Diane Wei Ling
EL OJO DE JADE
Madrid, 2007, Siruela.
"El juego era el opio de aquella
gente. De día podían dedicarse a cualesquiera ocupaciones: podían ser maestros
de escuela, o bien opulentos funcionarios. Uno podía encontrarse allí a una
dulce abuelita con la dentadura postiza o a un padre que no permitía a sus
hijos la menor brizna de libertad. Algunos probablemente habían mentido,
diciendo que iban a visitar a unos vecinos o a reunirse con unos amigos.
Algunos no habían logrado eludir los reproches de la esposa histérica o del
iracundo marido, y se sentaban a sus mesas descorazonados y avergonzados. Pero
eran más frecuentes las expresiones de liberación y alivio: aquéllos eran los
viajeros que estaban a miles de kilómetros de sus casas. En la inmensidad
anónima de la ciudad se hallaban fuera del alcance de cualquier conocido y podían
de verdad dejarse llevar.” (p. 122)