lunes, 12 de diciembre de 2016

Rosa Montero
EL PESO DEL CORAZÓN
Barcelona, 2016, Planeta.
 

“La existencia e integración de los tecnohumanos ha creado un fuerte debate ético y social que está lejos de haberse solventado Algunos sostienen que, puesto que, en su origen, la creación de replicantes como mano de obra esclava fue un acto erróneo e inmoral, simplemente deberían dejar de fabricarse. Esta posibilidad es rechazada de plano por los tecnos, que la consideran una opción genocida: «Lo que una vez ha existido, no puede regresar al limbo de la inexistencia. Lo que se inventa, no puede desinventarse. Lo que hemos aprendido, no puede dejar de saberse. Somos una nueva especie y, como todos los seres vivos, anhelamos seguir viviendo» (Gabriel Morlay). Actualmente, las cadenas de producción de androides (hoy llamadas plantas de gestación) son dirigidas al 50% por tecnos y por humanos. Un androide tarda catorce meses en nacer, pero cuando lo hace tiene una edad física y psíquica de veinticinco años. Pese a los avances tecnológicos, sólo se ha conseguido que viva una década: más o menos en torno a los treinta y cinco la división celular de sus tejidos se acelera de forma dramática y sufre una especie de proceso cancerígeno masivo (conocido como TTT, Tumor Total Tecno) para el que todavía no se ha encontrado cura y que provoca su fallecimiento en pocas semanas.” (p. 382)
[La cursiva y la negrita pertenecen al texto.]


martes, 6 de diciembre de 2016

Fernando Trias de Bes
EL LIBRO PROHIBIDO DE LA ECONOMÍA (II)
Barcelona, 2015, Espasa.



“Es importante que sepa cómo la Academia Sueca otorga los Premios Nobel. Se realiza a través de votaciones de otros académicos y se computa, por ejemplo, cuántas veces un académico es mencionado en los artículos especializados de otros académicos. Cuando un economista es mencionado muchas veces en las investigaciones de otros economistas significa que es influyente, que es tenido en cuenta en muchas otras teorías. Pero eso no le otorga el poder del conocimiento absoluto ni de predecir el futuro.
    Sin embargo, los medios de comunicación tratan a los premios Nobel de Economía como genios que saben lo que va a suceder y cuyas opiniones están más sujetas a verdad.
   Un premio Nobel de Economía es un estudioso de la economía, un investigador. Pero nada más. Sus teorías pueden, y de hecho en muchos casos sucede, caerse al cabo de un tiempo. Como el sonado caso de Scholes y Black, que obtuvieron el premio Nobel de economía por sus fórmulas matemáticas sobre opciones (un producto financiero).
   Al cabo de varios años, su teoría se derrumbó y todas las millonarias inversiones en opciones, amparadas en sus conocimientos y descubrimientos, perdieron miles de millones de dólares.” (pp. 223-224)

“La pobreza no tiene razón de ser porque, si hay materias primas o recursos naturales y a la vez hay personas dispuestas a trabajar, a intercambiar, debería siempre, por pura lógica, existir un sistema económico o social que dé empleo a todo el mundo. La ausencia de libertad, el hambre de poder, el exceso de control, de regulación, los favores y prebendas... crean escasez. La pobreza no es un problema que no se ha sabido resolver, sino que es la consecuencia de un mal sistema. La pobreza es producto de la incompetencia humana. La pobreza es un invento de los hombres. Somos creadores de escasez.
   Y por eso la pobreza produce tanta frustración a los economistas. Porque tenemos los instrumentos y sabemos cómo erradicar la pobreza. En contraposición a los médicos, que no pueden luchar contra algo irremediable llamado «muerte», los economistas sabemos que la pobreza se podría erradicar o, cuando menos, minimizar.” (pp. 232-233)
César Rendueles
SOCIOFOBIA (II)
Madrid, 2013, Capitán Swing.



“Los patent trolls son empresas que crean una cartera de licencias comprando patentes de compañías en quiebra o patentes que nunca han sido utilizadas. Su objetivo no es la innovación. Se dedican a vigilar el mercado para dar con empresas a las que demandar acusándolas de desarrollar productos cuyas patentes poseen. Así, obtienen ganancias astronómicas de un proceso legal sin haber invertido ni un solo euro en investigación. Es, por tanto, una actividad parasitaria formalmente similar a la especulación. Las empresas financieras obtienen beneficios directos tergiversanddo la función de los mercados secundarios, que supuestamente se crearon para dinamizar la actividad productiva. Los patent trolls obtienen beneficios tergiversando leyes que se crearon para proteger el desarrollo científico. No es un asunto menor: se ha calculado que entre 1990 y 2010 los patent trolls costaron a las empresas innovadoras quinientos mil millones de dólares.” (pp. 66-67)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
 

“¿Es sensato que tenga licencias ultrarrestrictivas una película cuya producción ha sido subvencionada al 100% y que posteriormente ha sido comprada para su emisión en una televisión pública?” (p. 76)

“La sociabilidad que ofrece el capitalismo puede llegar a ser muy abundante pero siempre es extremadamente epidérmica. Es el caso de los vínculos sociales reticulares de las sociedades postmodernas. Hay una gran cantidad de sociabilidad en Internet, pero resulta inservible para los cuidados. Nuestras familias y nuestros amigos, incluso nuestros vecinos, son lentos y fastidiosos, pero persistentes y fiables. Exactamente lo contrario que el entorno digital. Internet sirve para intercambiar series de televisión, pero no cuidados. La fantasía de que lo primero es tan importante como lo segundo es muy propia de personas que han prolongado patológicamente su adolescencia y creen que los juegos en red son experiencias intelectuales y sociales satisfactorias. Si alguna lección deberíamos haber aprendido del capitalismo es que la alienación y la insolidaridad son perfectamente congruentes con estándares altos de nivel de vida y de educación.” (pp. 147-148)

“Lo único que nos une es nuestra lealtad ritual a las ventas y las compras. Ninguna religión a lo largo de la historia ha logrado una universalidad semejante.” (p. 178)

"Hay una sutil conexión ideológica entre las falsas promesas de las ciencias sociales, el formalismo institucional que paraliza el cambio político y la disolución de la relaciones comunitarias. Su fundamento es la ilusión de que la realidad social y nuestras ideas acerca de ellas están bien definidas, son hechos analizables en partes delimitadas y con una arquitectura conceptual precisa. Como si los procesos sociales tuvieran una estructura molecular susceptible de ser recombinada de diversas maneras, preferentemente mediante un único impulso que inicie la autoorganización espontánea y, en su defecto, a través de la planificación centralizada.” (p. 182-183)
Fernando Trias de Bes
EL LIBRO PROHIBIDO DE LA ECONOMÍA (I)
Barcelona, 2015, Espasa.


