viernes, 22 de junio de 2012


Carlos Fisas
EROTISMO EN LA HISTORIA
Barcelona, 1999, Plaza y Janés.


“El siglo XIX, cargado de hipocresía y pudibundez, es paradigma de una sociedad puritana. Resulta curioso que el noventa por ciento de las principales novelas de la época estén dedicadas al adulterio. Ana Karenina, La Regenta, Madame Bovary, La Cartuja de Parma, Fortunata y Jacinta, etcétera son claros ejemplos de ello, y al propio tiempo que la sociedad decimonónica hacia un culto de la fidelidad conyugal y de la honestidad de costumbres, se glorificaba, o por lo menos se justificaba, el adulterio y se enaltecía a la prostituta. La dama de las camelias o Dulce y sabrosa dan buena cuenta de ello. Ni que decir tiene que la sociedad victoriana inglesa, tan pacata y puritana, estaba podrida por dentro. Consúltese a este respecto los escalofriantes reportajes de la Pall Mall Gazette, que causaron escándalo en la época al descubrir el negocio y la organización del comercio derivado de la prostitución de menores.” (p. 15)

“Pocos son los escritores que han escrito obras pornográficas, y seguro que nadie piensa que entre ellos se encontraba Mark Twain; sin embargo, publicó una, titulada 1601, de la que el propio autor dijo simplemente: <<Si hay alguna palabra decente en la obra, es que se me pasó por alto>>.” (p. 104)

“En su libro Tierra de los hombres Antoine de Saint-Exupéry escribe una frase famosa: <<Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección>>. Desgraciadamente, en muchos matrimonios cuando los dos miran en la misma dirección es que allí está el televisor.” (p. 178)

viernes, 15 de junio de 2012


Entrevista a William Faulkner 
The Paris Review: William Faulkner, The Art of Fiction No. 12. 
Entrevista de Jean Stein (New York, 1956)
http://www.theparisreview.org/


ENTREVISTADOR
Sr. F., decía usted hace un rato que no le gustan las entrevistas

WILLIAM FAULKNER
La razón por la que no me gustan las entrevistas es que al parecer reacciono violentamente a las preguntas personales. Si las preguntas son sobre el trabajo, intento responderlas. Cuando son sobre mí, puede que responda o puede que no, pero incluso cuando respondo, si la misma pregunta me la hacen al día siguiente, la respuesta puede que sea diferente.
 (...)

ENTREVISTADOR
Hay quienes dicen que no pueden entender sus textos, incluso después de leerlos dos o tres veces. ¿Qué les aconsejaría?

FAULKNER

Leerlos cuatro veces.

(...)

ENTREVISTADOR
¿Qué tipos de trabajo hacía para ganar un poco de dinero de vez en cuando?

FAULKNER
Lo que saliera. Podía hacer un poco de casi cualquier cosa –conducir barcos, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesité mucho dinero porque vivir en New Orleans en aquella época era barato, y todo lo que quería era un lugar para dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que podía hacer durante dos o tres días y ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Por temperamento, soy un vagabundo. No me gusta el dinero tanto como para trabajar por ello. En mi opinión, es una pena que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas al día, día tras día, es trabajar. No se puede comer durante ocho horas al día, ni beber durante ocho horas al día, ni hacer el amor durante ocho horas -todo lo que puedes hacer durante ocho horas es trabajar. Ésta es la razón por la que el hombre hace que él mismo y todos los demás se sientan tan miserables e infelices.

(...)

ENTREVISTADOR
¿Y qué opina de la función de los críticos?

FAULKNER
El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores, leen las revistas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leer revistas. El crítico también intenta decir “Kilroy estuvo aquí”. Su función no está dirigida hacia el artista en sí. El artista está por encima del crítico, porque el artista escribe algo que provocará al crítico. El crítico escribe algo que provocará a todo el mundo, pero no al artista.

ENTREVISTADOR
-Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?

FAULKNER
-No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que gustarme a mí, y si me gusta entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me gusta, hablar sobre ella no la mejorará, ya que lo único que podría mejorarla sería trabajar más en ella. No soy un literato, sólo soy un escritor. No obtengo ningún placer de hablar de los problemas del oficio.
(La traducción es mía.)
Charles Dickens
GRANDES ESPERANZAS
Madrid, 2002, Suma de Letras.


“Después me sostuvo por los brazos de pie sobre la losa y continuó en estos horrendos términos:
-Mañana por la mañana, temprano, me vas a traer la lima y la comida. Me lo traerás todo a aquella vieja batería de allí abajo. Si lo haces sin atreverte a decir jamás una palabra o hacer un signo que pueda dar a entender que me has visto o que has visto a nadie, se te dejará con vida. Pero no lo hagas o apártate  de mis instrucciones en algún detalle por pequeño que sea, y verás cómo alguien te arranca el hígado y el corazón, los asa y se los come. Te advierto que no estoy solo, como podrías figurarte. Hay un joven escondido conmigo; comparado con él yo soy un ángel. Este joven está oyendo ahora lo que digo. Este joven tiene una manera secreta, que sólo él conoce, de llegar hasta un niño y arrancarle el hígado y el corazón. Es inútil que un niño pretenda esconderse de este joven. Un niño puede haber cerrado su puerta con llave, puede estar metido en su cama, puede arroparse bien, puede subirse el embozo hasta la cabeza, pero aquel joven hallará manera de irse acercando hasta él y abrirle en canal. Ahora mismo, me cuesta gran trabajo contener a este joven para que no te haga daño. Me cuesta mucho impedir que te llegue a las entrañas.
Le dije que le procuraría la lima y las cosas de comer que pudiera encontrar, y que se lo traería todo a la batería por la mañana temprano.
-¡Di que Dios te mate si no lo haces! –dijo el hombre.
Lo dije, y él me bajó de la losa.
-¡Ahora –prosiguió-, recuerda lo que has prometido, piensa en este joven y vete a casa!
-Buenas noches, señor –balbucí yo.
-¡Y tan buenas! –dijo él volviéndose a mirar la fría y mojada llanura-. ¡Si al menos fuese yo una rana! ¡O una anguila!” (pp. 21-22)

“En el pequeño mundo en que viven los niños, sea quien sea el que los eduque, no hay nada que se perciba con tanta delicadeza ni que se sienta tan agudamente como la injusticia. La injusticia de la que el niño es objeto puede ser sólo una pequeña injusticia; pero el niño es pequeño y su caballo de cartón es tan alto, en proporción, como un grande y huesudo caballo irlandés.” (p. 99)


jueves, 7 de junio de 2012


Lope de Vega
SONETO
Soneto extraído del libro Lope de Vega: su vida y su obra, de Alonso Zamora Vicente. Madrid, 1961, Gredos, (p. 181).


“Desmayarse, atreverse, estar furioso, 
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño,

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar vida y el alma a un desengaño,
esto es amor; quién lo probó lo sabe.”

Friedrich Nietzsche
EN TORNO A LA VOLUNTAD DE PODER
Barcelona, 1986, Planeta–De Agostini.


“El pensamiento y las creencias son un peso que agobia, tanto y más que cualquier otro peso. ¿Dices que los alimentos, el ambiente, el aire, la sociedad te transforman y te condicionan? Pues bien, tus opiniones todavía lo hacen más, porque ellas te condicionan la selección de los alimentos, de tu casa, de tu aire, de tu sociedad.” (p. 156)

domingo, 3 de junio de 2012

Juan Goytisolo
VAMOS A MENOS
Madrid, EL PAÍS, 10-enero-2001.


