18 DE JULIO-22 DE JULIO
LA VIGENCIA INSTITUCIONAL Y LA RENOVACIÓN POLÍTICA (I)
Gabinete de Estudios de la Delegación Nacional
de Prensa y Radio del Movimiento
Madrid, 1974, Ediciones del Movimiento.
“FRANCO Y EL PUEBLO ESPAÑOL
Cuando uno se aproxima a la fecha fundacional del 18 de Julio de 1936, a su conmemoración sincera y honesta, es radicalmente imposible descontar del sentido de esa fecha la figura, la biografía y la personalidad de Francisco Franco. No cabe duda, desde luego, de que el 18 de Julio fue una confluencia de factores históricos, políticos, socio-económicos, culturales e incluso psicológicos. Pero no cabe duda, tampoco, de que esa misma fecha del 18 de Julio sería prácticamente ininteligible sin la presencia de Franco. ¿Por qué? Por varias razones. En primer lugar, porque Francisco Franco no representaba entonces, ni representó luego, ni representa ahora, ninguna parcialidad de ningún tipo, sino la identidad misma del pueblo español y de los valores nacionales. La definición política de Franco ha sido siempre una: español consciente de su tiempo y responsable de la historia de su Patria. Ninguna más. De ahí su fabulosa capacidad de conectar con la mayoría de su pueblo casi directamente, desde su sencilla figura, sin necesidad alguna de mecanismos interpuestos ni ortopedias preparatorias. El simple nombre de Franco es convocatoria, apelación radical, definición de un estilo político y de un modo de hacer historia. Y esto no es casual. Esto es producido, cabalmente, por la sencilla y elemental razón de que el pueblo español no había sido seriamente convocado nunca, al menos en el espacio histórico de un siglo.
(…)
El 18 de Julio es, pues, antes que ninguna otra cosa, una ocasión de protagonismo del pueblo consigo mismo; una ocasión de reencuentro del país con sus esencialidades humanas; una coyuntura en la que un pueblo tenía que decir sí o no a su supervivencia y a su soberanía como tal. Franco comprendió, como nadie, esa ocasión y esa coyuntura. Y comprendió, también, que sólo él podía encabezarla y dirigirla. En estos momentos estelares de la vida de las naciones, hacen falta pulsos incapaces de temblar, voluntades incapaces de plegarse, ánimos resueltos a aceptar el futuro con todos sus efectos y capaces, como consecuencia, de construir instituciones, mecanismos, cauces y vías de participación y solidaridad. Franco, precisamente porque es pueblo, porque fue pueblo siempre, supo hacer el Estado Nacional, el Estado inspirado en la voluntad de justicia y en el deseo ordenado de la reforma. En cualquier caso, y esto es algo evidente, es difícil encontrar en toda nuestra historia un solo caso de conductor político con más eco popular que Franco, hombre que nunca ha cultivado la demagogia en ninguna de sus formas. ¿No es eso una prueba de que el 18 de Julio fue, exactamente, una inspiración soberana del pueblo español, deseoso de inaugurar con alegría una nueva etapa de su historia? Nada más razonable, en esta hora de conmemoración solemne, que pensar así.” (pp. 7-9)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
LA VIGENCIA INSTITUCIONAL Y LA RENOVACIÓN POLÍTICA (I)
Gabinete de Estudios de la Delegación Nacional
de Prensa y Radio del Movimiento
Madrid, 1974, Ediciones del Movimiento.
“FRANCO Y EL PUEBLO ESPAÑOL
Cuando uno se aproxima a la fecha fundacional del 18 de Julio de 1936, a su conmemoración sincera y honesta, es radicalmente imposible descontar del sentido de esa fecha la figura, la biografía y la personalidad de Francisco Franco. No cabe duda, desde luego, de que el 18 de Julio fue una confluencia de factores históricos, políticos, socio-económicos, culturales e incluso psicológicos. Pero no cabe duda, tampoco, de que esa misma fecha del 18 de Julio sería prácticamente ininteligible sin la presencia de Franco. ¿Por qué? Por varias razones. En primer lugar, porque Francisco Franco no representaba entonces, ni representó luego, ni representa ahora, ninguna parcialidad de ningún tipo, sino la identidad misma del pueblo español y de los valores nacionales. La definición política de Franco ha sido siempre una: español consciente de su tiempo y responsable de la historia de su Patria. Ninguna más. De ahí su fabulosa capacidad de conectar con la mayoría de su pueblo casi directamente, desde su sencilla figura, sin necesidad alguna de mecanismos interpuestos ni ortopedias preparatorias. El simple nombre de Franco es convocatoria, apelación radical, definición de un estilo político y de un modo de hacer historia. Y esto no es casual. Esto es producido, cabalmente, por la sencilla y elemental razón de que el pueblo español no había sido seriamente convocado nunca, al menos en el espacio histórico de un siglo.
(…)
El 18 de Julio es, pues, antes que ninguna otra cosa, una ocasión de protagonismo del pueblo consigo mismo; una ocasión de reencuentro del país con sus esencialidades humanas; una coyuntura en la que un pueblo tenía que decir sí o no a su supervivencia y a su soberanía como tal. Franco comprendió, como nadie, esa ocasión y esa coyuntura. Y comprendió, también, que sólo él podía encabezarla y dirigirla. En estos momentos estelares de la vida de las naciones, hacen falta pulsos incapaces de temblar, voluntades incapaces de plegarse, ánimos resueltos a aceptar el futuro con todos sus efectos y capaces, como consecuencia, de construir instituciones, mecanismos, cauces y vías de participación y solidaridad. Franco, precisamente porque es pueblo, porque fue pueblo siempre, supo hacer el Estado Nacional, el Estado inspirado en la voluntad de justicia y en el deseo ordenado de la reforma. En cualquier caso, y esto es algo evidente, es difícil encontrar en toda nuestra historia un solo caso de conductor político con más eco popular que Franco, hombre que nunca ha cultivado la demagogia en ninguna de sus formas. ¿No es eso una prueba de que el 18 de Julio fue, exactamente, una inspiración soberana del pueblo español, deseoso de inaugurar con alegría una nueva etapa de su historia? Nada más razonable, en esta hora de conmemoración solemne, que pensar así.” (pp. 7-9)
[Las cursivas pertenecen al texto.]