 
 “En España somos provincianos. Madrid incluido. Y Barcelona. El resto ya no digamos. Vamos de cosmopolitas pero nos cuesta mucho viajar al extranjero y no digamos ya instalarnos fuera de nuestro país. Como dice una buena amiga en un manuscrito que me pasó y que puede que pronto vea la luz, cuando dices que te vas a vivir al extranjero, la gente te dice: «¡Ostras!, pobre, ¿y cómo lo llevas?». En otras palabras, te compadece.           
   Debería ser lo contrario. Irse al extranjero es una experiencia formidable que aporta una riqueza cultural y un bagaje extraordinario. O sea, que todo el mundo habla de internacionalización de la empresa española pero lo cierto es que al 95% de los emprendedores o empresarios les da mucha pereza y lo evitarán, si es posible. España es un país con una balanza comercial totalmente sesgada por el factor turismo. Si no fuera por el turismo, nuestro déficit comercial con el extranjero sería uno de los más elevados del mundo. En cuanto a implantaciones en el exterior no digamos. Las empresas españolas con presencia física en el extranjero son muy pocas en comparación a otros países desarrollados.
   Y eso nos permite entrar en la siguiente consideración, que es la confusión generalizada entre exportar e internacionalizar. La gente piensa que vender a países extranjeros es internacionalizar la empresa. No es verdad. Eso es exportar, que está muy bien, pero internacionalizar es otra cosa. Supone implantarse físicamente en otros países, poner una pica en Flandes, como se dice vulgarmente.
   Eso no va con nuestra cultura empresarial provinciana, vinculada al poder político, al favoritismo y a la contratación pública. Pensamos que si exportamos es que somos internacionales, cuando en realidad significa ser competitivos en precio. La gran asignatura pendiente del emprendedor español es la internacionalización.” (p. 203-204)

César Rendueles
SOCIOFOBIA (I)
Madrid, 2013, Capitán Swing.


“Vivimos en un sistema económico profundamente paradójico, que desarrolla increíbles posibilidades tecnológicas y sociales de las que a menudo es incapaz de sacar partido. La sociedad moderna se ha especializado en convertir en problemas de proporciones sísmicas lo que, al menos intuitivamente, deberían ser soluciones. El desarrollo tecnológico genera paro o sobreocupación, en vez de tiempo libre; el aumento de la productividad produce crisis de sobreacumulación, en vez de abundancia; los medios de comunicación de masas alienación, en vez de ilustración…” (p. 48)

“Psiphon convierte el ordenador de los usuarios colaboradores de los países libres de censura en un servidor proxy al que se conectan otros usuarios que viven en países en los que el gobierno controla las comunicaciones. Entre el servidor de Psiphon y el cliente se establece una conexión se­gura y encriptada, que no puede ser interceptada. Es decir, no es una solución centralizada a la censura, sino una red distribuida, colaborativa y copyleft. Parece la realización misma de la utopía cibernética. Sin embargo, los colaboradores occidentales de Psiphon se encontraron con que una gran cantidad de personas que solicitaban desde China y otros países con censura acceso a Psiphon se dedicaba a buscar pornografía y cotilleos sobre celebrities, en vez de descargar informes de Amnistía Internacional. Tal vez Internet sea la realización misma de la esfera pública, pero entonces tendremos que aceptar que el objetivo de la sociedad civil es el porno casero y los vídeos de gatos. No es anecdótico. Las pruebas empíricas sugieren sistemáticamente que Internet limita la cooperación y la crítica política, no las impulsa.” 
(pp. 52-53)
[La cursiva pertenece al texto.]

domingo, 4 de diciembre de 2016



Richard Ford
EL PERIODISTA DEPORTIVO (II)
Barcelona, 2008, Anagrama.



“Además, cuando le digo «te quiero» a Vicki Arcenault, sólo estoy diciendo algo evidente. ¿A quién le importa si la querré para siempre? ¿O ella a mí? Nada persiste. Ahora la quiero y no me estoy engañando ni engañándola a ella. ¿Qué otra cosa debería sustentar la verdad?" (p. 145)

“En mi generación, no conocíamos a nuestros padres por sus nombres de pila. Para nosotros no eran, como la demás gente, Tom y Agnes, Eddie y Wanda o Ted y Dorie, seres democráticamente iguales a sus hijos, como papeletas de una misma urna. Nunca se me ocurrió llamar a mis padres por el nombre, nunca pensé que sus vidas, tan lejanas como ellos, fuesen como la mía, que sus miedos se pareciesen a mis miedos, que hasta sus más pequeños deseos fuesen idénticos a los de cualquier otro. Mis padres estaban en un pedestal y eran inaccesibles. No sé cómo financiaban sus coches, cómo hacían el amor ni si les gustaba, qué compañía les aseguraba, qué les decía su médico particular (los dos debían de oír malas noticias de vez en cuando). Simplemente me querían y yo les quería a ellos. En cuanto a todo lo demás no sentían la necesidad de hablar de ello. Siempre había algo importante de lo que yo no podía enterarme; algo que sólo podía sospechar, imaginarme sin estar nunca seguro de qué se trataba. Para mí, ése fue su mejor regalo y su mejor lección.” (pp. 220-221)

“Los escritores, todos los escritores, necesitan pertenecer a algún sitio. Sólo que los escritores de verdad, desgraciadamente, son socios de un club de un solo miembro.” (p. 374)


Samuel P. Huntington
¿QUIÉNES SOMOS?
Los desafíos a la identidad nacional estadounidense

Barcelona, 2004, Paidós.


“La religión ha sido y continúa siendo un elemento central (quizás el elemento central) de la identidad estadounidense. Estados Unidos se fundó en gran parte por motivos religiosos y han sido movimientos religiosos los que han condicionado su evolución durante casi cuatro siglos. Se mida por el indicador que se mida, los estadounidenses son mucho más religiosos que las personas de otros países industrializados. Tanto los blancos como los negros o los hispanos son, en su gran mayoría, cristianos. En un mundo en el que la cultura y, en particular, la religión conforman las lealtades, las alianzas y los antagonismos de personas de todos los continentes, los estadounidenses podrían reencontrarse con su identidad nacional y su propósito como nación en su cultura y su religión.” (pp. 43-44)
[La cursiva pertenece al texto.]
Richard Ford
EL PERIODISTA DEPORTIVO (I)
Barcelona, 2008, Anagrama.



“Siento que el mal acecha: la experiencia moderna del placer va unida a la certidumbre de que se va a terminar.” (p. 131)

“-¿Y qué demonios saben ellos? Mira, para mí, el fin nunca justifica los medios. Ese es el error de este país. Tendrías que escribir sobre eso. La degradación de las cualidades intrínsecas de la vida. Eso es un artículo.” (p. 137)

“Cuando vives plenamente tus emociones, cuando son lo bastante simples y atractivas como para disfrutarlas y se acorta la distancia entre lo que sientes y lo que
también podrías sentir, entonces puedes confiar en tus instintos. Es la diferencia que hay entre un hombre que deja su trabajo para convertirse en guía de pesca del lago Big Trout, y que un día, mientras rema hacia el muelle al atardecer, deja de remar para contemplar la puesta de sol y se da cuenta de lo mucho que desea ser guía en ese lago; y otro hombre que ha tomado la decisión, deja de remar al mismo tiempo, siente la misma alegría, pero al mismo tiempo, piensa que podría hacerlo también en el lago Windigo, y que también podría ganarse la vida vendiendo canoas.” (p. 144)

[La cursiva pertenece al texto.]

sábado, 29 de octubre de 2016

Elias Canetti
AUTO DE FE (II)
Barcelona, 2006, Random House Mondadori.