“La decisión del jurado del Premio Cervantes el pasado mes de diciembre prueba de modo concluyente (por si hubiera aún necesidad de ello) la putrefacción de la vida literaria española, el triunfo del amiguismo pringoso y tribal, la existencia de fratrías, compinches y alhóndigas, la apoteosis grotesca del esperpento. Sí, Spain is different, y lo es sin remedio. Las vehementes declaraciones de amor del laureado, de un amor que, a diferencia del de Wilde y Gide, sí se atreve a decir su nombre, al secretario de Estado de Cultura ('¡Ay, mi amor, cuántas cosas te debo! Me has hecho un hombre. De verdad que estoy con vosotros. Cuenta conmigo para lo que quieras'); sus expresiones chulas e insultantes respecto a los otros candidatos, entre los que por fortuna no me hallaba yo ('ahora sí que les hemos jodido bien', '¡esto es la polla!'); sus muy rendidas gracias a quienes 'se lo han trabajado [el premio] a muerte' (su padrino, José Hierro y el crítico estrella de este periódico), resultarían inconcebibles en otro país que el nuestro. En la flamante España que va a más, la ignorancia, desfachatez y venalidad reinantes permiten galardonar no a Valente, sino a don José García Nieto, pues en razón de la ausencia casi general de criterios de valor, todo vale. En corto, la cultura ha sido sustituida por su simulacro mediático y nadie o muy pocos elevan la voz contra ese estado de cosas. La resignación y el conformismo con los poderes fácticos reinan en el campo literario como en los felices tiempos del franquismo.
Lo más extraordinario de este inefable festival de burlas y vanidades es la insistencia del galardonado en la índole 'política' de su premio y su recompensa a 'la España progresista' que él encarna. ¡El autoproclamado escritor de izquierdas, e incluso rojo, publicaba sin duda en Cuadernos de Ruedo Ibérico o Nuestras Ideas, y no en la La Gaceta Literaria! Para un memorialista de su pedigrí, la desmemoria que afecta a la vida española es una baza única. ¡Del patrocinio de don Juan Aparicio al de Luis Alberto de Cuenca, qué impecable trayectoria de izquierdas!
Mas lo ocurrido con el cervantes -empleemos la minúscula para evitar el ultraje a la memoria de nuestro primer escritor- no puede considerarse con todo un hecho aislado: se inscribe en un cuadro genérico de premios, recompensas, medallas, galardones, ditirambos y propaganda desaforada destinados a transformar en obras de arte unos partos de mediocridad escasamente áurea cuando no atentados mortales a la inteligencia y buen gusto. La distinción fundamental entre el texto literario y el producto editorial ha sido cuidadosamente borrada y, para emplear los términos acuñados por Antonio Saura, el 'hipo de la moda' se confunde con 'la moderna intensidad'. No tengo nada en contra de los buenos 'productos' que sirven de soporte material a la publicación de obras minoritarias y de mayor enjundia. Una gran editorial como Gallimard -a la que se tributó un merecido homenaje en la Feria del Libro de Guadalajara- ha sabido combinar unos y otras durante casi un siglo hasta componer un catálogo digno de admiración. Pero en España, en donde la cultura es escasa y superficial, víctima de nuestra trágica discontinuidad histórica -¿puede considerarse 'normal' un país en el que el lector no pudo acceder al disfrute de una obra como La Regenta durante más de cuarenta años?-, el empeño de algunos en sostener la obra de calidad lucha quijotescamente contra la ignorancia de los más y la demostrada incompetencia de los dómines de la cultura. Si a ello añadimos el hecho de que la educación se ha convertido en una nueva forma de calamidad pública -como señaló recientemente Juan Pablo Fusi, el nivel de conocimientos de los universitarios de hoy en las disciplinas de humanidades es tal vez inferior al de los colegios de enseñanza media de la Institución Libre de Enseñanza en tiempos de Cánovas-, obtendremos un cuadro completo de la desertificación ética y literaria de nuestra España de nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos. No hay que extrañarse así de que en este clima triunfalista y deletéreo de sometimiento a lo inane, pero mediático -o por mejor decir, de mediático por lo inane-, asistamos a la reproducción clónica de premios y obras premiadas, en los que el contenido del libro viene determinado de antemano por estrategias e imperativos de su promoción. Una buena promoción suple con creces la baratija impresa y atenúa el hedor de lo manido y rancio con un buen empaquetado de regalo de Nina Ricci o Dior. Todo ello no sería posible sin la complicidad activa o pasiva de las páginas culturales de los grandes periódicos, dependientes, como nadie ignora, de intereses políticos o empresariales más o menos confesables. Cualquier crítico o escritor de escaso fuste pero de muchas campanillas puede pontificar sobre la 'retórica hueca' de Valente o perdonar la vida a Borges mientras proclama al inefable cervantes de las botas negras brillantes y pañuelo rosa o de bufanda blanca y pantalón rojo eléctrico, lo mismo da, el mejor escritor de todas las Españas. Cualquier avispado columnista de cartón piedra puede establecer, con ayuda o sin ayuda del ministerio, su canon literario y forjarse de ese modo, a costa de omisiones mezquinas y flagrantes desafueros, una pequeña celebridad. Los amores y desamores de los pretendientes a Bloom mas de integridad condigna de un cabecilla de taifa, reflejan fielmente lo que escribió Cernuda -a quien no se lee y se cita con desparpajo- en uno de sus ensayos: 'Lo lamento, pero la crítica no consiste como creen ahí, en administrar un compuesto de azúcar, melaza, sacarina y jarabe a aquellos escritores admirados y palo tras palo a aquellos detestados por el crítico, sino otra cosa'. Para desdicha nuestra, esta 'otra cosa' sigue brillando por su ausencia. Recuerdo la reseña de una novela de difícil repercusión fuera de España en la que el crítico prodigó 16 adjetivos de elogio (cinco de ellos terminados en ante). El mismo crítico se despachó a gusto con otra -ésta sí traducida posteriormente a varias lenguas no obstante su índole minoritaria- con un número apenas inferior de frases o términos demoledores y despectivos.
Pero en un caldo de cultivo como el de nuestra villa y corte, en el que la tontería y falsedades de las que habla Cernuda pasan por valores contantes y sonantes, nada significa ya nada. Igual da Gala que martingala y Verdi que Monteverdi ('basta quitarle el Monte', como dijo un musicólogo de tertulia). Los opiniónomos y sabios disciernen títulos de gloria o de infamia sin tomarse la molestia de leer a quienes trituran o ensalzan. (Hace años incurrí en la ingenuidad de presentarme a una plática radiofónica sobre la novela que acababa de publicar. Al llegar con unos minutos de antelación al estudio sorprendí a los contertulios mientras leían apresuradamente la contracubierta del libro para saber de qué iba. Los ejemplares a su disposición lucían una virginidad ajena a todo manoseo zafio. A pesar de ello, al empezar la charla, tres de ellos alabaron la obra y uno la criticó con dureza. Pero se trataba de una iluminación directa del Espíritu Santo, ya que ninguno la había leído).
Es una desdicha que el Paráclito no alumbre casi nunca las mentes de nuestros responsables culturales. Sus intervenciones salvíficas son más bien raras. ¡Ojalá tuviésemos con nosotros a este camarero de un restaurante popular de Monterrey que me habló de unas semanas de Disciplina Clericalis y de don Sem Tob! De depender de mí, le habría nombrado inmediatamente ministro de Educación.
La amenaza más grave que hoy pesa sobre el escritor y el futuro mismo de la literatura es su rendición sin combate a los halagos del poder mediático y a las crudas leyes de la compraventa: el tanto vendes tanto vales que levanta hasta los cuernos de la luna a los fabricantes de best- sellers y margina a quienes escriben sin anhelo de recompensa y permanecen fieles a la ética del lenguaje. Como escribía en su bello discurso de recepción del Nobel el novelista chino Gao Xingjian, 'si el juicio estético del escritor debiera seguir las tendencias del mercado, ello equivaldría al suicidio de la literatura'.
