lunes, 23 de febrero de 2026

David Attenborough y Colin Butfield
OCÉANO (II)
Barcelona, 2025, Crítica.

 

“Un anciano pescador, en pie antes de las primeras luces, pues ya se sabe lo difícil que es abandonar las viejas costumbres, pasa distraídamente la mano por las ásperas piedras de un malecón. Las yemas de sus dedos palpan los bordes de los norayes de amarre mientras escudriña la playa de guijarros que conoce mejor que cualquier otro mortal. Salvo por los reclamos y graznidos de las aves marinas, el alba se despereza plácidamente. El curtido marinero recuerda los años en que, a esas mismas horas, el bullicioso ajetreo del muelle parecía hacerlo palpitar: los barcos que se aprestaban a salir preparaban los aparejos, mientras los del turno de noche regresaban a puerto y descargaban las bodegas, en un cruce de tareas no exento de bromas y discusiones. El pulso de la vida. En aquel entonces habría podido tomar una bebida caliente y un buen desayuno con sus compadres, y todos habrían bromeado con su hijo, preguntándole cuándo pensaba dar un respiro a su viejo y hacerse cargo del barco de la familia...
   Hoy, sin embargo, las bromas han desaparecido. Señales no han faltado, desde luego. Llevan años parpadeando en rojo: arrastreros foráneos, redes medio vacías, peces cada vez más pequeños. Aunque también es verdad que el cambio ha sido taimado y sigiloso, gradual, diario y, por eso mismo, casi imperceptible. En general, la vida había seguido su curso, como siempre. Hasta que, de pronto, se detuvo. La generación siguiente apenas encontraba ya incentivos para trabajar tan duramente por tan poco. Los barcos dejaron de entrar en carena. El sosiego se apoderó de las mañanas.” (p. 357)

“Pero no hay que olvidar que de la comprensión nace la responsabilidad.” (p. 369)

John Locke
ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO
México, D. F.,  2005, Fondo de Cultura Económica.
www.archive.org

 

“Por lo tanto, si miramos con esmero los movimientos de la mente, y observamos el camino que habitualmente toma en su marcha hacia el conocimiento, veremos, me parece, que una vez que la mente ha adquirido una idea, ya por vía de la contemplación, ya por vía de comunicación con otros, idea que estima le puede ser útil, lo primero que hace es abstraerla y en seguida ponerle un nombre, y de ese modo la deposita .en su almacén, la memoria, como conteniendo la esencia de esa clase de cosa, de cuya esencia aquel nombre es siempre su señal o etiqueta. De aquí acontece lo que con frecuencia podemos observar que, cuando alguien ve una cosa nueva de una especie que no conoce de inmediato pregunta qué cosa es ésa, no inquiriendo en esa pregunta sino por el nombre; como si el nombre llevase consigo el conocimiento de la especie de la cosa, o de su esencia, de la cual efectivamente se emplea como su señal, y generalmente se supone que la lleva anexa.” (pp. 371-372)

David Attenborough y Colin Butfield
OCÉANO (I)
Barcelona, 2025, Crítica.

 

“Son muchos los hechos que podrían traerse a colación para intentar explicar la maravilla evolutiva de la ballena azul: la anchura de sus vasos sanguíneos permitiría nadar en su interior a un ser humano; su lengua pesa más de dos toneladas; durante la temporada de cría  puede llegar a ingerir quinientos millones de kril al día, y su corazón, de doscientos kilos, es tan poderoso que uno solo de sus latidos puede ser detectado por otra ballena a más de cuatro kilómetros de distancia. Sin embargo, para mí el dato más apabullante es curiosamente el que menos explicaciones necesita. Ocurre simplemente que la ballena azul es el mayor animal que jamás haya existido en el planeta: tiene un tamaño superior al doble del que pudo haber exhibido el más impresionante de los dinosaurios. Como ya hemos comentado, un animal de semejantes dimensiones solo podría vivir en el mar, ya que no hay hueso capaz de soportar la masa de un organismo de ese calibre en tierra firme.” (p. 126)

sábado, 14 de febrero de 2026

 


J. Martínez Ruiz (Azorín)
LA VOLUNTAD (II)
Madrid, 1989, Castalia.

 

"Yo creo que la vida es el mal, y que todo lo que hagamos para acrecentar la vida, es fomentar esta perdurable agonía sobre un átomo perdido en lo infinito... Lo humano, lo justo sería acabar el dolor acabando la especie.” (p. 274)

   

Jean-Pierre Ostende
BREVE TRATADO COCINADO A FUEGO LENTO (II)
Cáceres, 2025, Periférica. 

