miércoles, 20 de febrero de 2013

Diane Wei Ling
EL OJO DE JADE
Madrid, 2007, Siruela.


"El juego era el opio de aquella gente. De día podían dedicarse a cualesquiera ocupaciones: podían ser maestros de escuela, o bien opulentos funcionarios. Uno podía encontrarse allí a una dulce abuelita con la dentadura postiza o a un padre que no permitía a sus hijos la menor brizna de libertad. Algunos probablemente habían mentido, diciendo que iban a visitar a unos vecinos o a reunirse con unos amigos. Algunos no habían logrado eludir los reproches de la esposa histérica o del iracundo marido, y se sentaban a sus mesas descorazonados y avergonzados. Pero eran más frecuentes las expresiones de liberación y alivio: aquéllos eran los viajeros que estaban a miles de kilómetros de sus casas. En la inmensidad anónima de la ciudad se hallaban fuera del alcance de cualquier conocido y podían de verdad dejarse llevar.” (p. 122)