Antonio Colinas
LA SIMIENTE ENTERRADA: un viaje a China (II)
Madrid, 2008, Siruela.
“Este aire húmedo y contaminado, febril de Xi'an me hizo pensar en la llamada «niebla amarilla», una gigantesca nube tóxica que, según los estudiosos de la atmósfera, contiene cenizas, sulfatos, ácidos y gases en suspensión, además de otras partículas. Se extiende sobre el sudoeste de Asia y afecta a varios países, pero con los ciclones se desplaza con facilidad de unos a otros. Una nube contaminadora que, al contrario de los gases del efecto invernadero, provoca enfriamiento y aridez en la tierra; una nube que tiene sus epicentros en las grandes zonas industriales de Shanghai, Calcuta, Bombay, Delhi, y en otras de Corea o de Tailandia. La «niebla amarilla» puede llegar a alcanzar los tres kilómetros de espesor. Esta especie de «sombrilla» de suciedad disminuye notablemente la llegada de la luz solar y afecta a la fotosíntesis de las plantas y, en cnsecuencia, a la agricultura y a la salud humanas. No debe insistir aquí en otras posibles consecuencias escalofriantes.” (p. 115)
“Cuando Goethe le daba a Eckermann, su secretario, su opinión sobre la poesía china se quedaba sólo en lo más epidérmico de ésta, por no decir que se equivocaba de lleno, como tantas otras personas que no comprenden su sentido simbólico. Goethe ignora la sustancia del poema chino y habla, con ironía, a la ligera, de «pececillos dorados», de «estanques», de «pajarillos que pían» y de la «luna», sin saber que estos engañosos elementos no conforman una estética de lo superficial, sino una simbología. El mundo -incluido el elemental que aparece en tantos poemas chinos- es demasiado claro para que lo entendiese el «gran alemán».” (p. 149)
LA SIMIENTE ENTERRADA: un viaje a China (II)
Madrid, 2008, Siruela.
“Este aire húmedo y contaminado, febril de Xi'an me hizo pensar en la llamada «niebla amarilla», una gigantesca nube tóxica que, según los estudiosos de la atmósfera, contiene cenizas, sulfatos, ácidos y gases en suspensión, además de otras partículas. Se extiende sobre el sudoeste de Asia y afecta a varios países, pero con los ciclones se desplaza con facilidad de unos a otros. Una nube contaminadora que, al contrario de los gases del efecto invernadero, provoca enfriamiento y aridez en la tierra; una nube que tiene sus epicentros en las grandes zonas industriales de Shanghai, Calcuta, Bombay, Delhi, y en otras de Corea o de Tailandia. La «niebla amarilla» puede llegar a alcanzar los tres kilómetros de espesor. Esta especie de «sombrilla» de suciedad disminuye notablemente la llegada de la luz solar y afecta a la fotosíntesis de las plantas y, en cnsecuencia, a la agricultura y a la salud humanas. No debe insistir aquí en otras posibles consecuencias escalofriantes.” (p. 115)
“Cuando Goethe le daba a Eckermann, su secretario, su opinión sobre la poesía china se quedaba sólo en lo más epidérmico de ésta, por no decir que se equivocaba de lleno, como tantas otras personas que no comprenden su sentido simbólico. Goethe ignora la sustancia del poema chino y habla, con ironía, a la ligera, de «pececillos dorados», de «estanques», de «pajarillos que pían» y de la «luna», sin saber que estos engañosos elementos no conforman una estética de lo superficial, sino una simbología. El mundo -incluido el elemental que aparece en tantos poemas chinos- es demasiado claro para que lo entendiese el «gran alemán».” (p. 149)