jueves, 2 de abril de 2015


Charles Dickens
CASA DESOLADA (I)
Barcelona, 2000, Montesinos.


“Tiempo implacable de noviembre. Hay tanto barro en las calles que parece como si las aguas acabasen de retirarse nuevamente de la faz de la Tierra. Y no resultaría asombroso que tropezásemos con un enorme Megalosaurio, andando como un inmenso lagarto por las colinas de Holborn. El humo desciende de las chimeneas formando una suave llovizna negra, como enlutada por la muerte del sol, con volutas de hollín del tamaño de los copos de nieve. Los perros no se distinguen, de tan embarrados como están. Los caballos se ven escasamente mejor, pues las salpicaduras le llevan casi hasta el lomo. Los peatones entrechocan sus paraguas, en un contagio general de mal humor, y resbalan en las esquinas, donde decenas de millares de peatones se han escurrido y han resbalado desde el amanecer, si puede decirse que amaneció, añadiendo más barro a las capas que en esos puntos se han pegado tenazmente al suelo, acumulándose al ritmo del interés compuesto.” (p. 11)

“¡Éste es el Tribunal Supremo! Tiene casas ruinosas y tierras yermas en todos los condados; tiene locos macilentos en todos los manicomios; tiene muertos en todos los cementerios; tiene a sus querellantes arruinados, pidiendo dinero prestado o limosna, una tras otro, a todos sus conocidos; da al económicamente poderoso abundantes medios para que haga desistir por agotamiento al que tiene la razón; consume los ahorros, la paciencia y la esperanza; aniquila el cerebro y destroza el corazón de tal manera que no existe, entre quienes lo frecuentan, un hombre honrado que no hiciera –y que frecuentemente no haga– esta advertencia: ¡Soportad cualquier perjuicio que se os cause antes de venir aquí.!” (pp. 12-13)

“Tanto tiempo y con tanta intensidad ha llovido allá, en Lincolnshire, que Mrs. Rouncewell, la anciana ama de llaves de Chesney Wold, se ha quitado varias veces las gafas para limpiarlas con el fin de asegurarse de que no fuesen los cristales los que estaban mojados. A Mrs. Rouncewell le habría bastado, para salir de dudas, con escuchar el sonido de la lluvia, pero es algo sorda, cosa de la que nadie en el mundo puede convencerla. Es una anciana hermosa, majestuosa, extraordinariamente acicalada y limpia, y luce una espalda y un peto tales, que, si cuando muriera se averiguase que usaba como corsé la vieja reja de una chimenea, ninguno de los que la conocen se sorprendería.” (p. 82)


domingo, 1 de marzo de 2015


Gregory Bateson
PASOS HACIA UNA ECOLOGÍA DE LA MENTE
Buenos Aires, 1985, Ediciones Carlos Lohlé.


 
“Por eso las personas son sistemas autocorrectivos. Son autocorrectivos contra la perturbación, y si lo obvio no es de una clase que puedan asimilar fácilmente sin perturbación interna, sus mecanismos correctivos operan para desviarlo por una senda lateral, para ocultarlo, aun hasta el punto de cerrar los ojos si es necesario, o de excluir distintas partes del proceso de percepción. (...) También esto –la premisa respecto de qué puede causar perturbación– es algo que se aprende y que luego se perpetúa y conserva.” (p. 460)
 
“¿Sobre la base de qué principios selecciona su propia mente aquello de lo cual «usted» tendrá conciencia? (...) Yo, el Yo consciente, veo una versión inconscientemente corregida de un pequeño porcentaje de lo que afecta a mi retina. En mi percepción soy guiado por propósitos.” (p. 463)
[La cursiva pertenece al texto.] 

 
“La conciencia opera de la misma manera que la medicina en su muestreo de los sucesos y procesos del cuerpo y de lo que sucede en la mente total. Está organizada en términos de propósito. Es un dispositivo para ayudarle a abreviar y permitirle a usted que llegue rápidamente adonde quiere ir, no para actuar con el máximo de sabiduría en su vida, sino para seguir la senda más breve, lógica o casual, para llegar adonde usted quiere, que a lo mejor es cenar; puede ser una sonata de Beethoven; puede ser el sexo. Sobre todo, puede ser el dinero o el poder.” (p. 464)
Amos Oz
DE REPENTE EN LO PROFUNDO DEL BOSQUE
Madrid, 2006, Siruela.


 
“Con el tiempo –continuó relatando el hombre–, aprendí también palomán, grillol, ranés, cabrés, pecí y abejino. Y al cabo de unos meses, cuando desaparecí y me fui a vivir solo una vida de niño de las montañas en el bosque, me esforcé en aprender más y más idiomas de animales. No me resultó difícil, porque en las lenguas de los animales hay muchas menos palabras que en las lenguas de las personas, y sólo tienen tiempo presente, no existe pasado ni futuro, y sólo tienen verbos, sustantivos e interjecciones, nada más.” (pp. 96-97)

“Aquí no nos da vergüenza estar desnudos: siempre estamos completamente desnudos debajo de nuestras ropas, lo que pasa es que nos han acostumbrado desde pequeños a avergonzarnos de lo que es verdadero y a enorgullecernos de lo que es falso. Y nos han acostumbrado a no alegrarnos de lo que tenemos, sino a alegrarnos única y exclusivamente de lo que poseemos nosotros y no tienen los demás. Y aún peor, nos han acostumbrado desde pequeños a mantener todo tipo de ideas venenosas que empiezan siempre por las palabras «todo el mundo…»” (pp. 99-100)
Erich Fromm
Y SERÉIS COMO DIOSES
Barcelona, 1989, Paidós.
 


“Nunca la experiencia de una persona es idéntica a la experiencia de otra; solamente puede acercarse a ella lo suficiente como para permitir el uso de un símbolo común o concepto. (...) El concepto y el símbolo tienen la gran ventaja de permitir a la gente comunicar sus experiencias; tienen la tremenda desventaja de que se prestan fácilmente a un uso alienado.” (p. 24)

sábado, 31 de enero de 2015

Luis Mateo Díez
LA CABEZA EN LLAMAS
Barcelona, 2012, Galaxia Gutenberg.

 

“El adolescente que no se gobierna siempre recoge lo peor del niño que lo precedió, generalmente lo que se relaciona con los caprichos y las pataletas, y deja al joven que le sucede las frustraciones y contradicción de lo que no logró resolver, como si en el comportamiento todo se mantuviera crudo, y entre el niño, el adolescente y el joven no hubiese otro reconocimiento que el de las deudas impagadas. Los tres formando una sociedad de irresolutos, cada cual con sus penalidades y sin saber a quién acudir. Una sociedad de intereses contrapuestos y beligerantes.” (p. 59)

“Los deseos son efímeros y sabiendo contenerlos ya se desactivan. La voluntad es una herramienta engañosa. En la constancia hay un esfuerzo que no merece la pena. El mayor engaño al que estamos sometidos es el de las virtudes teologales, aunque esto sólo sirva para creyentes. La fe, la esperanza y la caridad. Tres patas de un banco que siempre se desmorona. No soy creyente, pero más de un batacazo me di en ese banco.” (p. 69)

“O acaso que debo reconocer, y así lo hago, que vivo en la novela lo que la vida ya no me reclama, esa otra existencia que van resolviendo las tramas y los personajes, y donde encuentro la intensidad y el placer, y la zozobra y el desvelo, que la escritura de ficciones proporciona. Escribir es lo único que me interesa para que la vida no decaiga, y en la escritura está el único aliciente que me queda para acabar de resolverla.” (p. 243)
Daron Acemoglu y James A. Robinson
POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES
Barcelona, 2012, Deusto.



