viernes, 27 de marzo de 2026

Carlo Ginzburg
UNA HISTORIA SIN FINAL
Madrid, 2025, Ampersand.

 

“Hace muchos años, cuando era estudiante, tuve la suerte de asistir a un seminario de Gianfranco Contini: una experiencia inolvidable. En medio de un fuego de artificio intelectual que parecía inagotable Contini se detuvo de golpe para contar una anécdota. Había (dijo) dos filólogos franceses. El primero, provisto de una larga barba, tenía la pasión de la anomalía: anomalía de cualquier tipo -morfológica, gramatical, sintáctica-. Tras haberlas identificado, las contemplaba y murmuraba acariciándose la barba: 'Es extraño' (C'est bizarre). El segundo filólogo era un cartesiano: un hombre de cabeza totalmente brillante, por dentro y por fuera. No encontraba paz porque no había conseguido reconducir cada anomalía -gramatical o de otro tipo- dentro de una ley general. Entonces se estrujaba las manos y decía: 'Es satisfactorio para el espíritu' (C'est satisfaisant pour l'esprit).
   Cuando escuché a Contini contar esta anécdota me identifiqué inmediatamente con el filósofo barbudo. Pero al cabo de un tiempo me di cuenta, por un lado, de que las dos perspectivas eran evidentemente complementarias. Pasó un tiempo desde entonces y cambié nuevamente de opinión. La relación entre normas y transgresiones de las normas es -desde un punto de vista cognitivo- asimétrica. Ninguna norma puede prever la gama de las transgresiones; las transgresiones y las anomalías, en cambio, implican la norma y por lo tanto nos constriñen a contar con la norma. Por este motivo una investigación basada en errores, anomalías y fenómenos de contornos difusos me parece, al menos potencialmente, mucho más rica.” (pp. 245-246)

[Gianfranco Contini fue un destacado filólogo y crítico literario italiano.]

Herman Melville
CUENTOS COMPLETOS (III)
Barcelona, 2006, ALBA EDITORIAL.

 

“Mi esposa no corre ningún peligro de morir de apatía. La he visto pasar despierta la noche más larga del año mientras planeaba su campaña para el día siguiente. Es una organizadora nata. No se rige por la máxima «Está bien, esté como esté». Su lema es: «Está mal, esté como esté, y lo que es más: hay que cambiarlo, y lo que es más: hay que cambiarlo ahora». Terrible máxima para un soñador adormilado como yo, que adora los séptimos días por ser días de descanso, y cuyo horror sabático a la industriosidad le impulsa a dar un rodeo de medio kilómetro con tal de no tener que ver a un hombre trabajando.
   Dicen que los matrimonios se conciertan en el cielo, pero mi mujer habría sido la esposa perfecta para Pedro el Grande, o para Perico el de los Palotes. Con qué gusto habría puesto en orden el enorme y disperso imperio del primero o con qué infatigables trabajos habría recogido los palotes del segundo.” (p. 273)
[La cita pertenece al relato Yo y mi chimenea.]

Gregory Bateson
NAVEN. UN CEREMONIAL IATMUL
Barcelona, 1990, Júcar.


“En esta etapa inicial, quiero dejar perfectamente claro que no considero el ritual, la estructura, el funcionamiento pragmático y el ethos como entidades independientes, sino como aspectos fundamentalmente inseparables a una cultura. Sin embargo, puesto que es imposible presentar el conjunto de una cultura simultáneamente y en una sola instantánea, debo comenzar por algún punto del análisis arbitrariamente elegido; y, puesto que las palabras han de ser necesariamente dispuestas en líneas, debo presentar esta cultura —que, como todas las demás culturas, es en realidad un elaborado retículo de entrelazantes causas y efectos— no como una red de palabras sino con palabras en series lineales. El orden en que dicha descripción está presentada es necesariamente arbitrario y artificial, y voy a escoger por tanto aquella disposición que confiera a mis métodos de aproximación el más marcado relieve. En primer lugar, presentaré el comportamiento ceremonial arrancado de su contexto, de manera que parezca chocante y disparatado; y después describiré los diversos aspectos de su marco cultural e indicaré la forma en que dicho ceremonial se puede relacionar con diversos aspectos de la cultura. 

