domingo, 20 de diciembre de 2015


Kenneth Grahame
EL VIENTO EN LOS SAUCES (I)
Madrid, 1985, Altea.



“Y abandonando la corriente principal, entraron en un paraje que a primera vista parecía un pequeño lago sin salida alguna. Verde césped descendía en suave declive hasta sus orillas; pardas y serpentinas raíces de árbol brillaban bajo la superficie del agua inmóvil; mientras que allí mismo, frente a ellos, el lomo plateado y la espumosa caída de una presa, del brazo de una inquieta y goteante rueda de molino, que a su vez sustentaba una aceña de tejados grises, llenaban el aire de un rumor sedante, sordo y monótono, pero con claras vocecillas que de él salían y hablaban alegremente a ratos. Era tan extraordinariamente hermoso que el Topo no acertó a hacer otra cosa que alzar las manos al cielo y exclamar con voz entrecortada: «¡Madre mía! ¡Madre mía! ¡Madre mía!».” (pp. 17-18; primera parte)
 
“Entretanto la Rata, caliente y confortable, dormitaba en su casa a la vera del fuego. Su papel de versos a medio acabar se deslizó de su rodilla al suelo, se le venció hacia atrás su cabeza, se le quedó entreabierta la boca y empezó a divagar por las floridas márgenes de los ríos del sueño. Luego se desprendió un tizón, crepitó el fuego, haciendo brotar una llamaradita, y la Rata se despertó sobresaltada.” (pp. 70-71; primera parte)

“Al tiempo que apresuraba el paso, saboreando por anticipado el momento de llegar de nuevo a casa y hallarse entre las cosas que conocía y amaba, el Topo vio claramente que él era un animal de campiña y seto vivo, vinculado al surco que abre el labrador, a los pastizales concurridos por el ganado, al camino de las morosas andanzas vespertinas, a la huerta y el bancal.” (p. 114; primera parte)

“La mayor parte de las ventanas, bajas y con reja, tenían abiertas las cortinas, y, para los mirones de fuera, los inquilinos, congregados en torno a la mesa de la merienda, absortos en labores manuales o entregados a animados coloquios con risas y gesticulaciones, tenían todos esa bendita gracia que es lo último que el actor profesional aprende a imitar: la gracia natural inherente al perfecto desconocimiento de ser observados.” (pp. 118-119; primera parte)
Charles R. Darwin
DIARIO DEL VIAJE DE UN NATURALISTA ALREDEDOR DEL MUNDO (II)
Pozuelo de Alarcón (madrid), 2003, Espasa Calpe.


“Poco después del choque se vio una gran ola que, desde la distancia de tres o cuatro millas, avanzaba hacia la bahía con un perfil alisado, y todo a lo largo de la costa arrancó de cuajo viviendas y árboles, mientras seguía su camino con arrollador empuje. Al fondo de la bahía se desató en una espantosa línea de blancos rompientes, que subieron a la altura de 23 pies verticales sobre las mayores mareas del equinoccio. Su fuerza debió de ser prodigiosa, porque en el fuerte hizo retroceder 15 pies un cañón con su cureña, cuyo peso se calculaba en cuatro toneladas. Una goleta fue trasladada en medio de las ruinas, a unos 200 metros de la playa. A la primera ola siguieron otras dos, que en su retirada barrieron una infinidad de objetos, que quedando flotando. En cierto sitio de la bahía esas olas levantaron en alto una embarcación y la sacaron a tierra, dejándola en seco; la llevaron nuevamente, para volver a arrojarla a la playa, y por fin la arrastraron al mar. En otra parte, dos grandes navíos que estaban anclados uno junto a otro dieron vueltas todo alrededor, y sus cables se engancharon y retorcieron por tres veces; aunque tenían las áncoras a 36 pies de profundidad, estuvieron tocando el fondo por algunos minutos. La gran ola debió de avanzar lentamente, porque los habitantes de Talcahuano tuvieron tiempo de huir a las alturas allende la ciudad. Algunos marineros bogaron en un bote hacia el mar, confiando en que si alcanzaban la crecida antes de romper, navegarían con toda seguridad sobre ella, y así sucedió, por fortuna. Una anciana con un muchacho de cuatro o cinco años corrió a meterse en un bote; pero no habiendo quien remara, la pequeña embarcación se estrelló contra un ancla y se partió en dos; la vieja se ahogó, pero el muchacho fue recogido algunas horas después agarrado a una tabla.” (p. 320)

“La mula me parece el animal más sorprendente. Que un híbrido posea más razón, memoria, obstinación, afección social, resistencia y longevidad que a sus padres, parece indicar que el arte ha superado aquí a la Naturaleza.” (p. 329)

“Además de estas causas evidentes de despoblación, parece intervenir algún agente misterioso. Donde pone la planta el europeo, la muerte suele perseguir al indígena. Si tendemos la mirada por la gran extensión de las Américas, Polinesia, el Cabo de Buena Esperanza y Australia, hallaremos el mismo resultado. Y no es sólo el blanco el que actúa como agente destructor (…) Al parecer, las variedades de la especie humana se comportan entre sí como las diferentes especies de animales: el más fuerte extirpa siempre al más débil.” (p. 439)

lunes, 14 de diciembre de 2015

Daniel Tammet
LA POESÍA DE LOS NÚMEROS
Barcelona, 2015, Blackie Books.



