domingo, 20 de enero de 2013

Rosa Montero
EL AMOR DE MI VIDA
Barcelona, 2011, Alfaguara.


“No hay emblema más bello y elocuente de la función de la narrativa y la fantasía que esta historia oriental. De hecho Sharazad debería ser nombrada la patrona oficial de los escritores, puesto que con su mera palabra, con su voz creativa, es capaz de poner orden en el caos y luz a la negrura. Y ésa es justamente la función de la literatura: rescatarnos de la desesperación, salvarnos del horror, ganar tiempo en el despiadado combate contra el fin, de la misma manera que Sharazad va venciendo noche a noche al verdugo y conquistando un aplazamiento de la condena. Porque siempre se escribe contra la muerte.” (p. 264) 
[La autora se refiere, obviamente, a Las mil y una noches]
Javier Tomeo
AMADO MONSTRUO
Barcelona, 2002, Anagrama.


“Tampoco aquel chico (sigue contándome) había trabajado nunca, pero, a diferencia de lo que le sucede a usted, no tenía el menor deseo de empezar. Le pedí que me diese una razón válida que pudiese justificarle y dijo que podía darme no sólo una, sino cien mil, pero que la principal de todas ellas era su condición de hombre-tortuga, que le obligaba todo el día a permanecer sin salir de su casa, del mismo modo que las tortugas de verdad permanecen siempre en la suya. Todo eso me lo dijo seriamente, lo supe desde el primer momento porque hace ya mucho tiempo que aprendí a reconocer a los listillos que pretenden tomarme el pelo o, por lo menos, desconcertarme con sus respuestas. Comprenderá usted que aquel muchacho estaba absolutamente chiflado. Le pregunté siguiéndole la corriente, por qué pensaba que era una tortuga y me dijo que desde niño se sentía fascinado por esos animales y que cuando iba a la escuela no podía resistir el impulso de esconder la cabeza entre los hombros para sacarla después muy lentamente, alargando el cuello milímetro a milímetro y fijando una mirada hipnótica en el compañero de clase que tenía más cerca. ¿Qué puede hacerse en esos casos? Nada. Inclinarse respetuosamente ante los insondables misterios del alma humana.” (pp. 18-19)

viernes, 11 de enero de 2013

Bernhard Schlink
EL LECTOR
Barcelona, 2008, Anagrama.


“¡Extraño hechizo el de la enfermedad cuando se es niño o adolescente! Los ruidos del mundo exterior, del ocio en el patio o en el jardín, o en la calle, penetran amortiguados en la habitación del enfermo. Y dentro de ella florece el mundo de las historias y los personajes de las lecturas. La fiebre, que debilita la percepción y aguza la fantasía, convierte la habitación del enfermo en un espacio nuevo, familiar y ajeno a un tiempo; los dibujos de la cortina o el papel pintado degeneran en monstruos, y las sillas, mesas, estanterías y armarios se transforman en montañas, edificios o barcos, al alcance de la mano y al mismo tiempo remotos. Durante las largas horas nocturnas, acompañan al enfermo las campanadas del reloj de la iglesia, el rugido de los coches que pasan de vez en cuando y el reflejo de sus faros, que rozan las paredes y el techo. Son horas sin sueño, pero no horas de insomnio; no son horas de escasez, sino de abundancia. La combinación de anhelos, recuerdos, miedos y deseos se organiza en laberintos en los que el enfermo se pierde y se descubre y se vuelve a perder. Son horas en las que todo es posible, tanto lo bueno como lo malo.” (pp. 21-22)

“Mi padre era un hombre reservado, tan incapaz de mostrarles sus sentimientos a sus hijos como de aceptar los que ellos tenían hacia él. Durante muchos años sospeché que detrás de tanto hermetismo debía de haber un tesoro escondido. Pero con el tiempo empecé a preguntarme si de verdad había algo allí detrás. Quizá había tenido sentimientos en su niñez y su juventud, y a lo largo de los años, al no expresarlos, los había dejado agostarse y morir.” (p. 131)

"Ser historiador significa tender puentes entre el pasado y el presente, observar ambas orillas y tomar parte activa en ambas." (p. 170) 

"Durante aquellos años yo había leído todo lo que había encontrado sobre analfabetismo. Sabía de la impotencia ante situaciones totalmente cotidianas, a la hora de encontrar el camino para ir a un lugar determinado o de escoger un plato en un restaurante; sabía de la angustia con que el analfabeto se atiene a esquemas invariables y rutinas mil veces probadas, de la energía que cuesta ocultar la condición de analfabeto, un esfuerzo que acaba marginando a la persona del discurrir común de la vida. El analfabetismo es una especie de minoría de edad eterna." (p. 176) 

"Los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vívido." (p. 203)
Anthony Trollope
EL CUSTODIO
Madrid, 2004, Alfaguara.


“¿Qué es cualquier asunto público sino un conglomerado de intereses privados?” (p. 216)

“A nosotros nos parece problemático que los ministros del Señor oficien el servicio religioso con decoro, día tras día, en un edificio inmenso, cuando no les rodea más allá de una docena de fieles. Hasta el mejor actor es incapaz de representar con convicción ante un patio de butacas vacío, y aunque existan, por supuesto, motivos más elevados en un caso que en otro, ni siquiera el mejor de los clérigos está por encima de la influencia de su público. Esperar que se cumpla bien un deber en semejantes circunstancias sería exigir de la naturaleza humana algo que está por encima de sus posibilidades.” (p. 231)

sábado, 5 de enero de 2013

Azorín
LA RUTA DE DON QUIJOTE
Madrid, 2005, Cátedra.


“Lector: perdóname; mi voluntad es serte grato; he escrito ya mucho en  mi vida; veo con tristeza que he de escribir otro tanto. Lector: perdóname; yo soy un pobre hombre que, en los ratos de vanidad, quiere aparentar que sabe algo, pero que en realidad no sabe nada.” (pp. 80-81)

“El cielo, conforme la tarde va avanzando, se cubre de un espeso toldo plomizo. El carro camina dando tumbos, levantándose en los pedruscos, cayendo en los hondos baches. Ya estamos cerca del poblado. Ya podéis ver la torre cuadrada, recia, amarillenta, de la iglesia y las techumbres negras de las casa. Un silencio profundo reina en el llano; comienzan a aparecer a los lados del camino paredones derruidos. En lo hondo, a la derecha, se distingue una ermita ruinosa, negra, entre árboles escuálidos, negros, que salen por encima de largos tapiales caídos. Sentís que una intensa sensación de soledad y de abandono os va sobrecogiendo. Hay algo en las proximidades de este pueblo que parece como una condensación, como una síntesis de toda la tristeza de la Mancha. Y el carro va avanzando.” (p. 144)