miércoles, 15 de enero de 2014

Ryszard Kapuscinski
EL EMPERADOR
Barcelona, 2007, Anagrama.



“Era un perrito muy pequeño, de raza japonesa. Se llamaba Lulú. Disfrutaba del privilegio de dormir en el lecho imperial. A veces en el curso de alguna ceremonia saltaba de las rodillas del Emperador y se hacía pipí en los zapatos de los dignatarios. A éstos les estaba prohibido mostrar, con una mueca o un gesto, molestia alguna cuando notaban humedecidos los pies. Mis funciones consistían en ir de un dignatario a otro limpiándoles los orines de los zapatos. Para ello utilizaba un trapito de raso. Desempeñé este trabajo durante diez años”. (p. 13)

“El trono irradia dignidad, pero sólo por contraste con la sumisión que lo rodea; es la sumisión de los súbditos lo que crea su superioridad y le da sentido; sin ella el trono no es más que un decorado, un incómodo sillón de terciopelo raído y torcidos muelles.” (p. 55)

“No recuerdo ningún caso en que el Generoso Monarca le retirase el nombramiento a alguien o que le apretara las tuercas por corrupción. ¡Que se corrompiese cuanto quisiese pero, eso sí, que demostrase su lealtad! (…) Sin embargo, en cuanto percibía aunque sólo fuera una sombra de infidelidad, lo confiscaba todo inmediatamente (…) Gracias a esa contabilidad suya el Rey de Reyes tenía a todos en un puño y todo el mundo lo sabía.
   No obstante, se produjo en palacio un caso insólito, a saber: uno de nuestros patriotas más nobles, gran jefe de la guerrilla en los años de la guerra contra Mussolini, Tekele Wolda Hawariat, nada amigo del Emperador, siempre rehuyó aceptar regalos, por muy generosos que fueran, rechazó privilegios y nunca mostró inclinación alguna hacia la corrupción. A éste Nuestro Magnánimo Señor lo tuvo encarcelado largos años y finalmente lo mandó decapitar.” (p. 62)

“Demasiado jóvenes, educados en provincias muy alejadas, ignoraban que el propio Emperador había llegado al poder gracias a un compló. Que en mil novecientos dieciséis, ayudado por embajadas occidentales, había dado un golpe de estado y desplazado al legítimo heredero del trono, Lydj Iyasu. Que ante la inminencia de la invasión italiana había jurado públicamente derramar su sangre por Etiopía y que, cuando aquélla se produjo, se embarcó para Inglaterra y allí pasó la guerra en la tranquila ciudad de Bath. Más tarde nació en él tal complejo frente a los jefes de la guerrilla que sí se habían quedado en el país para luchar contra los italianos, que, al regresar y ocupar de nuevo el trono, los fue liquidando o apartando uno a uno al mismo tiempo que otorgaba su favor a los colaboracionistas.” (pp. 101-102)

“Era un personaje muy simpático, un político perspicaz, un padre trágico, un avaro patológico; condenaba a muerte a inocentes e indultaba a culpables por simples caprichos del poder, sin más: laberintos de la política de palacio, ambigüedades, oscuridad que nadie es capaz de escrutar.” (p. 128)

“En Eritrea la vida era muy dura, señor mío; el ejército luchando constantemente contra la guerrilla, muchos, muchos muertos todos los días, así que ya desde hacía tiempo existía el problema de dar sepultura a tanta gente. Para limitar los ya excesivos costes de la guerra, sólo los oficiales disfrutaban del derecho a ser enterrados, mientras que los cuerpos de los simples soldados se dejaban a merced de las hienas y los buitres, y esta desigualdad acabó provocando la rebelión.” (p. 153)
[Todas las citas están referidas a Etiopía y a su emperador Haile Selassie.]

domingo, 5 de enero de 2014

John Steinbeck
DE RATONES Y HOMBRES
Barcelona, 2009, Edhasa.



