domingo, 20 de julio de 2025

Neil deGrasse Tyson
CARTAS DE UN ASTROFÍSICO (II)
Barcelona, 2020, Paidós.


 

Un alumno de una escuela secundaria pública grabó a su profesor de Ciencias haciendo un relato bíblico del mundo natural. Lo hizo público y llegó a los titulares de la prensa. Normalmente no digo nada sobre estos temas, pero tuve que intervenir con una carta al editor de The New York Times.

Jueves, 21 de diciembre de 2006
The New York Times

Al editor:
   Algunos consideraron una violación de la primera enmienda cuando un profesor de Nueva Jersey afirmó que la evolución y el Big Bang no son hechos científicos, y que el arca de Noé transportaba dinosaurios.
  Este caso no tiene nada que ver con la necesidad de separar la Iglesia del Estado, sino con la necesidad de separar a los ignorantes, a los analfabetos sobre temas científicos de las filas de los educadores.” (pp. 81-82)



 


Andreu Martín
DINERO PARA LOS MUERTOS
Barcelona, 2024, Alrevés.

 

“La calle de San Julio es una de esas callejas estrechas e intrincadas que componen el Raval de San Roque. Hay tiendas cerradas con persianas o directamente tapiadas con ladrillos, coronadas por rótulos medio borrados por la lluvia y el paso del tiempo, «Telefunken», «Frutería Maribel», «Funeraria Celestino / Almacén». Ningún grafiti moderno ha profanado esas reliquias de tiempos sórdidos y olvidados.
   El número 23 es la típica finca de cuatro metros que a principios de los cincuenta alguien derribó para levantar un edificio de tres pisos, tal vez con la intención de que los habitaran sus hijos y así la familia permaneciera unida. Pero, a la vista de su estado ruinoso y desvencijado, cabe pensar que algo falló.  Un portal tan estrecho que hay que cru
zarlo de costado, para no ensuciarse las mangas y hombreras; una escalera oscura, empinada, de barandilla pringosa. Una sola puerta por piso. (…)

   Lo recuerdo como si fuera ahora. Entramos en un recibidor estrecho, donde no cabíamos ni dos personas. En el suelo, la fulana, Dánae, tal como lo describe Larraz en su escrito, despatarrada, un tiro entre los pechos. Llevaba una bata de seda negra, con flores, pero al caer se le había abierto y estaba extendida tras ella, como una alfombra. Apestaba. Enfrente, un lavabo con medias, bragas y sujetadores tendidos para que se secaran. El suelo era ondulante y de baldosas rojas, polvorientas, donde crujían las suelas de los zapatos. Al final del largo pasillo, un comedor diminuto, con la cocina de gas butano allí mismo y despliegue de clínex arrugados, grietas, manchas de humedad, espejo roto, ropa sucia, caos que refleja el caos mental de la propietaria. Un dormitorio con una cama demasiado grande. Ropas de hombre y de mujer sobre una silla. Y, en la cama, el cuerpo de un hombre desnudo apenas cubierto por una sábana ensangrentada y cuatro veces perforada. Estaba boca arriba, mirando hacia la puerta, la mano derecha con la palma mirando al techo, como pidiendo explicaciones, «¿Por qué?».” (pp. 197-198)

Neil deGrasse Tyson
CARTAS DE UN ASTROFÍSICO (I)
Barcelona, 2020, Paidós.