“Ya a finales del siglo XVIII, el gran filósofo político francés Montesquieu observó la concentración geográfica de la prosperidad y la pobreza y propuso una explicación para ello. Afirmó que los habitantes de los climas tropicales tendían a ser holgazanes y a no ser nada curiosos. En consecuencia, no se esforzaban en el trabajo, ni innovaban, y ésa era la razón de que fueran pobres. También afirmaba que los individuos holgazanes tendían a estar gobernados por déspotas, lo que sugería que una ubicación tropical podía explicar no solamente la pobreza, sino también algunos de los fenómenos políticos asociados con el fracaso económico, como las dictaduras.” (p. 67)

“Muchos piensan también que América Latina nunca será rica porque sus habitantes son intrínsecamente derrochadores, carecen de medios económicos y sufren de la cultura «ibérica» o del «ya lo haré mañana».” (p. 76)

“Actualmente, podría ser cierto que los africanos confían menos en los demás de lo que lo hacen los habitantes de otras partes del mundo. Pero esto es el resultado de una larga historia de instituciones que han minado los derechos humanos y de propiedad en África. Sin duda, la posibilidad de ser capturado y vendido como esclavo influyó en la falta de confianza histórica de los africanos en los demás.” (p. 80)

“Como mostraremos, los países pobres lo son porque quienes tienen el poder toman decisiones que crean pobreza. No lo hacen bien, no porque se equivoquen ni por su ignorancia, sino a propósito.” (p. 89)


C. G. Jung
PSICOLOGÍA Y RELIGIÓN
Barcelona, 1987, Paidós.



“La experiencia religiosa es absoluta. No cabe discutir acerca de ella. (...) Es indiferente lo que piensa el mundo en punto a la experiencia religiosa: quien la tiene, posee, como inestimable tesoro, algo que se convirtió para él en fuente de vida, sentido y belleza, otorgando nuevo brillo al mundo y a la humanidad. Tiene pistis [«fidelidad», «esperanza»] y paz.” (p. 167)
H. M. Velasco
EL ESPACIO TRANSFORMADO, EL TIEMPO RECUPERADO
(En “Antropología. Revista de pensamiento antropológico y
estudios etnográficos”. Marzo /1992. Número 2; pp. 5–29.)



“La construcción de un templo es una especie de acción clímax que convierte la transformación efímera del espacio que realiza todo ritual en transformación permanente, pero también la consagración de un espacio que no sólo facilita sino que implica y compromete a la repetición periódica de un ritual. Es decir, es el paradigma de esa función atribuida al ritual de anudar los tiempos, hacer gravitar el pasado sobre el presente y con él anticipar el futuro.” (p. 23)

domingo, 25 de enero de 2015



Yasmina Khadra
EL ATENTADO
Madrid, 2006. Alianza Editorial.


“Ni la emoción ni el pavor casan bien con la sangre fría. Cuando el horror golpea, lo primero que alcanza siempre es el corazón.” (p. 20)

“Creemos que sabemos, y entonces bajamos la guardia y hacemos como si todo fuera sobre ruedas. Con el tiempo, acabamos dejando de prestar la debida atención a las cosas. Nos confiamos. ¿Qué más se puede pedir? La vida nos sonríe, la suerte también. Se ama y se es amado. Nuestros sueños marcan la pauta de la realidad. Todo nos sale a pedir de boca... Luego, sin previo aviso, el cielo se nos viene encima. Y cuando ya está todo patas arriba, nos damos cuenta de que la vida, toda la vida -con sus altibajos, sus penas y sus alegrías, sus promesas y desengaños-, pende de un hilo tan inconsistente e imperceptible como el de una telaraña. De repente, el menor ruido nos espanta, y ya no conseguimos creer en nada. Lo único que deseamos es cerrar los ojos y no volver a pensar.” (pp. 68-69)

[La cursiva pertenece a la cita.]

“Sólo una vez habló de morir. Fue junto a un lago suizo mientras el horizonte crepuscular se las daba de obra maestra de la pintura: «No te sobreviviría un minuto», me confesó. «Para mí eres el mundo. Me siento morir cada vez que te pierdo de vista.» Aquella noche estaba deslumbrante con su vestido blanco. Los hombres sentados a nuestro alrededor en la terraza del restaurante se la comían con los ojos. El lago parecía inspirarse en su lozanía para dar lustre a la noche...” (pp. 72-73)

"Mi padre me decía: «Miente quien te cuente que existe una sinfonía mayor que el hálito que te anima, pues en el fondo odia lo mejor que hay en ti, que es la posibilidad de sacar provecho a cada instante de tu vida. Si partes del principio de que tu peor enemigo es aquel que intenta sembrar el odio en tu corazón, ya tienes media felicidad ganada. No tendrás más que tender la mano para coger lo demás. Y recuerda bien esto: no hay nada, absolutamente nada por encima de tu vida... Y tu vida no está por encima de la de los demás».
No lo he olvidado
Lo he convertido incluso en mi lema, convencido de que cuando los hombres se hayan adherido a esta lógica habrán alcanzado por fin la madurez." (p. 92)

“En Jerusalén, la gente, por superstición, se muestra muy prudente por la mañana: se cree que lo primero que se hace y dice al levantarse determina el resto del día.” (p. 144)

Kim Voss
EL COLAPSO DE UN MOVIMIENTO SOCIAL
:
estructuras de movilización, creación de marcos interpretativos y oportunidades políticas en el caso de los Knights of Labor.
(En McAdam, McCarthy y Zald: MOVIMIENTOS SOCIALES: PERSPECTIVAS COMPARADAS).
Madrid, 1999. Istmo.


“El fracaso es un objeto de estudio que goza de escasa popularidad entre los especialistas en movimientos sociales. (…) En cambio, sobre el origen de la insurgencia se debate casi ansiosamente. El resultado es que las teorías sobre el surgimiento de los movimientos son mucho más sofisticadas y convincentes que los modelos con los que contamos sobre su evolución y declive.” (p. 320).

Stephen King
DUMA KEY
Barcelona, 2009, Random House Mondadori.

 
 
“Más allá de aquella maraña, en un camino con baldosas azules que presumiblemente conectaba con el patio principal, acechaba una garza con ojos de águila. Poseía un aire adusto y reflexivo, pero nunca vi a ninguna sobre el suelo que no pareciera un anciano puritano decidiendo a qué bruja quemaría después.” (p. 176)

“Empieza con lo que conoces, y después reinvéntalo. El arte es magia, no hay discusión aquí, pero todo arte, no importa lo raro que sea, comienza cada día en la humildad. Simplemente no te sorprendas cuando flores extrañas broten de tierra común.” (p. 189)

“Recuerda que «ver es creer» implica poner el carro delante del caballo. El arte es el artefacto concreto de la fe y la expectación, la comprensión de un mundo que de otra forma sería poco más que un velo de conciencia sin sentido extendido sobre un golfo de misterio, Y además, si tú no crees en lo que ves, ¿quién creerá en tu arte?” (p. 443)

“Muchos críticos que no están destinados a hacer aquello sobre lo que escriben se vuelven celosos y ruines y se sienten insignificantes en su decepción.” (p. 532)

“Mi accidente me enseñó en realidad una sola cosa: la única manera de seguir adelante es siguiendo adelante. Decir «Puedo hacerlo», incluso cuando sepas que no puedes.” (p. 592)


domingo, 4 de enero de 2015

Albert Einstein
MI VISIÓN DEL MUNDO (II)
Barcelona, 2004, Tusquets.