“En el año 213 antes de Cristo y por orden del emperador chino Shih Huang Ti, un brutal usurpador que osó arrogarse los títulos de «Primero, Sublime y Divino», fueron quemados todos los libros de China. Aquel asesino brutal y supersticioso era demasiado inculto para apreciar debidamente el significado de unos libros en cuyo nombre se cuestionaba su tiránico gobierno. Pero su primer ministro Li Ssu, que sí era un hijo de sus propios libros y, por tanto, un despreciable renegado, supo instigarlo, mediante un hábil memorial, a tomar esa inaudita medida. Hasta el simple comentario oral sobre los textos clásicos de la poesía o de la historia chinas se castigaba con la muerte. La tradición oral debía ser abolida al mismo tiempo que la escrita. Sólo se excluyó de la confiscación una escasa minoría de libros, ya podéis imaginaros cuáles: obras de medicina, farmacopea, adivinación, agronomía y arboricultura; vale decir, toda una morralla de manuales prácticos.
(…)
Siempre que leo en algún historiador chino el relato de la gran quema de libros, no dejo de buscar también, en todas las fuentes existentes, el edificante final del asesino de masas Li Ssu. Por suerte ha sido descrito reiteradamente, pues yo necesito verlo morir serrado en dos al menos unas diez veces para recobrar la calma y conciliar el sueño.” (pp. 124-125)
Claudio Magris
NO HA LUGAR A PROCEDER
Barcelona, 2016, Anagrama.



“Fusilarlos a todos, el más joven tiene quince años, el más viejo, ochenta y cuatro, los niños son enviados a Chelmno para ser gaseados, cementerios, casas, huertos incendiados, destruidos, arrasados por los bulldozers. La orden de borrar Lídice del mapa para vengar el asesinato de Heydrich se sigue al pie de la letra, los nazis arrojan puñados de sal sobre el terreno quemado, algún oficial ha estudiado bien a los clásicos y eleva a la pequeña ciudad checa al nivel de la gran Cartago, sobre la que los romanos esparcieron sal. Tiene razón, toda hoguera aunque pequeña es igual a la más grande; es la hoguera, la destrucción, la que confiere a las víctimas, decenas o millones, una grandeza absoluta, las hogueras encendidas en siglos no se apagan jamás, esos cuerpos rodeados que se retuercen en el fuego son eternos.” (p. 143)

“Del cañón no salen sólo balas, sino también historias -historias de quien ha disparado, de quien fue alcanzado, de quien dejó caer el arma-. Sacar brillo al cañón es como frotar la lámpara de Aladino, el genio aparece y tiene muchas historias que contar, historias y figuras de humo.” (p. 218)

"La abuela Deborah sin embargo sí había sido quemada, y también tantos tantos otros, un par incluso por su culpa; quemados por canallas todavía más canallas que aquellos que habían quemado herejes y que aquellos que habían masacrado a los indios, y más canallas que los hijos de Ismael que vendían como esclavos a los hijos de Canaán y más canallas que Samuel, que había maldecido a Saúl porque no quería matar a los niños prisioneros y más canallas que aquellos hijos de Jacob que habían exterminado a todos los siquemitas después de haberlos hecho circuncidar. Por muy canallas que fueran aquellos anteriores al diluvio eran menos terribles que cuantos vinieron después; el Señor debió de empinar un poco el codo como su predilecto Noé cuando los ahogó a todos, evidentemente estaba confuso entre el antes y el después."



Elias Canetti
AUTO DE FE (I)
Barcelona, 2006, Random House Mondadori.



"Todo ser humano necesita una patria, pero no una tal como la entienden algunos patrioteros primitivos, ni tampoco una religión, insulso anticipo de una patria ultraterrena. No, una patria en la que el suelo, el trabajo, los amigos, las diversiones y el propio espacio espiritual confluyan en un todo natural y organizado, en una especie de cosmos personal. La mejor definición de patria es: biblioteca." (pp. 80-81)

“La ceguera es un arma contra el tiempo y el espacio. Nuestra existencia no es sino una inmensa y única ceguera, exceptuando lo poco que nuestros mezquinos sentidos -mezquinos tanto por su naturaleza como por su alcance- nos transmiten. El principio dominante en el cosmos es la ceguera. Permite yuxtaponer una serie de cosas que jamás coexistirían si pudieran verse unas a otras. Permite interrumpir el paso del tiempo cuando uno es incapaz de hacerle frente. ¿Qué es, por ejemplo, una espora enquistada, sino un trozo de vida que se envuelve en una capa de ceguera hasta nueva orden? Para escapar al tiempo, que es un continuum, solo hay un medio: no verlo de vez en cuando. Así lo reducimos a aquellos fragmentos que nos resultan conocidos.” (p. 99)

jueves, 15 de septiembre de 2016


Rafael Cansinos Assens
LA NOVELA DE UN LITERATO (1)
Madrid, 2005, Alianza Editorial.


“Hay un momento en la vida del escritor en que, cansado o desengañado, se siente reacio para la creación y vuelve la vista a sus recuerdos, que le brindan el argumento de una novela vivida en colaboración con sus contemporáneos.” (p. 15)

“Vino luego el desastre colonial y la reacción consiguiente en la opinión pública y en el tono de los escritores. Surgió ese movimiento literario que en la historia de nuestras letras se conoce ya con el nombre de «Generación del 98» y también con el de «Modernismo».
    Empezaron a sonar nombres desconocidos, que ya no eran los de Galdós, Pereda, Valera o Coloma, sino los de Martínez Ruiz, Baroja, Salvador Rueda, Valle-Inclán, Rubén Darío, no todos al mismo tiempo, pero unidos en una sucesión estrecha, como salvas de una misma descarga contra todo lo viejo, contra todo lo anterior al desastre, que la protesta juvenil confundía en el mismo anatema, sin hacer distinciones entre lo político y lo literario.
    (...)
   Conocía sobre todo a esos nuevos literatos por sus detractores, por los ataques de que los periodistas y las personas sensatas los hacían objeto. Y era una cosa curiosa que en aquella oposición a los escritores nuevos, que representaban la revolución literaria, no eran los revolucionarios políticos quienes ponían menos saña que los reaccionarios. Debíase eso, naturalmente, a que los nuevos escritores afectaban absoluta indiferencia en materia política, al modo de unos dandies de la pluma, y no se sumaban a los republicanos para pedir responsabilidades ni tratar de derrocar el régimen. Y así, mientras los reaccionarios los atacaban por su desdén a los clásicos, a la Retórica y a aun a la Gramática, los revolucionarios los combatían por su inhibición y su indiferencia ante los viejos fetiches monárquicos que ellos tendían a destruir.” (pp. 25-26)

viernes, 26 de agosto de 2016


Arturo Pérez-Reverte
HOMBRE BUENOS
Barcelona, 2015, Penguin Random House.


“Por la ventana de la alcoba, con sólo levantar los ojos, el bibliotecario alcanza a ver el convento de las Trinitarias, que está al extremo de la calle. Y no hay ocasión en que mire por esa ventana, concluye, que no se sienta inundado de melancolía. La rancia, deprimida e inculta nación que tanto necesita ideas que ilustren su futuro resume buena parte de sus dolencias endémicas tras aquellos muros de ladrillo. Miguel de Cervantes, el hombre que más gloria dio a las letras hispanas y universales, yace ahí mismo, en una fosa común. Sus huesos vueltos al polvo se perdieron con el tiempo. Murió pobre, abandonado de casi todos, arrojado al olvido por sus contemporáneos tras una vida desdichada, sin apenas gozar del éxito de su libro inmortal. Lo trajeron desde su modesta casa, a dos manzanas de aquí, en la esquina de la calle de Francos con la del León, sin acompañamiento ni pompa alguna, y fue enterrado en un rincón oscuro del que no se guardó memoria. Ninguneado por sus contemporáneos y sólo reivindicado más tarde, cuando en el extranjero ya devoraban y reimprimían su Quijote, ni siquiera una placa o una inscripción recuerdan hoy su nombre. Fueron sólo el tiempo, la sagacidad y la devoción de hombres justos —y extranjeros— los que le dieron, al fin, la gloria que sus compatriotas le negaron en vida y a la que todavía, en buena parte, la España cerril de toros, sainetes y majeza permanece indiferente. Triste símbolo, aquellos anónimos muros de ladrillo, de toda una nación inculta dormida entre los escombros de su pasado, suicidamente satisfecha y prisionera de sí misma. Amarga lección póstuma, esa tumba olvidada. La de aquel hombre bueno, soldado en Lepanto, cautivo en Argel, de vida desgraciada, que alumbró la novela más genial e innovadora de todos los tiempos.” (pp. 71-72)