Para no suicidarse, el escritor tiene que aceptar en efecto la soledad creadora, mucho menos dramática por fortuna que la de quienes, como Osip Mandelstam o Bulgakov, no pudieron ver impresa su obra o perecieron a causa de su exigencia moral y estética insobornable. Evocar el destino de éstos o de algunos grandes creadores de nuestra lengua (de los que tan poco sabemos) resultaría una ayuda preciosa en el momento de afrontar la alternativa. No pienso aquí en las plumas serviles o zafias que existen tan sólo a la sombra del poder o gracias a su continua presencia mediática sino en aquellas que, dotadas de la sensibilidad innata del escritor capaz de plasmar su visión del mundo, sacrifican su precioso don al afán barato de hacer carrera.
Una prensa atenta a la educación ciudadana debería cuidar de la defensa de los valores literarios y artísticos más allá de las modas y combinaciones mercantiles. Dicha labor no es cómoda en un medio habituado a la confección y venta de productos de asimilación instantánea conforme a las normas de las sociedades configuradas por el mercado global (productos consumidos a su vez por éstas con la misma facilidad y rapidez que las hamburguesas zampadas, digeridas y evacuadas de sus hamburgueserías). Pero los críticos que aceptan sin pestañear dicho orden de cosas y ensalzan regularmente las obras plastificadas y fabricadas en serie deberían comparecer ante un tribunal de deontología. Que los órganos de prensa venales o al servicio del poder -para el que la cultura es sólo un motivo de decoración o alarde vano- participen en tal almoneda no puede sorprender a nadie. En otros casos dicha conducta resulta más difícil de encajar.
EL PAÍS es 'algo más que un periódico'. Es también, como sabemos, la matriz o pieza clave de un poderoso grupo empresarial con ramificaciones en el ámbito editorial y en diversos medios de comunicación de España e Iberoamérica. Su credibilidad informativa le ha permitido conquistar de buena ley una audiencia internacional y alzarse al nivel de los cuatro o cinco mejores periódicos del mundo. Merced a ello podemos disfrutar de la lectura de algunas de las mejores plumas españolas y extranjeras tocante a los problemas y realidades acuciantes con las que debemos lidiar. En mis viajes a diversas zonas conflictivas a lo largo de la última década he podido comprobar igualmente la excepcional seriedad y competencia de sus corresponsales en los Balcanes, Rusia, Oriente Próximo y el Magreb. Pero advierto con creciente inquietud -y esto es la otra cara de la moneda, visible no obstante, a todo observador sin anteojeras- la incidencia de una serie de presiones internas y externas, ligadas a su dimensión empresarial y a la imbricación que conlleva, que ponen a dura prueba en una de sus secciones sus designios de imparcialidad.
Si al cabo de los años leo siempre con el mismo incentivo las páginas de Opinión y las informaciones y crónicas internacionales (las de España me interesan menos con excepción de las que tocan al País Vasco, el racismo y la inmigración), en el campo cultural verifico a menudo la fuerza de estas presiones y la existencia de un lo nuestro y lo ajeno de un nosotros y ellos que justifican un muy diferente trato a autores y obras según pertenezcan o no al grupo multimedia o, lo que es peor, sean amigos o no de quienes a la sombra pinchan y cortan.
No descubro el Mediterráneo si señalo que algunas informaciones sobre el número de premios acumulados y ejemplares vendidos de un autor de la casa, reiterados con machaconería, corresponden más bien a las funciones de un buen agente literario que a las de un periódico serio cuya fiabilidad nadie debería poner en duda. Tampoco descubro el Atlántico si apunto al hecho de que el nombre de ciertos autores es escamoteado por causas que los interesados ignoran y que ese ninguneo llega a tales extremos que se puede informar sobre la presentación de un libro y omitir el nombre del presentador (esto acaeció la pasada primavera con la del bello poemario póstumo de Carlos Fuentes Lemus; su presentador, Julián Ríos, desapareció de la reseña del acto). Se me dirá que esto puede ocurrir en todos los diarios. Mas la índole sistemática de las promociones y ninguneos no debería sobrepasar ciertos límites so pena de afectar la confianza que deposita en ellos el lector.
Algunas omisiones, por minúsculas que sean, pueden acarrear consecuencias dañinas y citaré un ejemplo que me atañe. Cuando el imam Jomeini decretó su célebre fatwua contra Salman Rushdie, recibí en Marraquech una llamada telefónica de Londres para solicitar mi firma en una carta cuyo texto fue publicado el día siguiente en The Times. Por más señas, fui el único firmante español y el único que suscribió la protesta contra el desafuero en un país musulmán. Poco después, la misma carta, con sus signatarios, apareció en este periódico. Sólo faltaba mi firma: detalle insignificante y al que no presté mayor atención. Pero he aquí que al cabo de unos años un colega me reprochó, de buena fe sin duda, haber negado mi apoyo moral al escritor perseguido. Entonces comprobé, con retraso, las secuelas de ciertas omisiones para mí tan misteriosas como las que existían en tiempos de la censura franquista, y lamenté no haber indicado públicamente el escamoteo de mi nombre en la lista reproducida en EL PAÍS en forma de comunicado o anuncio.
Más allá de estas anécdotas de escaso interés para el lector, percibo en las páginas de Cultura los corolarios de una endogamia que, por acentuarse de año en año, corre el riesgo de convertirse en autismo. La existencia de unos intelectuales orgánicos, no ya al servicio de un partido político o grupo social, sino de la empresa, tiene a la corta o a la larga efectos negativos si no se toma conciencia de ello y no se adoptan medidas para circunscribir el mal. Todos conocemos a estos escritores (buenos o mediocres, igual da) que están siempre en la brecha, allí donde deben estar y que si critican lo divino y lo humano se guardan muy mucho de emitir el menor reparo al funcionamiento del sector cultural y a unos favoritismos de los que son los primeros beneficiarios. Tal vez eso sea inevitable y difícil de erradicar. Pero si desaparecen las voces críticas o son ahogadas por un discurso satisfecho y eufórico -como sucedía en otra escala, mucho más nociva, en las antiguas Uniones de Escritores de los países del 'socialismo real'- se corre el riesgo de hablar y aplaudir a quien habla de forma 'autorizada'; en otras palabras, de confundir la voz propia con la voz de la sociedad.
Junto a la figura del Defensor del Lector a secas, habría que crear la de un Defensor del Lector Literario, con el encargo expreso de señalar los usos y abusos de nuestro peculiar Parnaso con la ironía de un Larra o un Clarín; el elogio en el que no cree ni el que lo da ni el que lo lee ni a veces, si conserva una pizca de lucidez, el que lo recibe; los compadreos, aborrecimientos y exclusiones ajenos a toda ética y sentido común; la censura comercial mucho más solapada y mortífera que la antigua censura religiosa, ideológica o política. Hoy, como hace cuarenta años, lo que entiendo por crítica literaria -extraño quizás a la mentalidad española, según creía Cernuda- se refugia de ordinario en unas pocas revistas independientes de toda subvención estatal y autonómica, como es el caso heroico de Quimera o Archipiélago, o recurre al libelo provocador pero saludable del samizdat. Quién sabe si los foros espontáneos de internautas serán en el futuro la única alternativa viable a la tiranía de la trivialidad.
Las cosas no han cambiado mucho desde el día en el que el último cervantes llegó al café Gijón. En mi novela Don Julián -prohibida por los servicios del entonces padrino de aquél-, hablaba de 'esas estatuas todavía sin pedestal, pero ya con la mímica y el desplante taurómacos' de los escaladores del 'laurífico escalafón, que vierten a raudales su simpático don de gentes: si me citas te cito, si me alabas te alabo, si me lees te leo: ¡original y castizo sistema crítico fundado en la tribal, primitiva economía de trueque! ¡Poetas, narradores, dramaturgos, al acecho de planetario premio, de alcaponesca beca!: trenzándose, entretanto, unos a otros, floridas guirnaldas, prodigándose henchidos elogios, redactando sonoros panegíricos: fuera de tono, inauténticos siempre excepto cuando airada, recíprocamente se combaten', etcétera.
Cualquier parecido con el Parnaso de hoy sería desde luego simple coincidencia. En este campo, si tenemos en cuenta los estragos de la seudocultura mediática y la ignorancia general de nuestro pasado, incluso el más próximo, no cabe sino concluir que vamos a menos.”
Georges Simenon
EL GATO
Barcelona, 2004, Tusquets.