 
“Si se separa al judaísmo de los profetas, y al cristianismo tal como fue enseñado por Jesús de todos los agregados posteriores, en especial los de los sacerdotes, subsistiría una doctrina capaz de curar a la humanidad de todas su enfermedades sociales.” (p. 109)

“Debemos liberarnos socialmente, traer nosotros mismos una solución a nuestras necesidades sociales. Debemos constituir nuestras propias asociaciones estudiantiles y guardar hacia los no judíos una distancia cortés y razonable. Queremos vivir según nuestras costumbres, sin imitar las de estudiantes bebedores y camorristas. Nada de eso nos incumbe. Se puede representar a la cultura europea, ser un buen ciudadano y no dejar por eso de ser un judío fiel.” (p. 113)

“Los enemigos principales de la conciencia y la dignidad judías son esa degeneración del sentimiento judío por la riqueza, por el bienestar, por una especie de dependencia íntima del mundo no judío, fomentados por el relajamiento de la comunidad. Lo mejor del hombre puede prosperar únicamente si se desarrolla dentro de la comunidad. ¡Qué grande es pues el peligro moral en que se encuentra el judío! Ha perdido el contacto con su pueblo y es visto como extranjero entre los pueblos que lo hospedan. Corolario de esta situación suele ser un egoísmo opaco, despreciable.” (p. 121)

“El esfuerzo por unir sabiduría y acción se logra pocas veces, y dura poco.” (p. 125)

“La primacía de los tontos es insuperable y está garantizada para todas las épocas. El terror de esa tiranía se mitiga por su ineficacia y sus consecuencias.” (p. 125)

“Los contrastes y las contradicciones que pueden alojarse simultáneamente en una corteza cerebral echan por tierra cualquier sistema político optimista o pesimista.” (p. 125)

“Antes de dedicarnos al problema del estudio del espacio, me gustaría hacer una observación sobre los conceptos en general: los conceptos se refieren a experiencias de los sentidos, pero no se pueden deducir de éstos de una manera lógica. Por este motivo nunca he podido comprender la pregunta sobre lo a priori, según Kant. Las preguntas sobre la esencia de algo sólo pueden intentar descubrir el carácter del conjunto de experiencias sensoriales al que se refieren los conceptos.” (p. 166)

“La teoría de la relatividad es un buen ejemplo de motivo básico en el desarrollo de una teoría. Las hipótesis de partida son cada vez más abstractas, están más lejos de la experiencia. Pero por otro lado estamos más cerca de los objetivos más importantes de la ciencia: abarcar con el mínimo número de hipótesis o axiomas posibles, el máximo de experiencias mediante la deducción lógica. Con esto, el camino intelectual que va de los axiomas a la experiencia, es decir, a las consecuencias verificables, se hace cada vez más largo y sutil. El teórico se ve forzado cada vez más a dejarse llevar por puntos de vista puramente matemáticos y formales en su búsqueda de teorías, ya que no es capaz de elevar las experiencias físicas del experimentador a un grado de abstracción tan alto.” (pp. 170-171)
Albert Einstein
MI VISIÓN DEL MUNDO (I)
Barcelona, 2004, Tusquets.



“El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido.” (p. 14)
 
“…la búsqueda de una estructuración ético-moral de la vida en común es de importancia vital. Aquí no nos puede salvar ninguna ciencia. Incluso creo que la sobrevaloración de lo intelectual en nuestra educación, dirigida hacia la eficacia y la practicidad, ha perjudicado los valores éticos. No pienso tanto en los peligros que ha traído el desarrollo técnico de la humanidad sino en la proliferación de un tipo de mutua falta de consideración, de una manera de pensar matter of fact, que se ha interpuesto como una capa de hielo entre las relaciones de los unos con los otros.” (p. 25-26)

“Dar importancia excesiva y prematura al sistema competitivo y a la especialización en beneficio de la utilidad, segrega al espíritu de la vida cultural, y mata el germen del que depende la ciencia especializada. 

   Para que exista una educación válida es necesario que se desarrolle el pensamiento crítico e independiente de los jóvenes, un desarrollo puesto en peligro continuo por el exceso de materias (sistema puntual). Este exceso conduce necesariamente a la superficialidad y a la falta de cultura verdadera. La enseñanza debe ser tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación.” (p. 30)

“¡Ojalá los pueblos puedan reconocer a tiempo todo lo que tienen que sacrificar de sentimientos nacionalistas para evitar una guerra de todos contra todos! El poder de la conciencia y del espíritu internacional ha demostrado ser muy débil. Tan débil como para establecer pactos con los peores enemigos de la civilización. Ciertos tipos de transigencia son atentados contra la humanidad, aunque se quiera presentárnoslos como pruebas de sabiduría política.” (p. 62)

“Las gentes me cortejan en la medida que no las moleste. Pero cuando pretendo servir a objetivos que no les convienen pasan inmediatamente al insulto, mientras que los indiferentes se esconden detrás de su cobardía.” (p. 64)

sábado, 3 de enero de 2015


Toni Morrison
LA CANCIÓN DE SALOMÓN
Barcelona, 2004, Random House Mondadori



“En las noches de otoño, el viento que viene del lago lleva un aroma dulzón a la orilla en algunos barrios de la ciudad. Un aroma que recuerda el olor del jengibre cristalizado, del té helado con azúcar y clavo. Nada explica la existencia de ese olor porque el lago, aquel 19 de septiembre de 1963, estaba tan contaminado por los desechos de las fábricas y los residuos químicos de una fábrica de plásticos, que la melena de los sauces próximos a la orilla estaba reseca y lánguida. Las carpas llegaban a ella flotando vientre arriba y los médicos de la Misericordia sabían, aunque no lo hicieran público, que una infección del oído era cosa segura para los que nadaran en aquellas aguas.
    Y, sin embargo, ese pesado aroma dulzón y como a especias, que hacía pensar en Oriente, en tiendas de campaña con listas de colores, y en tintineos de ajorcas de tobillos, existía. Hacía mucho tiempo que las gentes que vivían cerca del lago no lo percibían porque desde que hicieran su aparición los acondicionadores de aire habían cerrado las ventanas y dormían un sueño ligero bajo el ronroneo de los motores. Y así el jengibre azucarado atravesaba las calles sin que nadie lo notara. Pasaba en torno a los árboles, por encima de los tejados, y, al fin, disminuido y débil, llegaba a los barrios del sur. Allí, donde algunas casas no tenían siquiera tela metálica y menos aún acondicionadores, las ventanas se abrían a todo lo que la noche tuviera que ofrecer. Y allí el olor a jengibre era muy fuerte, tan fuerte que alteraba los sueños y hacía creer al que dormía que las cosas que más deseaba las tenía allí mismo, al alcance de la mano. Los vecinos de los barrios del sur que en tales noches estaban despiertos sabían que ese aroma daba a sus pensamientos y acciones una calidad de intimidad y al mismo tiempo de lejanía.” (p. 241)

“Había venido no se sabía de dónde, ignorante como un cubo, sin cinco en el bolsillo. No traía más que su certificado de liberto, una Biblia y una hermosa mujer de pelo negro, pero al cabo del año arrendaba ya diez acres de terreno y otros diez más al siguiente. Dieciséis años después tenía una de las mejores fincas del condado de Montour. Una finca que iluminaba sus vidas como un pincel de pintor y que les hablaba como un sermón. «¿Lo veis? –les decía la finca-. ¿Lo veis? ¿Veis lo que podéis hacer? No importa que no sepáis distinguir una letra de otra, no importa que hayáis nacido esclavos, no importa que hayáis perdido vuestro nombre, no importa que vuestros padres hayan muerto, nada de eso importa. Esto. Esto es lo que un hombre puede hacer si se empeña, si pone en ello la cabeza y el esfuerzo. Dejad de quejaros –les decía-. Dejad de contentaros con las migajas del mundo. Aprovechaos de las ventajas y sino, de las desventajas. Vivimos aquí. En este planeta, en este país, en este condado. No vivimos más que aquí. Tenemos una casa sobre estas piedras, ¿no lo veis? En mi casa nadie tiene hambre. En mi casa nadie llora. Y si yo tengo una casa, vosotros también podéis tenerla. ¡Cogedla! ¡Coged esta tierra! Tomadla, agarradla, hermanos, hacedla, hermanos, agitadla, apretadla, revolvedla, retorcedla, golpeadla, pateadla, besadla, batidla, pisoteadla, cavadla, aradla, sembradla, cosechadla, arrendadla, compradla, vendedla, poseedla, construid sobre ella, multiplicadla y transmitidla. ¿Me oís? ¡Transmitidla! »  
   Pero le saltaron la tapa de los sesos y se comieron sus melocotones de Georgia.” (p. 305)

jueves, 25 de diciembre de 2014



Isaac Asimov
HISTORIA DE LOS EGIPCIOS
Madrid, 1993, Alianza Editorial.


