lunes, 16 de noviembre de 2015

Platón
LAS LEYES
Madrid, 1988, Akal.



“Y entonces, huésped, el vencerse a sí mismo es la primera y más importante de todas las victorias, y el ser vencido por uno mismo la más vergonzosa y humillante de las derrotas. Esto indica que en cada uno de nosotros se libra una guerra contra nosotros mismos.” (p. 61)
 
“Lo que importa en la educación de los jóvenes, como en la de cualquiera, no es la reprimenda, sino hacer ver a los otros que nuestro comportamiento a lo largo de la vida se ajusta a las amonestaciones y reprimendas que dirigimos a los demás.” (p. 204)

“Quien tiene interés por ser un gran hombre no se debe amar a sí mismo ni a sus cosas, sino a aquello que es justo, tanto si lo ha hecho él como si lo ha hecho otro.” (p. 208)

“Quien tenga en mente promulgar leyes acerca de cómo debe ser la actuación pública y oficial en las ciudades, pero considere innecesarias las coacciones en la vida privada y conceda facultad a cada ciudadano a que viva su vida como se le antoje, que no crea conveniente que todo esté sujeto a reglamentación y que, por tanto, deja sin regular la vida privada, llegando a la conclusión de que así los ciudadanos querrán vivir conforme a las leyes en lo público y en lo oficial, ese tal no discurre como debe.” (p. 275)

“Uno es el deseo de enriquecerse, que no deja ningún momento libre para dedicarse a otra cosa que no sean los bienes propios, de los que está pendiente toda alma de todo ciudadano, tanto que no podría cuidarse de ninguna otra, fuera de su ganancia cotidiana. Todos ellos están plenamente resueltos a aprender y llevar a la práctica en beneficio propio cualquier idea o empresa que conduzca a ello; de todo lo demás se carcajea. He aquí una de las causas, la primera, que debemos presentar como la responsable de que la ciudad no quiera tomarse en serio estas costumbres ni ninguna otra que sea hermosa y honorable; antes al contrario, por su avidez de oro y plata, cualquier hombre está resuelto a aguantar no importa qué profesión o proyecto más o menos decentes si con ello ve perspectivas de enriquecimiento y a realizar, igualmente sin ningún escrúpulo, cualquier acción piadosa, impía o vergonzosa a más no poder, exigiendo como única contrapartida poder procurarse, como un animal, plena satisfacción en toda clase y variedad de comidas, bebidas y placeres sexuales”. (p. 348)