   A lo largo de todo este análisis me limitaré a dar explicaciones sincrónicas del fenómeno, es decir, explicaciones que invoquen solamente tales otros fenómenos según se hallan ahora presentes en la cultura Iatmul, o que, como en el caso de los cazadores de cabezas, hayan desaparecido tan recientemente que pueden considerarse como parte del marco natural de las ceremonias tal y como yo las he recogido. No voy a investigar cómo pueden haber sido en el pasado dichas ceremonias o su marco cultural. Haciendo uso de una terminología causalista, me referiré más bien a causas condicionantes que a causas precipitantes. Así, en un estudio sincrónico del fuego diría que el fuego arde porque hay oxígeno en la habitación, pero no investigaría cómo se ha encendido el fuego en un inicio. 

   Desde luego, es verdad que estas ceremonias han tenido una historia y, sin duda alguna, sería posible especular sobre esta historia. Pero no es éste mi propósito. Me contentaré con mostrar tan sólo algunos de los tipos de relación funcional existentes entre las ceremonias y el resto de la cultura contemporánea de los iatmul. Tal vez, en el futuro, un entendimiento más claro de los aspectos sincrónicos de la sociedad nos capacite para aislar y definir lo diacrónico, los procesos del cambio cultural.” (pp. 19-20)
[Los iatmul son una etnia de Papúa Nueva Guinea.]


Herman Melville
CUENTOS COMPLETOS (II)
Barcelona, 2006, ALBA EDITORIAL.

 

“Serpenteando por el fondo de la garganta hay un camino de carro peligrosamente estrecho que discurre por el lecho de un antiguo torrente. Si se sigue el camino hasta su punto más alto se llega a una especie de paso dantesco. A causa de los empinado de las paredes, de su extraño color de ébano y de la súbita contracción de la garganta, ese lugar concreto se conoce como el Collado Negro. El barranco desciende entonces hacia un gran valle purpúreo, en forma de tolva, hundido entre muchas montañas plutónicas cubiertas de bosques hirsutos. Los lugareños llaman a ese valle la Mazmorra del Diablo. El ruido de los torrentes se precipita por doquier en los oídos. Dichas aguas se reúnen por fin en una corriente turbia de color ladrillo que bulle por la garganta entre enormes riscos. A este torrente de color tan extraño lo llaman Río de Sangre. Al llegar a un negro precipicio se desvía bruscamente hacia el oeste y da un salto descabellado de veinte metros sobre un bosque marchito de pinos grisáceos entre los que discurre después hacia los valles invisibles.” (pp. 173-174)
[La cita pertenece al relato El Paraíso de los solteros y el Tártaro de las doncellas.] 

 


Herman Melville
CUENTOS COMPLETOS (I)
Barcelona, 2006, ALBA EDITORIAL.



“Los pobres nacidos en Norteamérica no pierden nunca su delicadeza ni su orgullo; por eso, aunque no llegan a rebajarse a la degradación física del indigente europeo, su espíritu sufre más que el de los pobres de cualquier otro lugar del mundo. Las sensibilidades sociales nutridas por nuestros propios principios políticos, aunque aumentan la dignidad del norteamericano próspero, no hacen sino empeorar la miseria de los infortunados; en primer lugar, prohibiéndoles aceptar hasta el más mínimo alivio que pueda ofrecerles la caridad; y en segundo, dotándoles de la más aguda percepción de las diferencias entre el ideal de la igualdad universal y su dura experiencia de la verdadera miseria e infamia de la pobreza…, una miseria y una infamia que es, ha sido, y será siempre la misma en la India, en Inglaterra y en Norteamérica.” (p. 129)
[La cita pertenece al relato El pudín del pobre y las migajas del rico.]

martes, 17 de marzo de 2026

Don Winslow
EL INVIERNO DE FRANKIE MACHINE (III)
Madrid, 2010, Martínez Roca.