 
“Cuando un pueblo guerrero habituado a vivir en una ruda simplicidad, conquista y ocupa una región civilizada, rápidamente se acostumbra a la comodidad y al lujo y cada vez se vuelve más renuente a complicarse la vida con las dificultades y penalidades de la vida militar. En pocas palabras, cesa de ser guerrero. (Con frecuencia, los historiadores tienden a considerar dicha pérdida del gusto por la guerra como un signo de «decadencia», como si hubiese algo despreciable en no ser un matón y en no desear participar en asesinatos colectivos. Quizá, por el contrario, deberíamos pensar que cuando se cesa de experimentar placer por la guerra es cuando se comienza a ser civilizado y decente).” (p. 78)

“A partir del reinado de Tutmosis I, durante varios siglos, Tebas se convirtió en la ciudad más grande y más suntuosa del mundo, maravillando a todos los que la contemplaron. No debemos despreciar tal embellecimiento como mera vanagloria (si bien esto es una parte importante), pues una capital tan increíblemente refinada no sólo llena al pueblo de orgullo y de un sentimiento de poder, sino que, al mismo tiempo, desanima a los posibles enemigos, ya que éstos juzgan el poder por la magnificencia. Las ciudades magníficamente embellecidas presentan una «imagen» importante y desempeñan un papel en la guerra psicológica. En la época moderna, Napoleón III embelleció París por esta razón y hace unos años las potencias occidentales han promovido deliberadamente —y, por cierto, con notable éxito— la prosperidad de Berlín Occidental al objeto de minar la moral de la Alemania Oriental.” (p. 86)

“Esta ha sido una trampa en la que han caído repetidamente a lo largo de los siglos naciones prósperas y seguras. Los ciudadanos, ricos y acomodados, no ven ninguna utilidad en soportar la dureza de la vida militar, cuando hay extranjeros ansiosos de hacerlo en su lugar por una paga. Es más sencillo darles un poco de dinero, del que hay gran cantidad, que privarse de tiempo y comodidad, de los que nunca hay bastante. Para los gobernantes, además, los mercenarios son preferibles incluso a los soldados nativos, ya que los primeros pueden enfrentarse con mayor seguridad y sin piedad a los desórdenes internos.
   Pero todas sus posibles ventajas son infinitamente inferiores a sus grandes desventajas. En primer lugar, si la nación atraviesa tiempos difíciles y no puede pagar a sus mercenarios, estos soldados pueden saquear alegremente lo que esté a su alcance y provocar mayor terror y peligro en el país que un enemigo invasor. En segundo lugar, cuando los gobernantes comienzan a depender de los mercenarios para sus guerras y de sus guardias de corps, acaban convirtiéndose en instrumentos de estos mercenarios, no pueden dar un paso si aquéllos no lo aprueban y, al final, se ven reducidos a la condición de marionetas o cadáveres. Esto ha sucedido una y otra vez a lo largo de la historia.” (p. 109)


domingo, 21 de diciembre de 2014

Yasmina Khadra
LO QUE SUEÑAN LOS LOBOS
Madrid, 2004, Alianza Editorial.


 
"Creía yo que me merecía algo mejor. Tras aquel papelillo que me había adjudicado un cineasta falto de estrellas, no había parado de soñar con la gloria. Pasaba los mejores momentos de mi vida imaginando que triunfaba, que firmaba autógrafos en todas las esquinas, que iba en un descapotable, con la sonrisa más ancha que el propio horizonte y los ojos tan grandes como mi sed de éxito. Nací un día de tormenta y de desplazamiento de tierras, y crecí sin poner nunca en duda las más disparatadas esperanzas. Estaba convencido de que, antes o después, las luces de las candilejas me arrancarían de entre bastidores y me propulsarían al firmamento. En el colegio sólo soñaba en lo que me parecía que era la consagración. Entre castigo y castigo, seguía con la cabeza en las nubes, sin preocuparme por el enojo de mis profesores ni del aprieto en que ponía a mis padres. Yo era el mal estudiante impenitente, el que frecuentaba el fondo de la clase, con un dedo en la nariz y los ojos en blanco, y sólo me sentía en mi elemento tras las murallas de mis quimeras.” (p. 23)

“La mayoría de mis fieles no han tenido tu suerte. Están ahí porque sus padres estaban ahí, antes que ellos. Nacieron musulmanes y no hacen más que perpetuar la tradición. Tú, en cambio, saliste a buscar otra cosa bajo otros cielos. Tenías sueños, ambiciones. Tenías hambre de vida. Y Dios te ha conducido allí donde querías llegar. Para iluminarte. Has conocido el fasto, el poder, la fatuidad. Ahora sabes que esas extravagancias, esa ostentación alborotadora, sólo sirven para camuflar la fealdad de las vanidades, la miseria moral de quienes se niegan a admitir que un bien mal adquirido jamás es provechoso. Ahora sabes lo que es justo y lo que no lo es. Pues la pobreza no consiste en que te falte el dinero, sino en que te falten las referencias.” (p. 91)

[Las cursivas pertenecen a las citas.] 

 
“Volví a bajar hacia el mar para ver capitular al sol. Al llegar a la cala, el día se inmolaba en sus propias llamas, y las olas, a lo lejos, parecían llagas inmensas.” (p. 94)
Pierre Lemaître
NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA
Barcelona, 2014, Salamandra.



“La penuria es algo muy distinto, te acompaña adondequiera que vayas, empaña tu vida entera, la condiciona por completo, te habla al oído a cada instante, se trasluce en cuanto haces. La escasez es aún peor que la miseria, porque en la indigencia es posible conservar la dignidad, mientras que la estrechez te conduce a la mezquindad, a la racanería, te vuelves tacaño, ruin; te envilece, porque frente a ella es imposible permanecer intacto, mantener el orgullo, el amor propio.” (p. 355)

Kurt Vonnegut
GALÁPAGOS
Barcelona, 2005, Minotauro.


“Si se me permite insertar una nota personal en este punto: cuando yo estaba vivo, a menudo recibía consejos de mi propio voluminoso cerebro que, en relación con mi propia supervivencia, o la supervivencia de la raza humana, pueden describirse compasivamente como cuestionables. Ejemplo: hicieron que me inscribiera en el Ejército de los Estados Unidos y fuera a luchar a Vietnam.
Un millón de gracias, voluminoso cerebro.” (p. 39)

“Lo que hacía al matrimonio algo tan difícil en ese entonces era, una vez más, el instigador de tantos otros abrumadores dolores: el exceso de tamaño del cerebro. Esa engorrosa computadora podía sostener tantas opiniones contradictorias sobre tantos temas diferentes al mismo tiempo, y deslizarse de una opinión a otra o de un tema a otro con tanta rapidez, que una discusión entre marido y mujer en estado de tensión podía terminar como una lucha entre gente con los ojos vendados sobre patines de ruedas.” (pp. 76-77)

“Hay otro defecto humano que la Ley de Selección Natural todavía no ha corregido: cuando las gentes de hoy tienen la barriga llena, les pasa exactamente como a sus antepasados de hace un millón de años: son muy lentas para reconocer cualquier dificultad terrible en la que puedan encontrarse. (…) A pesar de todas las computadoras, los instrumentos de medición, los recolectores y evaluadores de noticias, los bancos de memorias, las bibliotecas y expertos sobre esto y aquello, los vientres ciegos y sordos seguían siendo los jueces definitivos acerca de la urgencia de este o aquel otro problema, como, por ejemplo, la lluvia ácida que destruía los bosques de América del Norte y Europa.” (pp. 140-141)