 

“A continuación, el Homo erectus, cuya capacidad craneal pasó de 700 a 1300 cm3, es decir, que prácticamente se duplicó. Este modelo ya venía de serie con la opción de preocuparse en bucle. Aún no tenía una cabeza muy grande, pero ya utilizaba el fuego y construía hábitats colectivos. La lumbre se convirtió en un televisor, y él, en el primer telespectador. Algunos dicen: «Desde que tenemos fuego, nos hablamos menos».” (pp. 79-80)

J. Martínez Ruiz (Azorín)
LA VOLUNTAD (I)
Madrid, 1989, Castalia.

 

“Ahora lo veo todo paternalmente, con indulgencia, con ironía… En el fondo me es indiferente todo. Y la primera consecuencia de esta indiferencia es mi descuido del estilo y mi desdén por los libros. Yo creo que he sido alguna vez un escritor brillante; ahora, por fortuna, ya no lo soy; ahora, en cambio, con la sencillez en la forma he llegado á poder decir todo cuanto quiero, que es el mayor triunfo que puede alcanzar un escritor sobre el idioma. El estilo brillante hace imposible esto; con él, el escritor es esclavo de la frase, del adjetivo, de los finales, y no hay medio muchas veces de encajar la idea entera. Además, y esto es lo más grave, se tiene prevención contra las palabras humildes, bajas, prosaicas, y de este modo el léxico resulta enormemente limitado. Yo recuerdo que Gómez Hermosilla, en su librejo Juicio crítico, censura á Jovellanos por emplear vocablos tan plebeyos como campanillas, mula, mayoral. Entonces, la primera vez que yo me enteré de tal purismo, sonreí de Hermosilla; más luego he visto que la ley de castas perdura entre la prosa moderna y que los escritores brillantes la mantienen aún inexorable…” (pp. 261-262)
[Las cursivas pertenecen a la cita.]

Jean-Pierre Ostende
BREVE TRATADO COCINADO A FUEGO LENTO (I)
Cáceres, 2025, Periférica.
 

 

“Hablamos del gusto  secas, pero deberíamos decir tu gusto.
   La comida tiene tu gusto.
   No tiene otro gusto que el que tú tienes.
   Y tu gusto cambia y varía según tu cultura, tu memoria, tus viajes.
   Para gusto, los sabores.
   El gusto depende de si tienes mucha hambre o apenas.
   De dónde comes y con quién.
   De lo que has vivido la víspera y los días anteriores. De tus alergias. Del estado de tus dientes, de tus intestinos, de tu estómago. De tu salud en ese momento.
   Tu gusto también dependerá de la presentación de la comida en el plato.
   (…)
   ¿Acaso el precio que pagas no influye en la comida te sepa mejor o peor?
   (…)
   Dependerá de si te invitan.
   De quién te invita.
   De lo que te hayan contado antes de comer.
   De la información confidencial que te hayan dado sobre esa cocina concreta
   De la estación del año o de tu apertura a la experimentación.” (pp. 75-76)

[Las cursivas pertenecen a la cita.]

 

viernes, 13 de febrero de 2026

Pío Baroja
JUVENTUD, IDOLATRÍA
Madrid, 1917, Rafael Caro Raggio, Editor.
https://archive.org

 

“Algunos lectores, que no rechazan en absoluto mi forma literaria, me preguntan: 
   -¿Por qué emplea usted ese período corto que quita elocuencia y rotundidad a la frase?
   -Es que yo no busco la rotundidad ni la elocuencia de la frase — les digo — ; es más, huyo de ellas. Para la mayoría de los casticistas españoles no hay más retórica posible que la retórica en tono mayor. Esta retórica es, por ejemplo, la de Castelar, la de Costa; la que emplean hoy Ricardo León y Salvador Rueda es la retórica heredada de los romanos, que intenta dar solemnidad a todo, a lo que ya lo tiene de por sí y a lo que no lo tiene. Esta retorica en tono mayor, marcha con un paso ceremonioso y académico. En un momento histórico puede estar bien; a la larga, y repetida a cada instante, es de lo más aburrido de la literatura; destruye el matiz, da una uniformidad de plana de pendolista a todo lo escrito. 
   En cambio, la retórica del tono menor, que a primera vista parece pobre, luego resulta más atractiva, tiene un ritmo más vivo, más vital, menos ampuloso. Es en el fondo esta retórica continencia y economía de gestos; es como una persona ágil, vestida con una túnica ligera y sutil. Yo huyo siempre, todo lo que puedo, de la retórica en tono mayor, que se le aparece a uno como indispensable y única desde el momento que se empieza a escribir en castellano; quisiera, sí, manejar el registro de lo solemne alguna que otra vez, pero en muy contadas ocasiones. 
   -¿Entonces, usted, lo que busca -me dirán- es el estilo familiar del tipo de Mesonero Romanos, de Trueba, de Pereda? 
   -No, no; tampoco. 
   El estilo familiar y un poco chabacano me da la impresión del buen matrimonio burgués que se sienta a la mesa; él en mangas de camisa, ella despeinada y sucia, los chicos desastrados... 
  Yo supongo que se puede ser sencillo y sincero, sin afectación y sin chabacanería, un poco gris, para que se destaquen los matices tenues; que se puede emplear un ritmo que vaya en consonancia con la vida actual, ligera y varia y sin aspiración de solemnidad. 
   Esta forma de retórica del tono menor hay un poeta moderno que la ha llevado, en mi sentir, a la perfección. 

