Textos para la reflexión
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Textos para la reflexión
Vanessa Springora
EL CONSENTIMIENTO
Barcelona, 2024, Lumen.
“Sucedió sin previo aviso, casi de la noche a la mañana. Caminaba por una calle desierta con una inquietante pregunta dándome vueltas en la cabeza, una pregunta que se me había ocurrido unos días antes y que no conseguía desterrar: ¿qué prueba tangible tenía de mi existencia? ¿Era yo real? Para asegurarme , empecé a dejar de comer. ¿Para qué alimentarme? Mi cuerpo era de papel, por mis venas solo fluía tinta, y no tenía órganos. Era una fábula. Tras varios días de ayuno experimenté los primeros efectos de la euforia que sustituye al hambre. Y una ligereza que no había sentido jamás. Ya no andaba, me deslizaba por el suelo, y si hubiera extendido los brazos, seguro que habría echado a volar. No sentía ninguna carencia, ni el más mínimo retortijón en el estómago, ni la más mínima llamada de los sentidos ante una manzana o un trozo de queso. Ya no formaba parte del mundo material.
Y dado que mi cuerpo resistía la falta de alimentos, ¿por qué iba a necesitar dormir? Mantenía los ojos abiertos desde el atardecer hasta el alba. Ya nada interrumpía la continuidad entre el día y la noche. Hasta la tarde en la que fui a comprobar en el espejo del baño que mi reflejo seguía ahí. Curiosamente sí, seguía ahí, pero lo nuevo y fascinante fue que ahora veía a través de él.
Estaba volatilizándome, evaporándome, desapareciendo. Una sensación atroz, como si me arrancaran del reino de los vivos, pero a cámara lenta. El alma se me escapaba por los poros de la piel. Deambulé por las calles toda la noche, en busca de una señal. De una prueba de que estaba viva. A mi alrededor, la ciudad, brumosa y mágica, se convertía en un decorado de cine. Si alzaba los ojos, las rejas del parque público que tenía delante parecían moverse solas, giraban como una linterna mágica, al ritmo de tres o cuatro imágenes por segundo, como un parpadeo lento y regular. Algo en mí seguía rebelándose. Quería gritar: «¿Hay alguien ahí?».” (pp. 161-162)
Lenin
FEDERICO ENGELS
(En OBRAS ESCOGIDAS; Tomo I)
Moscú, 1979, Editorial Progreso.
“No conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó cuanto se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Fruto de dichas observaciones y estudios fue su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra, aparecido en 1845. Hemos señalado ya más arriba en qué consiste el mérito principal de Engels como autor de este libro. Cierto que también antes de Engels fueron muchos los que describieron los sufrimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudarle. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, que precisamente la ignominiosa situación económica en que se encuentra lo impulsa con fuerza incontenible hacia adelante y le obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará de manera ineluctable a los trabajadores a comprender que su única salida es el socialismo. Por otra parte, el socialismo se transformará en una fuerza sólo cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Tales son las ideas fundamentales del libro de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas asimiladas hoy por todo el proletariado que piensa y lucha, pero que entonces eran completamente nuevas. Estas ideas fueron expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de cuadros de lo más fidedignos y espantosos que mostraban las calamidades del proletariado inglés. Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía y que produjo una impresión grandísima. En todas partes se empezó a citar la obra de Engels como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después ha aparecido una descripción tan brillante y veraz de las calamidades de la clase obrera.” (pp. 221-222)
[Las cursivas pertenecen a la cita.]