“Como sucede en la mayoría de las lenguas aborígenes, los guugu yimithir [pueblo aborigen de Queensland, Australia] disponen solo de un puñado de palabras para referirse a los números: nubuun (uno), gudhirra (dos) y guunduu (tres o más). La misma lengua, sin embargo, les permite situarse geométricamente en su espacio. Un extenso catálogo de términos orientativos permite a sus mentes reconocer de manera intuitiva el norte magnético, el sur, el este y el oeste, con lo que desarrollan un extraordinario sentido de la orientación. Así, por ejemplo, un hombre de los guugu yimithir no dice: «Tienes una hormiga sobre la pierna derecha», sino más bien: «Tienes una hormiga sobre la pierna sudeste». O bien, en vez de decir: «Mueve el libro un poco para atrás», ese mismo hombre diría: «Mueve un poco el libro hacia el noroeste».” (p. 37)

“A diferencia de la diabetes o del pelo rizado, la pobreza rara vez salta una generación. El saldo bancario de los padres a menudo es mucho más determinante que la sangre en el destino del niño. Las madres rubias a veces engendran niños morenos; los hombres altos no siempre tiene profesionales del baloncesto entre sus descendientes; pero más de noventa veces sobre cien, los pobres dan a luz a otros pobres.” (p. 191)

“El economista y matemático Vilfredo Pareto fue el primero en observar, a finales del siglo XIX, que un veinte por ciento de los italianos estaba en posesión del ochenta por ciento de la riqueza nacional, y encontró resultados casi idénticos cuando analizó los datos históricos de otros muchos países de Europa. Así, descubrió que la distribución de la riqueza en París apenas había cambiado desde 1292. Investigaciones posteriores han corroborado sus observaciones.
   Dado que la mayoría de los hombres y mujeres, por carecer de recursos, se quedan en lo más bajo del escalafón, la élite, al no existir competencia, permanece en lo más alto. Los más pobres consagran sus energías a subsistir.” (p. 197)

“Pienso en esa historia, quizá apócrifa, del pintor que, irritado tras muchos intentos fallidos de reflejar un detalle en un retrato, lanzó con hastío la esponja contra el caballete y consiguió así el efecto deseado. O en aquella otra del impresor que, sin quererlo, le valió a Herman Melville infinidad de alabanzas por la expresión «pez mancillado», cuando este, a propósito de una anguila, había querido escribir «pez enrollado sobre sí mismo» (soiled fish – coiled fish).” (p. 214)
[Las cursivas pertenecen al texto.]

domingo, 6 de diciembre de 2015


Carlo Levi
CRISTO SE DETUVO EN ÉBOLI
Madrid, 2005, Gadir.



“Si alguna vez aquellos hombres sin Estado, los campesinos de Lucania, hubieran podido tenerlo, su verdadera capital no habría sido Roma ni Nápoles, sino Nueva York y ya lo era de la única forma posible para ellos: la mitológica. Por su doble naturaleza, como lugar de trabajo era indiferente: se vivía en ella como se viviría en otro lugar, como animales uncidos a un carro, y daba igual en qué dirección se debiera tirar; como paraíso, Jerusalén celestial, ¡oh!, entonces no se podía tocarla, sólo contemplarla allende el mar, sin mezclarse con ella. Los campesinos iban a América y seguían siendo lo que eran: muchos se quedaban y sus hijos seguían siendo americanos, pero los otros, los que regresaban, al cabo de veinte años, eran idénticos a cuando se habían marchado. En tres meses habían olvidado las pocas palabras de inglés aprendidas, habían abandonado las pocas costumbres superficiales y seguían siendo los campesinos de antes, como unas piedras por encima de las cuales hubiera pasado durante mucho tiempo el agua de un río en crecida y que el primer sol en pocos minutos volviese a secar. En América vivían aparte, entre ellos: no participaban en la vida de aquel país, seguían comiendo pan durante años, como en Gagliano, y ahorraban los poco dólares que podían; estaban cerca del paraíso, pero ni siquiera se les ocurrían entrar en él.” (p. 144)

“Los Estados, las teocracias, los ejércitos organizados son, naturalmente, más fuertes que el pueblo disperso de los campesinos, razón por la cual éstos deben resignarse a ser dominados, pero no pueden sentir como propias las glorias ni las empresas de aquella civilización, radicalmente enemiga suya. Las únicas guerras que les llegan al corazón son aquellas en que ellos han combatido para defenderse contra dicha civilización, contra la Historia y los Estados, la teocracia y los ejércitos. Son las guerras reñidas bajo sus propios estandartes, sin orden militar, sin arte y sin esperanza: guerras infelices y destinadas siempre a la derrota, feroces, desesperadas e incomprensibles para los historiadores.” (p. 160)

“Todos aquellos niños tenían algo singular: tenían algo del animal y algo del hombre adulto, como si, con el nacimiento, hubieran recogido, ya listo, un fardo de paciencia y obscura conciencia del dolor. Sus juegos no eran los habituales de los niños humildes de las ciudades, semejantes en todos los países: los duendes eran sus únicos compañeros. Eran cerrados, sabían callar y, bajo la ingenuidad infantil, había la impenetrabilidad del campesino, desdeñosa de imposibles comodidades, el pudor campesino, que al menos defiende el alma en un mundo desolado.” (p. 251)