“Detuve el coche en una venta, para tomar café mientras escampaba un poco, y permanecí sentado bajo el porche, consultando el mapa y las notas de mi cuaderno mientras consideraba que hay un ejercicio fascinante, a medio camino entre la literatura y la vida: visitar lugares leídos en libros y proyectar en ellos, enriqueciéndolos con esa memoria lectora, las historias reales o imaginadas, los personajes auténticos o de ficción que en otro tiempo los poblaron. Ciudades, hoteles, paisajes, adquieren un carácter singular cuando alguien se acerca a ellos con lecturas previas en la cabeza. Cambia mucho las cosas, en tal sentido, recorrer la Mancha con el Quijote en las manos, visitar Palermo habiendo leído El Gatopardo, pasear por Buenos Aires con Borges o Bioy Casares en el recuerdo, o caminar por Hisarlik sabiendo que allí hubo una ciudad llamada Troya, y que los zapatos del viajero llevan el mismo polvo por el que Aquiles arrastró el cadáver de Héctor atado a su carro.
    Pero eso no ocurre sólo con libros ya escritos, sino también con libros por escribir, cuando es el propio viajero quien puebla los lugares con su imaginación. Eso me ocurre con frecuencia, pues pertenezco a la clase de escritor que suele situar las escenas de sus novelas en sitios reales. Pocas sensaciones conozco tan agradables como caminar por ellos con maneras de cazador y el zurrón abierto mientras una historia fragua en tu cabeza; entrar en un edificio, caminar por una calle y decidir: este sitio me conviene, lo meto en mi historia. Imaginar a los personajes moviéndose por el mismo lugar, sentados donde estás, mirando lo que miras. Comparada con el acto de escribir, esa fase previa es aún más excitante y fértil, hasta el extremo de que ciertos momentos de la escritura, su materialización en tinta, papel o pantalla de ordenador, pueden presentarse luego como acto burocrático y hasta ingrato. Nada es parecido al impulso de inocencia original, el principio, la génesis primera de una novela cuando el escritor se acerca a la historia por contar como a alguien de quien acabara de enamorarse.” (pp. 150-151)

martes, 12 de julio de 2016

Steve Tesich
KAROO
Barcelona, 2013, Seix Barral.



“La respuesta que encuentro es la siguiente: la maldad monolítica resulta irresistible porque plantea la posibilidad de la bondad monolítica entendida como fuerza que la compensa. (…)
El mismo principio rige mis mentiras crónicas. No miento porque me dé miedo la verdad, sino más bien a modo de intento desesperado de preservar su existencia. Cuando miento, siento que me estoy escondiendo de la verdad. Lo que me da miedo es que si alguna vez dejo de esconderme de ella, tal vez descubra que la verdad no existe.” (pp. 157-158)

“Debido a que era un escritorzuelo de la peor calaña que jamás se había acercado ni tan sólo a concebir una obra de arte verdadera, yo veneraba el arte de una forma que los artistas de verdad no podrían entender nunca. Para un artista de verdad, era algo normal. Para mí, el arte era un milagro, el único milagro que podían hacer los hombres en la Tierra.” (p. 264)

“Y todo lo que sea irreversible me genera terror.” (p. 419)

Luther Blisset
Q
Barcelona, 2003, Random House Mondadori.


“El viento golpea contra las tablas de la puerta como un perro enloquecido. Las velas parecen vacilar también aquí dentro, como si pudieran ser alcanzadas por el gélido soplo del invierno. Así, los recuerdos se entremezclan y tiemblan, recorridos aún por los estremecimientos de aquella rabia: fueron los días de la tempestad. Yacijas, a cuyo lado este catre diríase un lecho principesco; niños flacos y sucios, rostros llenos de dignidad incapaces de un lamento que se henchían de ansias de liberación; siempre en camino, pasando por alquerías, burgos, aldeas. Éramos sembradores diligentes, que prendíamos la chispa de la guerra contra los usurpadores de la gloria de Dios, los opresores de Su pueblo. Vi hoces transformarse en espadas, azadas convertirse en lanzas, y hombres sencillos dejar el arado para trocarse en los más impávidos guerreros. Vi a un pequeño leñador tallar un gran crucifijo y ponerse a la cabeza de las filas de Cristo como el capitán del más invencible de los ejércitos. Vi todo esto y vi a aquellos hombres y a aquellas mujeres unir su fe y hacer de ella una bandera de venganza. El amor animaba los corazones con ese único fuego que nos inflamaba interiormente: éramos libres e iguales en el nombre de Dios y habíamos hendido las montañas, detenido los vientos, dado muerte a todos nuestros tiranos para hacer realidad Su reino de paz y de fraternidad. Podíamos hacerlo, por fin podíamos hacerlo: la vida nos pertenecía.” (p. 108)

sábado, 4 de junio de 2016

Johann Wolfgang von Goethe
FAUSTO
Madrid, 1997, Cátedra.



La vida del hombre está en la sangre, y ¿dónde bulle la sangre como en el joven? La sangre viva, en fresco vigor, es la que, de la vida, hace brotar una vida nueva. Allí todo se agita, allí se hace algo; lo débil sucumbe, lo fuerte progresa. En tanto que nosotros hemos conquistado medio mundo, ¿qué habéis hecho vosotros, pues? Dar cabezadas, cavilar, soñar, examinar; planes y siempre planes. No hay duda: la vejez es una fiebre fría en medio del calofrío de una impotencia caprichuda. Aquel que ha pasado de los treinta años, está ya lo mismo que muerto. Lo mejor fuera quitaros la vida a tiempo.” (p. 298)

Frederik Pohl
PÓRTICO
Barcelona, 2005, Ediciones B.



“Hay personas que nunca sobrepasan un cierto punto en su desarrollo emocional. No pueden llevar una vida normal, despreocupada y de concesiones mutuas con un compañero sexual más que un corto espacio de tiempo. Hay algo en su interior que no tolera la felicidad. Cuanto mayor es ésta, más necesidad tienen de destruirla.” (p. 226)

Julio Verne
LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DÍAS
Torrejón de Ardoz, 1984, Akal.


