Robert D. Kaplan
TIERRA BALDÍA (II)
Barcelona, 2025, RBA.
“Las armas nucleares siguen teniendo su uso, y no solo para el lado perdedor o más débil en una guerra convencional. Un líder provisto de armas nucleares, o cualquier clase de armas de destrucción masiva (ADM) en realidad, tiene protección frente a una invasión extranjera. El dictador libio Muamar el Gadafi renunció a sus armas de destrucción masiva y en consecuencia los estadounidenses apoyaron su derrocamiento y asesinato, pues estaba claro que no tenía defensa frente a una revuelta popular ni armas no convencionales a gran escala para utilizar o amenazar con utilizar. El dictador norcoreano Kim Jong-un mantuvo sus armas nucleares, así que Estados Unidos no se ha arriesgado a una guerra con su régimen. (…) Si Rusia no hubiera tenido un arsenal de armas nucleares, la administración Biden habría dotado probablemente a Ucrania con más tipos de armamento y mucho antes. Luego está el caso del clerical Irán, que durante décadas se concentró obsesivamente en su programa nuclear porque sabía que, incluso sin detonar una de esas bombas, su capacidad para intimidar a sus vecinos se multiplicaría por varios órdenes de magnitud. Los arsenales nucleares, o sus equivalentes, existirán probablemente siempre, ya que no es necesario detonar una bomba nuclear para sacarle partido.” (pp. 70-71)