“Nike paga veintinueve centavos a un niño por hacer una camiseta de baloncesto; después se da la vuelta y la vende por ciento cuarenta dólares -decía Frank-. ¿Y el delincuente soy yo?
   Wal-Mart hace que se agoten las existencias en la mitad de las tiendas familiares del país y en cambio pagan a los chavales que fabrican su mierda barata siete centavos la hora. ¿Y el delincuente soy yo?
   Dos millones de empleos se han ido al garete en los dos últimos años; un obrero ya no gana lo suficiente para pagar la entrada de una vivienda y Hacienda nos pega un palo cada vez que vamos al cajero y después envía nuestro dinero a un contratista de defensa que cierra una fábrica, despide a los obreros y se paga a sí mismo una bonificación millonaria. ¿Y el delincuente soy yo? ¿Es a mí a quien tendrían que condenar a cadena perpetua sin posibilidades de salir en libertad condicional?” (p. 403)


Giorgio Vasari
VIDA DE LOS MÁS EXCELENTES PINTORES, ESCULTORES Y ARQUITECTOS

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“Esas pinturas son muy apreciadas por el Rey Católico, por la vivacidad que Tiziano dio a las figuras, haciéndolas de colores tan vivos y reales. Pero bien es cierto que su técnica en estas últimas obras es muy distinta de la de su juventud; las primeras están ejecutadas con cierta finura y diligencia increíble y pueden ser vistas de cerca o de lejos; y las últimas han sido realizadas a grandes toques, gruesamente y a manchones, de modo que de cerca no se pueden ver, aunque de lejos parecen perfectas. Y este método ha sido causa de que muchos, queriendo imitarlo y mostrarse hábiles, han realizado torpes pinturas; eso ocurre porque si bien muchos creen que los cuadros de Tiziano están ejecutados sin esfuerzo, la verdad es otra, y se engañan; porque se conoce que están elaborados, pintados y repintados tantas veces, que el trabajo resulta evidente. Y dicha técnica es razonable, bella y estupenda, porque da vida a las pinturas, hechas con gran arte, y oculta el esfuerzo desplegado.” (pp. 389-390)

Don Winslow
EL INVIERNO DE FRANKIE MACHINE (II)
Madrid, 2010, Martínez Roca.

 

“Conoció a modelos, coristas, crupieres, dealers y turistas que iban a pasárselo bien, sin complicaciones, y eso era lo que Frank les brindaba. Las llevaba a cenar a un lugar agradable, a espectáculos, siempre las trataba como si fuesen señoras y era un amante generoso y cariñoso. Frank descubrió que le gustaban mucho las mujeres y que ellas lo trataban con la misma gentileza. Todas menos Patty. Él la trataba mal y ella le pagaba con la misma moneda.
   Habló de eso una noche con Sherm, en un momento de tranquilidad en el local de Herbie.
-¿Por qué uno no puede estar con su mujer como está con sus amigas?
-Son razas diferentes, amigo mío -dijo Sherm-; especies totalmente diferentes.
-Tal vez si nos casáramos con las amigas...
-Lo he intentado -dice Sherm- en dos ocasiones.
-¿Y?
-Y se convierten en esposas -dijo Sherm-. Cuando se ponen a planear la boda, empieza la metamorfosis de gatita sexy a gata doméstica. No sirve y, si no me crees, pregúntale a mi abogado.
-Tú eres abogado.
-Pregúntale al abogado que me lleva los divorcios -dijo Sherm-. Dile que vas de mi parte... Tiene una barca que lleva mi nombre.
-No creo que sean ellas -dijo Frank-; creo que somos nosotros. Cuando dejamos de intentar llevarlas a la cama, porque ya están siempre allí, dejamos de esforzarnos y las convertimos en esposas.
-Yo diría que así es la vida, amigo mío -dijo Sherm-. ¡Así es la vida!
   «Yo diría que no», pensaba Frank.” (pp. 230-231)

Italo Calvino
SEIS PROPUESTAS PARA EL PRÓXIMO MILENIO
Madrid, 1998, Siruela.
 

