jueves, 23 de mayo de 2019

Elmore Leonard
HOMBRE / QUE VIENE VALDEZ (II)
Madrid, Valdemar, 2015.



“Mírenlo de nuevo como él se vio a sí mismo aquella noche. Su nombre era Roberto Eladio Valdez, nacido el 23 de julio de 1854, en un poblado de edificios de adobe en la sierra de San Pedro, donde el valle se extendía hasta las Galiuro. Su padre fue granjero hasta que se trasladaron a Tucson para trabajar con una compañía de transporte y envió a sus hijos a la escuela de la misión. Roberto Eladio Valdez, nacido de padres mexicanos en el Territorio de Arizona de los Estados Unidos, un chico que vivió en el desierto y conoció a muchos que fueron asesinados por los apaches, un chico que creció hasta hacerse hombre en el desierto y las montañas, que finalmente trabajó para el ejército guiando rastreadores apaches cuando los hostiles atacaron San Carlos y continuaron asaltando granjas, y finalmente lo dejó y decidió que ya era hora de trabajar la tierra o para una compañía de diligencias, como hacían la mayoría de los hombres, y hacerlo antes de que fuera demasiado tarde. Roberto Eladio Valdez trabajaba para Hatch & Hodges y le sentaron en el maletero con la escopeta porque era bueno disparando. Pidió un trabajo al comité municipal de Lanoria, le nombraron alguacil a tiempo parcial y le colocaron una escopeta en las manos porque era bueno disparando y porque era tranquilo y porque le gustaba a todo el mundo o al menos todos los soportaban, porque era uno de los buenos ciudadanos que se mantenía limpio y aseado, incluso llevaba un cuello de la camisa almidonado y traje cuando el resto iba en mangas de camisa, y jamás bebía demasiado o insultaba. Recuerden, ese era el Bob Valdez que conocía su sitio, y el que buscaba una vida normal y un hogar y una familia.” (pp. 293-294)
[La cita pertenecen a la novela QUE VIENE VALDEZ.]