Pío Baroja
JUVENTUD, IDOLATRÍA
Madrid, 1917, Rafael Caro Raggio, Editor.
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“Algunos lectores, que no rechazan en absoluto mi forma literaria, me preguntan:
-¿Por qué emplea usted ese período corto que quita elocuencia y rotundidad a la frase?
-Es que yo no busco la rotundidad ni la elocuencia de la frase — les digo — ; es más, huyo de ellas. Para la mayoría de los casticistas españoles no hay más retórica posible que la retórica en tono mayor. Esta retórica es, por ejemplo, la de Castelar, la de Costa; la que emplean hoy Ricardo León y Salvador Rueda es la retórica heredada de los romanos, que intenta dar solemnidad a todo, a lo que ya lo tiene de por sí y a lo que no lo tiene. Esta retorica en tono mayor, marcha con un paso ceremonioso y académico. En un momento histórico puede estar bien; a la larga, y repetida a cada instante, es de lo más aburrido de la literatura; destruye el matiz, da una uniformidad de plana de pendolista a todo lo escrito.
En cambio, la retórica del tono menor, que a primera vista parece pobre, luego resulta más atractiva, tiene un ritmo más vivo, más vital, menos ampuloso. Es en el fondo esta retórica continencia y economía de gestos; es como una persona ágil, vestida con una túnica ligera y sutil. Yo huyo siempre, todo lo que puedo, de la retórica en tono mayor, que se le aparece a uno como indispensable y única desde el momento que se empieza a escribir en castellano; quisiera, sí, manejar el registro de lo solemne alguna que otra vez, pero en muy contadas ocasiones.
-¿Entonces, usted, lo que busca -me dirán- es el estilo familiar del tipo de Mesonero Romanos, de Trueba, de Pereda?
-No, no; tampoco.
El estilo familiar y un poco chabacano me da la impresión del buen matrimonio burgués que se sienta a la mesa; él en mangas de camisa, ella despeinada y sucia, los chicos desastrados...
Yo supongo que se puede ser sencillo y sincero, sin afectación y sin chabacanería, un poco gris, para que se destaquen los matices tenues; que se puede emplear un ritmo que vaya en consonancia con la vida actual, ligera y varia y sin aspiración de solemnidad.
Esta forma de retórica del tono menor hay un poeta moderno que la ha llevado, en mi sentir, a la perfección.
Este poeta ha sido Paul Verlaine. Una lengua así como la de Verlaine.
Una lengua así como la de Verlaine, disociada, macerada, suelta, sería indispensable para realizar la retórica del tono menor que yo siempre he acariciado como un ideal literario.” (pp. 100-102)