“El viento de la rebelión soplaba sobre el pueblo. Los habían herido en su profundo sentido de la justicia y aquella gente dócil, resignada y pasiva, impenetrable a las razones de la política y a las teorías de los partidos, sentía renacer dentro de sí el alma de los bandidos. Así eran siempre las violentas y efímeras explosiones de esos hombre contendidos; un resentimiento antiquísimo y potente afloraba por un motivo humano y prendían fuego a las casetas de abastos y los cuarteles de los carabineros y degollaban a los señores; por un momento, nacía una ferocidad española, una libertad atroz y sanguinaria. Después iban a la cárcel, indiferentes, como quien ha desahogado en un instante lo que esperaba desde hacía siglos.” (p.265)

Karl Polanyi
LA GRAN TRANSFORMACIÓN
Madrid, 1989, La Piqueta.
 


“La tesis defendida aquí es que la idea de un mercado que se regula a sí mismo era una idea puramente utópica. Una institución como ésta no podía existir de forma duradera sin aniquilar la sustancia humana y la naturaleza de la sociedad, sin destruir al hombre y sin transformar su ecosistema en un desierto. Inevitablemente la sociedad adoptó medidas para protegerse, pero todas ellas comprometían la autorregulación del mercado, desorganizaban la vida industrial y exponían así a la sociedad a otros peligros. Justamente este dilema obligó al sistema de mercado a seguir en su desarrollo un determinado rumbo y acabó por romper la organización social que estaba basada en él.” (p. 26)

“Todo lo dicho nos conduce a formular la tesis que trataremos de probar: los orígenes del cataclismo, que conoció su cénit en la Segunda Guerra mundial, residen en el proyecto utópico del liberalismo económico consistente en crear un sistema de mercado autorregulador. Esta tesis permite, a mi juicio, delimitar y comprender ese sistema de poderes casi míticos que supone, ni más ni menos, el equilibrio entre las potencias, el patrón-oro y el Estado Liberal; en suma, esos pilares fundamentales de la civilización del siglo XIX, se erigían todos sobre el mismo basamento, adoptaban, en definitiva, la forma que les proporcionaba una única matriz común: el mercado autorregulador.
    Esta afirmación puede parecer excesiva e incluso chocante por su grosero materialismo. Pero la particularidad de la civilización a cuyo derrumbe hemos asistido era precisamente que reposaba sobre cimientos económicos. Otras sociedades y otras civilizaciones se vieron también limitadas por las condiciones materiales de existencia: es un rasgo común a toda vida humana -en realidad a toda vida, sea ésta religiosa o no, materialista o espiritualista-. Todos los tipos de sociedades están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de las sociedades humanas: de hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana. El sistema de mercado autorregulador deriva exclusivamente de este principio.” (p. 65)

[La cursiva pertenece al texto.]  

“Muchas veces el ritmo del cambio tiene más importancia que su dirección, aunque también es frecuente que en aquellas ocasiones en que ésta no depende de nuestra voluntad se pueda, sin embargo, regular el ritmo de las transformaciones que se están produciendo.
    La creencia en el progreso espontáneo nos hace necesariamente incapaces de percibir el papel del gobierno en la vida económica, que consiste frecuentemente en modificar la velocidad del cambio, acelerándolo o frenándolo, según los casos. Si consideramos que ese ritmo es inalterable -o, aún peor, si pensamos que constituye un sacrilegio modificarlo- entonces ya no hay lugar para ningún tipo de intervención.” (pp. 74-75)

“En una economía de mercado el dinero constituye también un elemento esencial de la vida industrial y su inclusión en el mecanismo del mercado tiene, como veremos, consecuencias institucionales de gran alcance. El trabajo no es, sin embargo, ni más ni menos que los propios seres humanos que forman la sociedad; y la tierra no es más que el medio natural en el que cada sociedad existe. Incluir al trabajo y a la tierra entre los mecanismos del mercado supone subordinar a las leyes del mercado la sustancia misma de la sociedad.” (p. 126)

“Asuntos puramente económicos, por ejemplo los que se refieren a la satisfacción de las necesidades, tienen infinitamente menos relación con el comportamiento de clase que las cuestiones de prestigio social. (...) Pero los intereses de una clase están íntimamente vinculados de modo directo al prestigio y al rango, al status y a la seguridad, es decir, no son primordialmente económicos sino sociales.” (p. 251)


“Separar el trabajo de las otras actividades de la vida y someterlo a las leyes del mercado equivaldría a aniquilar todas las formas orgánicas de la existencia y a reemplazarlas por un tipo de organización diferente, atomizada e individual.
    Este plan de destrucción se llevó a cabo mediante la aplicación del principio de la libertad de contrato. Es como si en un momento dado se decidiese en la práctica que las organizaciones no contractuales fundadas en el parentesco, la vecindad, el oficio o las creencias, debían ser liquidadas, puesto que exigían la sumisión del individuo y limitaban por tanto su libertad. Presentar este principio como una medida de no injerencia, como sostenían comúnmente los partidarios de la economía liberal, equivalía a expresar pura y llanamente un prejuicio enraizado en un tipo muy particular de injerencia, a saber, la que destruye las relaciones no contractuales entre individuos y les impide organizarse espontáneamente.” (p. 266)
Charles R. Darwin
DIARIO DEL VIAJE DE UN NATURALISTA ALREDEDOR DEL MUNDO (I)
Pozuelo de Alarcón (Madrid), 2003, Espasa Calpe.



