lunes, 14 de septiembre de 2015


Luca Cavalli-Sforza 
¿QUIÉNES SOMOS? HISTORIA DE LA DIVERSIDAD HUMANA (I)
Barcelona, 1994, Crítica.



“Vale la pena recordar que cuando se descubrieron los primeros huesos de dinosaurio, también en el siglo pasado, se dijo que no podían pertenecer a una especie desaparecida, porque era imposible que Dios hubiera creado seres vivos y luego, al descubrir que se había equivocado, los hubiera llevado a la extinción. El principal anatomopatólogo de la época, un alemán llamado Rudolf Virchow, dijo que los huesos de Neandertal eran el resultado de una enfermedad padecida por el hombre al que habían pertenecido. Era tal su prestigio, que otros científicos rectificaron su propia interpretación, más cercana a la actual.” (pp. 52-53)

“Somos muy poco distintos. Acostumbrados a resaltar la diferencia entre piel blanca y piel negra, o entre las estructuras faciales, tendemos a creer que hay grandes diferencias entre europeos, africanos, asiáticos, etcétera. En realidad, los genes responsables de estas diferencias visibles son los que han cambiado en respuesta al clima. Quienes hoy viven en los trópicos o en el ártico han tenido que adaptarse a las condiciones locales en el transcurso de la evolución. No puede haber demasiada variación individual en los caracteres que controlan nuestra capacidad para vivir en nuestro medio. También tenemos que tener en cuenta otra necesidad: los genes que responden al clima influyen sobre caracteres externos del cuerpo, porque la adaptación al clima requiere sobre todo que haya modificaciones en la superficie del cuerpo (que es nuestra interfase con el mundo exterior). Al ser exteriores, estas diferencias raciales saltan a la vista, y automáticamente pensamos que en el resto de la constitución genética debe haber diferencias de la misma envergadura. Pero no es así: en el resto de nuestra constitución nos diferenciamos poco.” (p. 185)

[Las cursivas pertenecen al texto.]

“Mil quinientos años son más que suficientes para dejar de entenderse. Islandia fue colonizada por los noruegos a finales del siglo IX d. C. Los islandeses todavía pueden entender con dificultad las lenguas de la península escandinava, pero a los escandinavos les cuesta mucho entender a los islandeses. En este ejemplo, mil años son un tiempo mínimo para que una lengua cambie lo suficiente para hacerse incomprensible.” (p. 239)