 “No pudo menos de recordar la frialdad y la dureza de su mirada cuando, tras una larga vacilación, se tendió por fin sobre ella con la intención de hacer el amor. En el momento en que la penetró, no sin dificultades, todo el cuerpo de Marguerite se tensó de improviso, como si rechazara al hombre por instinto.
Durante un minuto más o menos esperó a que ella se relajara, pero comoquiera que no lo hizo, sino todo lo contrario, él acabó retirándose, avergonzado y balbuciendo disculpas.
-¿Por qué? –indagó ella en tono duro.
-¿Que por qué me disculpo?
-¿Por qué no continúas hasta el final? Me he casado contigo y es mi deber soportar esto también.
Aquel <<también>> le había vuelto muchas veces a la memoria. ¿Qué quería decir exactamente? ¿Qué otras cosas soportaba por sumisión cristiana? ¿Sus puros? ¿Sus modales poco refinados? ¿El hecho de compartir la misma habitación?” (p. 102)

“Aquellos dos hombres debían de rondar los sesenta. Todavía no sospechaban a qué velocidad iban a envejecer.” (p. 121)

lunes, 28 de mayo de 2012

Ian Kershaw
HITLER
Barcelona, 2002, Península.

 
“Dicho de otro modo, su poder era <<carismático>>, no institucional. Dependía de que otros estuvieran dispuestos a ver en él cualidades <<heroicas>>. (Tomo I; p. 31)

“No leía para saber o para ilustrarse, sino para confirmar sus concepciones previas.” (Tomo I; p. 338)

“Los observadores críticos seguían sin comprender por qué una mezcla de verdades a medias, distorsiones, simplificaciones y promesas redencionistas vagas y pseudorreligiosas podían producir tales efectos.” (Tomo I; p. 422)

“Pero esa condena me ayuda muy poco a entender por qué millones de ciudadanos alemanes, que eran mayoritariamente seres humanos normales, que no tenían nada de malvados innatos, interesados en general por el bienestar y los asuntos cotidianos propios y de sus familias, semejantes a la gente normal de otras partes, y a quienes no había lavado el cerebro ni hipnotizado por completo en modo alguno una propaganda fascinadora ni había sometido por el terror una represión implacable, hallasen tan atractivo lo que Hitler significaba” (Tomo II; p. 12)

“se habían mostrado dispuestos colectivamente en número creciente a depositar su confianza en la visión milenarista de un hombre que se proclamaba su salvador político.” (Tomo II; p. 1118)
Raúl Eguizábal Maza
HISTORIA DE LA PUBLICIDAD
Madrid, 1998, Eresma & Celeste Ediciones.


“Para Jacques Ellul, la propaganda es un <<conjunto de métodos utilizados por un poder político o religioso con el fin de obtener efectos ideológicos o psicológicos>>. Prácticamente cualquier cosa es susceptible de volverse propaganda, el arte, la escuela, los libros, la moda, y por supuesto, la información y la publicidad.
La publicidad se caracteriza sin embargo, por la manifestación de sus códigos. Allí donde la propaganda se oculta, se <<disfraza>> de periodismo, de educación, de pintura, de literatura, la publicidad manifiesta siempre lo que es. (...) No es que la publicidad no pueda engañar o manipular, es que lo hace a cara descubierta, utilizando los soportes que le han sido asignados y manifestando sus códigos.” (p. 109)

(La cita de J. Ellul pertenece a su obra “Histoire de la Propagande”. Paris, 1976, PUF, 2ª ed.)

jueves, 24 de mayo de 2012

Juan García Hortelano
CUENTOS COMPLETOS
Madrid, 1997, Alfaguara.


“-¿Dónde se encontraba cuando se perpetraron los hechos?
-Si se refiere usted a lo de este mandria, que algún puto, con perdón, me ha dejado a la puerta de mi domicilio para perjudicarme, tengo que referirle que he estado desde el pasado mes y hasta la madrugada de mi regreso, que ha sido hoy, de viaje comercial por una infinidad de localidades, manchegas mayormente, en todas y cada una de las cuales podrá su señoría verificar la honradez de mi declaración. Se lo juro.
-Oiga, no le dé usted el latazo al señor juez.
-Sí, señor, pero uno tiene que clarificar su vida. Como le decía, señor juez, esta noche, de regreso aquí, me he encontrado, muerto y en mi puerta, al marica éste.
-Piojoso, mala lengua, ¿por qué tienes que difamar de marica a mi hombre?
-Porque esa fama tenía, señora. Que rondaba a los anocheceres entre las barracas y andaba con unos y con otros, y tanto los unos como los otros resultaban ser por un casual los tres o cuatro maricones que en todo barrio, por decente que sea, hay.
-¿Y tu madre, desgraciado?
-Mi madre, señora, no era marica.
-Pues sepan todos ustedes que yo, que puedo preciarme por desgracia de haber conocido a muchos, jamás tropecé con un tío más macho que mi Alberto. A lo mejor, bragazas, el sarasón eres tú y ni te atreves.” (p. 477)
Otto Neurath
FUNDAMENTOS DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Madrid, 1973, Taller de Ediciones Josefina Betancor.


“A veces, los sociólogos piensan en la física y en la astronomía como en El Dorado de la exactitud y de lo definido, suponiendo con frecuencia que en este campo cualquier tipo de contradicción es fatal para las hipótesis. Por supuesto, sea cual fuere la ciencia de que se trate, los científicos intentan siempre encuadrar sus hipótesis en un conglomerado de otras hipótesis, datos de observación y otros datos aceptados. Pero ciertos defectos como, por ejemplo, las contradicciones bien descritas, no siempre inducen a los científicos a descartar una hipótesis. Pueden sostener que a menudo dicha hipótesis resulta útil y que no existe otra hipótesis más atrayente. Los <<ejemplos positivos>> desempeñan un gran papel y no sólo los <<ejemplos negativos>>, como en el esquema asimétrico refutación-verificación. La hipótesis de Newton sobre la gravitación ha sido utilizada a pesar del hecho de que, por espacio de unos ciento cincuenta años, los científicos estuvieron sospechando una y otra vez que en la hipótesis de Newton había elementos contradictorios y ambiguos; con todo, se revelaba tan acertada para el análisis de los movimientos de los cuerpos que sólo unos cuantos científicos criticaron realmente los defectos de dicha hipótesis.” (pp. 86-87)

domingo, 20 de mayo de 2012



Sexto Empírico (ss. II-III d.C.)
CRITIAS (IX-54)
[Extraído del libro: Platón, “Apología de Sócrates”. Madrid, 1988, Alhambra, p. 148]