“Este sitio es célebre por haber servido de refugio durante largo tiempo a ciertos esclavos fugitivos, que cultivando un pequeño terreno en las cercanías de la cima lograban sacar lo necesario para su subsistencia. Con el tiempo fueron descubiertos, y, habiendo enviado un piquete de soldados, todos fueron hechos prisioneros, excepto una vieja, que, antes de volver a la esclavitud, prefirió arrojarse a un precipicio desde lo alto de la montaña, quedando hecha pedazos. En una matrona romana, este rasgo se hubiera llamado el noble amor a la libertad; en una pobre negra, se califica de brutal obstinación.” (p. 46)

“Mientras estábamos en esta finca faltó poco para que fuera testigo de uno de estos actos atroces que sólo pueden ocurrir en un país de esclavos. Con motivo de una querella y un pleito el amo estuvo a punto de separar todas las mujeres y niños de los esclavos varones y venderlos en Río en pública subasta. Si esta enormidad no se realizó fue porque lo impidió el interés, y no el menor sentimiento de piedad. Realmente, no creo que al amo le pasara por las mientes que era inhumano separar a 30 familias después de haber vivido juntas por muchos años. Y, no obstante, aseguro, a fe de hombre veraz, que en sentimientos humanitarios y afectuosos aventajaba al común de los hombres. Cabe pues afirmar que la codicia y el egoísmo producen en la inteligencia la ceguera más absoluta.” (pp. 50-51)

“Santa Fe es una pequeña ciudad tranquila, en la que reinan la limpieza y el orden. El gobernador, López, era un soldado raso en tiempo de la revolución, y a la fecha lleva 17 años en el cargo. Semejante estabilidad se debe a sus procedimientos tiránicos, pues hasta ahora la tiranía parece adaptarse a estos países mejor que el republicanismo. La ocupación favorita del gobernador consistía en cazar indios; de poco tiempo a esta parte había matado 48 y vendido los hijos a razón de tres o cuatro libras por cabeza.” (p.144)

“Mientras navegábamos algo al sur del Plata, en una noche muy obscura, el mar ofreció un admirable y bellísimo espectáculo. Corría una fresca brisa, y por toda la superficie, que durante el día se había visto como espumosa, ahora brillaba con una luz pálida. El barco hendía ante su proa dos olas de fósforo líquido, y dejaba en pos de sí una estela láctea. Las crestas de las olas brillaban en toda la extensión del océano, hasta donde la vista podía alcanzar, y las capas inferiores atmosféricas que se tendían sobre el horizonte, merced al resplandor reflejado de los lívidos fulgores antes descritos, no parecían tan tenebrosas como la bóveda superior del cielo.” (p. 176)
Pío Baroja
LOS CAPRICHOS DE LA SUERTE
Barcelona, 2015, Espasa.



"El viejo comía siempre en el restaurante del hotel. Un mozo, que era español y que al servirle le veía con frecuencia leyendo algún libro o alguna revista, solía decirle:
-¡Usted también, a su edad y teniendo que leer todavía! ¡Es cosa triste!
Es curioso que lo que para algunos es el entretenimiento mejor de la vida, para otros sea un trabajo desagradable." (p. 106)

“-Yo así lo creo -afirmó Elorrio-. La novela es un género que acaba. Ya hace más de cincuenta años que no se ha publicado una novela sugestiva y popular. En el primer medio siglo del XIX, ¡qué cantidad de novelistas sugestivos hubo para el público aquí en Francia!: Balzac, Dumas, Stendhal, Eugenio Sue, algunos puros y otros folletinistas populacheros. En Inglaterra hubo Dickens, Thackeray, ¡y ahora qué hay! Casi nada.
-¿Pero es que los autores modernos son medianos o es que el público no los quiere porque no los necesita? -preguntó Evans.
-Yo creo que es por las dos cosas. La novela necesita misterio. No hay misterio. La vida se va aclarando más y se ven como los hilos del muñeco, lo que es poca cosa. Ponga usted a un buen burgués de París leyendo el prólogo de Ferragus, de la Historia de los Trece de Balzac, por la noche con una lámpara de aceite en un chiscón de una calle oscura y mal iluminada; ponga usted a un comerciante inglés en su casa bien cerrada leyendo Pickwick o Bleak-Home de Dickens, sentado al calor de la chimenea. Los dos tienen que estar estremecidos de curiosidad y de espanto. En cambio, póngale usted a un rico moderno en una casa con calefacción, iluminada con luz eléctrica, con la calle tan clara como su cuarto. El libro le parece pesado y lee el periódico, oye la radio y piensa en vulgaridades.
-Sí, es verdad, pero nosotros no podemos remediarlo -dijo Escalante.
-Entonces no hay que ocuparse de eso.” (pp. 169-170)