“Ése, se me ocurre, era el aspecto más diabólico de los viejos cerebros voluminosos. Solían decir a sus propietarios, en efecto: «He aquí una locura que quizá podríamos hacer. Nunca la haremos, por supuesto, pero resulta divertido pensarlo».
    Y entonces, como en estado de trance, la gente realmente lo hacía: obligaban a los esclavos a que lucharan a muerte entre ellos en la arena del Coliseo, o quemaban viva a la gente en la plaza pública por tener opiniones localmente impopulares, o edificaban fábricas cuyo único propósito era matar grandes cantidades de gente, o volaban ciudades enteras, etcétera.” (p. 287)


domingo, 30 de noviembre de 2014

Robert Malthus
PRIMER ENSAYO SOBRE LA POBLACIÓN
Madrid, 1988, Alianza Editorial
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“El cuadro de la vida humana que aparece en este ensayo está impregnado de melancolía; pero el autor tiene conciencia de que estos sombríos tintes están en la realidad y no provienen de un estado de espíritu decaído o de un carácter más o menos amargado.” (p. 45)

“Una gran emigración lleva necesariamente implícita alguna forma de infortunio en el país desertado. Pues pocas personas habrá que abandonen sus familias, sus relaciones, sus amigos y su tierra natal para instalarse en un país desconocido y de clima extraño sin que lo justifique una situación de profundo malestar en el lugar en que se encuentran o la esperanza de hallar considerables ventajas en el lugar de destino.” (p. 59)

“Pero si bien es verdad que con sus maniobras desleales los ricos contribuyen con frecuencia a prolongar situaciones particularmente angustiosas para los pobres, no es menos cierto que ninguna forma posible de sociedad es capaz de evitar la acción casi constante de la miseria, bien sea sobre una gran parte de la humanidad, en el caso de existir desigualdad entre los hombres, bien sobre toda ella si todos los hombres fuesen iguales.” (pp. 66-67)

“Pero quienes se preocupan de examinar las estadísticas relativas a la mortalidad infantil observan generalmente que de la totalidad de los niños que mueren cada año, una parte totalmente desproporcionada procede de familias que pueden suponerse incapaces de suministrar a sus hijos la alimentación y los cuidados que requiere la infancia; niños expuestos a toda suerte de penalidades, viviendo en tugurios malsanos y obligados a realizar duros trabajos impropios de su edad. Esta elevada mortalidad entre los hijos de los pobres es patente en todas las ciudades. Ciertamente, no alcanza las mismas proporciones en las zonas rurales, pero la cuestión no ha sido aún estudiada con la suficiente atención para poder afirmar que incluso en el campo el número de niños pobres muertos cada año no es proporcionalmente superior al de los niños de las clases medias o altas. Parece difícil suponer que la mujer de un jornalero agrícola, madre de seis hijos, a quien en ocasiones le falta incluso el pan, va a estar siempre en condiciones de suministrar a todos sus hijos el alimento y las atenciones indispensables para vivir. Los hijos y las hijas de familias campesinas no se asemejan siempre, en la vida real, a esos querubines sonrosados descritos en las novelas. Quienes han vivido bastante en el campo no pueden haber dejado de observar las frecuentes dificultades de crecimiento que sufren los hijos de los campesinos y lo mucho que tardan en alcanzar su madurez. Muchachos que aparentan tener catorce o quince años tienen con frecuencia dieciocho o diecinueve realmente. Y entre los mozos que se ven en el campo arando, lo cual es, sin duda, un ejercicio saludable, son pocos los que tienen buena musculatura, circunstancia que sólo puede ser atribuida a la carencia o insuficiencia de una alimentación sana.” (pp. 88-89)

“Un Alarico, un Atila, un Gengis Khan y los jefes que le rodeaban combatían tal vez por la gloria, por la fama de sus conquistas, pero lo que realmente puso en movimiento la gran marea migratoria del Norte, y lo que continuó impulsándola en diferentes épocas contra China, Persia, Italia e incluso Egipto, fue la escasez de alimentos y la desproporción entre la población y los medios de subsistencia.” (p. 74)

“Sabemos muy bien, por reiteradas experiencias, cuánta miseria y cuántos sufrimientos los hombres pueden soportar en su propio país antes de decidirse a abandonarlo: y cuántas veces las propuestas más tentadoras para marchar a las nuevas colonias han sido rechazadas por gentes que parecían estar a punto de fallecer por inanición.” (p. 169)

“La superioridad de los placeres intelectuales sobre los sensuales reside en que duran más tiempo, tienen mayor amplitud y son menos susceptibles de ser saciados; no en ser más reales y esenciales.” (p. 171)

“De poco serviría entrar en la cuestión de saber si el espíritu es una sustancia distinta de la materia o simplemente una forma más refinada de la misma. Quizá esta cuestión no sea, después de todo, más que una cuestión de palabras.” (p. 253)

“Las inteligencias más agudas se forman a través del esfuerzo de pensamiento original, del empeño por crear nuevas combinaciones, por descubrir nuevas verdades y no recibiendo pasivamente las impresiones de las ideas de otros hombres.” (p. 270)

Ibn Hazm de Córdoba (994-1063)
EL COLLAR DE LA PALOMA
Madrid, 2005, Alianza Editorial.


 
“Suponer que un fenómeno tan humano como es amar ha existido siempre, y siempre con idéntico perfil, es creer erróneamente que el hombre posee, como el mineral, el vegetal y el animal, una naturaleza preestablecida y fija, e ignorar que todo en él es histórico. Todo, inclusive lo que en él pertenece efectivamente a la naturaleza, como son sus llamados instintos.” (p. 18)

“El amor es, como antes insinué, una institución, invento y disciplina humanas, no un primo de la digestión o de la hiperclorhidria.” (p. 21)
[Ambos textos pertenecen al prólogo de Ortega y Gasset que acompaña a la obra. La cursiva es de la propia cita.]

“Esto es particularmente verdad en España. Sus habitantes sienten envidia por el sabio que entre ellos surge y alcanza maestría en su arte; tienen en poco lo mucho que pueda hacer, rebajan sus aciertos y se ensañan, en cambio, con sus caídas y tropiezos, sobre todo mientras vive, y con doble animosidad que en cualquier otro país.” (p. 45)
[La cita de Ibn Hazm aparece en la introducción de Emilio García Gómez.]

“Si la causa del amor fuese no más que la belleza de la figura corporal, fuerza sería conceder que el que tuviera cualquier tacha en su figura no sería amado, y, por el contrario, a menudo vemos que hay quien prefiere alguien de inferior belleza con respecto a otros cuya superioridad reconoce, y que, sin embargo, no puede apartar de él su corazón. Y si dicha causa consistiese en la conformidad de los caracteres, no amaría el hombre a quién no le es propicio ni con él se concierta. Reconocemos, por tanto, que el amor es algo que radica en la misma esencia del alma. 

    El amor, no obstante, tiene a menudo una causa determinada y desaparece cuando esta causa se extingue, pues quien te ama por algo te desama si ese algo se acaba.” (p. 104)

“Me la afean porque tiene rubio el cabello,
y yo les digo: «Ésa es su belleza, a mi juicio.
Yerran quienes vituperan el color de la luz y del oro,
por una necia opinión, del todo falsa.” (p. 139)


“Precisamente, el mérito de la vista consiste en que su esencia es la más alta de todas y la de más subida condición, por cuanto forma parte de la esfera de la luz. Los colores no se perciben sino por ella. Además, nada hay que llegue más lejos ni tenga más remoto alcance, puesto que por ella se perciben los cuerpos de las estrellas, que están en las lejanas esferas del firmamento, y por ella ves los cielos, a pesar de su inmensa alteza y distancia; todo lo cual no obedece sino a su afinidad con ese celeste espejo en cuanto a sus características congénitas.
    El ojo, además, percibe todas estas cosas y llega a ellas instantáneamente, sin etapas ni detención en determinados lugares, ni transmisión de movimientos, lo cual no sucede con ninguno de los otros sentidos, como el gusto y el tacto, que no perciben sino por contacto, o el oído y el olfato, que no perciben sino por aproximación. La prueba de lo que hemos dicho sobre la percepción instantánea de la vista es que tú ves al que emite la voz antes de oír la voz, aunque intentes percibir ambas cosas simultáneamente. Si la percepción de ambos fenómenos fuera simultánea, no se adelantaría la vista al oído.” (p. 145)

“No esperes nada de un inconstante.
Con el inconstante no se puede contar.
Deja el amor del inconstante:
es un préstamo que hay que devolver.” (p. 211)

“Las obras de los hombres nos hablan de su naturaleza.
Conocer la esencia de una cosa te releva de seguirle el rastro.” (p. 216)
J. M. G. Le Clézio
EL DILUVIO
Barcelona, 2008, Seix Barral.