“Querido Mark:
   A menudo las personas, en especial las religiosas, buscan más allá de sí mismas para encontrar el sentido de la vida: en las Sagradas Escrituras, en los mensajes de los líderes religiosos, en las reliquias religiosas, etcétera. Cuando uno lo hace, se vuelve difícil imaginar la vida sin este tipo de estructura espiritual construida para ti y para tu entorno.
   Pero supongamos que en vez de ello miras dentro de ti. Al hacerlo, no es difícil encontrar el sentido de la vida en cosas que sean significativas: cuidar a otros menos afortunados que tú, criar a tus hijos o realizar tareas difíciles que te llenen de manera física, intelectual o emocional. Puede ser muy grato el impulso de hacerlo sin ninguna referencia a textos religiosos. Mi meta personal es dejar el mundo un poquito mejor gracias a haber vivido en él. La posibilidad de hacer que dicha meta se vuelva realidad impulsa mis hábitos de trabajo todos los días.
   Para algunas personas, la búsqueda de sentido las lleva a la violencia, al abuso y al crimen. Estas personas van desde lo egoísta hasta lo misantrópico. Pero estos rasgos no son dominio único de quienes no son religiosos. El mundo no es ajeno a las guerras religiosas, con la matanza abyecta de innumerables inocentes en nombre de algún dios u otra divinidad. Así que tu suposición de que necesitamos a Dios para comportarnos decentemente o dar sentido a nuestras vidas -aunque para mucha gente sea cierto- desde luego no es un requisito para tener una existencia satisfactoria y respetuosa con la ley.
   Añado a esto que, si ayudo a una anciana a cruzar la calle es porque ella necesita ayuda y yo se la puedo proporcionar, no porque espere una recompensa por haberlo hecho, ya sea en esta vida o en el cielo. Mi motivación es simplemente generar sentido y autoestima: no solo en mi propia vida, sino en la de los demás.
   Por último, la gente profundamente religiosa a veces pregunta: «Sin Dios, ¿por qué deberíamos ser amables los unos con los otros?» o «¿Qué evitará que se cometan delitos o incluso asesinatos en ausencia de un juicio divino?». Hay una respuesta sencilla: la cárcel. Por eso existen las leyes, para contener los comportamientos ofensivos de una persona hacia otra, y de una persona hacia la propiedad. Esta receta funciona para la mayoría. De hecho, en Europa, hay países enteros (por ejemplo, Suiza, los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Suecia) en donde la religión casi no desempeña ningún papel en la política, la cultura, los negocios o la familia, y aun así tienen tasas mucho menores de delitos violentos que Estados Unidos, donde nueve de cada diez personas dicen ser religiosas. En esos países, las personas que dicen ser religiosas son, en general, una de cada diez.
   Así que quédate tranquilo, seas religioso o no, y reflexiona sobre el hecho de que en la mayoría de las sociedades occidentales la religión es un aspecto de la cultura, y no la cultura en sí.
   Te deseo lo mejor.” (pp. 177-178)
[La cursiva pertenece al texto.] 

viernes, 11 de julio de 2025

Yasmina Khadra
LA SAL DE TODOS LOS OLVIDOS (II)
Madrid, 2021, Alianza Editorial.


 

“-Mi tío decía: «Del Verbo nació la Fe, y la Fe vuelve sordo a quien no sabe escuchar a la razón. Lo que procede de la convicción más inquebrantable no es siempre toda la Verdad».” (p. 64)

“Por encima de los escombros de toda revolución, una raza de buitres se hará pasar por aves fénix que no dudarán en convertir las cenizas de los mártires en abono para sus jardines, las tumbas de los ausentes en sus propios monumentos y las lágrimas de la viudas en agua para sus molinos.” (p. 221)


Lucas Mallada
LOS MALES DE LA PATRIA Y LA FUTURA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
Madrid, 1890, Tipografía de Manuel Ginés Hernández.
www.archive.org



“Con la misma variedad de formas, tamaños y colores con que se esparcen por el campo los insectos que devoran las plantas útiles, así se presentan los caciques de diferentes especies, familias y órdenes. Unos son chupadores, otros son mastícadores; ya roen lo que únicamente tragan, ya destrozan mucho más de lo que comen; unos llevan uniforme cuajado de galones dorados, otros frac y corbata blanca, otros sendos gabanes de ricas pieles; otros gastan chaqueta, otros alpargatas, otros usan hábitos talares, otros van de capa corta, mas ninguno de capa caída, pues todos están en auge. Los hay dedicados principalmente á los empleos, otros á las obras públicas, otros á las contribuciones, otros á los suministros; pero lo general es que acometan toda clase de asuntos.
   Sujeta al caciquismo la vida nacional en todas sus manifestaciones, en todos los negocios y para todos los individuos, son imposibles el orden, la economía, el desarrollo de los recursos del País, la verdad, la razón y la justicia. España va pasando, una tras otra época, por las diversas fases de tan tremenda plaga. En tiempos de los reyes absolutos, el caciquismo iba vestido de fraile y se amparaba entre los pliegues del venerable manto de la Iglesia; en tiempos de revueltas se entrometía por las filas de los ejércitos; en tiempos de las luchas pacíficas de los partidos se introducía en las urnas de las elecciones. Enseñó á los políticos de oficio el arte de escalar el poder y la manera más disimulada de cambiar de casaca; redactó bandos y programas de los partidos; formó comités y elevó á la categoría de personajes á sus más desvergonzados servidores. Anuló las más firmes convicciones y los más rectos propósitos; esterilizó las leyes más sabias y rasgó, antes de ejecutarlas, las más acertadas sentencias.” (pp. 192-193)

[La cita pertenece al capítulo La inmoralidad pública.]

