viernes, 3 de octubre de 2025

Mircea Cărtărescu
LAS BELLAS EXTRANJERAS (I)
Madrid, 2013, Impedimenta.


“¡Qué ciudad tan estupenda, Viena! Estuvimos allí un año pero nos habríamos quedado para siempre. Vivíamos en el distrito 17 y por las tardes olía maravillosamente a cacao, pues a un paso de nuestra casa estaban los antiguos edificios de la fábrica de dulces Manner, que elaboraba, desde hacía doscientos años, las más famosas, las más ligeras y más crujientes galletas que puedas imaginar, envueltas en papel de estaño rosado como los ocasos vieneses. En cuanto a los austriacos, ni rastro de ellos hasta donde alcanzaba la vista. En los parques infantiles -cuyos suelos estaban moteados por las cortezas de los árboles-, se arremolinaban mujeres árabes con velo, turcas corpulentas, búlgaras y serbias, montenegrinas y albanesas que gritaban todo el día a sus retoños, mientras los padres y los abuelos se apretujaban en los bancos, con los narguiles y los tableros de tablas reales, dejando a su alrededor montones de cáscaras de pipas.” (p. 68)