domingo, 26 de febrero de 2012

Joseph Pérez
MITOS Y TÓPICOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA Y AMÉRICA
Madrid, 2006, Algaba.


"El pobre, en las sociedades del Antiguo Régimen, es el que no tiene más recursos que su fuerza de trabajo y está obligado a alquilarla para vivir y dar de comer a su familia. Debe trabajar o mendigar. Por lo tanto, la pobreza nos remite a la noción de trabajo, casi siempre como una fatalidad degradante. Los moralistas condenan la ociosidad, pero distinguen entre actividad (obrar) y trabajar; todos deben tener ocupación; sólo los pobres están obligados a tener ocupación (4). Despreciado durante mucho tiempo como una consecuencia del pecado original, el trabajo empieza a ser rehabilitado a partir del siglo XIII, con la recuperación de las actividades económicas. El giro se produce tras la devastación de la peste negra: cuando surge la urgencia de recuperar los campos, se exalta las virtudes del trabajo productivo. Es entonces cuando la ociosidad y la mendicidad se presentan cada vez con más frecuencia como plagas sociales y morales. El pobre es percibido como un criminal en potencia. La negativa a trabajar es comparada con un delito y se empieza a distinguir entre los mendigos verdaderos y los falsos. En Castilla, un texto de Juan I (1387) autoriza a los particulares a detener a los vagabundos y a ponerlos a trabajar durante un mes sin pagarles ningún salario. La actitud de la Iglesia es ambigua. Reconoce la importancia del trabajo, pero mantiene la superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa; considera la mendicidad profesional como un pecado, pero sigue afirmando que dar limosna es una obligación a la que los ricos no pueden sustraerse; convierte la mendicidad voluntaria en un signo de perfección: ¿cómo podrían los cristianos no acoger favorablemente a todos los que tienden la mano cuando ven a las órdenes religiosas, las llamadas precisamente órdenes mendicantes, hacer el voto de vivir de la caridad pública? A finales de la Edad Media se oscila entre dos actitudes: o bien se ve en la pobreza una virtud y en el mendigo la imagen de Cristo, o bien se la juzga degradante y muy pronto peligrosa:"

(4): "A subrayar esta frase de Francisco de Osuna, citada por Anne Roudié-Milhou: <<Dios mandó al hombre rico que obrase y no le dijo que trabajase, que esto pertenece a los pobres.>>" (p. 113)