viernes, 19 de abril de 2019

Gabriel Chevallier
EL MIEDO (III)
Barcelona, 2009, Acantilado. 
 

“Los soldados hablan con naturalidad de estas cosas, sin aprobarlas o censurarlas, porque la guerra los ha habituado a encontrar natural lo que es monstruoso. A su modo de ver, la suprema injusticia es que se disponga de su vida sin consultarles, que se les haya que se designaba a los soldados de infantería. Fue usada durantela guerra por los traído aquí con mentiras. Esta injusticia legalizada vuelve caducas todas las morales y consideran que las convenciones promulgadas por la gente de la retaguardia, en lo relativo al honor, al valor, a la belleza de una actitud, no pueden concernirles a ellos, gente de la vanguardia. La zona de los obuses tiene sus propias leyes, de las que son sus únicos jueces. Declaran sin vergüenza: «¡Estamos aquí porque no podemos evitarlo!». Sienten que son la mano de obra de la guerra, y saben que los beneficios sólo aprovechan al patrón. Los dividendos irán a parar a los generales, a los políticos, a los industriales. Los héroes regresarán al arado y al banco de carpintero, pordioseros como antes. Este término de héroe les provoca una risa amarga. Se llaman entre sí buenos hombres, es decir, pobres tipos, ni belicosos ni agresivos, que avanzan, matan, sin saber por qué. Los buenos hombres, es decir, la lamentable, enfangada, gemebunda y sangrante hermandad de los PCDF, como ellos se designan tan irónicamente. En fin, carne de cañón. En fin, carne de cañón. «Aspirante a fiambre», como dice Chassignole.” (pp. 198-199)
[PCDF: Abreviatura de pauvre couillon/con du front (‘pobre gilipollas del frente’), con la propios combatientes, y denunciaba implícitamente a los enchufados que conseguían escapar del frente y del peligro.] La nota aclaratoria pertenece al propio texto.