Bill Hansson
CUESTIÓN DE OLFATO.
Historias asombrosas sobre el mundo de los olores (I)
Barcelona, 2022, Crítica.
“Sin embargo, aunque el olfato pueda ser fiable, por lo general somos incapaces de describir los aromas con precisión. En comparación con las posibilidades lingüísticas e las que disponemos para hablar de la vista y el oído, lo cierto es que nuestro vocabulario olfativo no es especialmente rico. Cuando se pide a voluntarios sanos que describan olores habituales, siempre les cuesta darles un nombre. Los estudios nos muestran qué áreas del cerebro tienen la culpa de este fenómeno. Parece que, cuando hablamos de aromas, se activan dos regiones: la corteza temporal anterior y la corteza orbitofrontal. De acuerdo con los datos obtenidos en esos estudios, estas áreas cerebrales reciben señales olfativas relativamente poco procesadas, lo que nos dificulta activar las áreas de procesamiento lingüístico para identificar los olores y asignarles un nombre.
En la historia de nuestra evolución, el procesamiento lingüístico se desarrolló mucho después del procesamiento olfativo, lo cual podría explicar por qué nuestro vocabulario cotidiano aplicable a los olores es tan pobre. En cualquier caso, aún no comprendemos realmente cómo procesa nuestro cerebro las experiencias olfativas diarias y cómo las conecta con el lenguaje.” (pp. 67-68)