lunes, 26 de enero de 2026

Textos para la reflexión

Tengo el hábito de escribir en un cuaderno de notas los pasajes más interesantes de las obras que leo o releo. Son fragmentos difícilmente clasificables, tanto en naturaleza como en extensión, pero todos ellos tienen algo en común: invitan a reflexionar. A veces proceden de obras encomiables y a veces no. Mi tino (o desatino) al elegirlos se reduce a los pasajes mismos, pero nunca a la obra completa. Poco a poco, y si el tiempo me lo permite, iré introduciendo en el blog algunos de estos textos. Cuando me ha sido posible he consignado la página de procedencia de la cita, pero no siempre he mantenido tan saludable costumbre. Espero que os sean de utilidad.


Agustín Izquierdo Alberca


 

Julian Barnes
LA ÚNICA HISTORIA (II)
Barcelona, 2019, Anagrama.



“Eres un absolutista en el amor, y por consiguiente un absolutista contrario al matrimonio. Has meditado mucho sobre la cuestión y hallado muchas comparaciones descabelladas. El matrimonio es una caseta de perro en la que se vive a gusto y sin cadena. El matrimonio es un joyero que, en virtud de algún proceso opuesto al de la alquimia, transforma el oro, la plata y los diamantes en metal común, bisutería y cuarzo. El matrimonio es un cobertizo para barcas que contiene una canoa vieja para dos personas que ya no vale para navegar y tiene un solo remo y agujeros en el fondo. El matrimonio es…, puf, hay docenas de símiles disponibles.” (p. 119) 

James Hilton
HORIZONTES PERDIDOS (II)
Andorra la Vella, 2023, Trotalibros.

 

“El primer cuarto de siglo lo has vivido sin duda bajo un nubarrón: el de ser demasiado joven para acometer cosas; mientras que el último cuarto de siglo lo normal es que se vea ensombrecido por una nube más negra incluso: la de ser demasiado viejo para acometerlas; y entre esas dos nubes, ¡qué exiguo el rayo de sol que ilumina una vida humana!” (pp. 171-172)

Julian Barnes
LA ÚNICA HISTORIA (I)
Barcelona, 2019, Anagrama.



“No me percaté de que había pánico en su interior. ¿Cómo podía imaginarlo? Pensaba que solo lo sentía yo. Ahora, demasiado tarde, me doy cuenta de que todos lo sentimos. Es una condición de nuestra mortalidad. Tenemos códigos de conducta para aplacarlo y minimizarlo, bromas y hábitos y numerosas formas de desviarlo y distraerlo. Pero estoy convencido de que hay pánico y un caos infernal a la espera de emerger dentro de todos nosotros. Lo he visto rugir en los moribundos, como una última protesta contra la condición humana y su tristeza crónica. Pero existe en los más equilibrados y racionales de nosotros. Solo hacen falta las circunstancias propicias para que aparezca. Y entonces estás a su merced. El pánico empuja algunos hacia Dios, a otros a la desesperación, a las obras benéficas, a la bebida, al olvido afectivo, y a otros a una vida en la que esperan que nada grave vuelva a trastornarlos. ” (pp. 88-89)


James Hilton
HORIZONTES PERDIDOS (I)
Andorra la Vella, 2023, Trotalibros.



“Chang respondió despacio y con una voz que fue poco más que un susurro:
   -Por expresarlo con pocas palabras, estimado señor, diría que nuestra creencia predominante es la moderación. Inculcamos la virtud de evitar el exceso de todo tipo, incluyendo, si me perdonan la paradoja, el exceso de virtud mismo. En el valle que han visto, donde viven varios miles de habitantes bajo el control de nuestra orden, hemos comprobado que ese principio produce un grado considerable de felicidad. Gobernamos con moderado rigor, y a cambio nos sentimos satisfechos con una obediencia moderada. Y creo poder afirmar que nuestra gente es moderadamente sobria, moderadamente casta y moderadamente honrada.” (p. 88)

viernes, 16 de enero de 2026

Yevgueni Zamiatin
NOSOTROS
Barcelona, 2023, Salamandra.