“El horizonte se dibujó al este, con la línea de la costa y la superficie del mar. Las crestas blancas de las olas, lejos y en toda su extensión, empezaron a brillar regularmente. Luego, el agua se hizo más sucia, muy rizada y muy dura, a medida que la luz disolvía la tinta. Los puntos amarillos de los rayos, y los puntos rojos de los faros, brillaron menos brutalmente. Manchas profundas, espesas, terribles, se estrecharon poco a poco, recogidas sobre sí mismas, secándose como charcos. Por encima del mar, las nubes se levantaron de repente, surgiendo muy pálidas de la noche, parecidas a rebaños de elefantes o de búfalos. Minuto tras minuto, sus relieves se acusaban, se ahondaban. Bolas algodonosas colgaban sin moverse en medio de la bóveda celeste, y en sus desgarramientos, se percibían trozos de aire transparente, a medio camino entre el rosa y el gris, donde no había nada. Débilmente, la noche oscilaba hacia el oeste, retirándose, sin tener la apariencia de los objetos aún prisioneros de su baba viscosa. Lo que había sido negro, devenía sombrío, luego gris, luego lechoso, luego muy pálido, y esta misma palidez se retiraba, deslizándose más allá del blanco, como si, despojada de la membrana que la hacía invisible, la tierra no hubiera sido todavía poseída por el color, y flotara, indecisa, entre estas dos violencias, exangüe, casi inexistente. Al otro extremo del horizonte, por encima de la ciudad y de las montañas, había una especie de abismo oscuro, parecido a un embudo, donde la sombra caía con lentitud.” (p. 169)

jueves, 20 de noviembre de 2014


Cormac McCarthy
MERIDIANO DE SANGRE
Barcelona, 2006, Random House Mondadori.

 

“Hay menos alegría en la taberna que en el camino que conduce a ella, dijo el menonita. Se puso en la cabeza el sombrero que sostenía en las manos y giró en redondo y salió por la verja.“ (p. 58)

“Toda la tarde cabalgaron en fila india por las montañas. Un pequeño halcón lanero gris los sobrevoló como si buscara el estandarte de la compañía y descendió hacia la llanura batiendo sus largas y puntiagudas alas. Cruzaron ciudades de arenisca en el crepúsculo de aquel día, dejando atrás castillo y torre del homenaje y atalaya labrada a viento y graneros de piedra al sol y a la sombra. Pisaron marga y terracota y escabrosidades de esquisto cuprífero y cruzaron una vaguada y salieron a un promontorio desde el cual se dominaba una caldera siniestra donde descansaban las ruinas abandonadas de Santa Rita del Cobre.” (p. 143)

“Durante las dos semanas siguientes cabalgaron de noche y no encendieron fuego. Habían arrancado las herraduras a sus caballos y rellenado de arcilla los agujeros de los clavos, y los que aún tenían tabaco usaban sus petacas para escupir dentro y dormían en cuevas y directamente sobre la piedra. Hacían pasar a los caballos por las huellas dejadas al desmontar y enterraban sus heces como los gatos y apenas hablaban entre ellos. Cruzando en plena noche aquellos áridos escollos de grava se los veía inverosímiles y privados de sustancia. Una conjetura que se presiente en la oscuridad por el crujir de los cueros y el tintineo del metal.” (p. 186)

“Da igual lo que los hombres opinen de la guerra, dijo el juez. La guerra sigue. Es como preguntar lo que opinan de la piedra. La guerra siempre ha estado ahí. Antes de que el hombre existiera, la guerra ya le esperaba. El oficio supremo a la espera de su supremo artífice. Así era entonces y así será siempre. Así y de ninguna otra forma.” (p. 299)


Sigmund Freud
EL CHISTE Y SU RELACIÓN CON LO INCONSCIENTE
Madrid, 1979, Alianza Editorial.



“El «placer de disparatar» -como pudiéramos denominarlo abreviadamente- se halla encubierto hasta su completa ocultación en la vida corriente. Para descubrirlo tenemos que colocarnos ante dos casos especiales en los que es aún visible o se hace visible de nuevo: la conducta del niño mientras aprende a manejar su idioma, y la del adulto que se halla bajo los efectos de una acción tóxica. En la época en que el niño aprende a manejar el tesoro verbal de su lengua materna le proporciona un franco placer de «experimentar un juego» (Groos) con este material y une las palabras sin tener en cuenta para nada su sentido, con el único objeto de alcanzar de este modo el efecto placiente del ritmo o de la rima. Este placer va siéndole prohibido al niño cada día más por su propia razón, hasta dejarlo limitado a aquellas uniones de palabras que forman un sentido. Todavía en años posteriores da la tendencia a superar las aprendidas limitaciones en el uso del material verbal muestras de su actividad en el sujeto, haciéndole modificar las palabras por medio de determinados afijos, transformar sus formas merced a dispositivos especiales (reduplicación) o hasta crear, para entenderse con sus camaradas de juego, un idioma especial, esfuerzos todos que después surgen de nuevo en determinadas categorías de enfermos mentales." (pp. 110-111)

"Bajo la influencia del alcohol el adulto se convierte nuevamente en niño, al que proporciona placer la libre disposición del curso de sus pensamientos sin observación de la coerción lógica. Esperamos haber demostrado que las técnicas de contrasentido del chiste corresponden a una fuente de placer. Recordemos ahora únicamente que este placer surge del ahorro de gasto psíquico y de la liberación de la coerción de la crítica.” (pp. 112)

domingo, 16 de noviembre de 2014

Gabriel García Márquez
DOCE CUENTOS PEREGRINOS
Barcelona, 2003, Círculo de Lectores.


“La escritura se me hizo entonces tan fluida que a ratos me sentía escribiendo por el puro placer de narrar, que es quizás el estado humano que más se parece a la levitación.” (pp. 14-15)
[La cita pertenece al prólogo, titulado Por qué doce, por qué cuentos y por qué peregrinos.]

“Pero la verdadera historia de Margarito Duarte había empezado seis meses antes de su llegada a Roma, cuando hubo de mudar el cementerio de su pueblo para construir una represa. Como todos los habitantes de la región, Margarito desenterró los huesos de sus muertos para llevarlos al cementerio nuevo. La esposa era polvo. En la tumba contigua, por el contrario, la niña seguía intacta después de once años. Tanto, que cuando destaparon la caja se sintió el vaho de las rosas frescas con que la habían enterrado. Lo más asombroso, sin embargo, era que el cuerpo carecía de peso.“ (p. 56)

“El tenor Ribero Silva se había ganado el privilegio de que los romanos no se resintieran con sus ensayos tempraneros. Se levantaba a las seis, se daba su baño medicinal de agua helada y se arreglaba la barba y las cejas de Mefistófeles, y sólo cuando ya estaba listo con la bata de cuadros escoceses, la bufanda de seda china y su agua de colonia personal, se entregaba en cuerpo y alma a sus ejercicios de canto. Abría de par en par la ventana del cuarto, aun con las estrellas del invierno, y empezaba por calentar la voz con fraseos progresivos de grandes arias de amor, hasta que se soltaba a cantar a plena voz. La expectativa diaria era que cuando daba el do de pecho le contestaba el león de la Villa Borghese con un rugido de temblor de tierra.” (p. 60)

“Se refería a Cesare Zavattini, nuestro maestro de argumento y guión, uno de los grandes de la historia del cine y el único que mantenía con nosotros una relación personal al margen de la escuela. Trataba de enseñarnos no sólo el oficio, sino una manera distinta de ver la vida. Era una máquina de pensar argumentos. Le salían a borbotones, casi contra su voluntad. Y con tanta prisa, que siempre le hacía falta la ayuda de alguien para pensarlos en voz alta y atraparlos al vuelo. Sólo que al terminarlos se le caían los ánimos. «Lástima que haya que filmarlo», decía. Pues pensaba que en la pantalla perdería mucho de su magia original.” (p. 67) 
[Las tres citas pertenecen al cuento titulado La santa.]


