lunes, 9 de marzo de 2026

Textos para la reflexión

Tengo el hábito de escribir en un cuaderno de notas los pasajes más interesantes de las obras que leo o releo. Son fragmentos difícilmente clasificables, tanto en naturaleza como en extensión, pero todos ellos tienen algo en común: invitan a reflexionar. A veces proceden de obras encomiables y a veces no. Mi tino (o desatino) al elegirlos se reduce a los pasajes mismos, pero nunca a la obra completa. Poco a poco, y si el tiempo me lo permite, iré introduciendo en el blog algunos de estos textos. Cuando me ha sido posible he consignado la página de procedencia de la cita, pero no siempre he mantenido tan saludable costumbre. Espero que os sean de utilidad.


Agustín Izquierdo Alberca
Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (III)
Barcelona, 2025, Anagrama.




“Se trata de una sentencia trágica del psicoanálisis: el retorno a la madre, a la vida intrauterina original, al Uno indiviso, es una aspiración tan deseada como imposible. Por eso identifica Freud en la figura de la madre el único objeto posible de la nostalgia: el regreso que constituye la matriz inconsciente de toda tendencia al regreso es el regreso al cuerpo de la madre. Así pues, la condición de exiliado no solo define el viaje de Ulises, sino el de todo ser humano obligado a asumir la distancia que lo separa irreversiblemente del cuerpo de su propia madre.” (p. 93)


 

Carlo Ginzburg
EL QUESO Y LOS GUSANOS (II)
Barcelona, 2016, Península.

 

“La secular hostilidad entre campesinos y molineros había consolidado una imagen del molinero malicioso, ladrón, pendenciero, destinado por definición a las penas del infierno. Es un estereotipo negativo ampliamente documentado en tradiciones populares, leyendas, proverbios, fábulas, cuentos. «Fui al infierno y vi al Anticristo», dice una canción popular toscana

y por las barbas retenía a un molinero,
bajo los pies a un alemán,
aquí y allá un posadero, un carnicero:
le pregunté por el más malvado,
y me dijo: «Atento que te lo enseño.
Mira quién con las manos trepa:
el molinero de la blanca harina.
Mira quién con las manos ase,
el molinero de la blanca harina.
Del cuartillo al celemín;
éste es el más ladrón: el molinero».” (pp. 217-218)

 

Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (II)
Barcelona, 2025, Anagrama.

 

“Una vez, un paciente se pasó toda la sesión llorando sin parar. Su llanto parecía incontenible. Era un hombre de más de cincuenta años que estaba tratando de hablarme sobre la muerte de su esposa. La herida de la separación parecía muy reciente, como si hubiera ocurrido ayer. Por su aspecto descuidado y desaliñado daba la impresión de que acababa de sufrir un grave accidente. Sin embargo, cuando le pregunté cuánto tiempo hacía que su mujer había fallecido, la respuesta me sorprendió. «Veinte años», dijo. Un testimonio, en efecto, de hasta qué punto el tiempo del duelo es un tiempo suspendido, bloqueado, inmóvil. El dolor que sentía al hablarme de pérdida era el mismo que había experimentado veinte años antes; nada había cambiado, todo había permanecido igual; la misma desesperación, el mismo sentimiento de abandono, la misma percepción de que su vida nunca volvería a tener sentido alguno.” (p. 44)

Carlo Ginzburg
EL QUESO Y LOS GUSANOS (I)
Barcelona, 2016, Península.

 

“Es esa tradición, profundamente enraizada en la campiña europea, lo que explica la tenaz persistencia de una religión campesina intolerante ante dogmas y ceremonias, vinculada a los ritmos de la naturaleza, fundamentalmente precristiana. Era con frecuencia un auténtico extrañamiento del cristianismo, como en el caso de los pastores de Eboli, que a mediados del siglo XVII les parecían a los consternados padres jesuitas «hombres, que no tienen de humano más que el aspecto, siendo en su capacidad y saber no muy distintos de los mismos animales que guardan: totalmente ignorantes, no ya de las oraciones, o de otros misterios particulares de la santa Fe, sino del propio conocimiento de Dios». Pero también en circunstancias de menor aislamiento geográfico y cultural se pueden descubrir los signos de esta religión campesina que había asimilado y remodelado las aportaciones ajenas, empezando por las cristianas. El viejo campesino inglés que imaginaba a Dios como un «buen viejo», a Cristo como un «joven apuesto», al alma como un «hueso grande dentro del cuerpo», y al más allá como un «bello prado verde» adonde se va si se obra bien, no ignoraba, por supuesto, los dogmas cristianos; simplemente los volvía a traducir en imágenes que se adaptaban a su experiencia, a sus aspiraciones, a sus fantasías.” (pp. 206-207)

Massimo Recalcati
LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS (I)
Barcelona, 2025, Anagrama.

 

“Por tal motivo, la reacción emotiva del duelo no significa en sí misma la introyección efectiva de la separación. Más bien lo contrario: el dolor del duelo muestra que el objeto perdido sigue presente, que es una sombra que se adhiere a nuestra vida. (…) Se trata de una de las paradojas más sensibles de la experiencia del duelo: el objeto amado ya no está; está muerto, ha desaparecido, se ha ido, pero su ausencia es la forma más perturbadora de su presencia.” (p. 43)
[Las cursivas pertenecen a la cita.]