Philip Roth
EL TEATRO DE SABBATH
Madrid, 1997, Alfaguara.
“—¿Y tú? —le preguntó—. ¿Me serás fiel? ¿Eso es lo que me sugieres?
—Yo no quiero a nadie más.
—¿Desde cuándo? Veo que estás sufriendo, Drenka. No quiero que sufras, pero no puedo tomarme en serio lo que me pides. ¿Cómo justificas el deseo de imponerme unas restricciones que tú misma nunca te has impuesto? Me pides una fidelidad que nunca te has molestado en ofrecerle a tu marido y que, si hiciera lo que solicitas, seguirías negándole por mi causa. Quieres la monogamia fuera del matrimonio y el adulterio dentro. Tal vez tengas razón y ésa sea la única manera de hacerlo, pero tendrás que buscarte un viejo más recto que yo.” (p. 31)
“Lo que Sabbath detestaba del mismo modo que las personas decentes detestan la palabra joder era el término compartir.”(p. 103)
“Bueno, chicas, los dioses son alarmantes. Es un dios quien te ordena que te cortes el prepucio. Es un dios quien te ordena sacrificar a tu primogénito. Es un dios quien te ordena abandonar a tus padres e irte al desierto. Es un dios quien te envía a la esclavitud. Es un dios quien destruye, el espíritu de un dios desciende para destruir, y no obstante es un dios quien da la vida. ¿Existe algo en toda la creación tan repugnante y fuerte como este dios que da vida? El Dios de la Torá encarna el mundo en todo su horror, así como en toda su verdad. Tenéis que reconocer los méritos de los judíos, con su franqueza realmente infrecuente y admirable. ¿Qué otro pueblo tiene un mito nacional que revele tanto la conducta atroz de su Dios como la suya propia? No tenéis más que leer la Biblia, está todo ahí, los judíos que se descarrían, se vuelven idólatras, asesinan sanguinariamente, y la esquizofrenia de esos dioses antiguos. ¿Cuál es el relato bíblico arquetípico? Una historia de traición. No es más que un engaño tras otro. ¿Y cuál es la voz más grande de la Biblia? La de Isaías. ¡El loco deseo de arrasarlo todo! ¡El loco deseo de salvarlo todo! ¡La voz más grande de la Biblia es la de alguien que ha perdido el juicio! Y ese Dios, ese Dios hebreo... ¡no puedes huir de él! Lo que causa espanto no son sus rasgos monstruosos, pues muchos dioses son monstruos, eso casi parece haber sido un requisito previo, sino que no existe refugio alguno en el que puedas librarte de él. No hay ningún poder que supere al suyo. El rasgo más monstruoso de Dios, amigos míos, es el totalitarismo. ¡Ese Dios vengativo, furioso, ese cabrón que envía castigos, es definitivo!” (p. 312)
EL TEATRO DE SABBATH
Madrid, 1997, Alfaguara.
“—¿Y tú? —le preguntó—. ¿Me serás fiel? ¿Eso es lo que me sugieres?
—Yo no quiero a nadie más.
—¿Desde cuándo? Veo que estás sufriendo, Drenka. No quiero que sufras, pero no puedo tomarme en serio lo que me pides. ¿Cómo justificas el deseo de imponerme unas restricciones que tú misma nunca te has impuesto? Me pides una fidelidad que nunca te has molestado en ofrecerle a tu marido y que, si hiciera lo que solicitas, seguirías negándole por mi causa. Quieres la monogamia fuera del matrimonio y el adulterio dentro. Tal vez tengas razón y ésa sea la única manera de hacerlo, pero tendrás que buscarte un viejo más recto que yo.” (p. 31)
“Lo que Sabbath detestaba del mismo modo que las personas decentes detestan la palabra joder era el término compartir.”(p. 103)
“Bueno, chicas, los dioses son alarmantes. Es un dios quien te ordena que te cortes el prepucio. Es un dios quien te ordena sacrificar a tu primogénito. Es un dios quien te ordena abandonar a tus padres e irte al desierto. Es un dios quien te envía a la esclavitud. Es un dios quien destruye, el espíritu de un dios desciende para destruir, y no obstante es un dios quien da la vida. ¿Existe algo en toda la creación tan repugnante y fuerte como este dios que da vida? El Dios de la Torá encarna el mundo en todo su horror, así como en toda su verdad. Tenéis que reconocer los méritos de los judíos, con su franqueza realmente infrecuente y admirable. ¿Qué otro pueblo tiene un mito nacional que revele tanto la conducta atroz de su Dios como la suya propia? No tenéis más que leer la Biblia, está todo ahí, los judíos que se descarrían, se vuelven idólatras, asesinan sanguinariamente, y la esquizofrenia de esos dioses antiguos. ¿Cuál es el relato bíblico arquetípico? Una historia de traición. No es más que un engaño tras otro. ¿Y cuál es la voz más grande de la Biblia? La de Isaías. ¡El loco deseo de arrasarlo todo! ¡El loco deseo de salvarlo todo! ¡La voz más grande de la Biblia es la de alguien que ha perdido el juicio! Y ese Dios, ese Dios hebreo... ¡no puedes huir de él! Lo que causa espanto no son sus rasgos monstruosos, pues muchos dioses son monstruos, eso casi parece haber sido un requisito previo, sino que no existe refugio alguno en el que puedas librarte de él. No hay ningún poder que supere al suyo. El rasgo más monstruoso de Dios, amigos míos, es el totalitarismo. ¡Ese Dios vengativo, furioso, ese cabrón que envía castigos, es definitivo!” (p. 312)