domingo, 20 de julio de 2025

Neil deGrasse Tyson
CARTAS DE UN ASTROFÍSICO (I)
Barcelona, 2020, Paidós.



“Querido Mark:
   A menudo las personas, en especial las religiosas, buscan más allá de sí mismas para encontrar el sentido de la vida: en las Sagradas Escrituras, en los mensajes de los líderes religiosos, en las reliquias religiosas, etcétera. Cuando uno lo hace, se vuelve difícil imaginar la vida sin este tipo de estructura espiritual construida para ti y para tu entorno.
   Pero supongamos que en vez de ello miras dentro de ti. Al hacerlo, no es difícil encontrar el sentido de la vida en cosas que sean significativas: cuidar a otros menos afortunados que tú, criar a tus hijos o realizar tareas difíciles que te llenen de manera física, intelectual o emocional. Puede ser muy grato el impulso de hacerlo sin ninguna referencia a textos religiosos. Mi meta personal es dejar el mundo un poquito mejor gracias a haber vivido en él. La posibilidad de hacer que dicha meta se vuelva realidad impulsa mis hábitos de trabajo todos los días.
   Para algunas personas, la búsqueda de sentido las lleva a la violencia, al abuso y al crimen. Estas personas van desde lo egoísta hasta lo misantrópico. Pero estos rasgos no son dominio único de quienes no son religiosos. El mundo no es ajeno a las guerras religiosas, con la matanza abyecta de innumerables inocentes en nombre de algún dios u otra divinidad. Así que tu suposición de que necesitamos a Dios para comportarnos decentemente o dar sentido a nuestras vidas -aunque para mucha gente sea cierto- desde luego no es un requisito para tener una existencia satisfactoria y respetuosa con la ley.
   Añado a esto que, si ayudo a una anciana a cruzar la calle es porque ella necesita ayuda y yo se la puedo proporcionar, no porque espere una recompensa por haberlo hecho, ya sea en esta vida o en el cielo. Mi motivación es simplemente generar sentido y autoestima: no solo en mi propia vida, sino en la de los demás.
   Por último, la gente profundamente religiosa a veces pregunta: «Sin Dios, ¿por qué deberíamos ser amables los unos con los otros?» o «¿Qué evitará que se cometan delitos o incluso asesinatos en ausencia de un juicio divino?». Hay una respuesta sencilla: la cárcel. Por eso existen las leyes, para contener los comportamientos ofensivos de una persona hacia otra, y de una persona hacia la propiedad. Esta receta funciona para la mayoría. De hecho, en Europa, hay países enteros (por ejemplo, Suiza, los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Suecia) en donde la religión casi no desempeña ningún papel en la política, la cultura, los negocios o la familia, y aun así tienen tasas mucho menores de delitos violentos que Estados Unidos, donde nueve de cada diez personas dicen ser religiosas. En esos países, las personas que dicen ser religiosas son, en general, una de cada diez.
   Así que quédate tranquilo, seas religioso o no, y reflexiona sobre el hecho de que en la mayoría de las sociedades occidentales la religión es un aspecto de la cultura, y no la cultura en sí.
   Te deseo lo mejor.” (pp. 177-178)
[La cursiva pertenece al texto.]