Yasmina Khadra
LA SAL DE TODOS LOS OLVIDOS (I)
Madrid, 2021, Alianza Editorial.



“-¿Adónde piensa ir?
-Allá donde no me vea obligado a sonreír cuando no tenga ganas de hacerlo, o a saludar todas las mañanas a gente a la que no soporto o también a fiarme de quien no se merece mi confianza.
   El director se echó el fez hacia atrás para secarse la cabeza con un pañuelo.
   -Esos lugares no existe, Sy Naït-Gacem. Vivir en sociedad consiste en asumir el reto de las relaciones mutuas, con todos los demás, los honrados y los canallas. En sociedad, nadie puede cumplir con moralidad sin violentarse. Hay ermitaños que creen que, aislándose, podrán comportarse con mayor serenidad. Pero se engañan a sí mismos. La moral solo puede ejercerse entre los demás. Rehuirlos es renegar de las propias responsabilidades.
   -No reniego de mis responsabilidades, renuncio a ellas.” (pp. 23-24)

Jorge Gubern
HOMBRES DE ESPAÑA
Barcelona, 1960, Mateu.



“Hace, sin embargo, menos de doscientos años, todo ello no era sino una soledad salvaje, habitada por algunas primitivas tribus indígenas: los wituns, maidus, miwoks, y yokuts, gente sencilla, que andaba semidesnuda, que no cultivaba el suelo, que tejía ingeniosos cestos y se nutría de harina de bellotas y de la caza de pájaros y pequeños mamíferos. El día 1º de julio de 1769 un humilde y enfermizo fraile franciscano fundó una rústica misión pocos kilómetros al norte de la actual frontera mejicana, misión que dedicó a san Diego de Alcalá. Aquel sencillo establecimiento se ha convertido en la ciudad de San Diego. Primera cuenta de un delicado rosario de misiones extendido junto a las aguas del Pacífico, por San Diego entró en California la civilización cristiana. Su fundador tiene ahora un monumento en la galería de hombres ilustres de la capital de Estados Unidos. Era un mallorquín llamado Junípero Serra, en el mundo Miguel Serra y Ferrer. 
   Afirma una leyenda californiana que todos los años, en la iglesia antigua de San Carlos de Monterrey, donde fray Junípero murió, y en el día aniversario de su muerte, sale el franciscano de su tumba para celebrar una misa espectral. La oye todo el pueblo de sombras lívidas que duerme con él bajo las losas. Cuando la misa llega al Sanctus comienzan a doblar las históricas campanas, y los viejos cañones enmudecidos siglos vomitan fuego y trueno. Un coro en que resuenan las voces de un mundo vacío canta el Oh Salutaris Hostia. Fray Junípero alza su brazo descarnado para la bendición final: «¡ Ite, missa est !»; y en la luz del alba que apunta se disipa el vago pueblo de sombras, y el misionero vuelve con sus pies de huesos a la tumba donde crecen las hierbas marinas.
   Como la anual misa de los fantasmas, la huella de Fray Junípero es imperecedera. Ni el rush del oro desencadenado en 1849, ni la inmigración heterogénea, ni el enriquecimiento, ni el habla anglosajona han podido borrarla. España está y estará siempre allí, en el admirable camino de arte, trabajo y paz que desde San Diego a San Francisco trazó un día un frailecito medio cojo.” (pp. 206-207) 
[El texto contiene algunas erratas que he corregido para mejorar su comprensión.]


José Gutiérrez Solana
LA ESPAÑA NEGRA
Madrid, 1920, G. Hernández y Galo Sáez.
www.archive.org



