Wolfram Eilenberger
EL FUEGO DE LA LIBERTAD
El refugio de la filosofía en tiempos sombríos, 1933-1943. (I)
“Porque, en la primavera de 1935, Sartre no solo seguía muy deprimido, sino que estaba cada vez más convencido de que iba a volverse loco. Esto se debía también a las legiones de crustáceos y de insectos del tamaño de un hombre que lo seguían adondequiera que fuese. Su interés erudito por la naturaleza de la imaginación humana le había llevado a participar en los experimentos con mescalina de un amigo psiquiatra parisino. Aunque este le había garantizado que las alucinaciones provocadas por la droga durarían como mucho unas treinta y seis horas, en el caso de Sartre se repetían, y con una intensidad que no disminuía, semanas y meses después de haber ingerido la droga. No se trataba de que se veía envejecer y de que, como todos los demás, un día moriría. No, ahora la locura se apoderaba de su espíritu.” (pp. 97-98