André Gide
LOS MONEDEROS FALSOS
Barcelona, 1984, Seix Barral.
“Basta, muy a menudo, con la suma
de una cantidad de pequeños hechos muy sencillos y naturales, tomados cada uno
por separado, para obtener un total monstruoso.” (p. 41)
“-Escuche usted, mi querido
amigo: no quisiera parecerle cínico; pero me horrorizan los sentimientos, como
los trajes hechos. Había yo creado en mi corazón, respecto a mi padre, un amor
filial a medida, pero que, en los primeros tiempos, resultaba un poco holgado y
que tuve que achicar. El viejo sólo me ha proporcionado en vida disgustos,
contrariedades, molestias. Si le quedaba algo de ternura en el corazón, no ha
sido a mí a quien se la ha demostrado. Mis primeros impulsos hacia él, en la
época en que no sabía yo lo que era la contención, no me han valido más que
sofiones, que me han servido de enseñanza. Ya habrá visto usted mismo, cuando
le cuidaba... ¿Le dio nunca las gracias? ¿Mereció usted de él la menor mirada,
la más leve sonrisa? Creyó siempre que se le debía todo. ¡Oh! Era lo que llaman
un carácter. Creo que hizo sufrir mucho a mi madre, a quien, sin embargo, él
amaba, si es que realmente ha amado alguna vez. Creo que ha hecho sufrir a todo
el mundo a su alrededor, a sus criados, a sus perros, a sus caballos, a sus
queridas; a sus amigos no, porque no tenía ninguno. Su muerte hará que respiren
todos con satisfacción. Era según creo, un hombre de gran valía <<en lo suyo>>,
como dicen; pero no he podido descubrir nunca qué era <<lo suyo>>.”(pp.
45-46)
“-¿Quiere usted que le hable con
franqueza, querido? Tiene usted todas las cualidades del literato: es usted
vanidoso, hipócrita, ambicioso, voluble, egoísta...” (p. 50)
“Se dice que los novelistas, con
la descripción demasiado exacta de sus personajes, embrollan más que ayudan a
la imaginación y que deberían dejar que el lector se representase cada uno de
aquéllos como le pareciese.” (p. 76)
“Pero ya sabe usted que en las novelas
es siempre peligroso presentar a intelectuales. Fastidian al público; no
consigue uno hacerles decir más que necedades, y transmiten a todo lo que se
relaciona con ellos, un aspecto abstracto.” (p. 190)
“-He pensado con frecuencia
–interrumpió Eduardo- que en arte, y especialmente en literatura, cuentan
únicamente los que se lanzan hacia lo desconocido. No se descubre nueva tierra
sin acceder a perder de vista, primeramente y por largo tiempo, toda costa.
Pero nuestros escritores temen la alta mar; son tan sólo costeros.” (p. 350)