L. Pauwels y J. Bergier
LA REBELIÓN DE LOS BRUJOS
Barcelona, 1973, Plaza & Janés.
LA REBELIÓN DE LOS BRUJOS
Barcelona, 1973, Plaza & Janés.
“Echemos un nuevo vistazo a nuestro propio tiempo. ¡Cuán poco espacio ocupa la pasión del saber! ¡Y qué extensión más grande el afán y la necesidad de saber hacer! Nuestro mundo técnico seguiría su marcha ascensional durante años, durante siglos, aunque toda nuestra ciencia se detuviese mañana en el punto alcanzado, y aunque se olvidasen los principios generales.
La ciencia intervino muy tardíamente en la técnica, y no sin encontrar resistencia, pues la impaciencia del hacer tolera mal los engorros del saber. Desde luego, el conocimiento de las leyes de la Naturaleza permite actuar sobre ésta. La ciencia delegó sus poderes en los prácticos, en ingenieros científicamente instruidos. Pero la acción sobre la Naturaleza demuestra, a veces, que aquel conocimiento es falso, o insuficiente, o más sencillamente, indiferente. El inventor no pertenece al mundo de las leyes, sino al de los actos. No es una mente ilustrada. Es una mente inflamada por la voluntad de poder inmediato. Su fuego interior le impulsa a triunfar, con independencia de que la Ciencia considere realizable o irrealizable su proyecto. […] La imagen del «gran sabio», que resplandeció durante un siglo, está perdiendo consistencia. El gran sabio pertenece a una especie cada día más rara. Arrastrado por la ola, o, más estúpidamente, por los deberes administrativos, este tipo de hombre, que se entregó a una vocación casi religiosa en favor de la inteligencia pura, justamente orgulloso de su saber, absorto en ideas generales, preocupado por las consecuencias de su trabajo, está quedando anticuado. Por otra parte, es significativo que, en la actualidad, se sustituya la palabra «sabio» por la de «investigador». Lo cual no es efecto de la modestia. Lo que ocurre es que el «investigador» pertenece ya a otra raza, más estrechamente especializada y orientada por entero hacia el saber hacer.” (pp. 244-245)