“Hubo una época en que la vida de los hombres era desordenada, bestial y esclava de la fuerza; en la cual no había recompensa para la virtud, ni tampoco castigo para el malvado. Entonces, yo creo, que inventaron los hombres las leyes distributivas a fin de que la justicia pudiera ser tan arrogante y poderosa como su antagonista, de manera que si alguien pecaba recibía un castigo. Cuando las leyes prohibieron cometer abiertamente acción de violencia y éstos comenzaron a perpetuarse en secreto, alguien, muy sabio e inteligente, descubrió el temor (a los dioses) para contener la perversidad; así pues, se disponía de un medio para amedrentar a los malvados, aunque ellos hiciesen o pensasen el mal en secreto. De ese modo se introdujo lo divino (la religión) afirmando que hay un dios que florece con vida eterna, que oye y ve con su mente, piensa en todo, posee naturaleza extrahumana que le permite conocer cuanto se dice entre los hombres, y es capaz de advertir de antemano toda intención de los mortales. Por más sigilo que se ponga en planear el mal esto no escapará a los dioses pues su inteligencia es sobrenatural. Mediante tales razones se introdujo la más placentera de las enseñanzas, cubriendo la verdad con una falsa teoría.”
Tomás Salvador
LA NAVE
Barcelona, 1974, Plaza y Janés.


“Las luchas y sufrimientos del hombre apenas significan nada (llenan su historia y se pierden en ella), sin un significado abstracto, sin una forma evolutiva de pensamiento. Y el escritor DEBE COMPRENDER que es él quien proporciona dicha fórmula translaticia. Los egipcios o mayas, por ejemplo, tenían un lenguaje que si bien les permitía reproducir hechos materiales, no los facultaba para reproducir hechos inmateriales. O lo que es igual: no podían transmitir sus pensamientos con la dinámica que requiere la posibilidad evolutiva de la Historia. Dejaron grandes ruinas, pero poca filosofía. Los arameos, los griegos, ya supieron encontrar un lenguaje analógico figurado, cuya claridad cogitativa vivirá mientras viva el hombre. ¿Qué sucedía? Los egipcios, o los mayas, ¿no tenían lenguaje figurativo analógico porque su estructura mental no se lo permitía, o bien no llegaron a tener finura mental porque su lenguaje figurado era muy pobre? Como fuere, es indudable que un egipcio no podría comprender el lenguaje de una novela actual, mientras que un semita, un griego, un romano, lo entendería perfectamente.” (p. 11)

(La cita pertenece al prólogo del autor a la obra. Las mayúsculas pertenecen al texto.)

domingo, 13 de mayo de 2012


W. Fernández Flórez
EL SECRETO DE BARBA AZUL
Madrid, 1962, Espasa-Calpe.


“La justicia, en nuestras sociedades, se yergue, como tantos otros solemnes conceptos, sobre un fundamento convencional. Primero se crea el convencionalismo, y después la ley moral que lo ampara. Primero nace la propiedad, y después el código que castiga el robo, el hurto, la estafa, el fraude... Pero la propiedad no es una ordenación natural, sino convenida, y pudo muy bien no existir o ser concebida de otro modo, y, en este caso, la ética habría de ser otra también, consecuentemente.” (p. 7)

“-Es una fatiga inútil -gruñó-. Dios ha hecho este diminuto planeta y muchísimos planetas más; y el Sol, y muchísimos soles más. Esta es, realmente, una obra de importancia. Pobló de astros el infinito, y los ve moverse dentro de la maravillosa armonía que apeteció.
-¿Para qué?
-Naturalmente, lo ignoro. La vida, amigo mío, se columpia entre el dolor y el tedio, un tedio grumoso y pegadizo que hay en el fondo de todas las almas. Sobre ser aburrida, es injusta y cruel, desquiciada y sin meta. ¡Dar destino a la vida! He ahí un hermoso sueño. Pero antes sería preciso llamar hacia nosotros la atención de los dioses... Yo he ideado un medio de atraer la atención de los dioses.
-¿Cuál?
-¡Oh! ¡Muy sencillo! La muerte colectiva, el suicidio unánime de la Humanidad. Dimitir la existencia en masa en señal de protesta. Vendría a ser así como un paro general, la afirmación sin discrepancias de nuestra inconformidad con lo existente. Los dioses no tardarían en enterarse.
-¿Cómo?
-Por el olor. La Tierra, cargada con la Humanidad insepulta, apestaría el espacio.” (pp. 231-232)

Immanuel Kant
PRINCIPIOS METAFÍSICOS DEL DERECHO
Buenos Aires, 1974, Américalee.


“El deseo es la facultad de ser causa de los objetos de nuestras representaciones por medio de estas representaciones mismas. La facultad que posee un ser de obrar según sus representaciones se llama la vida.” (p. 19)

[La cursiva pertenece al texto original.]

sábado, 5 de mayo de 2012

Felisberto Hernández
NADIE ENCENDÍA LAS LÁMPARAS
Madrid, 1993, Cátedra.


"Al llegar a este párrafo se detuvo, se levantó y empezó a pasearse por la pieza. El sitio por donde paseaba era muy estrecho; hubiera podido apartar la mesita para que fuera más ancho; pero le gustaba llegar hasta la mesita y mirar el párrafo que había escrito. También hubiera podido continuar su tarea, pero sentía una secreta angustia: para escribir, al pensar en los hechos pasados, se daba cuenta de que se le deformaba el recuerdo, y él quería demasiado los hechos para permitirse deformarlos; pretendía narrarlos con toda exactitud, pero bien pronto advirtió que era imposible; y por eso lo empezó a torturar esa indefinida y secreta angustia." (pp. 184-185)

"Aquel tipo que era  yo antes de conocerla, tenía la indiferencia del cansancio. Si yo la hubiera conocido mucho antes, mucho antes hubiera gastado mis energías en amarla; pero como no la encontré, esas energías las gasté en pensar: había pensado tanto que había descubierto lo vano y falso del pensamiento cuando éste cree que es él, en primer término, quien dirige nuestro destino. Y a pesar de saber esto, seguía pensando, mis energías seguían minando el pensamiento, y sentía el más antipático cansancio." (p. 185)

(Ambas citas pertenecen al relato "Las dos historias".)



T. S. Eliot
FUNCIÓN DE LA POESÍA Y FUNCIÓN DE LA CRÍTICA
Barcelona, 1968, Seix Barral.


“Exigimos al crítico teorizante capacidad para reconocer un buen poema así que se enfrenta con él; mas quien sabe reconocer un buen poema no siempre acierta a explicarnos el porqué de su bondad. La experiencia poética, como cualquier otra, sólo es parcialmente expresable en palabras (…) Personas incapaces de explicar su afición por un poema tienen, a veces, una sensibilidad más profunda y discriminadora que otras a quienes no cuesta nada hablar copiosamente sobre él; recordemos que la poesía no se escribe pura y simplemente para proveer de tema de conversación.” (p. 31)

“Si la poesía es una forma de <<comunicación>>, lo que se comunica es el poema mismo y sólo incidentalmente la experiencia y el pensamiento que se han vertido en él. El poema tiene una experiencia que está entre el poeta y el lector, una realidad que no es simplemente la realidad de lo que el escritor está tratando de expresar, o de su experiencia al escribir el poema, o de la experiencia del lector o del escritor como lector. Consecuentemente, el problema de lo que un poema <<significa>> es mucho más difícil de lo que a primera vista parece.” (p. 41)

Carmen Posadas
PEQUEÑAS INFAMIAS
Barcelona, 1998, Planeta.


