Miguel Barnet
CANCIÓN DE RACHEL
Madrid, 1987, Alfaguara.
“Esta isla es algo muy grande. Aquí han ocurrido las cosas más extrañas y las más trágicas. Y siempre será así. La tierra, como los seres humanos, tiene su destino. Y el de Cuba es un destino misterioso. Yo no soy bruja, ni gitana, ni cartomántica, ni nada de eso; no sé leer la mano como es debido, pero siempre me he dicho que el que nace en este pedazo de tierra trae su misión, para bien o para mal. Aquí no pasa como en otros países que nacen gentes por toneladas y todos son iguales, se comportan igual, y viven y mueren en el anonimato. No. El que nace en Cuba tiene su estrella asegurada, o su cruz, porque también existe el que viene a darse cabezazos.
Ahora, lo que se llama el media tinta, el que no es ni una cosa ni la otra, el tontucio, ése aquí no se da.” (p. 13)
"Otra vez en la calle y sin llavín. Pero dispuesta a enfrentarlo todo de a pecho.
Ahora sí, que a un circo como aquél no volvía. Mataba las tardes caminando. Todo el Prado, la Plaza de Marte, el Payret, ésa era mi zona de operaciones. Yo era una mujer libre que podia hacer de mi capa un sayo.Extrañaba el fragor artístico, mi mundo, para lo que yo naci, pero supe aplicar el control. Esperé dos años sin mover un brazo, viviendo de los «suvenires», sin compromisos con nadie y libre de mamá. Mucha aventura, mucha vida de noche, alcohol, fiestas, paseítos. Pero del arte nada. Asistí a todos los teatros de la época, como espectador. Yo me sentaba con un amigo en una butaca, primera fila siempre, y veía la obra. Eran los años de Monterito, la Pastor, la Chelito criolla... Yo las observaba cuidadosamente. No para imitarlas, sino para recoger con malicia. Todas tenían algún defecto. La que no era bizca, era boba; la que no, demasiado puta; la otra muy gorda o muy fea, como la Chelito; la de más acá, pretenciosa; la de más allá, distraída.
Todas eran de cuerda menor. Por eso yo estaba tan convencida de mí.” (p. 73)