viernes, 3 de octubre de 2025

Eduardo Martínez de Pisón
LA TIERRA DE JULES VERNE (II)
Madrid, 2024, Fórcola.


“¿Cómo y cuándo se fraguó la fama del Teide como la mayor montaña del mundo? Probablemente en fecha muy antigua, no precisable, entre los navegantes que veían sobresalir su cima de las nubes desde cierta lejanía. Puede reposar en as leyendas clásicas del Atlante que soportaba la bóveda celeste, materializado en la alejada y elevada montaña insular. Atlas, el titán vencido, penaba sosteniendo eternamente el pilar que separa cielo y tierra, hasta donde las nubes envuelven el lugar en que se alternan la noche y el día, y se transformó en piedra, a la vista de la cabeza de medusa. Esa montaña es el Teide, afirmaba Viera y Clavijo en 1776, es la «columna del cielo» de Heródoto, el monte en los mares lejanos llamado Atlante, «alto, rotundo y tan eminente que no se puede divisar bien su cumbre», y también el de Virgilio o Mela. Y además, en esta corriente, puede emparentarse con la montaña ideal en la que Dante se inspiraría a principios del siglo XIV para situar su Purgatorio poético, sobresaliendo en el océano bien llamado Atlántico: «El monte -escribía el poeta- que al cielo más se eleva de las aguas».” (p. 170)
[José Viera y Clavijo fue un prolífico escritor canario, autor, entre otras obras, del Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias. El Mela citado es Pomponio Mela, geógrafo romano del siglo I d. C.]