“Las habitaciones de aquellos que han muerto jóvenes son el santuario de la ausencia, pero también el reducto de la cobardía de los vivos. Son pocos los que se atreven a convivir con los recuerdos y asimilarlos al presente. Solamente los más fuertes son capaces de mantener la foto de un hijo muerto en el salón de su casa exponiéndose a las preguntas de los desconocidos y al peso de esa sonrisa infantil siempre idéntica que ignora el transcurso del tiempo. Todos envejecemos mientras que ellos, por comparación, rejuvenecen, haciéndonos sentir culpables por no haber apurado hasta el último segundo su fugaz presencia, por no haber adivinado que alguna vez se irían, dejándolo todo a medias.” (p. 107)

lunes, 23 de abril de 2012


Enrique Vila-Matas
BARTLEBY Y COMPAÑÍA
Barcelona, 2000, Anagrama.


“Cuando le preguntaban por qué ya no escribía, Rulfo solía contestar:
-Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias.
Su tío Celerino no era ningún invento. Existió realmente. Era un borracho que se ganaba la vida confirmando niños. Rulfo le acompañaba muchas veces y escuchaba las fabulosas historias que éste le contaba sobre su vida, la mayoría inventadas. Los cuentos de El llano en llamas estuvieron a punto de titularse Los cuentos del tío Celerino. Rulfo dejó de escribir poco después de que éste muriera. La excusa del tío Celerino es de las más originales que conozco de entre todas las que han creado los escritores del No para justificar su abandono de la literatura.” (pp. 16-17)

Marlon Brando
LAS CANCIONES QUE MI MADRE ME ENSEÑÓ
Barcelona, 1994, Anagrama.


“Después del éxito de Un tranvía, Tennessee escribió otras obras, pero ésta significó el apogeo de su carrera y a partir de entonces en cierto modo escribió trazando círculos, como si no supiera adónde ir. De alguna manera, estaba encerrado. Pero en el momento culminante de su capacidad fue un escritor extraordinario, además de un hombre encantador, sumamente modesto, que hablaba con amabilidad. Kazan lo describió acertadamente como un hombre carente de piel: no tenía piel, era indefenso, vulnerable a todo y a todos, cruelmente honesto, un poeta de alma prístina que padecía una neurosis profundamente arraigada, un hombre amable y sensible destinado a destruirse a sí mismo. Nunca mintió, nunca dijo nada desagradable de nadie y siempre fue ingenioso, pero llevaba una vida desgarrada. Si tuviéramos una cultura capaz de proporcionar apoyo y ayuda adecuados a un hombre de la delicadeza de Tennessee, tal vez podría haber sobrevivido. Era homosexual, pero nada afeminado ni exteriormente agresivo, y jamás intentó conquistar a los actores que trabajaban en sus obras. Si él no lo hubiera dicho, nadie se habría enterado de que era homosexual. Pero algo lo consumía interiormente, algo que al final lo empujó a la muerte.” (pp. 126-127)

Werner Heisenberg
LA IMAGEN DE LA NATURALEZA EN LA FÍSICA ACTUAL
Barcelona, 1976, Ariel.


“En ningún dominio se manifiesta esta situación con tanta claridad como precisamente en el de la moderna ciencia, en la que, según anteriormente dijimos, ha resultado que a los constituyentes elementales de la materia, a los entes que un día se concibieron como la última realidad objetiva, no podemos de ningún modo considerarlos ‘en sí’: se escabullen de toda determinación objetiva de espacio y tiempo, de modo que en último término nos vemos forzados a tomar por único objeto de la ciencia a nuestro propio conocimiento de aquellas partículas. La meta de la investigación, por consiguiente, no es ya el conocimiento de los átomos y de su movimiento ‘en sí’, prescindiendo de la problemática suscitada por nuestros procesos de experimentación; antes bien, desde un principio nos hallamos imbricados en la contraposición entre hombre y Naturaleza, y la ciencia es precisamente una manifestación parcial de dicho dualismo. Las vulgares divisiones del universo en sujeto y objeto, mundo interior y mundo exterior, cuerpo y alma, no sirven ya más que para suscitar equívocos. De modo que en la ciencia el objeto de la investigación no es la Naturaleza en sí misma, sino la Naturaleza sometida a la interrogación de los hombres; con lo cual, también en este dominio, el hombre se encuentra enfrentado a sí mismo.” (p. 20)

sábado, 21 de abril de 2012


Bertrand Russell
LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD
Barcelona, 2003, Random House Mondadori.


“La competencia, considerada como lo más importante de la vida, es algo demasiado triste, demasiado duro, demasiado cuestión de músculos tensos y voluntad firme, para servir como base de la vida durante más de una o dos generaciones, como máximo. Después de ese plazo tiene que provocar fatiga nerviosa, diversos fenómenos de escape, una búsqueda de placeres tan tensa y difícil como el trabajo (porque relajarse resulta ya imposible), y al final la desaparición de la estirpe por esterilidad. No es solo el trabajo lo que ha quedado envenenado por la filosofía de la competencia; igualmente envenenado ha quedado el ocio. El tipo de ocio tranquilo y restaurador de los nervios se considera aburrido. Tiene que haber una continua aceleración, cuyo desenlace natural serán las drogas y el colapso. El remedio consiste en reconocer la importancia del disfrute sano y tranquilo en un ideal de vida equilibrado.” (p. 55)

“Hay personas que son incapaces de sobrellevar con paciencia los pequeños contratiempos que constituyen, si se lo permitimos, una parte muy grande de la vida. Se enfurecen cuando pierden un tren, sufren ataques de rabia si la comida está mal cocinada, se hunden en la desesperación si la chimenea no tira bien y claman venganza contra todo el sistema industrial cuando la ropa tarda en llegar de la lavandería. Con la energía que estas personas gastan en problemas triviales, si se empleara bien, se podrían hacer y deshacer imperios. El sabio no se fija en el polvo que la sirvienta no ha limpiado, en la patata que el cocinero no ha cocido, ni en el hollín que el deshollinador no ha deshollinado. No quiero decir que no tome medidas para remediar estas cuestiones, si tiene tiempo para ello; lo que digo es que se enfrenta a ellas sin emoción. La preocupación, la impaciencia y la irritación son emociones que no sirven para nada. Los que las sienten con mucha fuerza pueden decir que son incapaces de dominarlas, y no estoy seguro de que se puedan dominar si no es con esa resignación fundamental de la que hablábamos antes. Ese mismo tipo de concentración en grandes proyectos no personales, que permite sobrellevar el fracaso personal en el trabajo o los problemas de un matrimonio desdichado, sirve también para ser paciente cuando perdemos un tren o se nos cae el paraguas en el barro. Si uno tiene un carácter irritable, no creo que pueda curarse de ningún otro modo.” (pp. 198-199)

Miguel Delibes
LA SOMBRA DEL CIPRÉS ES ALARGADA
Barcelona, 1963, Destino.