“Este barrio indígena de Yokohama se llama Benten, nombre de una diosa marina adorada en las islas cercanas. Allí se veían admirables alamedas de pinos y cedros; puertas sagradas de extraña arquitectura; puentes envueltos entre los cañaverales y bambúes; templos resguardados bajo su cúpula inmensa y melancólica de cedros seculares; monasterios bonzos tras cuyas paredes vegetaban sacerdotes budistas y sectarios de la religión de Confucio; calles interminables, donde hubiera podido recogerse una abundante cosecha de niños de tez sonrosada y mejillas rojas, figuritas que parecían recortadas de algún biombo indígena, y que jugaban entre caniches de piernas cortas y gatos amarillentos sin rabo, tan perezosos como mansos.
    En las calles todo era movimiento y vaivén incesante; bonzos que pasaban en procesión, redoblando sus monótonos tambores; yakuninos, oficiales de la aduana o de la policía; con sombreros puntiagudos incrustados de laca y dos sables en el cinto; soldados vestidos de percal azul con rayas blancas y armados con fusiles de percusión; soldados del mikado, embutidos en su justillo de seda, con loriga y cota de malla, y otros muchos militares de diversas condiciones, porque en el Japón la profesión de soldado es tan distinguida como despreciada en China. Además, hermanos postulantes, peregrinos de largas vestiduras, simples ciudadanos de cabellos lacios y negros como el ébano, cabeza abultada, busto largo, piernas delgadas, estatura baja y tez cuyo tono variaba desde el cobre oscuro hasta el blanco mate, pero nunca amarillo como los chinos, de quienes los japoneses se diferencian esencialmente. Por último, entre carruajes, palanquines, carros, carretillas, cangos mullidos (verdaderas literas de bambú), con los pies calzados con zapatos de tela, sandalias de paja o zuecos de madera labrada, circulaban con paso menudo mujeres de escasa hermosura, ojos oblicuos, pecho deprimido, dientes negros, a la usanza del día, pero vistiendo con elegancia el kirimón nacional, especie de vestido cruzado con una banda de seda, cuya ancho cinturón forma detrás un extravagante nudo que las modernas parisienses parecen haber copiado de las japonesas.” (pp. 176-177) 
[Las cursivas pertenecen al texto.]
Hans Magnus Enzensberger
MIGAJAS POLÍTICAS (II)
Barcelona, 1985, Anagrama.



“Un poder policial que se exhiba en la calle, de manera brutal y sin tapujos, tiene siempre una acción polarizante; empuja a millones de personas a la oposición y provoca conflictos profundos y duraderos. Su lógica es la de la guerra civil latente. Los nuevos métodos «científicos» del control social, por el contrario, apuntan a la integración; son demasiado clínicos, demasiado incruentos como para despertar fuertes sentimientos masivos, como el odio y la solidaridad.” (p. 83)

“-Pese a todo -apunté-, el conjunto se mueve todavía.
-Sí, pero, ¿por qué? Porque aquellos que intervienen en el tránsito no se atienen a las reglamentaciones. La estricta observancia del código de circulación sería el fin de la circulación. En todas las grandes ciudades germano-occidentales, de un 55 a un 60% de todos los casos de aparcamiento o parada de un vehículo son ilegales. La regla sólo puede ser mantenida al precio de su infracción continua. La anarquía evita el caos. Y si esto reza para la conducción de vehículos, puedo imaginarme entonces muy vívidamente cómo será en el caso de la política. No, señor canciller, en verdad que no es usted alguien a quien envidiar.” (p. 91)

“El mensaje más importante de la sección económíca, repetido involuntariamente día tras día, reza: allí donde se trata de dinero, nada se le ha perdido a la democracia.” (p. 103)

“Los únicos que siempre tienen razón cuando protestan contra la riqueza son los pobres. Su crítica es inequívoca, y sólo puede ser refutada por la práctica. Pero ésta no va encaminada a acabar con la riqueza, sino con la pobreza.” (p. 168)

“El concepto de normalidad es una bazofia terminológica, una masa con consistencia de gachas, que se endurece en las manos, pero que permanece viscosa y se desintegra en cuanto uno se la acerca con un instrumento cortante. De nada vale abordarla de manera definida. La normalidad se le despedaza a uno, sólo se puede tomar a cucharadas.” (p. 189)

Benito Pérez Galdós
MIAU
Madrid, 1999, Alianza Editorial.

 

“Para distraer su pena y olfatear nombramientos ajenos, ya que en el suyo afectaba no creer, o realmente no creía, iba por las tardes al Ministerio de Hacienda, en cuyas oficinas tenía muchos amigos de categorías diversas. Allí se pasaba largas horas, charlando, enterándose del expedienteo, fumando algún cigarrillo y sirviendo de asesor a los empleados noveles o inexpertos que le consultaban cualquier punto oscuro de la enrevesada Administración.
   Profesaba Villaamil entrañable cariño a la mole colosal del Ministerio; la amaba como el criado fiel ama la casa y familia cuyo pan ha comido durante luengos años; y en aquella época funesta de su cesantía visitábala él con respeto y tristeza, como sirviente despedido que ronda la morada de donde le expulsaron, soñando en volver a ella. Atravesaba el pórtico, la inmensa crujía que separa los dos patios, y subía despacio la monumental escalera encajonada entre gruesos muros, que tiene algo de feudal y de carcelario a la vez. Casi siempre encontraba por aquellos tramos a algún empleado amigote que subía o bajaba. «Hola, Villaamil, ¿qué tal?». «Vamos tirando.» Al llegar al principal titubeaba antes de decidir si entraría en Aduanas o en el Tesoro, pues en ambas Direcciones le sobraban conocidos; pero en el segundo prefería siempre Contribuciones o Propiedades. Los porteros le saludaban, y como Villaamil era tan afable, siempre echaba un párrafo con ellos. Si era tarde, les encontraba con la paletada de brasas, resto de las chimeneas, cuyo último fuego sirve para alimentar los braseros de las porterías; si temprano, llevando papeles de una oficina a otra o transportando bandejas con vasos de agua y azucarillos. «Hola, Bermejo, ¿cómo va?» «Tal cual, D. Ramón, y sintiendo mucho no verle a usted todos los días por aquí.» «Dígame, ¿y Ceferino?» «Ha pasado a Impuestos. El pobre Cruz fue el que cascó.» «¿Qué me cuenta usted? Hombre; si le vi el otro día tan bueno y tan sano. ¡Qué mundo éste! Vamos quedando pocos de aquella fecha. Cuando yo entré aquí, en tiempos de don Juan Bravo Murillo, ya estaba Cruz en la casa... Mire usted si ha llovido... Pobre Cruz, lo siento.»” (pp. 189-190)

[Las cursivas pertenecen al texto.]
Hans Magnus Enzensberger
MIGAJAS POLÍTICAS (I)
Barcelona, 1985, Anagrama.



“La encarnación del oportunismo predicaba contra el oportunismo, el perfecto acomodaticio desencadenaba su furia contra la adaptación, el versado imbécil ponía el grito en el cielo por la imbecilidad.” (p. 8)

“Un algo prescriptivo, hasta burocrático, es propio de todo radicalismo que no sabe basarse más que en principios. Quien habla de fidelidad a los principios ha olvidado que sólo puede traicionarse a personas, no a ideas.” (p. 13)

“Las salidas al dilema de principios de la etnología son exiguas y precarias. Se puede postular, naturalmente, la igualdad de derechos de todas las sociedades humanas y exigir que toda comunidad sea descrita y enjuiciada a partir de sus premisas propias. Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo. Un relativismo consecuente presupone a un observador que estuviese en condiciones de dejarse en casa su propio bagaje cultural. Ese científico no sólo tendría que ser un maestro en el lavado de cerebro, sino que tendría que ser también capaz de aplicárselo a sí mismo. Sólo entonces se habría desembarazado, como etnólogo, de sus prejuicios europeos, pero con ellos, por cierto, también de su ciencia.” (p. 29)

[La cursiva pertenece al texto.]