 

“En los años veinte el Corriere dei Píccoli publicaba en Italia todos los comics norteamericanos más conocidos de la época: Happy Hooligan, the Katzenjammer Kids, Felix the Cat, Maggie and Jiggs, rebautizados todos con nombres italianos. Y había series italianas, algunas de excelente calidad por su gusto gráfico y estilo de época. En aquel tiempo en Italia el sistema de los balloons con las frases del diálogo no era todavía un recurso habitual (comenzó en los años treinta cuando se importó MickeyMouse); el Corriere dei Piccoli redibujaba las historietas norteamericanas sin los bocadillos, que eran sustituidos por dos o cuatro versos rimados al pie de cada imagen. Pero yo, que no sabía leer, podía prescindir perfectamente de las palabras, porque me bastaban los dibujos. Vivía con esta revistilla que mi madre había empezado a comprar y a coleccionar ya antes de mi nacimiento y que hacía encuadernar por años. Me pasaba las horas recorriendo las imágenes de cada serie de un número a otro, me contaba mentalmente las historias interpretando las escenas de diversas maneras, elaboraba variantes, fundía cada episodio en una historia más vasta, descubría, aislaba y relacionaba ciertas constantes en cada serie, contaminaba una serie con otra, imaginaba nuevas series en las que los personajes secundarios se convertían en protagonistas.
   Cuando aprendí a leer, la ventaja que obtuve fue mínima: aquellos versos simplotes de rimas pareadas no proporcionaban una información esclarecedora; eran a menudo interpretaciones conjeturales, igual que las mías; era evidente que el versificador no tenía la más mínima idea de lo que estaba escrito en los balloons del original, porque no sabía inglés o porque trabajaba con cartoons ya redibujados y enmudecidos. En todo caso, yo prefería ignorar las líneas escritas y seguir con mi ocupación favorita de fantasear dentro de cada viñeta y en su sucesión. 
   Esta costumbre retrasó sin duda mi capacidad para concentrarme en la palabra escrita (la atención necesaria para la lectura la conseguí sólo más tarde y con esfuerzo), pero la lectura de las figuras sin palabras fue sin duda para mí una escuela de fabulación, de estilización, de composición de la imagen. Por ejemplo, la elegancia gráfica de Pat O’Sullivan al pintar en el pequeño cartoon cuadrado la silueta negra de Felix the Cat, en una calle que se pierde en el paisaje dominado por una luna llena en el cielo negro, creo que quedó para mí como un modelo.” (pp. 99-100)

Don Winslow
EL INVIERNO DE FRANKIE MACHINE (I)
Madrid, 2010, Martínez Roca.


“Borrego Springs es un oasis en el Parque Estatal del Desierto de Anza-Borrego, más de tres mil kilómetros cuadrados de uno de los terrenos más agrestes del país. Quienes lo fundaron pensaban que llegaría a ser la próxima Palm Springs, pero no fue así, sobre todo porque solo hay dos carreteras para llegar a la ciudad y las dos son pésimas y sinuosas y atraviesan kilómetros y kilómetros de un desierto implacable e inhóspito. Alrededor de una docena de «mojados» pierden la vida todos los años intentando atravesar el desierto desde el lado mexicano, tanto es así que la Patrulla Fronteriza ha empezado a enterrar agua bajo unos postes de nueve metros de altura con una bandera roja en el extremo, para tratar de evitarlo.
   De modo que, en realidad, la ciudad nunca prosperó y en la actualidad viven allí sobre todo una reducida población flotante de jubilados que huyen del frío y un par de miles de almas intrépidas que pasan allí todo el año, incluso el verano, cuando las temperaturas pueden subir por encima de los cincuenta grados.” (p. 204)

lunes, 9 de marzo de 2026

Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (III)
Barcelona, 2025, Anagrama.




“Se trata de una sentencia trágica del psicoanálisis: el retorno a la madre, a la vida intrauterina original, al Uno indiviso, es una aspiración tan deseada como imposible. Por eso identifica Freud en la figura de la madre el único objeto posible de la nostalgia: el regreso que constituye la matriz inconsciente de toda tendencia al regreso es el regreso al cuerpo de la madre. Así pues, la condición de exiliado no solo define el viaje de Ulises, sino el de todo ser humano obligado a asumir la distancia que lo separa irreversiblemente del cuerpo de su propia madre.” (p. 93)


 

Carlo Ginzburg
EL QUESO Y LOS GUSANOS (II)
Barcelona, 2016, Península.