“«¿Liberarse?» Sorprendente: cuánto persisten los instintos criminales en la raza humana. Lo digo deliberadamente: «criminales». La libertad y el crimen están tan unidos de forma tan indisoluble como... digamos: como el movimiento de un aeromóvil y su velocidad: si la velocidad de un aeromóvil es = 0, no se moverá; si la libertad de un hombre es = 0, no cometerá ningún crimen. Está claro. La única manera de liberar al ser humano del crimen es salvándolo de la libertad.” (p. 74) 

Christopher Lasch
LA CULTURA DEL NARCISISMO: La vida en una era de 
expectativas decrecientes
(III)
Madrid, 2023, Capitán Swing.



“La comercialización transformó el juego en trabajo, subordinando el placer del deporte al del espectador, y redujo al propio espectador a una condición de pasividad vegetativa: la antítesis de la salud y el vigor que idealmente promueve el deporte. La locura por triunfar redundó en un énfasis exagerado en la faceta competitiva de cada deporte, al punto de excluir vivencias menos resonantes, pero más satisfactorias, como la cooperación y la destreza. El culto a la victoria convirtió a los jugadores en salvajes y en fanáticos rabiosos a sus seguidores. La violencia y el fanatismo observables en los deportes modernos llevaron a algunos críticos sociales a insistir en que la actividad atlética difunde valores militaristas entre la juventud, inculca irracionalmente el orgullo local y nacional en los espectadores y opera como uno de los bastiones más fuertes del machismo.” (142-143)

sábado, 3 de enero de 2026

Juan José Saer
LAS NUBES
Barcelona, 2002, Muchnik.
 
 
 
“La múltiples actividades comerciales del señor Parra, que le habían permitido adquirir una fortuna considerable, no le impedían cultivarse a sí mismo al mismo tiempo que su huerto y su jardín, y su modestia genuina era injustificada si se tiene en cuenta el acierto de sus opiniones generales, rasgo rarísimo en un hombre de fortuna, ya que me ha sido posible observar más de una vez, por haberlos frecuentado en dos continentes, que los ricos sustentan una alta opinión de sí mismos y que, por una inexplicable transposición, están convencidos de que su habilidad para ganar dinero los autoriza a pontificar tantos temas que desconocen, ya sean artísticos, políticos o filosóficos.” (p. 74)

 


Christopher Lasch
LA CULTURA DEL NARCISISMO: La vida en una era de 
expectativas decrecientes
(II)
Madrid, 2023, Capitán Swing.



“El papel de los medios de comunicación en la manipulación de la opinión pública ha merecido mucha atención, a ratos equivocada. Buena parte de las consideraciones que se le ha destinado supone que el problema consiste en evitar la circulación de falsedades obvias, aun cuando es evidente, como han señalado los críticos más perspicaces de la cultura de masas, que el auge de los medios de comunicación torna irrelevantes las categorías de verdad y falsedad. La verdad ha dado paso a la credibilidad; los hechos, a afirmaciones que parecen autorizadas, sin que necesariamente brinden alguna información válida.” (p. 107)
[Hay que recordar, para encuadrar debidamente la prevalencia de las fake news, que el libro de Lasch fue publicado en 1979.]

Agustín Gómez Arcos
EL NIÑO PAN (II)
Barcelona, 2006, Cabaret Voltaire.