“Se hizo más profunda la voz de George. Recitó las palabras rítmicamente, como si las hubiera dicho muchas veces ya.
—Los hombres como nosotros, que trabajan en los ranchos, son los tipos más solitarios del mundo. No tienen familia. No son de ningún lugar. Llegan a un rancho y trabajan hasta que tienen un poco de dinero, y después van a la ciudad y malgastan su dinero, y no les queda más remedio que ir a molerse los huesos en otro rancho. No tienen nada que esperar del futuro.
Lennie estaba encantado.
—Eso es... eso es. Ahora, explícame, cómo somos nosotros.
George prosiguió:
—Con nosotros no pasa así. Tenemos un porvenir. Tenemos alguien con quien hablar, alguien que piensa en nosotros. No tenemos que sentarnos en un café malgastando el dinero sólo porque no hay otro lugar adonde ir. Si esos otros tipos caen en la cárcel, pueden pudrirse allí porque a nadie le importa. Pero nosotros, no.
—¡Pero nosotros no! —interrumpió Lennie—. Y ¿por qué? Porque... porque yo te tengo a ti para cuidarme, y tú me tienes a mí para cuidarte, por eso. —Soltó una carcajada de placer—. ¡Sigue ahora, George!
—Te lo sabes de memoria. Puedes decirlo solo.
—No, tú. Yo me olvido de algunas cosas.
Cuenta cómo va a ser.
—Bueno. Algún día... vamos a reunir dinero y vamos a tener una casita y un par de acres de
tierra y una vaca y unos cerdos y...
—Y viviremos como príncipes —gritó Lennie—. Y tendremos muchos conejos. ¡Vamos, George! Cuenta lo que vamos a tener en la huerta y habla de los conejos en las jaulas y de la lluvia en el invierno y la estufa, y háblame de la crema de la leche, tan espesa que apenas la podremos cortar. Cuéntamelo todo, George.
—¿Por qué no lo dices tú? Lo sabes todo.
—No... dilo tú. No es lo mismo si hablo yo. Vamos... George. ¿Cómo me vas a dejar que cuide de los conejos?” (pp. 26-28)

“La casa de los peones era un largo edificio rectangular. Por dentro, las paredes estaban blanqueadas con cal y el piso no tenía pintura. En tres paredes había pequeñas ventanas cuadradas y en la cuarta una sólida puerta con cerrojo de madera. Contra las paredes se alineaban ocho camastros, cinco de ellos hechos ya con mantas y los otros tres con sus fundas de arpillera al aire. Sobre cada camastro estaba clavado un cajón de manzanas con la abertura hacia adelante de manera que formaba dos estantes para guardar los efectos personales del ocupante de la litera. Y esos estantes se hallaban llenos de pequeños artículos, jabón y polvo de talco, navajas y esas revistas del Oeste que gustan leer los trabajadores de los ranchos, de las que se mofan y en las que creen en secreto. Y también había medicinas, frasquitos y peines; y de los clavos a los lados de los cajones colgaban unas pocas corbatas. Cerca de una de las paredes había una negra estufa de hierro fundido, cuya chimenea subía recta a través del techo. En el centro de la habitación se levantaba una gran mesa cuadrada cubierta de naipes, y a su alrededor se agrupaban cajones para que se sentaran los jugadores.” (pp. 32-33)

“La honda laguna verde del río Salinas estaba muy calmada a la caída de la tarde. El sol había dejado ya el valle para ir trepando por las laderas de las montañas Gabilán, y las cumbres estaban rosadas de sol. Pero junto a la laguna, entre los veteados sicómoros, había caído una sombra placentera.
    Una culebra de agua se deslizó tersamente por la laguna, haciendo serpentear de un lado a otro el periscopio de su cabeza; nadó todo el largo de la laguna y llegó hasta las patas de una garza inmóvil que estaba de pie en los bajíos. Una cabeza y un pico silenciosos bajaron como una lanza y tomaron a la culebra por la cabeza, y el pico engulló el reptil mientras la cola de éste se agitaba frenéticamente.
    Se dejó oír una lejana ráfaga de viento, y el aire se movió por entre las copas de los árboles como una ola. Las hojas de sicomoro volvieron hacia arriba sus dorsos de plata; las hojas parduscas, secas, sobre la tierra, revolotearon un poco. Y pequeñas ondas surcaron, en filas sucesivas, la verde superficie del agua.
    Tan rápido como había llegado, murió el viento, y el claro quedó otra vez en calma. En los bajíos permanecía la garza, inmóvil y esperando. Otra culebrita de agua nadó por la laguna, volviendo de un lado a otro su cabeza de periscopio.” (pp. 155-156)
Santiago Ramón y Cajal (I)
REGLAS Y CONSEJOS SOBRE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
LOS TÓNICOS DE LA VOLUNTAD

Madrid, 2007, Espasa Calpe.

