lunes, 9 de marzo de 2026

Carlo Ginzburg
EL QUESO Y LOS GUSANOS (I)
Barcelona, 2016, Península.

 

“Es esa tradición, profundamente enraizada en la campiña europea, lo que explica la tenaz persistencia de una religión campesina intolerante ante dogmas y ceremonias, vinculada a los ritmos de la naturaleza, fundamentalmente precristiana. Era con frecuencia un auténtico extrañamiento del cristianismo, como en el caso de los pastores de Eboli, que a mediados del siglo XVII les parecían a los consternados padres jesuitas «hombres, que no tienen de humano más que el aspecto, siendo en su capacidad y saber no muy distintos de los mismos animales que guardan: totalmente ignorantes, no ya de las oraciones, o de otros misterios particulares de la santa Fe, sino del propio conocimiento de Dios». Pero también en circunstancias de menor aislamiento geográfico y cultural se pueden descubrir los signos de esta religión campesina que había asimilado y remodelado las aportaciones ajenas, empezando por las cristianas. El viejo campesino inglés que imaginaba a Dios como un «buen viejo», a Cristo como un «joven apuesto», al alma como un «hueso grande dentro del cuerpo», y al más allá como un «bello prado verde» adonde se va si se obra bien, no ignoraba, por supuesto, los dogmas cristianos; simplemente los volvía a traducir en imágenes que se adaptaban a su experiencia, a sus aspiraciones, a sus fantasías.” (pp. 206-207)