William Shakespeare
MACBETH
Madrid, 1981, Alianza Editorial.
“MALCOLM
Es de mí de quien hablo, pues conozco bien
todas las clases de vicio que arraigaron en mí
y que, una vez al descubierto, harán parecer
la negrura de Macbeth blanca como la nieve, y nuestro pobre Estado
como a cordero habrá de estimarlo, al compararle
con mi maldad sin límites.
MACDUFF
Ni en todas las legiones del infierno
puede haber un demonio tan abominable
como Macbeth.
MALCOLM
Admito que es hombre sanguinario
y lujurioso, lleno de avaricia, falso, pérfido,
violento, malicioso, con el olor de todo tipo de pecado
que tenga nombre; pero no, no hay fondo
para mi propia voluptuosidad: vuestras esposas, hijas,
matronas y doncellas no podrán colmar
mi pozo de lujuria; y mi deseo
derribaría todos los muros de la continencia
si hicieran frente a mi pasión. Mejor Macbeth,
que un rey así.
MACDUFF
La intemperancia que nada limita
es una tiranía de la Naturaleza. Ha sido causa
del prematuro vacío de felices tronos
y del crepúsculo de muchos reyes. Pero no temáis
el coger lo que es vuestro. Vos podréis
ejercitar vuestros placeres con variedad y plenitud,
pero mostraros frío, engañando así al mundo.
No faltan damas complacientes y no puede haber
en vos un buitre que devore tantas
como deseen entregarse ante vuestra grandeza,
al tanto ya de vuestra inclinación.
MALCOLM
Crece también
en mi naturaleza malformada
tan insaciable avaricia, que si fuera rey
suprimiría a los nobles por tener sus tierras,
desearía las joyas de éste y la casa de aquél
y cuanto más tuviese serviría tan sólo de aderezo
para que mi apetito acrecentase, e inventara así
contra los buenos y leales, disputas nada justas
y los destruiría por su riqueza.
MACDUFF
Esta avaricia
penetra más al fondo, crece con las raíces más dañinas
que las de la lujuria, efímera como el estío, y espada fue
de nuestros reyes malheridos. Pero no temáis,
Escocia es abundante como para colmar vuestro deseo
con lo que por derecho os pertenece. Son vicios soportables
al compararlos con otras virtudes.
MALCOLM
Yo ninguna tengo.
Las virtudes que a todo rey adornan,
tales como justicia, templanza, veracidad, firmeza,
bondad, perseverancia, humildad y piedad,
paciencia, devoción, fortaleza, valor,
no las conozco en absoluto. Pero abundan en mí
todas las variedades posibles en el crimen,
cuando de formas varias lo ejecuto. Si tuviera poder
vertería en el infierno la dulce leche de la conciliación,
provocaría el caos en la paz del mundo, destruyendo
el equilibrio de la tierra.” (pp. 105-107; acto cuarto, escena tercera)
MACBETH
Madrid, 1981, Alianza Editorial.
“MALCOLM
Es de mí de quien hablo, pues conozco bien
todas las clases de vicio que arraigaron en mí
y que, una vez al descubierto, harán parecer
la negrura de Macbeth blanca como la nieve, y nuestro pobre Estado
como a cordero habrá de estimarlo, al compararle
con mi maldad sin límites.
MACDUFF
Ni en todas las legiones del infierno
puede haber un demonio tan abominable
como Macbeth.
MALCOLM
Admito que es hombre sanguinario
y lujurioso, lleno de avaricia, falso, pérfido,
violento, malicioso, con el olor de todo tipo de pecado
que tenga nombre; pero no, no hay fondo
para mi propia voluptuosidad: vuestras esposas, hijas,
matronas y doncellas no podrán colmar
mi pozo de lujuria; y mi deseo
derribaría todos los muros de la continencia
si hicieran frente a mi pasión. Mejor Macbeth,
que un rey así.
MACDUFF
La intemperancia que nada limita
es una tiranía de la Naturaleza. Ha sido causa
del prematuro vacío de felices tronos
y del crepúsculo de muchos reyes. Pero no temáis
el coger lo que es vuestro. Vos podréis
ejercitar vuestros placeres con variedad y plenitud,
pero mostraros frío, engañando así al mundo.
No faltan damas complacientes y no puede haber
en vos un buitre que devore tantas
como deseen entregarse ante vuestra grandeza,
al tanto ya de vuestra inclinación.
MALCOLM
Crece también
en mi naturaleza malformada
tan insaciable avaricia, que si fuera rey
suprimiría a los nobles por tener sus tierras,
desearía las joyas de éste y la casa de aquél
y cuanto más tuviese serviría tan sólo de aderezo
para que mi apetito acrecentase, e inventara así
contra los buenos y leales, disputas nada justas
y los destruiría por su riqueza.
MACDUFF
Esta avaricia
penetra más al fondo, crece con las raíces más dañinas
que las de la lujuria, efímera como el estío, y espada fue
de nuestros reyes malheridos. Pero no temáis,
Escocia es abundante como para colmar vuestro deseo
con lo que por derecho os pertenece. Son vicios soportables
al compararlos con otras virtudes.
MALCOLM
Yo ninguna tengo.
Las virtudes que a todo rey adornan,
tales como justicia, templanza, veracidad, firmeza,
bondad, perseverancia, humildad y piedad,
paciencia, devoción, fortaleza, valor,
no las conozco en absoluto. Pero abundan en mí
todas las variedades posibles en el crimen,
cuando de formas varias lo ejecuto. Si tuviera poder
vertería en el infierno la dulce leche de la conciliación,
provocaría el caos en la paz del mundo, destruyendo
el equilibrio de la tierra.” (pp. 105-107; acto cuarto, escena tercera)