 

“La secular hostilidad entre campesinos y molineros había consolidado una imagen del molinero malicioso, ladrón, pendenciero, destinado por definición a las penas del infierno. Es un estereotipo negativo ampliamente documentado en tradiciones populares, leyendas, proverbios, fábulas, cuentos. «Fui al infierno y vi al Anticristo», dice una canción popular toscana

y por las barbas retenía a un molinero,
bajo los pies a un alemán,
aquí y allá un posadero, un carnicero:
le pregunté por el más malvado,
y me dijo: «Atento que te lo enseño.
Mira quién con las manos trepa:
el molinero de la blanca harina.
Mira quién con las manos ase,
el molinero de la blanca harina.
Del cuartillo al celemín;
éste es el más ladrón: el molinero».” (pp. 217-218)

 

Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (II)
Barcelona, 2025, Anagrama.

 

“Una vez, un paciente se pasó toda la sesión llorando sin parar. Su llanto parecía incontenible. Era un hombre de más de cincuenta años que estaba tratando de hablarme sobre la muerte de su esposa. La herida de la separación parecía muy reciente, como si hubiera ocurrido ayer. Por su aspecto descuidado y desaliñado daba la impresión de que acababa de sufrir un grave accidente. Sin embargo, cuando le pregunté cuánto tiempo hacía que su mujer había fallecido, la respuesta me sorprendió. «Veinte años», dijo. Un testimonio, en efecto, de hasta qué punto el tiempo del duelo es un tiempo suspendido, bloqueado, inmóvil. El dolor que sentía al hablarme de pérdida era el mismo que había experimentado veinte años antes; nada había cambiado, todo había permanecido igual; la misma desesperación, el mismo sentimiento de abandono, la misma percepción de que su vida nunca volvería a tener sentido alguno.” (p. 44)

Carlo Ginzburg
EL QUESO Y LOS GUSANOS (I)
Barcelona, 2016, Península.

 

“Es esa tradición, profundamente enraizada en la campiña europea, lo que explica la tenaz persistencia de una religión campesina intolerante ante dogmas y ceremonias, vinculada a los ritmos de la naturaleza, fundamentalmente precristiana. Era con frecuencia un auténtico extrañamiento del cristianismo, como en el caso de los pastores de Eboli, que a mediados del siglo XVII les parecían a los consternados padres jesuitas «hombres, que no tienen de humano más que el aspecto, siendo en su capacidad y saber no muy distintos de los mismos animales que guardan: totalmente ignorantes, no ya de las oraciones, o de otros misterios particulares de la santa Fe, sino del propio conocimiento de Dios». Pero también en circunstancias de menor aislamiento geográfico y cultural se pueden descubrir los signos de esta religión campesina que había asimilado y remodelado las aportaciones ajenas, empezando por las cristianas. El viejo campesino inglés que imaginaba a Dios como un «buen viejo», a Cristo como un «joven apuesto», al alma como un «hueso grande dentro del cuerpo», y al más allá como un «bello prado verde» adonde se va si se obra bien, no ignoraba, por supuesto, los dogmas cristianos; simplemente los volvía a traducir en imágenes que se adaptaban a su experiencia, a sus aspiraciones, a sus fantasías.” (pp. 206-207)

Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (I)
Barcelona, 2025, Anagrama.

 

“Por tal motivo, la reacción emotiva del duelo no significa en sí misma la introyección efectiva de la separación. Más bien lo contrario: el dolor del duelo muestra que el objeto perdido sigue presente, que es una sombra que se adhiere a nuestra vida. (…) Se trata de una de las paradojas más sensibles de la experiencia del duelo: el objeto amado ya no está; está muerto, ha desaparecido, se ha ido, pero su ausencia es la forma más perturbadora de su presencia.” (p. 43)
[Las cursivas pertenecen a la cita.]