   Este poeta ha sido Paul Verlaine. Una lengua así como la de Verlaine.
   Una lengua así como la de Verlaine, disociada, macerada, suelta, sería indispensable para realizar la retórica del tono menor que yo siempre he acariciado como un ideal literario.” (pp. 100-102)

miércoles, 11 de febrero de 2026

Vanessa Springora
EL CONSENTIMIENTO 
Barcelona, 2024, Lumen.

 

“Sucedió sin previo aviso, casi de la noche a la mañana. Caminaba por una calle desierta con una inquietante pregunta dándome vueltas en la cabeza, una pregunta que se me había ocurrido unos días antes y que no conseguía desterrar: ¿qué prueba tangible tenía de mi existencia? ¿Era yo real? Para asegurarme , empecé a dejar de comer. ¿Para qué alimentarme? Mi cuerpo era de papel, por mis venas solo fluía tinta, y no tenía órganos. Era una fábula. Tras varios días de ayuno experimenté los primeros efectos de la euforia que sustituye al hambre. Y una ligereza que no había sentido jamás. Ya no andaba, me deslizaba por el suelo, y si hubiera extendido los brazos, seguro que habría echado a volar. No sentía ninguna carencia, ni el más mínimo retortijón en el estómago, ni la más mínima llamada de los sentidos ante una manzana o un trozo de queso. Ya no formaba parte del mundo material.
   Y dado que mi cuerpo resistía la falta de alimentos, ¿por qué iba a necesitar dormir? Mantenía los ojos abiertos desde el atardecer hasta el alba. Ya nada interrumpía la continuidad entre el día y la noche. Hasta la tarde en la que fui a comprobar en el espejo del baño que mi reflejo seguía ahí. Curiosamente sí, seguía ahí, pero lo nuevo y fascinante fue que ahora veía a través de él.
   Estaba volatilizándome, evaporándome, desapareciendo. Una sensación atroz, como si me arrancaran del reino de los vivos, pero a cámara lenta. El alma se me escapaba por los poros de la piel. Deambulé por las calles toda la noche, en busca de una señal. De una prueba de que estaba viva. A mi alrededor, la ciudad, brumosa y mágica, se convertía en un decorado de cine. Si alzaba los ojos, las rejas del parque público que tenía delante parecían moverse solas, giraban como una linterna mágica, al ritmo de tres o cuatro imágenes por segundo, como un parpadeo lento y regular. Algo en mí seguía rebelándose. Quería gritar: «¿Hay alguien ahí?».” (pp. 161-162)

Lenin
FEDERICO ENGELS
(En OBRAS ESCOGIDAS; Tomo I)
Moscú, 1979, Editorial Progreso. 

 

“No conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó cuanto se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Fruto de dichas observaciones y estudios fue su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra, aparecido en 1845. Hemos señalado ya más arriba en qué consiste el mérito principal de Engels como autor de este libro. Cierto que también antes de Engels fueron muchos los que describieron los sufrimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudarle. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, que precisamente la ignominiosa situación económica en que se encuentra lo impulsa con fuerza incontenible hacia adelante y le obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará de manera ineluctable a los trabajadores a comprender que su única salida es el socialismo. Por otra parte, el socialismo se transformará en una fuerza sólo cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Tales son las ideas fundamentales del libro de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas asimiladas hoy por todo el proletariado que piensa y lucha, pero que entonces eran completamente nuevas. Estas ideas fueron expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de cuadros de lo más fidedignos y espantosos que mostraban las calamidades del proletariado inglés. Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía y que produjo una impresión grandísima. En todas partes se empezó a citar la obra de Engels como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después ha aparecido una descripción tan brillante y veraz de las calamidades de la clase obrera.” (pp. 221-222)
[Las cursivas pertenecen a la cita.]