“La idea de la muerte iba amoldándose a los límites, cada vez  más amplios, de mi corazón: iba adquiriendo consistencia y fuerza, invadiendo toda mi existencia psíquica, informándola en todas sus manifestaciones. Esta idea posibilitaba mi entera comprensión de la exacta teoría del desasimiento. Al hombre, por el mero hecho de vivir, le era necesario aprender antes a despojarse de todo con una sonrisa de escepticismo. La vida y el mundo corrían lo mismo en la felicidad que en la desgracia. Nadie podía dormirse en la euforia del optimismo o en la angustia del dolor; la corriente de la vida lo arrastraría sistemáticamente hasta expulsarlo de su cauce por nocivo y anormal. Había que seguir la corriente, parear la existencia íntima con el impulso vital que animaba a la masa humana. Las exigencias de la vida privaban en cierto modo al hombre de su albedrío; le hacían esclavo de una voluntad gregaria, que no goza ni siente, sino que va; va en un sentido o en otro, arrastrada por las circunstancias del momento, accionada por causas absolutamente extrañas a su voluntad.” (p. 82)

“Terminados mis estudios me enrolé en un barco frutero para cumplir mis cuatrocientos días de prácticas. (...) Aprendí entonces a ver tierras y mares; a navegar y a desenvolverme en el mundo; empecé a convencerme de que el moverse por la tierra causa mayores trastornos que cruzar el mar y que el temor al mar de los hombres de tierra se debe antes que nada a un fenómeno de sugestión apoyado en la idea obsesiva de la inmensidad en profundidad, longitud y anchura. A mí, que poco a poco iba trocándome en un hombre de mar, me mareaba la tierra más que el agua. Me mareaban los hombres con sus mezquinos problemas a cuestas, con su locuacidad desbordada, con sus ambiciones, con sus odios, con la visión clara de su vitalidad efímera, infaliblemente limitada. Encontraba por contra que el océano traía consigo la paz de los espíritus. Una paz sedante y fácil, que sólo puede dar lo que no ofrece límite ni barrera en el espacio ni en el tiempo.” (p. 143)

domingo, 15 de abril de 2012


Richard Evans
CONVERSACIONES CON JUNG
Madrid, 1968, Guadarrama.


“Si alguien fuera lo suficientemente inteligente para saber lo que ocurre en la psique de la gente, en sus mentes inconscientes, sería capaz de profetizar. Por ejemplo, yo podría haber predicho la época nazi en Alemania a través de la observación de mis pacientes alemanes. Tenían sueños en los que todo estaba anticipado, y con bastante detalle. Y yo estaba absolutamente seguro, en los años anteriores a Hitler, antes que Hitler comenzara su mandato. Puedo decir el año: era el año mil novecientos diecinueve cuando yo estaba seguro de que algo amenazaba a Alemania, algo muy grande, muy catastrófico. Y sólo lo sabía a través de la observación del inconsciente.” (p. 89)

“Para Freud, el inconsciente era un producto de la conciencia; simplemente, contenía los restos de la conciencia; quiero decir que veía en el inconsciente una especie de almacén donde se amontonaban y se abandonaban todas las cosas que habían sido descartadas de la conciencia. Sin embargo, para mí el inconsciente era una matriz, una especie de base de la conciencia, que poseía una naturaleza creadora y capaz de actos autónomos, de intrusiones autónomas en la conciencia. En otras palabras: yo consideraba la existencia del inconsciente como un hecho real, como un factor autónomo que era capaz de ejercer una acción independiente.” (p. 132)

(Las citas son, obviamente, respuestas de C. G. Jung a Richard Evans)

Isaac Bashevis Singer
LA FAMILIA MOSKAT
Barcelona, 1968, Planeta.


“Hertz Yanovar se echó a llorar. Sacó un pañuelo amarillo y se sonó. Se quedó delante de ellos confundido, avergonzado.
-No me quedan fuerzas –dijo disculpándose. Titubeó un momento y luego dijo, en polaco- : El Mesías vendrá pronto.
Asa Heshel lo miró asombrado.
-¿Qué quieres decir?
-La muerte es el Mesías. Ésa es la pura verdad.” (p. 575)

Gabriel García Márquez
VIVIR PARA CONTARLA
Barcelona, 2004, Random House Mondadori.


“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.” (p. 7)

“Hoy es incontable el número de entrevistas de que he sido víctima a lo largo de cincuenta años y en medio mundo, y todavía no he logrado convencerme de la eficacia del género, ni de ida ni de vuelta. La inmensa mayoría de las que no he podido evitar sobre cualquier tema deberán considerarse como parte importante de mis obras de ficción, porque sólo son eso: fantasías sobre mi vida. En cambio, las considero invaluables, no para publicar, sino como material de base para el reportaje, que aprecio como el género estelar del mejor oficio del mundo.” (p. 484)

lunes, 9 de abril de 2012

Thomas Mann
LA MONTAÑA MÁGICA
Barcelona, 1979, Plaza y Janés.


"¿Qué es el Tiempo? Un misterio sin realidad propia y omnipotente. Es una condición del mundo fenomenal, un movimiento mezclado y unido a la existencia de los cuerpos en el espacio y a su movimiento. Pero ¿habría tiempo si no hubiese movimiento? ¿Habría movimiento si no hubiese tiempo? ¡Es inútil preguntar! ¿Es el tiempo función del espacio? ¿O es lo contrario? ¿Son ambos una misma cosa? ¡Es inútil continuar preguntando! El tiempo es activo, produce. ¿Qué produce? Produce el cambio. El ahora no es el entonces, el aquí no es el allí, pues entre ambas cosas existe siempre el movimiento. Pero como el movimiento por el cual se mide el tiempo es circular y se cierra sobre sí mismo, ese movimiento y ese cambio se podrían calificar perfectamente de reposo y de inmovilidad. El entonces se repite sin cesar en el ahora, y el allá se repite en el aquí. Y como, por otra parte, a pesar de los más desesperados esfuerzos, no se ha podido representar un tiempo finito ni un espacio limitado, se ha decidido creer que el tiempo y el espacio son eternos e infinitos con la esperanza de conseguir una explicación un poco más perfecta. Pero, al establecer el postulado de lo eterno y lo infinito, ¿no destruye lógica y matemáticamente todo lo finito y todo lo limitado? ¿No queda todo reducido a cero? ¿Es posible una sucesión en lo eterno? ¿Es posible una superposición en lo finito? ¿Cómo poner de acuerdo estas hipótesis auxiliares de lo eterno y lo infinito con los conceptos de distancia, movimiento y cambio? ¿No queda más que la presencia de los cuerpos limitados en el universo? ¡Es inútil preguntar! (p. 367)

"Al dar la vuelta por el pequeño camino apareció la garganta rocosa y cubierta de boscaje, atravesada por un puente y a cuyo fondo caía la cascada. Entonces el ruido pareció aumentar; era un estrépito infernal. Las masas de agua caían verticalmente desde una altura de siete u ocho metros. Luego el agua iba resbalando entre las rocas, levantando un estruendo incesante en el que parecían mezclarse todos los ruidos y todas las sonoridades posibles: el rumor del trueno, los silbidos, los balidos, los aullidos, la crepitación, el gruñido, el sonar de las campanas. Verdaderamente, aquello ensordecía. Los visitantes se habían acercado a la roca y contemplaban el soberbio espectáculo azotados por un soplo húmedo, envueltos en un vaho de agua, con los oídos entumecidos por el ruido. Se miraban mutuamente, se encogían de hombros y sonreían intimidados. Era una catástrofe continua, hecha de espuma y de ruido, cuyo loco rugir les aturdía, les causaba miedo y provocaba ilusiones del oído. Se creía oír detrás de sí y por todas partes gritos de alarma y amenazas, trompetas y voces rudas de hombre. (p. 637)



José Saramago
EL HOMBRE DUPLICADO
Madrid, 2004, Santillana.