“La fuerza vital de Occidente se basa, en última instancia, en lo negativo del pensamiento europeo, en su eterna insatisfacción, en su ávido desasosiego, en sus defectos. La duda, la autocrítica y hasta el odio a sí mismo son su fuerza productiva más importante. El que no podamos aceptarnos a nosotros ni a lo que nosotros hemos producido es nuestra fuerza. De ahí que observemos el eurocentrismo como un pecado de la conciencia. La civilización occidental se alimenta de lo que pone en tela de juicio, bien sean bárbaros o anarquistas, indios o bolcheviques. Y cuando ya no existe un exterior cultural, entonces producimos precisamente a nuestros propios salvajes: freaks tecnológicos, políticos, psíquicos, culturales morales y religiosos. El caos, el malestar y la ingobernabilidad son nuestra única oportunidad. La desunión hace la fuerza.” (p. 45)

“Todavía puedo acordarme muy bien de la policía política con la que nos las teníamos que ver en 1968. Los funcionarios eran de una ignorancia increíble. No tenían la más mínima idea de la historia del movimiento obrero y se imaginaban seriamente que todo aquel que participase en una manifestación estaba «pagado por Moscú». Muchos de ellos padecían de un claro fetichismo de las armas; sus energías inconscientes eran el resultado de una oscura mezcolanza de miedo, resentimiento, prejuicio y paranoia. Se aferraban con una especie de pasión a sus desvaríos, a los que solían llamar su filosofía propia. Entre ellos había muchos racistas. Por los juicios que emitían podía deducirse que detestaban a los extranjeros, a los judíos, a los comunistas, a las personas de cabello largo, a los homosexuales, a los artistas y a los intelectuales. Ante los argumentos críticos, no importa de qué índole, reaccionaban con estupor y rabia desmedida. Las concepciones que tenían sobre la realidad existente fuera de sus oficinas eran nebulosas, y su modo de pensar tenía rasgos más bien simbólicos que analíticos. De ahi que no tenga nada de asombroso el que las operaciones realizadas por aquellos mantenedores del orden público se viesen raramente coronadas por el éxito.” (pp. 76-77)
Francisco de Quevedo
POEMAS ESCOGIDOS
Madrid, 1981, Castalia.


CONVENIENCIAS DE NO USAR DE LOS OJOS, DE LOS
OÍDOS, Y DE LA LENGUA

Oír, ver y callar remedio fuera
en tiempo que la vista y el oído
y la Lengua pudieran ser sentido
y no delito que ofender pudiera.
Hoy, sordos los remeros con la cera,
golfo navegaré que (encanecido
de huesos, no de espumas) con bramido
sepulta a quien oyó voz lisonjera.
Sin ser oído y sin oír, ociosos
ojos y orejas, viviré olvidado
del ceño de los hombres poderosos.
Si es delito saber quién ha pecado,
los vicios escudriñen los curiosos:
y viva yo Ignorante, e Ignorado.” (p. 86)

Jean Echenoz
RELÁMPAGOS
Barcelona, 2012, Anagrama.



“De todos los financieros que Gregor habrá tenido ocasión de conocer, John Pierpont Morgan es el más rico. A decir verdad, incluso es el más poderoso del mundo, y despliega sus actividades y se embolsa dividendos en los ámbitos más clásicamente lucrativos y variados: petróleo, gas, carbón, madera, ferrocarriles, marina y construcción por ceñirse tan sólo a los principales: Júpiter del dólar, Frankestein en los negocios, John Pierpoint Morgan es un bruto insensible y colérico cuya envidiable divisa se reduce a tres directrices: piensen mucho, hablen muy poco, no escriban nada.
   Anormalmente fornido, hombros de paquidermo y mirada de pitón, John Pierpont Morgan prefiere asimismo que se le vea lo menos posible, que su imagen en cualquier caso no circule en absoluto. Pero el que odie por encima de todo que se le fotografíe no obedece tanto a un afán de discreción como a la existencia de su nariz. Jamás hombre alguno ha poseído ni poseerá tamaña nariz, ninguno sufrirá tanto por semejante apéndice enorme y violáceo, surcado de grietas, atestado de nódulos, atravesado por fisuras, prolongado por pedúnculos y enmarañado de pelos. En las contadas fotos suyas de que se dispone, por más que existan instrucciones de que sean retocadas so pena de muerte, parece ya a punto de mandar ejecutar al fotógrafo.” (pp. 95-96)
Italo Calvino
POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS
Barcelona, 1995, Tusquets.



“La lectura de un clásico debe depararnos cierta sorpresa en relación con la imagen que de él teníamos. Por eso nunca se recomendará bastante la lectura directa de los textos oríginales evitando en lo posible bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones. La escuela y la universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio hacen todo lo posible para que se crea lo contrario. Por una inversión de valores muy difundida, la introducción, el aparato crítico, la bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir y que sólo puede decir si se lo deja hablar sin intermediarios que pretendan saber más que él.” (pp. 15-16)

“La naturaleza es eterna, sagrada y armoniosa, pero deja un amplio margen a la aparición de fenómenos prodigiosos inexplicables. ¿Qué conclusión general hemos de extraer? ¿Que se trata de un orden monstruoso, hecho enteramente de excepciones a la regla? ¿O de reglas tan complejas que escapan a nuestro entendimiento?” (p. 48)

“Podríamos reconocer las interrogaciones que acompañaron la constitución de la antropología como ciencia. ¿Debe una antropología tratar de salir de una perspectiva «humanista» para alcanzar la objetividad de una ciencia de la naturaleza? Los hombres del libro VII, ¿cuentan más en la medida en que son «otros», diferentes de nosotros, tal vez ya no o todavía no humanos? Pero, ¿es posible que el hombre salga de la propia subjetividad hasta el punto de tomarse a sí mismo como objeto de ciencia?” (p. 53)
[Calvino se refiere al libro VII de la Historia Natural de Plinio el Viejo.]

“Una de las páginas más bellas y más importantes del Dialogo (jornada I) es el elogio de la Tierra como objeto de alteraciones, mutaciones, generaciones. Galileo evoca con espanto la imagen de una Tierra de jaspe, de una Tierra de cristal, de una Tierra incorruptible, incluso transformada por la Medusa.
   «No puedo oír sin gran asombro y, diría, sin gran repugnancia de mi intelecto, que se atribuya a los cuerpos naturales que componen el universo, como título de gran nobleza y perfección, el ser impasibles, inmutables, inalterables, etc., y por el contrario que se estime una grave imperfección el hecho de ser alterables, engendrables, mudables, etc. Por mi parte, considero la Tierra muy noble y muy digna de ser admirada precisamente por las muchas y tan diversas alteraciones, mutaciones, generaciones, etc., que en ella constantemente se producen y si no estuviera sujeta a ningún cambio, si sólo fuera un vasto desierto o un bloque de jaspe, o si, después del diluvio, al retirarse las aguas que la cubrían sólo quedara de ella un inmenso globo de cristal donde no naciera ni se alterase o mudase cosa alguna, me parecería una masa pesada, inútil para el mundo, perezosa, en una palabra, superflua y como extraña a la naturaleza, y tan diferente de ella como lo sería un animal vivo de un animal muerto, y lo mismo digo de la Luna, de Júpiter y de todos los otros globos del mundo […]. Los que exaltan tanto la incorruptibilidad, la inalterabilidad, etc., creo que se limitan a decir esas cosas cediendo a su gran deseo de vivir el mayor tiempo posible y al terror que les inspira la muerte, y no comprenden que si los hombres fuesen inmortales, no hubieran tenido ocasión de venir al mundo. Estos merecerían encontrarse con una cabeza de Medusa que los transmutase en estatuas de jaspe o de diamante para hacerlos más perfectos de lo que son.»” (pp. 96-97)

[Calvino se refiere a la obra Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, de Galileo Galilei.]

