Juan José Saer
LA GRANDE (IV)
Barcelona, 2008, RBA.
“Durante buena parte de su juventud, Marcos fue comunista, pero gradualmente se fue alejando del partido, para romper en forma definitiva en los años de la dictadura. Pertenecía a esa especie de hombres que habían querido cambiar el mundo, hasta comprender que el mundo cambiaba por sí solo y vertiginosamente, pero en sentido opuesto al que ellos aspiraban, e incluso en direcciones inesperadas y extrañas, y entonces, sin candidez ni cinismo, trataban de salvar lo que quedaba de aceptable, aun si esa actitud a veces los podía hacer pasar por anticuados e incluso por conservadores -en todo caso ante los que, al mismo tiempo que se servían sin escrúpulos la porción más grande del queso, se autodefinían como modernos.” (p. 439)