil, veinte mil, cincuenta mil libros, se pintan cientos de miles de cuadros y se componen cientos de miles de compases de música. Pero esa producción inmensa de libros, cuadros y música no nos impresiona mayormente. Nos resulta tan natural que los autores escriban libros, como que luego los encuadernen y los libreros, por último, los vendan. Es éste un proceso de producción regular como el hornear pan, el hacer zapatos y el tejer medias. El milagro sólo comienza para nosotros cuando un libro único entre esos diez mil, veinte mil, cincuenta mil, cien mil, cuando uno solo de esos cuadros incontables sobrevive, gracias a su entelequia, a nuestro tiempo y a muchos tiempos más. En este caso, y sólo en éste, nos apercibimos, llenos de veneración profunda, de que el milagro de la creación vuelve a cumplirse aún en nuestro mundo.
   Es ésta una idea subyugante. He aquí un hombre o una mujer. Tienen el mismo aspecto que cualquier otro, duermen en camas como las nuestras, comen sentados a la mesa, van vestidos como nosotros. Le encontramos en la calle, acaso frecuentábamos el mismo colegio que él, y hasta puede darse el caso de que hayamos sido compañeros de pupitre; exteriormente, ese hombre no se distingue en nada de nosotros. Pero de pronto ese hombre da cumplimiento a algo que nos está negado a todos nosotros. No vive sólo el tiempo de su existencia propia, porque lo que creó y realizó sobrepasa la existencia de todos nosotros y la vida de nuestros hijos y nietos. Ha vencido la mortalidad del hombre y ha forzado los límites en que, por lo común, nuestra vida queda encerrada inexorablemente.” (pp. 13-14)

“Habrá siempre, fatalmente, tiempos que no quieran oír ni ver nada que no sea su realidad inmediata, tiempos que crean prematuramente poder renunciar a la consagración de leyes heredadas, que supongan poder evadirse de los eternos vínculos de las normas y las formas.” (p. 42)

Kazuo Ishiguro
UN ARTISTA DEL MUNDO FLOTANTE (II)
Barcelona,1989, Anagrama.


 

“Me imagino que todos los grupos de alumnos tienen un cabecilla, alguien a quien el profesor escoge por su capacidad y que sirve de ejemplo a los demás. Y este alumno, por ser el que mejor comprende las ideas de su profesor, tiende, como fue el caso de Sasaki, a convertirse en el principal intérprete de esas ideas frente a los alumnos menos capacitados o con menos experiencia. Sin embargo, también es este mismo alumno el que antes aprecia las deficiencias de su maestro y el que antes adopta opiniones distintas de las suyas. En teoría, un buen profesor aceptará que esto ocurra y hasta se alegrará de que así sea, ya que será señal de que el alumno ha madurado gracias a sus enseñanzas. Sin embargo, en la práctica, pueden surgir sentimientos muy complejos. Y a veces, cuando uno se esfuerza mucho por formar a un buen alumno, no es raro que al ver madurar ese talento nos parezca un acto de traición, lo cual puede dar lugar a situaciones difíciles.” (p. 152)

Roger Caillois
LOS DEMONIOS DEL MEDIODÍA
Madrid, 2020, Siruela.



“Antiguamente, la medianoche no tenía una existencia propia en el curso de la noche, como sí la tenía, en cambio, el mediodía en el curso del día. Ningún signo comparable a la posición del sol o a la exigüidad de la sombra podía revelarles la hora de la medianoche a los hombres, que se veían de ese modo llevados a oponer el instante del mediodía a la noche indivisa y que, de cualquier modo, no podían definir la medianoche más que como la contraparte nocturna de la hora diurna de los fantasmas. De hecho, nunca hubo demonios específicos de la medianoche (ninguno llevó jamás ese nombre). (…) Así que, cuando la invención del reloj despertador le otorgue cierta individualidad, solo se convertirá en una hora de apariciones en la que los fantasmas, sin naturaleza definida, se las apañarán, en cierto modo, para manifestarse: nunca tendrá ningún fantasma propio, pues la medianoche recibe los espectros, pero no los envía.
   Otra circunstancia, de carácter muy distinto, contribuyó, sin la menor dudad, a la decadencia mitológica de la hora del mediodía: la influencia del cristianismo. Los griegos no calificaban moralmente la claridad y las tinieblas. Por lo tanto, según su visión, los demonios se aparecían indistintamente durante el día o durante la noche. En cambio, desde que la luz fue considerada una manifestación del principio del bien, y la oscuridad lo fue del mismo imperio del mal, (…) se afirmó que los demonios habían escogido las sombras, y que, semejantes a los murciélagos, creaban tinieblas a su alrededor y evitaban el día.” (pp. 173-174)

[La cursiva pertenece al texto.]

Kazuo Ishiguro
UN ARTISTA DEL MUNDO FLOTANTE (I)
Barcelona,1989, Anagrama.



“Todavía hoy, tres o cuatro veces por semana, sigo cogiendo el sendero que va hasta el río y el puente de madera. Los que vivían aquí antes de la guerra aún lo llaman el Puente de las Vacilaciones. El nombre se debe a que, hasta hace no mucho, para ir al barrio de la vida nocturna había que cruzarlo, y se dice que, a menudo, había hombres que se quedaban a mitad del puente, sin saber si ir a divertirse o volver a casa con sus esposas. En mi caso, si alguna vez me he quedado a mitad del puente, no es que vacilara, es sólo que me produce un gran placer contemplar cómo se pone el sol, mirar el entorno, y examinar todos los cambios que ha habido.” (p. 109)