“Al otro día era domingo de ferias y había toros; la Plaza está frente al penal; los presos, asomados a las ventanas del viejo edificio, tras las rejas, se entretienen viendo entrar la gente, los picadores y la cuadrilla a la plaza.
   Desde su prisión oían los aplausos, los silbidos, los gritos de los hombres y mujeres: «¡Que le den las orejas y el rabo!» Y aquella pobre gente sufría, en un día hermoso de sol, oyendo aquella barbarie que insultaba sus oídos, aquella cobardía amparada por la ley y viendo desfilar la gente cerca de sus ojos, bailando y cantando, para mayor escarnio; los viejos picadores, montados en caballos llenos de costuras y con las patas llenas de sangre, tranqueando; otros, cojos por los agujeros de las heridas, pasaban muy despacio, arrimados a las fachadas de las casas.
   Como esta Plaza de Toros no tiene desolladero, sacan los cadáveres de los caballos a la calle, a muchos todavía vivos y cubiertos sus lomos de sangre, dándoles allí la puntilla, frente al mar, cerca de la orilla de la playa donde están anclados los barcos y las traineras que por la noche salen a la pesca, cuando el cielo está negro todavía, y el sol, redondo como la luna, sin fuerza y casi no alumbra, bajo el peso de los negros nubarrones, parece estar cogido entre dos planchas de cobre; (...)
   Dentro de poco, los bravos marineros saldrán al rudo trabajo de la pesca, tan lleno de peligros. Mientras tanto, a la caída de la tarde, frente a la Plaza, abren a los toros en canal con un cuchillo, para sacarles la sangre, y a hachazos, dos hombres fieros como dos leñadores, les cortan los cuernos.
   Los niños de Santoña ven este espectáculo, que tanto instiga los instintos criminales, con los ojos muy abiertos; miran el carro lleno de caballos muertos, con las patas tronchadas y las lenguas colgando, llenas de tierra, lo mismo que sus ojos cristalinos, muy abiertos.” (pp. 75-77)

[La cita pertenece al capítulo La corrida de toros en Santoña.]

martes, 1 de julio de 2025

 


Manuel Arroyo-Stephens
DE DONDE VIENE EL VIENTO (II)
Barcelona, 2024, Acantilado.

 

“El propio Bermúdez se había burlado mil veces con sus amigos de Madrid de la incontinencia verbal de los españoles. Es un país donde nadie escucha porque todos piensan, como en los manicomios, que lo más interesante es lo que ellos tienen que decir. Siempre se sabe lo que el otro está pensando y se le contradice antes de que pueda empezar a decir nada. Es un viejo recurso retórico que se llama prolepsis, pero el término no se conoce porque nadie es consciente de usarlo. Por cada cincuenta gramos de información, siguió reflexionando Bermúdez, un español tiene kilo y cuarto de opiniones. Soltarlas a todo el que se le acerca y no tiene más remedio que escuchar es signo de madurez. Y hasta tienen muchos lo que llaman teorías. En una conversación, en la que nadie suele saber casi nada de lo que habla, de repente uno se pone solemne y dice: Yo sobre este asunto tengo una teoría. Los demás callan un instante y el susodicho suelta una majadería que supera a las que se estaban escuchando durante toda la noche. Tienen fama de soberbios los españoles, pero en realidad son solo arrogantes. Y lo son por ignorancia.” (pp. 197-198)


Rudolf Wittkower
LA ESCULTURA: PROCESOS Y PRINCIPIOS
Madrid, 1997, Alianza Editorial.



“Cuando en 1547 Benedetto Varchi, un notable historiador y hombre de letras florentino que conocía a todo el mundo y que solía estar metido en todo lo que de actualidad se andaba cociendo, intentó hallar una solución al viejo Paragone -el problema de la comparación de méritos entre pintura y escultura- invitando a los más destacados artistas florentinos a que le enviaran sus opiniones por escrito, encontró en Cellini, Bronzino, Francesco de Sangallo y otros una serie de víctimas dispuestas a ofrecerle su ayuda. La respuesta de Miguel Angel fue cortés, si bien breve, y no ocultó totalmente su disgusto hacia esa clase de juegos de sociedad, tan intelectuales y que tanto tiempo requerían. «Tales disputas llevan más tiempo que la ejecución de estatuas», escribió. Pero hizo una observación, no obstante, que es de particular interés, aunque dudo que la consideren ustedes una gran revelación: «Por escultura entiendo aquello que se hace a fuerza de quitar (per forza di levare), pues lo que se hace a fuerza de añadir (per vía di porre -es decir, de modelar) se asemeja más bien a la pintura». Ya conocíamos esta idea. Recuerden que Alberti hacía una diferenciación parecida entre esculpir y modelar, y que está también aquella afirmación de Leonardo: «El escultor quita siempre materia del mismo bloque.» Pero nadie había expresado hasta el momento la diferencia entre esculpir y modelar de forma tan concisa y terminante como aquí lo hace Miguel Angel. Y cuando un hombre de su prestigio acuña una frase, y epigramática como es ésta, sobre una cuestión de vital importancia para los escultores, esa frase no cae fácilmente en el olvido. En efecto, todas las formas de reflexión sobre la escultura que se han dado hasta el siglo XX están teñidas por esta frase de Miguel Angel. ” (p. 145)
[Leon Battista Alberti, arquitecto genovés, escribió, en 1435, la obra De la pintura.]