“Después de un silencio, Pagani preguntó a su amigo:
-¿Qué le parece a usted la Revolución Francesa?
-Que fue un ensayo muy intenso de latinización de Francia -contestó el inglés.
-¿Para usted malo?
-En sus resultados, sí.
-¿Y el Imperio de Napoleón?
-Algo peor.
Evans había tenido siempre cierta antipatía por el Emperador, fácil de comprender en un inglés.
-¿Pero no cree usted que era un hombre de talento? -le preguntó Pagani, no del todo conforme con la opinión de su amigo.
-Claro que lo era. Talento estratégico y matemático, extraordinario, genial. Pero poca cosa como hombre. Un tipo bilioso, pequeño, barrigudo y cetrino. El tipo del Mediterráneo, atracado de macarrones y de aceitunas verdes, sin cejas y sin pestañas. Es el hombre sin gracia. Todo para él es serio: las condecoraciones, los penachos, los uniformes, los títulos, las estadísticas. No tiene en su vida un rasgo de humor. Shakespeare no hubiera podido hacer ni una tragedia ni una comedia con su vida.” (pp. 209-210)

lunes, 16 de noviembre de 2015

David Lodge
INTERCAMBIOS. HISTORIA DE DOS UNIVERSIDADES
Barcelona, 1997, Anagrama.


 

“Entre tanto, en el otro Boeing, Morris Zapp acaba de descubrir qué era lo que tenía aquel vuelo que le intrigaba tanto desde hacía rato. La revelación ha llegado -con cierto retraso- tras recorrer el avión en toda su longitud hasta el lavabo, cuando concluía el negocio que lo había llevado allí. Mientras regresa verifica su sospecha, mirando disimuladamente cada fila de asientos, hasta llegar al suyo, en la parte delantera del avión. Se deja caer pesadamente en el suyo y, como suele hacer al reflexionar: cruza las piernas y tamborilea con las uñas sobre la suela del zapato derecho.
Todos los pasajeros del avión, excepto él, son mujeres.
¿Qué se puede deducir de ello? Las posibilidades de que esta proporción sea puramente casual son infinitamente pequeñas. ¡Otra vez la Improvidencia! ¿Cómo va a tener oportunidad de salvarse si hay algún peligro, puesto que las mujeres y los niños tienen preferencia y debería ceder el paso a ciento cincuenta y cinco personas para llegar a los botes salvavidas?” (pp. 37-38)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
 

“En realidad, pensaba que no sentiría la menor pena aunque no volviera a poner los pies en Nueva York en su vida. En la última visita llegó a la conclusión de que sólo era cuestión de tiempo que la basura de las calles llegara al nivel de los áticos y toda la población muriera asfixiada.” (p. 50)

”-¿No crees que es más bien pequeña?
-A mí me parece estupenda.
-Últimamente pienso que es más bien pequeña.
-Un estudio reciente demostró que el noventa por ciento de los hombres norteamericanos creen que sus penes son de tamaño más pequeño que la media.
-Me parece muy natural que se quiera formar parte de ese diez por ciento que está por encima de la media...
-Ese diez por ciento no está por encima de la media, tontaina, a ese diez por ciento le importa un pito cómo tienen el ídem. Además, estadísticamente es imposible que haya un noventa por ciento que esté por debajo de la media en nada.” (p. 196)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
Platón
LAS LEYES
Madrid, 1988, Akal.



“Y entonces, huésped, el vencerse a sí mismo es la primera y más importante de todas las victorias, y el ser vencido por uno mismo la más vergonzosa y humillante de las derrotas. Esto indica que en cada uno de nosotros se libra una guerra contra nosotros mismos.” (p. 61)
 
“Lo que importa en la educación de los jóvenes, como en la de cualquiera, no es la reprimenda, sino hacer ver a los otros que nuestro comportamiento a lo largo de la vida se ajusta a las amonestaciones y reprimendas que dirigimos a los demás.” (p. 204)

“Quien tiene interés por ser un gran hombre no se debe amar a sí mismo ni a sus cosas, sino a aquello que es justo, tanto si lo ha hecho él como si lo ha hecho otro.” (p. 208)

“Quien tenga en mente promulgar leyes acerca de cómo debe ser la actuación pública y oficial en las ciudades, pero considere innecesarias las coacciones en la vida privada y conceda facultad a cada ciudadano a que viva su vida como se le antoje, que no crea conveniente que todo esté sujeto a reglamentación y que, por tanto, deja sin regular la vida privada, llegando a la conclusión de que así los ciudadanos querrán vivir conforme a las leyes en lo público y en lo oficial, ese tal no discurre como debe.” (p. 275)

“Uno es el deseo de enriquecerse, que no deja ningún momento libre para dedicarse a otra cosa que no sean los bienes propios, de los que está pendiente toda alma de todo ciudadano, tanto que no podría cuidarse de ninguna otra, fuera de su ganancia cotidiana. Todos ellos están plenamente resueltos a aprender y llevar a la práctica en beneficio propio cualquier idea o empresa que conduzca a ello; de todo lo demás se carcajea. He aquí una de las causas, la primera, que debemos presentar como la responsable de que la ciudad no quiera tomarse en serio estas costumbres ni ninguna otra que sea hermosa y honorable; antes al contrario, por su avidez de oro y plata, cualquier hombre está resuelto a aguantar no importa qué profesión o proyecto más o menos decentes si con ello ve perspectivas de enriquecimiento y a realizar, igualmente sin ningún escrúpulo, cualquier acción piadosa, impía o vergonzosa a más no poder, exigiendo como única contrapartida poder procurarse, como un animal, plena satisfacción en toda clase y variedad de comidas, bebidas y placeres sexuales”. (p. 348)
César González-Ruano
LA VIDA DE PRISA
Madrid, 2012, Ediciones 68.