"El caos es un orden por descifrar." (p. 9)

"Hubo ya quien afirmó que todas las grandes verdades son absolutamente triviales y que tendremos que expresarlas de una manera nueva y, si es posible, paradójica, para que no caigan en el olvido, Quien dijo eso, Un alemán, un tal Schlegel, pero lo más seguro es que otros antes que él lo hayan dicho, Hace pensar, Sí, pero a mí lo que sobre todo me atrae es la fascinante declaración de que las grandes verdades no pasan de trivialidades, el resto, la supuesta necesidad de una expresión nueva y paradójica que les prolongue la existencia y las sustantive, ya no me atañe" (pp. 110-111)
J.M. Coetzee
FOE
Barcelona, 2005, Random House Mondadori.


"Créame si le digo que en mi vida de escritor a menudo me he visto perdido en el laberinto de la duda. Pero he aprendido un truco que consiste en plantar una señal o mojón en el terreno que piso, para así, en mis futuras andanzas, tener siempre un punto al que regresar y no verme más perdido de lo que estoy. Después de plantarlo lo hundo para que quede bien clavado; cuantas más veces vuelvo a donde está clavada la señal (que es para mí un signo de mi ceguera y mi incapacidad), con más claridad veo que me he perdido y más ánimos me da el hecho de haber sabido encontrar el camino de vuelta.
¿Se ha parado a pensar (y con esto termino) que en sus danzas tal vez haya usted también dejado algo parecido a su paso; o, si prefiere creer que no es dueña de su propia vida, que alguien haya plantado por usted alguna señal de ese tipo, algún signo de esa ceguera de la que antes le hablaba; o que, a falta de un plan mejor, siempre podría, en su búsqueda de una salida al laberinto (si es que realmente está usted extraviada y confundida) partir de ese punto y volver a él tantas veces como necesite hasta que al final descubra que ya está a salvo? (pp. 135-136)

"No es preciso que sepamos lo que significa la libertad, Susan. Libertad es una palabra como cualquier otra. Un soplo de aire, ocho letras escritas en una pizarra. No es más que el nombre que le damos a ese deseo del que usted hablaba, al deseo de ser libres. Lo que ha de importarnos es el deseo, no el nombre. Aunque no sepamos decir con palabras qué es una manzana, no por eso nos prohíbe nadie comérnosla. Basta con que sepamos los nombres de nuestras necesidades y seamos capaces de usar esos nombres para satisfacerlas, de la misma forma que usamos monedas para comprar comida cuando estamos hambrientos." (p. 149)

domingo, 1 de abril de 2012



Manuel Fernández Álvarez
PEQUEÑA HISTORIA DE ESPAÑA
Madrid, 2008, Espasa Calpe.


“Lo primero que quiero deciros, amigos míos, es que ya os podéis imaginar que a lo largo de tantos siglos y estando dividida España en tantos Reinos tuvo que haber, y los hubo, un montón de reyes. Tantos que solo la lista de sus nombres marea. Y como tenían la manía de repetirse, se veían obligados a ponerse un número detrás para no armarse líos. Fijáos: en Castilla hubo hasta once Alfonsos. (...) Y Pedros también hubo un montón. Y claro, el gran follón era cuando coincidían los nombres y los números en un mismo siglo, dado que había varios Reinos. Eso no es una suposición. Fue una realidad. No tenéis más que recordar que el padre de Isabel la Católica (...) se llamaba Juan II. Y también el padre de su marido Fernando. De modo que, ¡otro Juan a mediados del siglo XV! Así que no basta con que digamos el nombre y el número. También hay que añadir el Reino para salir del lío: Juan II de Castilla, que no hay que confundir con Juan II de Aragón. El de Castilla fue el que tuvo como hombre de confianza a un noble muy famoso en su tiempo: don Álvaro de Luna. Sin él, Juan II no sabía hacer nada. Y eso hasta tal punto que cuando enviudó de su primera mujer, le pareció bien casarse con la princesa que le presentó don Álvaro. Era una princesa guapísima, de nombre Isabel, que don Álvaro había conocido en Portugal. Pero como los reyes son los reyes y en aquellos tiempos hacían lo que les daba la gana, Juan II se acabó enfadando con don Álvaro de Luna. ¿Y qué ocurrió? Nada de eso como: <<No te hablo más>>, o pequeñeces por el estilo. Lo mandó degollar en una plaza de Valladolid. Así, por las buenas.” (pp. 110-11)

Vicente Blasco Ibáñez
MARE NOSTRUM
Valencia, 1919, Prometeo.


“Nada importaba que los ideales pareciesen falsos. ¿Dónde está la verdad verdadera y única?... ¿Quién puede demostrar que existe y no es una ilusión?...
Lo necesario era creer en algo, tener esperanza. Las multitudes no se habían movido nunca al impulso de razonamientos y críticas. Sólo se lanzaban adelante cuando alguien hacía nacer en ellas ilusiones y esperanzas. Podían los filósofos buscar inútilmente la verdad á la luz de sus razonamientos. El resto de los hombres preferiría siempre las quimeras ideales, que se transforman en poderosos móviles de acción.
Todas las religiones se desmenuzaban al sufrir un frío examen, y sin embargo producían santos y mártires, verdaderos superhombres de la moral. Todas las revoluciones resultaban defectuosas é ineficaces al quedar sometidas á una revisión científica, y no obstante habían engendrado los mayores héroes individuales, los más asombrosos movimientos colectivos de la Historia.
<<¡Creer!... ¡Soñar! –seguía cantando en su cerebro la voz misteriosa-. ¡Tener un ideal!...>>” (pp. 434-435)
José Enrique Rodó
EL CAMINO DE PAROS
Valencia, 1919, Editorial Cervantes.


“Allá, en lo hondo del alma de cada uno, duermen las tendidas aguas de la memoria. Sólo un rayo de luz cae sobre esas agua sombrías; sólo en mínima parte aparecen a la claridad de la conciencia; pero su capacidad es insondable, e indefinida su aptitud de revelar lo que más íntimo guardan. Cuanto ha pasado una vez por los sentidos, cuanto ha brotado de operación interior, cuanto ha tenido ser en la mente, deja por bajo de ella un rastro de su peso, capaz de revivir otra vez, y convertirse en representación actual y luminosa. No ya lo que la conciencia alumbró claramente cuando su presentación primera; no ya lo que labró hondo surco en la atención o la sensibilidad; sino aun lo vislumbrado, lo apenas advertido, lo semi-ignorado, lo visto al pasar, lo que en un punto mismo es y se disipa, desciende a aquel abismo de la memoria latente, y yace en esa profundidad jamás colmada. De esta manera, líneas, colores, sonidos, armonías, palabras, ideas, emociones, duermen en el inmenso depósito, comparable al caos donde está en potencia una creación y guardan su turno para resurgir, ya como recuerdo concreto, ya como imagen no referida a lo pasado, si logran el favor de un pensamiento que tienda hasta ellos el hilo de una asociación eficaz, y los levante al círculo de lo consciente. Cuanto más vario y copioso sea ese íntimo museo en el alma del artista, cuanto más se le acrezca por la experiencia, y se le haga accesible y dócil a las artes evocadoras de la asociación, tanto más fácil será la inventiva del artista, y más fecunda.” (pp. 10-11)
Francisco García Pavón
CUENTOS REPUBLICANOS
Barcelona, 1961, Destino.


"Y es que, como decía el señor veterinario, que era reaccionario, <<el fútbol es natural de los ingleses, que gustan de cansarse corriendo detrás de las cosas inútiles y sin argumentos>>. Los españoles prefieren los toros porque en ellos hay algo <<práctico>>, hay drama." (p. 28)