 

“España descuidó el cultivo de la ciencia, a mi juicio, porque el español, quizá desde Felipe II, estaba más interesado en los asuntos de allá arriba que en los de aquí abajo, y miró siempre más hacia el cielo que hacia la tierra. Entiéndase bien que esto no es una crítica de la religión, sino, tal vez, la crítica de una religión mal entendida.” (p. 10)
[La cita pertenece a Severo Ochoa, prologuista de la obra de Cajal.] 
 


“Otra verdad, vulgarísima ya de puro repetida, es que la ciencia humana debe descartar, como inabordable empresa, el esclarecimiento de las causas primeras y el conocimiento del fondo sustancial oculto bajo las apariencias fenomenales del Universo. Como ha declarado Claudio Bernard, el investigador no puede pasar del determinismo de los fenómenos, su misión queda reducida a mostrar el cómo, nunca el porqué de las mutaciones observadas.” (p. 24)
[Las cursivas pertenecen al texto.]


“Apresurémonos, pues, a declarar que no hay recetas lógicas para hacer descubrimientos y menos todavía para convertir en afortunados experimentadores a personas desprovistas del arte discursivo natural a que antes aludíamos. Y en cuanto a los genios, sabido es que difícilmente se doblegan a las reglas escritas: prefieren hacerlas. Como dice Condorcet, «las medianías pueden educarse, pero los genios se educan por sí solos».” (p. 28)  

“Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento; la osadía mide sus fuerzas y vence o es vencida, pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacción.” (p. 31)
 
“Al entrar en la historia no hay grande hombre que no sea avaro de sus títulos y que no dispute encarnizadamente a la nueva generación sus derechos a la gloria. Muy triste, pero muy verdadera suele ser aquella amarga frase de Rousseau: «No existe sabio que deje de preferir la mentira inventada por él a la verdad descubierta por otro».” (p. 34)
Ryszard Kapuscinski
UN DÍA MÁS CON VIDA
Barcelona, 2005, Anagrama.
 


“Al principio nadie prestó atención a la cosa. Como la ciudad estaba sucia y abandonada, sus habitantes se imaginaban que los basureros se habían marchado hacía ya tiempo. Y, sin embargo –se confirmó la noticia-, no se habían ido hasta ayer. Y de pronto, sin que se supiera de dónde venía la avalancha, la basura empezó a amontonarse. Y eso que en Luanda no quedaban más que un puñado de personas, las cuales, por añadidura, vivían en tal estado de parálisis y apatía que no se las podía considerar sospechosas de levantar montaña alguna de basura. Y, sin embargo, montañas así empezaron a adueñarse de las calles de la ciudad abandonada. Aparecían en aceras, calzadas y plazas. En los portales de las casas y en los mercados desiertos. Por algunas calles se caminaba con gran dificultad y no menos asco. En aquel clima, el exceso de sol y de humedad aceleraba y aumentaba el proceso de descomposición, putrefacción y fermentación. Toda la ciudad empezó a heder; volviendo de la calle, el que entraba en el hotel también apestaba, y durante un rato muy largo: quienes hablaban con él lo hacían guardando una prudencial distancia. De todos modos, en las relaciones sociales el fenómeno de guardar distancias se generalizó, a pesar de que, dada la situación a la que nos vimos condenados, debería de haber sido todo lo contrario. (…) Empezaron a morirse los gatos. Seguramente se habrían intoxicado en masa con alguna carroña emponzoñada, porque una buena mañana por todas partes había gatos muertos. Al cabo de dos días se hincharon, volviéndose redondos como cebones. Atraían inmensas nubes de moscas negras...” (pp. 38-39)

