Martín Caparrós
EL HAMBRE (III) Barcelona, 2015, Anagrama.
“La tentación humanitaria consiste en dejar de pensar qué se puede hacer con el prójimo para preguntarse qué se puede hacer por el prójimo.” (p. 452)
“Leo unos textos sobre biología y, como cada vez, corro el riesgo de ponerme místico: ¿no es inverosímil que tanta complejidad, tal perfección sirvan para engendrar vidas tan incompletas, tan banales? ¿Que la sofisticación con que millones de células producen infinidad de reacciones que se coordinan para que un hombre abra la boca no debería corresponderse con manjares espléndidos entrando entre esos labios? ¿Que el refinamiento que supone que un tímpano perciba vibraciones del aire y las transmita a los huesitos del oído medio para que las hagan llegar a las células pilosas de la cóclea que las convierten en electricidad para que unos nervios las lleven al cerebro que los recompondrá para informarnos no merecería que las palabras escuchadas fueran siempre música? El grado de evolución de los mecanismos naturales —aquí la mística—, ¿no debería llevarnos a confiar en un grado semejante de evolución social? O, dicho de una manera menos lírica: ¿tiene sentido que organismos tan complejos hagamos vidas tan de mierda?” (pp. 601-602)