Shelley Read
COMO SI FUERA UN RÍO (II)
Barcelona, 2024, Salamandra.
“Esa noche soñé que iba caminando por una carretera larga y ancha con un bebé envuelto en una manta. Con el brazo izquierdo sostenía al bebé por debajo del pañal; con el derecho le rodeaba la espalda y con la mano le sujetaba la sedosa cabeza contra mi hombro. Su aliento me hacía cosquillas en el cuello, como el roce de una pluma diminuta. Sabía que debía llevar al pequeño a algún sitio, que su vida dependía de ello, pero, aunque me apresuraba hacia aquel destino, no sabía adónde me dirigía. Seguía adelante, pues era necesario que llevara cuanto antes al bebé a aquel lugar que no era ningún lugar. De pronto, mis pies empezaban a perder agarre. Me asomaba por encima de la cabecita del niño para no dar un paso en falso y descubría que caminaba sobre el vacío. El suelo bajo mis pies, la tierra que debería haber sido sólida y segura, se había vuelto cavernoso, absolutamente desprovisto de luz y de sustancia. Mi corazón latía con fuerza. Tenía que seguir caminando. Con cautela daba otro paso adelante, como si estuviera avanzando sobre una capa de hielo sin la certeza de que pudiera soportar mi peso; apretaba más fuerte al bebé, que parecía confiar en que no me caería. Y entonces resbalaba y nos precipitábamos juntos en una oscuridad sin fondo. Mientras caíamos y girábamos, yo me aferraba a él con todas mis fuerzas, pero lo que tiraba de él era más fuerte que yo. Desperté de golpe en el preciso instante en que se soltaba de mis brazos.” (p. 235)