“Sólo aquellos africanos que han hecho una carrera universitaria y han visto mundo, que saben leer y lo que es una película, sólo éstos han comprendido que la descolonización les ofrecía una oportunidad para subir de golpe muchos peldaños en el escalafón económico, para acumular riquezas y privilegios. Y la aprovecharon con tanta más facilidad cuanto que sus hermanos menos espabilados -y eran diez de cada doce- no reclamaban nada para sí, se conformaban con su casucha de barro y un cuenco de mandioca como con un mundo que les fue dado de una vez para siempre.” (pp. 65-66)

“El mundo contempla el gran espectáculo de lucha y de muerte, cosas que le resultan difíciles de imaginar porque la imagen de la guerra es intransferible. No se puede transmitir ni con la pluma ni con la voz ni con la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están apresados en su interior, sangriento, sucio y repugnante. Para otros no es sino una página en un libro o una imágenes en una pantalla, nada más”. (pp. 124-125)

“Los del FNLA: un ejército cruel. Practican el canibalismo. Varios días atrás aún no me lo creía. Pero hace una semana, con un grupo de periodistas locales viajé a Lucala, a cuatrocientos kilómetros al este de Luanda. (…) Todas las personas habían sido asesinadas y todas las aldeas incendiadas. Los causantes de todo aquello, al retirarse, destruían todo vestigio de vida. Cabezas de mujeres arrojadas sobre la hierba de las cunetas. Cadáveres con el corazón y el hígado arrancados.” (pp. 139-140)


[Todas las citas se refieren a la independencia de Angola en noviembre de 1975. El Frente Nacional para la Liberación de Angola fue uno de los grupos armados anticomunistas implicados en el conflicto angoleño.]

miércoles, 1 de enero de 2014


Geoffrey Chaucer
CUENTOS DE CANTERBURY
Barcelona, 1973, Iberia.


“Todos los días, al ir a la escuela y al volver a su hogar, iba cantando el himno, y entre tanto tenía fijo su corazón en la Madre de Jesús. Atravesaba, pues, el mocito toda la judería entonando a grandes y alegres voces el «Alma Redemptoris», porque la dulzura de la Madre de Cristo se había infundido de tal modo en su corazón, que no acertaba a dejar de honrarla cantando por el camino.
   La serpiente Satanás, nuestro primer enemigo, que esconde sus avisperos en los corazones de los judíos, sintióse henchida de cólera.
   -¡Pueblo hebreo! ¿Es honroso para vosotros que ese niño pase cantando ante vuestra presencia, mal que os pese, unas cosas que menosprecian vuestras leyes establecidas?
   Y desde entonces empezaron los judíos a maquinar cómo quitarían la vida a aquel inocente. Pagaron, pues, a un asesino, el cual se ocultó en un lugar retirado de una callejuela. Y cuando vió al niño llegar allí, el maldito judío echóle mano, le degolló y arrojólo a una cloaca, esto es, allá donde depositaban los judíos sus excrementos.” (p. 155; tomo-I)
[El texto pertenece al CUENTO DE LA PRIORA.]

“Ved este mitón. Quién meta la mano en él verá multiplicarse sus cereales, ya sean avena o trigo, siempre que dé peniques o dineros.
   Adviértoos, buenos hombres y mujeres, que si en este templo está alguna persona que hubiere cometido un pecado nefando y por bochorno no ose confesarlo (como también si hay alguna mujer, joven o vieja, que hubiese hecho cornudo a su marido), personas tales no tendrán facultad ni merced de subir a hacer ofrenda a mis reliquias en este lugar. Empero, el que se halle libre de semejantes culpas, puede subir y ofrendar en nombre de Dios, y yo le absolveré con la autoridad que por bula me ha sido conferida.
   Con estos manejos he ganado, un año tras otro, hasta cien marcos desde que soy bulero. Instálome en un púlpito, como un sacerdote, y ante la plebe ignara que abajo se hacina, predico como os dije y añado cien mentirosas cosas más. (…) Dirijo todo mi sermón sobre el ominoso pecado de la avaricia, porque tiendo a tornar a las gentes generosas y hacerles desembolsar sus peniques en mi beneficio. Pues habéis de saber que mi propósito es ganar dinero y no enmendar pecados. ¡Poco se me da de que las almas del prójimo anden errantes luego de sepultados sus cuerpos!” (p. 266; tomo-I)
[El texto pertenece al CUENTO DE LA PRIORA.]