“Muchas razas se conservan casi con tanta severidad como la judía, la gitana, por ejemplo, pero ningún pueblo ha sabido detener el tiempo como el judío. En cualquier ghetto de la tierra se vive como en la Jerusalén grande y fabulosa, mugrienta y eterna. En el siglo XX se ven los mismos mendigos de la Antigüedad, las mismas lacras de males milenarios, las mismas barbas bíblicas, los mismos mancebos cuya belleza suave se acaba pronto, las mismas muchachas blancas y tristes que mueren tísicas y honestas, los mismos rabinos, las mismas comidas, puertas estrechas y tiendecitas... El rayo de Israel se ha hecho brasa, y el dolor de la causa perdida se ha hecho un goce íntimo, largo, elegíaco y bello por la persecución y la riña, por la continuidad del orgullo que se disfraza de modestia.” (p. 117)

“Los conocimientos en los bares suelen ser, como en los barcos y en los trenes, bastante rápidos, casi vehementes, propensos a la confidencia y con muchas probabilidades de convertirse en una verdadera amistad simpática y aun sincera aunque esté condenada a la muerte natural de quienes luego tiran cada uno por su lado y no vuelven a reunirse jamás.” (p. 138)

sábado, 7 de noviembre de 2015


Friedrich Dürrenmatt
LA MUERTE DE LA PITIA
Barcelona, 1990, Tusquets.


“¿Habrá aún historias posibles, historias para escritores? Si no quiere uno referirse a sí mismo, generalizar romántica y líricamente el propio Yo, si no se siente uno impulsado a hablar con total verosimilitud de las propias esperanzas y fracasos, ni de cómo hacer el amor con las mujeres -como si la verosimilitud trasladara todo esto a la esfera de lo general y no a la de los clínico o psicológico, en el mejor de los casos; si no se quiere hacer esto, sino que se opta más bien por un discreto repliegue destinado a salvaguardar cortésmente la vida privada, situándose frente al tema como un escultor frente a su material, para trabajarlo y desarrollarse en él, y tratando, como una especie de clásico, de no desesperarse en seguida -aunque sea casi imposible negar el absurdo puro y simple que campea por doquier-, escribir será entonces una operación más ardua y solitaria, y también más absurda. Una buena nota no interesa en la historia de la literatura (¿quién no ha sacado alguna vez buenas notas? ¿cuántos disparates no se han premiado ya?); las exigencias del día son más importantes. Pero también aquí se plantean un dilema y una situación de mercado desfavorable. Mero entretenimiento ofrece ya la vida, el cine de noche, poesía, el suplemento de los periódicos; por algo más -algo que socialmente esté por encima de un franco- se exige alma, confesiones y hasta verosimilitud, hay que suministrar valores superiores, reflexiones morales, sentencias útiles, algo ha de ser superado o afirmado, ya sea el cristianismo o la desesperación en boga: literatura, en resumidas cuentas.” (pp. 29-30) 

[La cita pertenece al relato La avería. Una historia aún posible, de 1955.]

“Con naturalidad. Los trece hombres de la Secretaría Política disponían de un poder monstruoso. Decidían sobre la suerte del gigantesco Imperio, mandaban al exilio, la cárcel o la muerte a innumerables personas, interferían en la vida de millones de individuos, hacían surgir industrias de la nada, desplazaban familias y pueblos enteros, hacían construir enormes ciudades, ponían en pie de guerra ejércitos inconmensurables y decidían sobre la guerra y la paz; pero, como su instinto de conservación los obligaba a espiarse unos a otros, sus simpatías o antipatías mutuas influían en sus decisiones mucho más que los conflictos políticos o las circunstancias económicas a las cuales tenían que enfrentarse. El poder, y por ende el temor mutuo, era demasiado grande como para hacer política pura. Y no había forma de imponer la razón.” (p. 88)

“Para el pueblo era un símbolo patriótico, el emblema de la independencia y la grandeza de la patria. Representaba la omnipotencia del Partido, era el sabio y austero padre de la patria, cuyos escritos (que él nunca escribía) eran leídos y memorizados por todos, y al cual hacia referencia cada discurso pronunciado y cada artículo publicado. Sin embargo, la verdad es que nadie lo conocía. Al atribuirle tantas virtudes, lo habían despersonalizado. Al convertirlo en ídolo, le habían expedido un salvoconducto que le permitía todo, y él se permitía todo.” (p. 118) 

[Ambas citas pertenecen al relato La caída, de 1971.]

sábado, 24 de octubre de 2015

Jared Diamond
COLAPSO
Barcelona, 2006, Random House Mondadori.
 