J. M. Mulet
COMER SIN MIEDO
Barcelona, 2014, Destino.


 
“Si nos fijamos en las listas de libros más vendidos, encontraremos que en el apartado de no ficción suelen predominar los libros de cocina y los de dietas de adelgazamiento…, lo que viene a ser como si nos ofrecieran cocaína para ponernos alegres y Valium para dejarnos tranquilitos a la vez.” (p. 17)

“Los insectos forman parte de algunas tradiciones alimentarias en México o en determinadas zonas de Asia. En cambio, a la mayoría de los europeos nos dan asco. Las dietas que incluyen insectos son propias de países con climas muy cálidos. Para empezar, en los climas tropicales solo con escarbar en la raíz de una planta tienes suficientes insectos para comer, sobre todo larvas. En climas más templados o fríos te sale más a cuenta cazar un ciervo o criar una gallina que ir todo el día buscando insectos. Probablemente este sea el origen antropológico de la diferencia.” (p. 41)

“Parece que en toda la historia de la humanidad no ha habido ningún caso de abuela que cocinara mal. Además, esto debe de ser algún efecto genético que los científicos todavía no han descifrado. Hay madres que pueden preparar mejunjes infumables que nos obligan a comer como lentejas o espinacas, pero en el momento en que esa madre es abuela es como si del cielo bajara una lengua de fuego pentecostal y le regalara un título de máster chef por ciencia infusa.” (p. 47) 

   
“Agricultura y ecología son dos términos antagónicos por definición, como una película de David Lynch entendible, un político español honrado o un divorcio amistoso.” (p. 75)

“Si vamos a Europa, el principal productor de agricultura ecológica es el príncipe Carlos de Inglaterra. Si alguien tiene la imagen de que la agricultura ecológica es el abuelo con la azada y el gorro de paja, que se la quite de la cabeza, porque no me lo veo con Camila cavando surcos y el nieto jugando al lado. Aunque, eso sí, va dando conferencias sobre el decrecimiento y diciendo que tenemos que vivir con menos. Él solo tiene tres o cuatro residencias oficiales, tipo Balmoral, Windsor o Buckingham. Todo un ejemplo a seguir.” (pp. 99-100).


“Esta leyenda urbana tiene un origen histórico. Durante la batalla de Inglaterra, en la segunda guerra mundial, los alemanes se dieron cuenta de que sus bombarderos caían abatidos por los cazas de la RAF a pesar de que los ataques se hacían de noche, con el fin específico de evitar el riesgo. Los espías alemanes descubrieron que el alto mando había dado orden de alimentar a los aviadores a base de zanahorias para aumentar su visión nocturna y así poder hacer frente a los bombarderos. Bueno, realmente esa información la hizo circular el alto mando británico, de forma interesada, para despistar a los alemanes (que picaron el anzuelo y se lo tragaron con caña y pescador). Lo que no querían los británicos que supieran los alemanes es que habían desarrollado el radar, y ese era el secreto del éxito de la RAF que impedía los bombardeos nocturnos. No obstante, todavía se sigue oyendo que comer muchas zanahorias mejora la visión nocturna. No es cierto; fue un ardid de la inteligencia británica.” (p. 241)

“La falta de información en temas de alimentación y la proliferación de leyendas urbanas da lugar a paradojas como preocuparnos por si el vino tiene sulfitos, pero no por los catorce grados de alcohol, que es lo peligroso. No queremos que las salchichas tengan nitritos, pero no decimos nada de las grasas saturadas o de los azúcares añadidos (aunque vayan etiquetados como almidón, dextrosa o jarabe de maíz).” (p. 254)

sábado, 11 de octubre de 2014


Kurt Vonnegut
MATADERO CINCO O LA CRUZADA DE LOS NIÑOS
Barcelona, 2009, Anagrama.



“Billy tenía una figura insensata: metro ochenta y ocho de estatura y un pecho semejante a una caja de cerillas.
  No tenía casco, no tenía guerrera, no tenía armas, no tenía botas. Llevaba los pies metidos en unos zapatos de calle baratos −los mismos que había calzado en los funerales de su padre− a uno de los cuales le faltaba el tacón, lo que le hacía andar oscilando arriba-y-abajo, arriba-y-abajo. Este baile involuntario, arriba-y-abajo, arriba-y-abajo, le producía escozor en la articulación de la cadera. Su indumentaria, consistía en una chaqueta deportiva delgada, una camisa, unos pantalones de lana de la que pica, y unos calzoncillos, largos impregnados de sudor.
  Era el único de los cuatro que llevaba barba, una barba erizada y escasa, algunos de cuyos erizados pelos ya eran blancos a pesar de que Billy tenía veintiún años. Además se estaba quedando calvo y el viento, el frío y el ejercicio violento habían dado a su rostro un color carmesí.
  No se parecía en nada a un soldado. Semejaba un mugriento pajarraco.” (pp. 36-37)

“−¿Dónde estoy? −preguntó Billy Pilgrim.
−Atrapado en otro bloque de ámbar, señor Pilgrim. Estamos precisamente donde debemos estar en este instante, a quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Y nos dirigimos, por un hilo del tiempo, hacia Tralfamadore. Este viaje quizá nos lleve horas, o tal vez siglos.
−¿Cómo... he llegado hasta aquí?
−Eso, para usted, requeriría otra explicación terrenal. Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.
−Eso me suena como si ustedes no creyeran en el libre albedrío −dijo Billy Pilgrim.
−Si no hubiera pasado tanto tiempo estudiando a los terrestres −explicó el tralfamadoriano−, no tendría ni idea de lo que significa «libre albedrío». He visitado treinta y un planetas habitados del universo, y he estudiado informes de otros cien. Sólo en la Tierra se habla de «libre albedrío».“ (pp. 81-82)

“Al tiempo que el coronel británico reparaba el brazo roto de Lazzaro y preparaba el yeso para el escayolado, el oficial alemán tradujo en voz alta algunos párrafos del libro de Howard W. Campbell, Jr. Campbell había sido un escritor teatral bastante conocido en otro tiempo. Decía así:
«América es la nación más rica de la Tierra, pero sus habitantes son extremadamente pobres. Esta condición hace que los americanos estén destinados a odiarse a sí mismos. Según nos decía el humorista americano Kin Hubbatd: "Ser pobre no es ninguna desgracia, pero puede serlo." De hecho es un crimen que haya un solo americano pobre, a pesar de lo cual América es una nación de pobres. Cualquier nación tiene como tradición popular algunas historias de hombres pobres, pero extremadamente sabios y virtuosos, que por ello eran más apreciados que sus congéneres ricos y poderosos. Entre los americanos no sucede así. Se burlan de sí mismos y se envanecen de sus hazañas. Es normal que el más pobre propietario de cualquier bar o restaurante tenga en la pared de su establecimiento un cartel que interpele con crueldad: "Si eres tan listo, ¿por qué no eres rico?"; pero también lo es que a su vez tenga una bandera americana plantada sobre un pisapapeles junto a la caja registradora.» (…)
«El americano, como todo ser humano, cree muchas cosas que obviamente son falsas −continuaba el librito−. De ellas, la más destructiva es su convencimiento de que cualquier americano puede hacer dinero con facilidad. Ignoran lo difícil que es hacerse rico, y, por lo tanto, aquellos que no lo consiguen no cesan de culparse. Y este sentimiento de culpabilidad ha sido de gran utilidad para los ricos y poderosos, que lo han considerado como una excusa para no tener que ayudar en absoluto a los pobres, llegando su desinterés a extremos que quizá no habían sido superados desde los tiempos de Napoleón
«América es una nación de novedades. La más sorprendente de todas, que además no tiene precedentes, es su gran masa de pobres indignos, que no se aman los unos a los otros porque tampoco se aman a sí mismos.»” (pp. 116-117)

“Casualmente, Trout había escrito un libro sobre un árbol que daba dinero. Tenía por hojas billetes de veinte dólares. Sus flores eran bonos del gobierno y sus frutos diamantes. Atraía a los seres humanos, que se mataban los unos a los otros al pie del árbol, fertilizándolo.
Así era.” (p. 148)
Antón P. Chejov
HISTORIA DE UNA ANGUILA Y OTRAS HISTORIAS.
Madrid, 1963, Espasa-Calpe.