“Dentro de la lujuria hay otro pecado, que se comete en sueños. Tal pecado acostumbra ocurrir a las personas vírgenes y a las muy corrompidas. Llámase polución y procede de cuatro orígenes: ya debilidad corporal, a causa de abundancia de humores en el organismo; ya enfermedad que motive flojedad de retención, como explica la Medicina; ya exceso de comidas y bebidas; ya malos pensamientos que contiene la mente humana al acostarse y que hacen caer en pecado. De manera que el hombre debe precaverse y tener discreción, para no incurrir en culpa grave.” (p. 267; tomo-II)
[El texto pertenece al CUENTO DEL PÁRROCO.]
Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña
DESNUDANDO A GOOGLE
Barcelona, 2012, Deusto.


“En primer lugar, ¿por qué Google? El hecho de escanear, archivar, conservar y difundir todo el conocimiento de la humanidad, ¿no representa algo de un valor cultural e intelectual tan serio que no debería estar en manos de una única empresa privada? ¿Tiene sentido que esta información sea tutelada por alguien que, además, es experto en la explotación publicitaria de contenidos y que goza de un monopolio en internet? Si el proyecto sigue adelante y dentro de una década Google Books es, tal vez, el mayor archivo editorial de la historia, es decir, la biblioteca de Alejandría 2.0, ¿quién nos garantiza que si Google dejara de existir –árboles más grandes han caído- este enorme legado cultural seguiría siendo accesible?
   Y, finalmente, ¿en qué condiciones legales? ¿Qué ocurre si dentro de algunos años Google quiere cambiar, como dueño de la base de datos, las normas de utilización? ¿Por qué motivo nos tendríamos que plegar a las normas e imposiciones de una empresa privada para acceder a un contenido que, de facto, no es suyo, y que está formado por obras de nuestro patrimonio histórico y cultural?” (pp. 153-154)

“Como en otras ocasiones, Google intenta convencernos de que darles una posición dominante en un mercado que les pone en disposición de rentabilizar todo el contenido del mundo, y de ser los dueños legales de la mayor base de datos de la historia, es un hecho altruista. (…) Entonces ¿por qué no lo hacen renunciando a la titularidad y exclusividad de la base de datos? Ya que es una iniciativa propia de una ONG, ¿por qué no renuncian a su explotación publicitaria y ceden sus derechos al mundo?” (p. 160)
Daniel Goleman
INTELIGENCIA EMOCIONAL
Barcelona, 2001, Kairós.


“La mente emocional (…) toma a sus creencias por la realidad absoluta y deja de lado toda evidencia en sentido contrario. Éste es el motivo por el cual resulta tan difícil razonar con alguien que se encuentre conmocionado emocionalmente, porque no importa la contundencia lógica de los argumentos si no se acomodan a la convicción emocional del momento.” (p. 427)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

H. G. Wells
LA GUERRA DE LOS MUNDOS
Madrid, 1979, Zero.
 



“No hubiera creído nadie que las cosas humanas fueran observadas en los últimos años del siglo XIX aguda y atentamente por inteligencias superiores a la del hombre y mortales como la de éste; que los hombres fuesen examinados y estudiados casi de tan cerca como pueden serlo en el microscopio las transitorias criaturas que pululan y se multiplican en una gota de agua. Con infinita suficiencia iban y venían los hombres por el mundo, ocupándose en sus asuntillos, serenos en la seguridad de su imperio sobre la materia. ¡Es posible que bajo el microscopio obren de igual manera los infusorios! Nadie imaginó que de los más antiguos mundos del espacio pudiera sobrevenir un peligro para la existencia humana, ni se pensaba en esos mundos más que para desechar como imposible o probable la idea de que hubiese en ellos vida." (p. 21)