“La señal más clara de canibalismo en ese emplazamiento es que las heces humanas secas encontradas en la chimenea de la casa, y todavía bien conservadas en ese clima seco tras casi mil años, demostraron contener proteínas de músculo humano, las cuales están ausentes en las heces humanas normales, incluso en las de personas que tienen úlceras intestinales sangrantes. Esto hace probable que quienquiera que atacara el emplazamiento, matara a sus habitantes, rompiera sus huesos, cociera su carne en pucheros, esparciera los huesos y se aliviara el vientre depositando heces en aquella chimenea había consumido efectivamente la carne de sus víctimas.” (p. 207)
[La cita se refiere a un asentamiento anasazi, pueblo indio que habitó en el sur de los Estados Unidos.]

“Otra de las razones por las que una sociedad puede no conseguir prever un problema se debe al razonamiento mediante falsa analogía. Cuando nos encontramos ante una situación desconocida recurrimos a establecer analogías con otras situaciones conocidas. Este es un buen modo de proceder si la antigua y la nueva situación son verdaderamente análogas, pero puede resultar peligroso si son similares únicamente en apariencia. Por ejemplo, los vikingos que llegaron a Islandia a partir del año 870 aproximadamente procedían de Noruega y Gran Bretaña, que cuentan con firmes suelos arcillosos molidos por glaciares. Aun cuando se eliminara la vegetación que cubría aquellos suelos, estos seguían siendo demasiado pesados para que el viento los arrastrara. Cuando los colonos vikingos encontraron en Islandia muchas de las especies de árboles que ya les eran conocidas en Noruega y Gran Bretaña, les confundió la aparente similitud del paisaje. Por desgracia, los suelos de Islandia no emergieron como consecuencia de la erosión de los glaciares, sino porque los vientos transportaron cenizas muy ligeras originadas en erupciones volcánicas. Cuando los vikingos eliminaron los bosques de Islandia para crear pastos para el ganado, aquel suelo ligero quedó expuesto a que el viento lo arrastrara de nuevo, y gran parte de la capa superficial del suelo de Islandia desapareció con la erosión.” (p. 548)

“Los habitantes de California se debaten entre dos orientaciones para construir su opinión respecto a todos estos inmigrantes que tratan de llegar aquí para adoptar la forma de vida del Primer Mundo. Por una parte, la consideración de que nuestra economía depende abiertamente de que ellos ocupen puestos de trabajo en el servicio doméstico, el sector de la construcción y la agricultura. Por otra, las quejas de muchos habitantes de California porque los inmigrantes compiten por los puestos de trabajo con los residentes que no tienen empleo, reducen los salarios y agravan la carga que soportan los ya superpoblados hospitales y el sistema de educación pública. En las papeletas para votar en 1994 se incluyó una propuesta de medida (la Proposición 187) que fue aprobada por la abrumadora mayoría de los votantes, pero que después anularon los tribunales porque era inconstitucional: se trataba de privar a los inmigrantes ilegales de la mayor parte de los servicios financiados por el estado. Ningún habitante o cargo electo de California ha sugerido ninguna solución práctica a la prolongada contradicción existente, que recuerda a la actitud de los dominicanos hacia los haitianos entre necesitar inmigrantes como trabajadores y, por otra parte, molestarse por su presencia y porque tengan necesidades.” (p. 648)

Kurt Vonnegut
EL DESAYUNO DE LOS CAMPEONES
Barcelona, 1999, Anagrama.


“Creo que estoy intentando librarme de toda esa basura que tengo en el cerebro: culos, banderas y bragas. Sí, sí, en este libro he hecho un dibujo de unas bragas, y también me estoy desprendiendo de los personajes de otros libros míos. Ya no voy a organizar ningún espectáculo de títeres más.
  Creo que estoy intentando tener la cabeza tan vacía como la tenía cuando vine a este mundo hace cincuenta años.
  Sospecho que esto es algo que la mayoría de los estadounidenses blancos —y los no blancos que imitan a los estadounidenses blancos— deberían hacer. De cualquier modo, todas esas cosas que los demás me han metido en la cabeza no casan bien unas con otras. Normalmente, no sirven para nada, son feas, no guardan proporción entre sí, ni en mi interior ni en la vida real.
  Dentro de mi cerebro no hay ninguna cultura ni ninguna armonía y ya no sé vivir sin cultura.
  Así que este libro es un sendero plagado de basura, de esa porquería que voy tirando mientras retrocedo en el tiempo hacia el 11 de noviembre de 1922.” (pp. 18-19)
[La cursiva pertenece al texto.]