“Un día (el niño se acordaba como si fuese ayer), por esa puerta principal se metió una serpiente. Los gritos de Lola hicieron que el tío Juan Pedro acudiera armado con su muleta, pero María, empuñando la escoba ya se enfrentaba a la alimaña, echando fuego por los ojos como el San Miguel de la procesión; la remató. Hicieron un hoyo en el patio, enterraron al bicho bajo una piedra para que las gallinas no lo desenterraran. «Y no vayáis a creer, murmuraba la cuenta cuentos de la tía Manuela, que dicen que son muy astutas y huelen las casas donde hay niños de pecho; se meten entre la ropa para engancharse al pecho. ¿Y para que el pobre niño no llore, sabéis qué hacen? ¡Meten la punta de su cola en la boca del crío para que siga chupando!».” (pp. 212-213)
[La información del texto puede compararse con la cita de Samuel Feijoo referida al majá lactante.]

Christopher Lasch
LA CULTURA DEL NARCISISMO: La vida en una era de 
expectativas decrecientes
(I)
Madrid, 2023, Capitán Swing.



“A pesar de todo su sufrimiento interno, el narcisista posee muchos rasgos que favorecen su éxito en instituciones burocráticas que premian la manipulación de las relaciones interpersonales profundas, desalientan la formación de nexos interpersonales profundos y al mismo tiempo brindan al narcisista la aprobación que requiere para validar su autoestima. Aunque pueda recurrir a terapias que prometen otorgar un significado a su vida y ayudarlo a superar la sensación de vacío que lo envuelve, el narcisista disfruta a menudo de un éxito considerable en su carrera profesional. Maneja con naturalidad la forma de crear una impresión determinada, y el control que manifiesta de sus facetas más intrincadas le sirve inmejorablemente en las organizaciones políticas y empresariales donde el desempeño efectivo cuenta ahora bastante menos que la «visibilidad», el «sentido de la oportunidad» y una trayectoria triunfal.” (p. 69)

Agustín Gómez Arcos
EL NIÑO PAN (I)
Barcelona, 2006, Cabaret Voltaire
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“La cogida del esparto era un oficio duro, el más mísero y el peor pagado, que convertía a los trabajadores en esclavos de los terratenientes. El esparto crece por sí solo. No necesita agua ni cuidados; abunda mucho en las regiones desérticas del sudoeste. Es una fibra afilada que se agarra al terreno y que se arranca tirando con las manos desnudas. Corta los dedos y hace profundas grietas en el canto de la mano, que se infectan y se pudren. Sólo los tizones al rojo vivo pueden cauterizarlas. Las manos de los esparteros están llenas de cicatrices, sus ojos siempre llenos de lagañas por el polvillo que suelta la planta... El espartero se levanta muy temprano, una o dos horas de camino, a veces tres: tiene que estar en el tajo al ser de día. Toda la jornada estará con el espinazo doblado como un matorral, como una piedra que se moviera. Arranca la fibra puntiaguda, cortante, junta tantas arrobas como puede cargar, siete, ocho, nueve, diez y no se incorpora más que al mediodía, para comerse una raquítica merienda y liarse un cigarrillo; por la tarde doblegado por el peso que transporta, vuelve a la factoría instalada junto a la carretera. Sucio, sudoroso, agotado, hambriento. Allí encuentra a un factor con traje de pana, sin remiendos, nuevo flamante. El tipo huele a la lavanda que le adorna el ojal. Fuma un buen puro. Sin haberse podido acabar lo que lleva en la talega ni el vino de la bota -apetito de los que pueden comer lo que quieren. Manos finas, sin cicatrices, sin un padrastro; lleva un sombrero de fieltro, sabe leer y escribir. Es el pesador. Y no precisamente jurado. Se encarga de hacer los pesos del esparto, casi siempre con una romana desequilibrada; robando para el patrón o por cuenta propia, paga mal, unas perras por una larga jornada de trabajo. Trabajo feroz y primitivo. En la mano de un niño cogerían las monedas del jornal de esos esparteros que tienen mujer e hijos. Esta fibra del demonio, transformada en papel lujoso, es fuente de riqueza para los dueños, de miseria y de enfermedad para los que la recogen.” (pp. 154-156)