“Desde aquí les veo, ¡sí! los veo… -exclamó con tono de satisfacción sombría-. En ellos irá a refugiarse el sentimiento y la religiosidad; pero hay mil cosas que había visto yo toda la vida y que ahora empiezo a comprender. Hay gentes gordas y estúpidas que tomarán las cosas como vengan, y muchas otras a quienes les torturará la idea de que va mal el mundo y es preciso hacer algo. Pero cuando las cosas se ponen de tal modo que empieza a creer la gente que es preciso hacer algo, los espíritus débiles y los que se debilitan a fuerza de pensar demasiado acaban por formar una especie de religión de no hacer nada, muy piadosa y superior, y se someten a las persecuciones y a la voluntad de Dios. Ya lo habrá usted notado. Es la energía vuelta al revés por una ráfaga de miedo.” (p. 165)



Voltaire
CARTAS FILOSÓFICAS
Madrid, 1976, Editora Nacional.



“Me guardé muy mucho de contestarle; no hay nada que ganar con un entusiasta: no hay que empeñarse en decirle a un hombre los defectos de su amante, ni a un querellante la debilidad de su causa ni razones a un iluminado” (p. 38) 

“La verdad es que no hay familia, ni ciudad, ni nación que no intente hacer retroceder su origen; además, los primeros historiadores son los más negligentes en marcar las fechas; los libros eran mil veces menos comunes que hoy; por consiguiente, estando menos expuestos a la crítica, se engañaba al mundo más impunemente; y, puesto que evidentemente se han supuesto hechos, es bastante probable que también se hayan supuesto fechas.” (p. 41) 

“pero las persecuciones no sirven casi nunca más que para hacer prosélitos” (p. 47)
Herman Melville
MOBY DICK
Barcelona, 1982, Bruguera.


 

“A menudo, uno oye hablar de escritores que se elevan y se hinchan con su tema, aunque éste parezca sólo ordinario. ¡Cómo, entonces, me pasará a mí, escribiendo sobre este Leviatán! Inconscientemente, mi caligrafía se expansiona en mayúsculas de cartel. ¡Dadme una pluma de cóndor! ¡Dadme el cráter del Vesubio como tintero! ¡Amigos, sostenedme los brazos! Pues en el simple acto de escribir mis pensamientos sobre este Leviatán, me fatigan y me hacen desmayar con su desbordado alcance de movimiento, como para abarcar todo el círculo de las ciencias, y toda la generación de las ballenas, y los hombres, y los mastodontes, pasados, presentes y futuros, con todos los panoramas giratorios de imperios en la tierra, y a través del universo entero, sin excluir sus suburbios. ¡Tal, y tan magnificadora es la virtud de un tema amplio y liberal! Nos expansionamos hasta su tamaño. Para producir un libro poderoso, hay que elegir un tema poderoso. No se puede jamás escribir un volumen grande y duradero sobre la pulga, aunque haya muchos que lo han intentado.” (p. 512)
Javier Marías
LOS ENAMORAMIENTOS
Madrid, 2011, Alfaguara.

 

“la gente no quiere saber por qué pasó nada, sólo qué pasó y que el mundo está lleno de imprudencias, peligros y mala suerte que a nosotros nos rozan y en cambio alcanzan y matan a nuestros semejantes descuidados, o quizá no elegidos. Se convive sin problemas con mil misterios irresolutos que nos ocupan diez minutos por la mañana y a continuación se olvidan sin dejarnos escozor ni rastro. Precisamos no ahondar en nada ni quedarnos largo rato en ningún hecho o historia, que se nos desvíe la atención de una cosa a otra y que se nos renueven las desgracias ajenas, como si después de cada una pensáramos: ‘Ya, qué espanto. Y qué más. ¿De qué otros horrores nos hemos librado? Necesitamos sentirnos supervivientes e inmortales a diario, por contraste, así que cuéntenos atrocidades distintas, porque las de ayer ya las hemos gastado’.” (pp. 50-51)