 

“Muchos de los lectores conocen el talento extraordinario de Zapoikin para pronunciar discursos e improvisaciones en todas las circunstancias de la vida, como las bodas, aniversarios, entierros. Puede hablar a cualquier hora que convenga, medio dormido, en ayunas, borracho o con fiebre. Habla con extrema facilidad y abundancia, como un chorro de agua que brota de una cañería; en su vocabulario menudean palabras capaces de enternecer a una roca. Sus discursos son siempre elocuentes y largos; a veces, sobre todo en las bodas, hay que acudir a la policía para hacerle callar.” (p. 125)
[La cita pertenece al relato EL ORADOR.]

“El dependiente de la tienda, un francés algo obeso, pone delante de él los revólveres, sonríe respetuosamente y dice:
-Le aconsejo que elija este magnífico revólver sistema Smith y Wessor, el último adelanto de la ciencia. Es de triple acción, sistema central con extractor; alcanza hasta seiscientos pasos. Un revólver de moda… El de más venta; diariamente vendemos docenas que se emplean contra bandidos, lobos y amantes. El disparo es muy justo y fuerte; atraviesa a gran distancia a la mujer y al amante… En cuanto a especialidad para suicidios, no conozco mejor sistema.
El dependiente levanta y baja el gatillo, sopla encima de los cañones, apunta y hierve de entusiasmo. Diríase que él mismo se hubiera gustosamente pegado un tiro si fuese poseedor de aquel arma maravillosa.
-¿Cuál es su precio? –pregunta Sigaef.
-Cuarenta y cinco rublos.
-¡Hum!... Es demasiado caro para mí.
-En tal caso le ofreceré otro sistema más barato. Sírvase mirar por aquí. Tenemos armas para todos los gustos y precios. Por ejemplo, este revólver de sistema Lafoucheux no cuesta más que dieciocho rublos; pero,,, -el dependiente tuerce la boca con desprecio- es un sistema anticuado. Lo compran solamente los proletarios y los histéricos. Está considerado como de mal gusto el suicidarse o matar a su mujer con un revólver semejante… Un hombre que se respete no usa más que el Smith y Wessor.” (pp. 179-180)

[La cita pertenece al relato EL VENGADOR. Suponemos que la edición posee erratas y que el texto se refiere a la marca Smith y Wesson, y no a Smith y Wessor.]
Thomas Mann
LOS BUDDENBROOK
Barcelona, 2005, Edhasa.



“-Nosotros, la burguesía, el tercer Estado, como se nos ha venido llamando hasta ahora, queremos que un noble lo sea solamente por sus méritos; nos negamos a reconocer como a tal a un holgazán y rechazamos la distribución actual en estamentos…, ¡queremos que todos los hombres sean libres e iguales, que nadie esté supeditado a una persona, sino que todos seamos súbditos de una misma ley…! ¡Deben abolirse los privilegios y los despotismos…! ¡Todos hemos de ser hijos del Estado con igualdad de derechos; y de la misma manera que no existe ya mediador alguno entre el profano y Dios, así el burgués no debe admitir obstáculos entre él y el Estado…! ¡Queremos libertad de Prensa, de industria y de comercio…! ¡Queremos que todos los hombres puedan competir mutuamente, sin privilegios, y que sus méritos sean sus coronas…! (…) No puede ser escrita ninguna verdad, ni enseñada, por si se diera el caso de que no coincidiera con el orden de cosas establecido… ¿Comprende usted? La verdad es reprimida, no puede ser expresada… y ¿por qué? Pues porque así lo dispone un poder absurdo…, anacrónico, caduco, que, como sabe todo el mundo, tarde o temprano ha de ser barrido…” (p. 144)

“El director Wulicke era un hombre terrible, y había sucedido al jovial y sociable viejo que falleció alrededor del año setenta y uno y bajo cuyo mandato estuvieron el padre y el tío de Hanno. El doctor Wulicke, que era entonces profesor de un instituto prusiano, le remplazó y con él entró un nuevo espíritu en la escuela. Donde antaño se consideraba la educación clásica como el primordial objetivo, conquistado a fuerza de calma, diligencia y alegre idealismo, habían alcanzado ahora la máxima autoridad las ideas del Imperio. Deber, poder, servicio, carrera y «el imperativo categórico de nuestro filósofo Kant» era la bandera que el director Wulicke desplegaba, amenazadora, en todos sus discursos de solemnidad. La escuela se había convertido en un Estado dentro del Estado, en el cual reinaban la disciplina y la rigidez prusianas hasta el punto de que no ya los maestros, sino también los alumnos, se sentían como una especie de funcionarios sin más finalidad que el propio mejoramiento, pendientes del informe de la potestad suprema. Poco después de la entrada del nuevo director habíase empezado la reconstrucción y modernización del establecimiento, a base de los últimos adelantos en materia de estética e higiene, y todo se había resuelto a pedir de boca. Únicamente cabía preguntarse si antes, con menos perfeccionamientos modernos y un poco más de bondad, alegría, tolerancia y libertad, aquellas aulas no habían sido más simpáticas y eficaces.
Personalmente, el doctor Wulicke tenía mucho de la naturaleza pavorosa, enigmática, ambigua, obstinada y celosa del Dios del Antiguo Testamento. Tan terrible era risueño como encolerizado. La ilimitada autoridad que tenía en sus manos, le hacía extremadamente veleidoso e insondable. Era capaz de decir un chiste y enfurecerse si el interlocutor se reía. Ninguno de sus amedrentados alumnos sabía cómo comportarse ante él. No quedaba otro recurso que admirarle de pies a cabeza. Y, con una humildad sin límites, detener la tremenda cólera justiciera que amenazaba aplastarles.” (p. 714-715)

Antón Chejov
UNA HISTORIA ABURRIDA Y OTROS CUENTOS.
Donostia-San Sebastíán, 2004, Tabula rasa.



“Albergar un mal sentimiento contra las personas corrientes por no ser unos héroes es digno de una persona de mente limitada o enfurecida.” (p. 28)

“Sentado en mi gabinete, inclinado ante una mesa sobre un libro o un preparado está Piotr Ignátievich, hombre trabajador, modesto, pero falto de talento, tiene treinta y cinco años, pero ya está calvo y tripudo. Trabaja desde la mañana hasta la noche, lee infinidad de libros, recuerda perfectamente todo cuanto ha leído y en ese sentido vale lo que pesa, pero en todo lo restante es un caballo de carga o bien, como suele decirse, un sabio zoquete. Los rasgos que diferencian a un caballo de carga de aquellos que poseen talento son los siguientes: su horizonte intelectual es limitado y sólo incluye su especialidad; al margen de ella es como un niño.” (p. 31)
 
“Cuando antes tenía la ambición de comprender a alguien o a mí mismo, tomaba en consideración no los actos, donde todo es convencional, sino los deseos. Dime lo que quieres y te diré quién eres.” (p. 93)
[Las citas pertenecen al relato Una historia aburrida.]