“La división del espacio en un campo anterior y un campo posterior no es sólo una de las más elementales operaciones humanas con las categorías. Es un dato de partida común a todos los animales, que comienza muy pronto en la escala biológica, a partir del momento en que existen seres vivientes que se desarrollan ya no según una simetría radiada, sino según un esquema bipolar, localizando en una extremidad del cuerpo los órganos de relación con el mundo exterior: una boca y ciertas terminaciones nerviosas, algunas de las cuales se convertirán en aparato visual. Desde ese momento el mundo se identifica con el campo anterior, del que es complementaria una zona de lo incognoscible, del no-mundo, de la nada, que está detrás del observador. Desplazándose y sumando loscampos visuales sucesivos, el ser viviente logra construirse un mundo circular completo y coherente, pero siempre se trata de un modelo inductivo cuya verificación no será nunca satisfactoria.” (p. 219)
Nathanael West
EL DÍA DE LA LANGOSTA
Madrid, 2008, Planeta.



“Las lágrimas sólo les sirven a los que todavía tienen esperanzas. Cuando acaban de llorar, se sienten mejor. Pero los que, como Homer, no esperan nada, y cuya angustia es básica y permanente, nada bueno consiguen con llorar. Nada cambia para ellos. Normalmente lo saben, pero no pueden evitar las lágrimas.” (p. 85)
[Como curiosidad, hay que decir que el citado Homer, cuyo nombre completo es Homer Simpson, es el personaje que inspiró a a Matt Groening para su famosa serie de animación. Aparte de la homonimia, ambos personajes son radicalmente antitéticos.] 

 
“Se pasaba las noches en las diferentes iglesias de Hollywood, dibujando a los fieles. Visitó la «Iglesia Física de Cristo», donde se alcanzaba la santidad mediante el uso constante de cilicios y pesas sobre el pecho; la «Iglesia Invisible», donde adivinaban el porvenir y pedían a los muertos que encontrasen objetos perdidos; el «Tabernáculo del Tercer Adviento», donde una mujer vestida de hombre predicaba la «Cruzada contra la Sal»; y el «Templo Moderno», bajo cuyo techo de cristal y cromo enseñaban la «Respiración Cerebral, el Secreto de los Aztecas».” (p. 151)

“Volver al útero: qué manera tan perfecta de escapar. Mucho mejor que la religión o el arte o las islas de los mares del Sur. Allí se estaba tan caliente y a gusto, y la alimentación era automática. Un hotel perfecto. No era de extrañar que el recuerdo de aquel alojamiento persistiera en la sangre y los nervios de todo el mundo. Estaba oscuro, sí, pero qué tibia, qué agradable oscuridad. Nada que ver con una tumba. No era de extrañar que uno luchase tan desesperadamente para que no lo echasen de allí cuando acababan los nueve meses del contrato de arrendamiento.” (p. 198)


miércoles, 11 de mayo de 2016


Miguel Hernández
EL RAYO QUE NO CESA
Madrid, 1988, Espasa Calpe.


“Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.” (p. 118)

[De la Elegía a Ramón Sijé.]

Cesare Pavese
EL DIABLO SOBRE LAS COLINAS
Estella, 1982, Salvat Editores.



“En los bancos del jardín de la estación, bajo la escasa sombra de aquellos arbolillos, dormían a boca abierta dos mendigos. Descamisados, cabellos y barba revueltos, parecían gitanos. Los urinarios se hallaban cerca y, aunque la noche supiera a fresco de verano, reinaba en aquel lugar un tufo fuerte que se resentía de un largo día caluroso, sol, movimiento y barullo de sudor, de asfalto derretido, de multitud sin paz. Por la noche, en aquellos bancos -flaco oasis en el corazón de Turín-, suelen sentarse mujeres, solitarios, vendedores ambulantes, despistados, y se aburren, esperan, envejecen. ¿Qué es lo que esperan? Pieretto decía que algo grande: el hundimiento de la ciudad, el Apocalipsis. A veces una tormenta de verano los barría de allí y lavaba toda clase de huellas.” (p. 15)

“La noche antes habíamos dado vueltas y más vueltas por el pueblo, por la plaza, animados por el vino y por el fresco; saludábamos y reíamos con la gente; habíamos oído cantar. Había un grupo de jóvenes que gritaba y llamaban a Oreste; el párroco, que paseaba a la sombra de las casas, y no nos perdía de vista. Palabras y bromas cambiadas bajo las estrellas, sin ver bien las caras, con una mujer, con un viejo, con alguno de nosotros, y que me produjeron una extraña alegría, un sentido festivo e irresponsable que los asaltos del viento tibio, el parpadeo de las estrellas y las luces lejanas prolongaban hasta el porvenir, a la vida entera. Los niños en la plaza se perseguían ensordecedores. Habíamos hecho proyectos, nombrado los pueblos diseminados por los alrededores, hablado de los vinos que había que beber, de los placeres que nos esperaban, de la vendimia.” (p. 67)

Philip K. Dick
UBIK
Arganda del Rey, 2009, La Factoría de Ideas.


“-La verdadera amenaza son los comunistas, no los alemanes –manifestó Bliss-. Por ejemplo, la cuestión de los judíos: ¿sabe quién la desorbita? Los judíos que hay en este país, viviendo la mayoría no como ciudadanos sino como refugiados, a expensas del tesoro público. Desde luego, opino que los nazis se han excedido un poco en algunas de las cosas que les han hecho, pero básicamente la cuestión judía existía desde tiempo atrás y había que hacer algo al respecto. Aquí en los Estados Unidos tenemos problemas parecidos, con los judíos y los negrazos. A la larga habrá que hacer algo con ellos.” (pp. 177-178)

Andrea Camilleri
LA DANZA DE LA GAVIOTA
Barcelona, 2012, Salamandra.


“Se bebió el café de mala gana, pidió un periódico, se sentó y se puso a leer. Todo puro parloteo y cháchara.
El gobierno parloteaba, la oposición parloteaba, la Iglesia parloteaba, la patronal parloteaba y los sindicatos parloteaban, y además la prensa parloteaba sobre una pareja importante que se había separado, sobre un fotógrafo que fotografiaba lo que no debía, sobre el hombre más rico y poderoso del país, al cual su esposa había escrito una carta abierta para reprenderlo por ciertas palabras dichas a otra mujer, parloteaba y requeteparloteaba sobre los albañiles que caían como peras maduras de los andamios, sobre los inmigrantes clandestinos que morían ahogados en el mar, sobre los pensionistas reducidos a la miseria, sobre los niños violados...
Se parloteaba sin parar y por doquier de cualquier problema, siempre en vano, sin que el parloteo se transformara nunca en la más mínima medida, en ningún hecho concreto...
Montalbano decidió que había que modificar el artículo 1 de la Constitución en los siguientes términos: «Italia es una República basada en la venta de droga, el retraso sistemático y el parloteo vano.»” (pp. 12-13).

“Recordó una antigua orden de la marina borbónica que se daba cuando, después de días de bonanza, se quería poner en movimiento a la tripulación para que no se sumiera en el tedio: «A la orden de armen barullo / los que están en la proa pasan a popa / los que están en la popa pasan a proa / los que están en cubierta van abajo / los que están abajo suben a cubierta.» Una actividad tan frenética como inútil, que sólo servía para moverse sin ninguna finalidad. En el fondo, esa antigua orden borbónica era una metáfora de la burocracia.” (p. 88)

“Dulce y clara era la noche, y sin viento. Y la luna, en vez de hallarse sobre los huertos, flotaba sobre el mar. El otoño sentía que tenía los días contados y se abandonaba a su fin con una especie de melancólica languidez un tanto distraída, porque se dejaba invadir por días y noches primaverales sin oponer resistencia.” (p. 126)

[Camilleri hace referencia a los versos "Dolce e chiara è la notte e senza vento", pertenecientes al canto La sera del dí di festa, de G. Leopardi:

"Dolce e chiara è la notte e senza vento,
E queta sovra i tetti e in mezzo agli orti
Posa la luna, e di lontan rivela
Serena ogni montagna."