“Es otro de los inconvenientes de padecer una desgracia: al que la sufre los efectos le duran mucho más de lo que dura la paciencia de quienes se muestran dispuestos a escucharlo y acompañarlo, la incondicionalidad nunca es muy larga si se tiñe de monotonía. Y así, tarde o temprano, la persona triste se queda sola cuando aún no ha terminado su duelo o ya no se le consiente hablar más de lo que todavía es su único mundo, porque ese mundo de congoja resulta insoportable y ahuyenta. Se da cuenta de que para los demás cualquier desdicha tiene fecha de caducidad social, de que nadie está hecho para la contemplación de la pena, de que ese espectáculo es tolerable tan sólo durante una breve temporada, mientras en él hay aún conmoción y desgarro y cierta posibilidad de protagonismo para los que miran y asisten, que se sienten imprescindibles, salvadores, útiles. Pero al comprobar que nada cambia y que la persona afectada no avanza ni emerge, se sienten rebajados y superfluos, lo toman casi como una ofensa y se apartan. ‘¿Cómo es que no sale del pozo teniéndome a mí a su lado? ¿Por qué se empeña en su dolor si, si ya ha pasado algún tiempo y yo le he dado distracción y consuelo? Si no puede levantar la cabeza, que se hunda o que desaparezca’. Y entonces el abatido hace esto último, se retrae, se ausenta, se esconde.” (pp. 85-86)

domingo, 15 de diciembre de 2013


Antonio Damasio
Y EL CEREBRO CREÓ AL HOMBRE
Barcelona, 2010, Destino.


 
"Sin conciencia, es decir sin una mente dotada de subjetividad, no tendríamos modo de conocer que existimos, ni mucho menos sabríamos quiénes somos y qué pensamos. Si la subjetividad no se hubiera originado, de manera muy modesta al principio, en criaturas vivas mucho más sencillas que los seres humanos, la memoria y el razonamiento probablemente no se habrían desarrollado de la manera prodigiosa en que lo hicieron, ni se hubiera allanado el camino evolutivo hacia el lenguaje y la versión compleja de la conciencia que hoy poseemos los seres humanos. Sin la subjetividad, la creatividad no habría florecido y no tendríamos canciones ni pintura ni literatura. El amor nunca sería amor, sólo sexo. La amistad habría quedado en mera conveniencia cooperativa. El dolor nunca se habría convertido en sufrimiento, no se hubiera considerado algo malo, sino sólo una dudosa ventaja dado que el placer tampoco se hubiera convertido en dicha o gozo. Si la subjetividad no hubiera hecho su radical aparición, no existiría el conocimiento ni tampoco nadie que se fijara en las cosas y dejara constancia de ellas; es decir, no habría cultura ni historia de lo que las criaturas hicieron a lo largo de las épocas." (pp. 20-21)

“Cada día aumenta el número de pruebas que indican que a lo largo de múltiples generaciones los avances culturales ocasionan cambios en el genoma.” (p. 55)

“El miedo puede ser sólo una falsa alarma inducida por una cultura retorcida. En estos casos, en lugar de salvarle a uno la vida, el miedo es un factor de estrés, y el estrés que se prolonga en el tiempo, destruye la vida, tanto mental como física. La agitación trae consecuencias negativas.” (p. 182)

“La ínsula sirve como punto para la activación de una emoción de gran importancia: el asco, una de las más antiguas emociones del repertorio. El asco empezó siendo un medio automático de rechazar alimentos potencialmente tóxicos y evitar que entraran en el cuerpo. Los seres humanos sienten asco no sólo de alimentos en mal estado y del hedor o la fetidez que desprenden, sino que pueden sentirlo de una variedad de situaciones en las que la pureza de los objetos o del comportamiento se halla afectada y existe «contaminación». Y lo que es asimismo muy importante, en los seres humanos la perfección de acciones moralmente reprensibles provoca también asco. En consecuencia muchas de las acciones incluidas en el programa humano del asco, entre ellas las características expresiones faciales, han sido cooptadas por una emoción social como es el desprecio, que a menudo es una metáfora del asco en sentido moral.” (p. 186)
[La ínsula es una estructura interna del cerebro.]

