miércoles, 29 de marzo de 2023

Juan José Millás / Juan Luis Arsuaga
LA MUERTE CONTADA POR UN SAPIENS A UN NEANDERTAL (II)
Barcelona, 2022, Alfaguara.



“La poza de Juanón era una concavidad en la que el agua del río se remansaba provocando una mancha de color verde esmeralda que parecía colocada allí por un decorador de interiores, más que por la naturaleza. Tal era el problema, pensé, de conocer la representación de las cosas, como me había ocurrido a mí, antes que las cosas. Tomaba el paisaje por una copia de las estampas de los cuentos en vez de tomar las estampas de los cuentos por una copia del paisaje.
    Para contribuir al sentimiento de irrealidad del que era víctima, descubrí que, justo antes de que se manifestara la poza, se elevaba sobre el cauce del río un hermoso puente medieval, con sus piedras desgastadas por el paso del tiempo y la intemperie y cubiertas de musgo: un puente, en fin, que, aun gozando de las tres dimensiones propias de los objetos reales, evocaba más la obra de un pintor romántico que la de un arquitecto práctico.
    Con la excusa de orinar, me retiré detrás de unos matorrales y me lavé la cara en el río al objeto de recuperarme del mareo. El agua se manifestó fría y transparente como el aire que respirábamos. Una vez repuesto, observé el bosque con la esperanza de que me hubiera abandonado el sentimiento de irrealidad anterior. Lejos de eso, se acentuó al sentir que todo cuanto veía continuaba siendo una copia, una reproducción, un calco. Entonces me vino a la memoria aquella idea de Oscar Wilde: la de que la naturaleza imitaba al arte, de manera que yo, en medio de aquel facsímil del arte era sin duda una falsificación también, una copia, pero una falsificación o copia de qué, de quién. ¿Dónde se hallaba entonces mi verdadero yo? ” (pp. 221-222)