"Dulce y clara es la noche y calla el viento;
y quieta sobre huertos y tejados
posa la luna y a lo lejos muestra
serena cada monte."
[Trad. de María de la Nieves Muñiz Muñiz. Cátedra.]
Charles Dickens
OLIVER TWIST (I)
Madrid, 2012, Alianza Editorial



“Había leído montones de cosas sobre ladrones: tipos atractivos (en su mayoría amables), impecables de vestido, repletos de bolsillo, entendidísimos en caballos, decididos en porte, afortunados en el galanteo, estupendos con una copla, una botella, una baraja o un cubilete, y dignos émulos del más valiente. Pero nunca me había topado (excepto en Hogarth), con la lamentable realidad. Me pareció que agavillar a los criminales que existían en la vida real, describirlos en toda su fealdad, en toda su miseria, en toda la sórdida pobreza de sus vidas, mostrarlos tal y como son, zafándose eterna y desasosegadamente por los más inmundos senderos de la vida, con una enorme, negra y espantosa horca cerrándoles el camino se vuelvan hacia donde se vuelvan, me pareció, digo, que emprender esto era cosa que se estaba necesitando y que sería rendir un servicio a la sociedad. Por eso lo hice lo mejor que pude.” (pp. 8-9)
[La cita procede de la introducción que el propio Dickens hace de su obra. Aunque la edición que manejo no lo dice, he podido averiguar que se trata del prefacio a la tercera edición inglesa de 1841.]

viernes, 25 de marzo de 2016

Ignacio Martínez de Pisón
LA BUENA REPUTACIÓN
Barcelona, 2014, Seix Barral.



“Ocurría, simplemente que los problemas de la vida real quedaban reducidos a bien poca cosa cuando se ponía a escribir sobre ellos, y cualquier detalle que un rato antes podía haberla irritado o enfurecido parecía desactivarse en cuanto pasaba a formar parte del texto. El mero hecho de escribir la colocaba por encima del mundo, la hacía volar hasta una cumbre indeterminada desde la que todo parecía pequeño, insignificante, y en la que resultaba más fácil estar a buenas consigo misma y con los demás. Era como estar contemplando el presente desde un futuro lejano, cuando de esas heridas apenas si quedara el recuerdo de la cicatriz. Eso le proporcionaba, ¿cómo decirlo?, grandeza.” (p. 259)

“Pero ocurrió justo al revés. A medida que el paso de los días iba atenuando el miedo a la justicia, la culpa emergía como un islote en mitad de la niebla: rocosa, intacta, irreductible. La culpa estaba en todas partes. Era como un barniz que, aplicado sobre la realidad, la degradaba hasta volverla intolerable. La ciudad le hastiaba, los días soleados le repelían por soleados y los nublados por nublados, la gente le parecía hostil y chabacana, hasta la comida había perdido sabor... No encontraba nada a su alrededor que le procurara un mínimo de alivio o satisfacción, y todo le exigía un esfuerzo inmenso del que no se sentía capaz.”
Cornelius Castoriadis
EL AVANCE DE LA INSIGNIFICANCIA (IV)
Buenos Aires, 1997, EUDEBA.



“Que yo sepa no hubo una sola guerra entre naciones cristianas en que las armas de los beligerantes no hayan sido bendecidas por sus respectivas Iglesias. La razón de Estado es infinitamente más fuerte que la razón práctica y que los Diez Mandamientos.” (p. 259)

“Recordemos solamente, para remontarnos un poco en el tiempo, que Jehová entrega los Diez Mandamientos («incluyendo el no matarás») a Moisés en el desierto, pero cuando los hebreos entran en Palestina -tierra que les había prometido- exterminan con su consentimiento a todos los pueblos no judíos que habitaban el país. Pero los hebreos tienen al menos el mérito de que una vez completada la conquista se establecen allí y dejan a los demás en paz. No así los cristianos y musulmanes. Para éstos es imperativo convertir a los infieles a hierro, sangre y fuego.” (p. 260)



sábado, 19 de marzo de 2016



Cornelius Castoriadis
EL AVANCE DE LA INSIGNIFICANCIA (III)
Buenos Aires, 1997, EUDEBA.


“Por el contrario hay algo que es la especificidad, la singularidad y el pesado privilegio de Occidente: esta secuencia histórico-social que comienza con Grecia y vuelve a aparecer, a partir del siglo XI, en Europa occidental, es la única en la que se ve aparecer un proyecto de libertad, de autonomía individual y colectiva, de crítica y de autocrítica: el discurso de la denuncia de Occidente es la más impactante confirmación de la misma. Pues somos capaces en Occidente, al menos algunos de nosotros, de denunciar el totalitarismo y el colonialismo, la trata de negros o la exterminación de los indios en América. Pero no he visto a los descendientes aztecas, a los hindúes o a los chinos hacer una autocrítica análoga, y sigo viendo hoy a los japoneses negar las atrocidades que cometieron durante la Segunda Guerra Mundial. Los árabes denuncian sin cesar su colonización hecha por los europeos, imputándole todos los males que sufren -la miseria, la falta de democracia, la detención del desarrollo de la cultura árabe, etc.-. Pero la colonización de algunos países árabes hecha por los europeos duró, en el peor de los casos, ciento treinta años: es el caso de Argelia, de 1830 a 1962. Sin embargo, estos mismos árabes fueron reducidos al esclavismo y colonizados por los turcos durante cinco siglos. La dominación turca en el cercano Oriente comienza en el siglo XV y termina en 1918. Pero resulta que como los turcos eran musulmanes, los árabes no hablan de esto. La difusión de la cultura árabe se detuvo hacia el siglo XI, a lo sumo en el siglo XII, ocho siglos antes de que fuera objeto de una conquista por Occidente. Y esta misma cultura se había forjado sobre la conquista, sobre la exterminación y/o la conversión más o menos forzada de las poblaciones conquistadas. En Egipto, en el año 550 de nuestra era, no había árabes, no más que en Libia, en Argelia, en Marruecos o en Irak. Están allí como descendientes de los conquistadores que vinieron a colonizar estos países y a convertir, por las buenas o por las malas, a las poblaciones locales. No obstante, no veo ninguna crítica de estos hechos en el círculo de las civilizaciones árabes. Asimismo, se habla de la trata de negros por los europeos a partir del siglo XVI, pero nunca se dice que la trata y la reducción sistemática de negros a la esclavitud fueron introducidas en África por los mercaderes árabes a partir del siglo XI y XII (con la participación cómplice, como de costumbre, de los reyes y jefes de las tribus negras), que la esclavitud nunca fue abolida espontáneamente en ningún país islámico y que aún subsiste en cierto número de ellos. No digo que todo esto borre los crímenes cometidos por los occidentales, solamente digo esto: que la especificidad de la civilización occidental es esta capacidad de cuestionarse y autocriticarse. Hay en la historia occidental, como en todas las otras, atrocidades y horrores, pero sólo Occidente creó esta capacidad de cuestionamiento interno, de puesta en cuestión de sus propias instituciones y de sus propias ideas, en nombre de una discusión razonable entre seres humanos que sigue estando indefinidamente abierta y que no está sujeta a ningún dogma último.” (pp. 116-118)