“Siempre que ingerimos moléculas que tienen la capacidad de modificar la transmisión de señales corporales o de alterar el mapa que conforman, aprovechamos ese mecanismo. El alcohol lo hace, y también los analgésicos y los anestésicos, así como un sinfín de drogas y estupefacientes. Resulta a todas luces evidente que, aparte de por curiosidad, los seres humanos se han apoyado en este tipo de moléculas debido a su deseo de generar sensaciones de bienestar, sensaciones en las que se borran las señales de dolor y se inducen señales de placer.” (pp. 192-193)


Raymond Carver
PRINCIPIANTES
Barcelona, 2010, Anagrama.


 

“Recuerdo que años antes -antes de que me pasara bebiendo todo el día- leí un extraordinario pasaje de una novela de un italiano llamado Italo Svevo. El padre del narrador estaba muriéndose. La familia se había reunido alrededor de su lecho, y lloraba y aguardaba a que el anciano expirase, pero el moribundo abrió los ojos para mirar por última vez a todos y cada uno de los miembros de su familia. Cuando sus ojos se detuvieron en el narrador, se agitó súbitamente y algo se instaló en sus ojos; con un último acopio de fuerza se incorporó, se echó hacia adelante en la cama y soltó una bofetada a su hijo con toda su alma. Luego se dejó caer hacia atrás en el lecho, y exhaló el último suspiro. En aquella época imaginé a menudo la escena de mi propia muerte, y me veía haciendo lo mismo, con la única diferencia de que esperaba tener la fuerza suficiente para abofetear no a uno sino a mis dos hijos, y para que mis últimas palabras dedicadas a ellos fueran aquellas que sólo un hombre agonizante tendría el valor de pronunciar.” (pp. 30-31)








Tito Livio
AB URBE CONDITA (Libro XII)
Madrid, 1985, Gredos.



“en Sicilia, a unos soldados se les habían inflamado los dardos; igualmente, en Cerdeña, a un jinete que hacía la ronda de noche en la muralla, la fusta que tenía en la mano; en el litoral habíase visto un centelleo repetido; dos escudos habían sudado sangre, varios soldados habían sido alcanzados por el rayo, y el disco del sol parecía encogerse. En Preneste, habían caído aerolitos; en Arpos habían visto rodelas en el cielo y una lucha del sol con la luna; en Capena, dos lunas durante el día. De Ceres contábase que las aguas manaban ensangrentadas, y la misma fuente de Hércules brotaba inficionada de manchas sangrientas. En Ancio, unos segadores se habían encontrado con espigas sanguinolentas en la canasta. En Falerios, el cielo se había rasgado como en una colosal hendidura, y por ella había brillado un relámpago imponente; las tabillas de adivinación se habían encogido y caído por sí sola una de ellas con la siguiente inscripción: «Marte blande su lanza». Aquellos mismos días, en Roma habían aparecido cubiertas de sudor la imagen de Marte de la Vía Apia y las estatuas de los lobos, y en Capua fuego en el cielo y la luna cayendo entre la lluvia. Luego se dio también crédito a otros prodigios menos importantes: cabras con el pelo trocado en lana, cambios de sexo en gallos y gallinas. Relatados todos estos sucesos según las noticias sabidas, y presentados los testigos en la curia, el cónsul pidió a los senadores su parecer acerca de la necesidad de expiaciones y su determinación. Acordóse expiar aquellos portentos, parte con víctimas mayores, parte con menores y celebrar rogativas durante tres días en todos los templos” (pp. 8-12)
[El texto se refiere a los augurios sobre el ataque de Aníbal a Roma.]

“Las noticias llegadas a Roma daban por exterminado al ejército entero con sus jefes, y aniquiladas todas las fuerzas, sin mencionar siquiera a los restos de ciudadanos y aliados sobrevivientes. Jamás, estando los enemigos lejos, hubo tanto terror y tumulto dentro de las murallas de Roma. Me declararé, pues, impotente ante la dificultad y no intentaré narrar lo que mi descripción empequeñecería.” (p. 238)