Peter Novick
JUDÍOS, ¿VERGUENZA O VICTIMISMO? (III)
El Holocausto en la vida americana
Madrid, 2007, Marcial Pons.
“La Segunda Guerra Mundial era la «guerra buena», que había enfrentado a las fuerzas de la decencia humana con el régimen más criminal que el mundo hubiera conocido nunca. El aura virtuosa de los Aliados se extendía a nuestros socios soviéticos, principales protagonistas de la derrota de Alemania y los que más pérdidas habían sufrido. Durante la guerra, la prensa retrataba a la Unión Soviética en términos elogiosos: aunque estaba claro que en muchos sentidos no era como Estados Unidos, seguía siendo uno de los «nuestros», y contrastaba no sólo moral sino moralmente con «ellos».
JUDÍOS, ¿VERGUENZA O VICTIMISMO? (III)
El Holocausto en la vida americana
Madrid, 2007, Marcial Pons.
“La Segunda Guerra Mundial era la «guerra buena», que había enfrentado a las fuerzas de la decencia humana con el régimen más criminal que el mundo hubiera conocido nunca. El aura virtuosa de los Aliados se extendía a nuestros socios soviéticos, principales protagonistas de la derrota de Alemania y los que más pérdidas habían sufrido. Durante la guerra, la prensa retrataba a la Unión Soviética en términos elogiosos: aunque estaba claro que en muchos sentidos no era como Estados Unidos, seguía siendo uno de los «nuestros», y contrastaba no sólo moral sino moralmente con «ellos».
Todo esto cambió con increíble velocidad después de 1945. Los rusos dejaron de ser aliados indispensables para transformarse en enemigos implacables, mientras que los alemanes experimentaban un cambio en sentido inverso. En 1945 los estadounidenses habían ovacionado a las fuerzas soviéticas que reducían Berlín a escombros; en 1948 organizaban el puente aéreo que defendía a los «aguerridos berlineses» de la amenaza soviética. La apoteosis del mal -la encarnación de la depravación sin límites- se había reubicado y había que movilizar a la opinión pública para que aceptara la nueva visión del mundo. Los símbolos que reforzaban la antigua concepción ya no eran funcionales. En realidad, ahora eran tremendamente disfuncionales y recordaban a los estadounidenses lo poco que hacía que nuestros aliados habían sido considerados monstruos.” (pp. 101-102)