Textos para la reflexión
En este espacio encontrarás información sobre todas mis publicaciones: NARRATIVA, EDUCACIÓN, HISTORIA Y ANTROPOLOGÍA.
Textos para la reflexión
Mahi Binebine
YO, EL BUFÓN DEL REY
Barcelona, 2018, Alfaguara.
“Las arrugas del chambelán, que le arrancaban de la ancha frente, se acentuaban entre las cejas, dándole el aspecto de un león solitario y flaco; le rodeaban los ojos y se dispersaban, en forma de patas de gallo, para desplomarse en los pómulos, arrugados como higos pasos; le surcaban luego el sendero del llanto, fluían hasta la comisura de los labios, de los que tiraban hacia abajo, y por fin morían en el hoyo de una barbilla partida particularmente fea. El conjunto formaba algo así como un trapo arrugado en que la depresión parecía haber afincado para siempre su territorio.” (p. 108)
Alejandro Martín Navarro
EL VIAJE SOLITARIO
La filosofía y al búsqueda de la naturaleza perdida
Sevilla, 2024, Renacimiento.
“Los antiguos griegos tenían una visión idealista de la vida. Basaron su civilización en una firme fe en los grandes ideales: los viajes de Jasón, de Ulises, de los navegantes y conquistadores, así como las instituciones educativas y políticas de los antiguos habitantes de la Hélade, evidencian una creencia inquebrantable en que el hombre está llamado a una meta más alta que sí mismo. Nuestro destino es ser siempre algo más de lo que ya somos. En realidad, tener un ideal es también tener un asidero a la vida. Nos permite situarnos, saber qué somos y cuál es nuestra meta. Una persona sin ideales es, por el contrario, alguien permanentemente a la deriva, arrastrada por filias y fobias pasajeras, alguien que no consigue nunca dar una dirección a lo que hace. Y lo mismo sucede con las sociedades: una civilización, cuando ha perdido la tensión hacia lo ideal, entra en crisis, se diluye, se deja vencer por las fuerzas disgregantes de la historia. Tal vez esto es lo que sucede hoy, a la luz de lo que vemos cada día en los telediarios y en las redes sociales: una sociedad que no sabe muy bien cuál es su meta. Lo dijo Nietzsche, rotundo como siempre: «Ningún viento es favorable para quien no sabe adónde va».” (pp. 171-172)