viernes, 21 de agosto de 2026

Textos para la reflexión

Tengo el hábito de escribir en un cuaderno de notas los pasajes más interesantes de las obras que leo o releo. Son fragmentos difícilmente clasificables, tanto en naturaleza como en extensión, pero todos ellos tienen algo en común: invitan a reflexionar. A veces proceden de obras encomiables y a veces no. Mi tino (o desatino) al elegirlos se reduce a los pasajes mismos, pero nunca a la obra completa. Poco a poco, y si el tiempo me lo permite, iré introduciendo en el blog algunos de estos textos. Cuando me ha sido posible he consignado la página de procedencia de la cita, pero no siempre he mantenido tan saludable costumbre. Espero que os sean de utilidad.


Agustín Izquierdo Alberca
Ludwig Wittgenstein
TRACTATUS LOGICO-PHILOSOPHICUS. INVESTIGACIONES FILOSÓFICAS.
SOBRE LA CERTEZA

Madrid, 2009, Gredos.
www.archive.org

 

“La inmortalidad temporal del alma del hombre, esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no sólo no está garantizada en modo alguno, sino que, ante todo, tal supuesto no procura en absoluto lo que siempre se quiso alcanzar con él. ¿Se resuelve acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente? ¿No es, pues, esta vida eterna, entonces, tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo.” (p. 135, sección 6.4312.)
[La cita pertenece al TRACTATUS LOGICO-PHILOSOPHICUS.]

 


Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (III)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.

 

“En mi vida nunca veo el vaso medio lleno. Tampoco medio vacío. Siempre lo veo a punto de derramarse. O no lo veo en absoluto. No hay ningún vaso. No hay nada. Estoy delante de una fea mesita de café y encima solo la nada. La mesita también podría desaparecer. Mejor dicho, ya ha desaparecido. No me queda la ausencia, sino la perplejidad.
   Perdonad, pero no me acuerdo. ¿Qué es lo que debía ver?
  No sé dónde encontrar la respuesta, porque en ese momento la pregunta también se ha desvanecido.
   A veces me pregunto si la constante vaguedad en la que vivo no dependerá de una característica mía: nadie me reconoce.” (p. 182)

Luciano Canfora
LA BIBLIOTECA DESAPARECIDA (II)
Madrid, 2025, Siruela.

 

“En Roma había surgido, entre los ricos, la manía de llenar la casa de libros. «¿Para qué sirven colecciones enteras de libros -tronaba un filósofo estoico- si en el arco de la vida el dueño alcanza, a duras penas, a leer sus títulos? ¡Consagraos a pocos autores, no vagabundeéis entre tantos!».” )p. 63)


Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (II)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.

 

“Nunca quise a la abuela Muccia, y ese sentimiento era felizmente recíproco. (…) Era viuda desde hacía años, desde antes de que yo naciera, pero su adhesión al luto era más tenaz que una fe futbolística. Reservaba para las demás viudas el desprecio de los hinchas por los entusiastas de última hora.
-Esa se viste de negro solo porque la hace más delgada.” (p. 85)


Luciano Canfora
LA BIBLIOTECA DESAPARECIDA (I)
Madrid, 2025, Siruela. 
 
 
 
“Entre tanto, los herederos de Neleo debían defenderse de un peligro más serio y más próximo: la biblioteca de Pérgamo. (…) La rivalidad entre los dos centros tuvo consecuencias nocivas. Entraron en escena turbas de falsarios. Ofrecían rollos de textos antiguos remendados o incluso falsificados, cuya refutación se dudaba (si la falsedad no era evidente de inmediato) por temor a ser útil a la biblioteca rival. Se trataba, habitualmente, de manipulaciones hábiles, en las que lo genuino y lo espurio se mezclaban, no sin cierta habilidad por parte de los solícitos falsificadores.” (p. 52)

Veronica Raimo
NADA ES VERDAD (I)
Barcelona, 2023, Libros del Asteroide.  
 
 
 
“Cuando por fin llegó el descubrimiento de los libros, no fue una forma de evasión, sino más bien una apaciguadora coalescencia de hastío. Casi podía visualizarla, blanca y fangosa: leer era como hundirse en una ciénaga de leche. Permanecía sumergida durante horas, hasta que incluso mi cuerpo se volvía flácido, con el agua estancada filtrándose por mis poros. Sentía que todo tenía sentido de repente, un fenómeno de transubstanciación, mi carne se convertía en hastío. No hubiera sabido decir si un libro me gustaba. Pero no era esa la cuestión. Es más, la idea misma de que la lectura pudiera convertirse en un placer era completamente engañosa. ¿Para qué crearnos esa aflicción innecesaria? Había algo que mi familia temía más que la nube tóxica de Chernóbil: el hedonismo.” (p. 26)