Mircea Cărtărescu
LAS BELLAS EXTRANJERAS (III)
Madrid, 2013, Impedimenta.
“En el mundillo literario no importa quién seas o qué hagas, sino la forma en que apareces a ojos de los demás. Pero esta imagen, la mayoría de las veces grotesca, siempre falsa y ciertamente simplista, te la fabrican, minuciosamente, tus amigos y tus adversarios, a lo largo de una vida de convivencia. Los mediocres son los grandes vencedores en el capítulo de la imagen. Si oyes solo cosas buenas acerca de un escritor, si ves que todos lo quieren como a un hermano, puedes estar seguro de que nadie lo teme, de que todos le estrechan la mano para ser generosos con él pues, en cualquier caso, no representa un peligro. Los compañeros de profesión no se permiten nunca alabar a los que son mejores que ellos ni tampoco siquiera a los iguales. Por ese motivo, puesto que tienes también que alabar y no solo criticar si no quieres perder tu credibilidad, los alabados son elegidos con gran cuidado entre los inofensivos, entre los tiernos fabricantes de «sofisticados destellos lingüísticos», como decía Salinger, mientras que los verdaderamente buenos están rodeados por el famoso cordón sanitario: o bien no se habla sobre ellos en absoluto, o bien se habla mucho, pero a sus espaldas (que, como decía aquel: yo soy un hombre de una pieza, lo que tengo que decir lo digo a la espalda…), o bien se les somete —para que se les bajen los humos— a un encarnizado tiroteo de insultos tan pronto como uno los ve en el objetivo. ” (pp. 111-112)