“Le vi venir por el rabillo del ojo. Sus ojos echaban chispas. Sus dientes eran puñales blancos. Sus babas, puro cianuro, y su sangre, nitroglicerina.
   Cruzaba el aire como un zepelín, flotando indolentemente.
   Mis ojos transmitieron el mensaje a mi mente.
   Mi mente envió el mensaje a mi hipotálamo y le dijo que liberase una hormona, la CRF, y que la vertiese en las venillas que ponían en conexión el hipotálamo con la glándula pituitaria.
  La CRF hizo que mi glándula pituitaria soltase, a su vez, la hormona ACTH por mi corriente sanguínea. Mi pituitaria había estado produciendo y almacenando ACTH para una ocasión semejante. El zepelín se acercaba cada vez más.
  Y parte de la ACTH de mi corriente sanguínea llegó a la capa externa de la glándula productora de adrenalina que, a su vez, había estado produciendo y almacenando glucocorticoides para posibles emergencias. Los glucocorticoides se añadieron a mi corriente sanguínea y se extendieron por todo mi cuerpo transformando el glucógeno en glucosa. La glucosa es el alimento de los músculos. Eso me ayudaría a luchar como un gato montés o a huir tan deprisa como un gamo.
  Y el zepelín se acercaba cada vez más.
  La glándula productora de adrenalina también me propinó un chute extra de adrenalina. Me fui poniendo de color morado a medida que me subía la tensión sanguínea. La adrenalina hizo que mi corazón saltase como si fuera una alarma contra robos. También me puso los pelos de punta. Y también provocó que en mi corriente sanguínea entrasen coagulantes para que, en caso de que fuese herido, no se me escapasen los jugos vitales.
  Todo aquello que mi cuerpo había hecho hasta ese momento era normal dentro de los procesos operativos de las máquinas humanas. Pero mi cuerpo tomó también una medida defensiva que, según tengo entendido, carecía de precedentes en la historia de la medicina. Debió de producirse por algún cortocircuito o se me saltó algún fusible. Fuera como fuese, la cosa es que los testículos se me fueron subiendo hasta entrar en la cavidad abdominal, y allí los guardé como si se tratara del tren de aterrizaje de un avión. Y ahora me han dicho que sólo me los podrán sacar de ahí con una intervención quirúrgica.” (pp. 262-263)


Stephen Jay Gould
LA FALSA MEDIDA DEL HOMBRE
Barcelona, 1997, Crítica.
 


“Considero la crítica del determinismo biológico a la vez intemporal y oportuna. La necesidad de análisis es intemporal debido a que los errores del determinismo biológico son tan profundos e insidiosos, y debido a que la argumentación apela a las peores manifestaciones de nuestra naturaleza común. La profundidad vincula el determinismo biológico a algunas de las cuestiones y errores más antiguos de nuestras tradiciones filosóficas, incluido el reduccionismo, o bien al deseo de explicar fenómenos en parte aleatorios, a gran escala e irreductiblemente complejos mediante el comportamiento determinista de los elementos constituyentes más pequeños (los objetos físicos por el movimiento de los átomos, las funciones mentales por la cantidad heredada de materia gris); la reificación, o propensión a convertir un concepto abstracto (como la inteligencia) en una entidad sólida (como una cantidad de materia cerebral cuantificable); la dicotomización, o nuestro deseo de analizar gramaticalmente la realidad continua y compleja en divisiones duales (inteligente y estúpido, blanco y negro); y la jerarquía, o nuestra inclinación a ordenar los temas clasificándolos en una serie lineal de valor creciente (grados de inteligencia innata en este caso, a menudo luego rota por el dualismo que impone nuestra necesidad de dicotomizar, como en normal frente a débil mental, para utilizar la terminología favorita de los primeros tiempos de las pruebas de CI).“ (pp. 19-20)
[Las cursivas pertenecen al texto.]

“El espíritu de Platón se resiste a morir. No hemos podido evadirnos de la tradición filosófica según la cual todo cuanto vemos y medimos en el mundo es sólo la representación imperfecta y superficial de una realidad subyacente. Gran parte de la fascinación de la estadística radica en nuestro sentimiento visceral -desconfiemos de los sentimientos viscerales- de que las medidas abstractas que resumen amplios cuadros de datos tienen que expresar algo más real y más fundamental que los datos mismos. (Una parte considerable de la formación profesional del estadístico consiste en realizar un esfuerzo deliberado para contrarrestar ese sentimiento visceral.) La técnica de la correlación se ha prestado particularmente a este tipo de abuso porque parece proporcionar una vía para hacer inferencias sobre la causalidad (y a veces permite hacerlas, pero sólo a veces).” (pp. 242-243)
[La cursiva pertenece al texto.]

“Sin embargo, para que nadie se imagine que la correlación representa un método mágico para detectar inequívocamente la causa, consideraremos la relación entre mi edad y el precio de la gasolina en los últimos diez años. Se trata de una correlación casi perfecta, pero nadie pensará que existe una causa común. La existencia de la correlación no permite extraer conclusión alguna sobre la causa. (…) Sin duda, la inmensa mayoría de las correlaciones que se dan en este mundo no son causales.“ (p. 245)

Kurt Vonnegut
MADRE NOCHE
Barcelona, 1988, Círculo de Lectores.



“Mengel habla de Rudolf Franz Hoess, el comandante del campo de concentración de Auschwitz. Bajo su tierno cuidado, literalmente millones de judíos marcharon a la cámara de gas. Mengel sabía algo acerca de Hoess. Antes de emigrar a Israel en 1947, Mengel ayudó a ahorcarlo.
    Y no con su sólo con su testimonio. Lo hizo con sus dos manos enormes.
–Cuando lo colgamos, yo le puse la correa alrededor de los tobillos y la ajusté bien tirante.
–¿Le dio eso alguna satisfacción?
–No; yo era casi como todos los que estuvieron en esa guerra.
–¿Qué quiere decir? –Le pregunté.
–Que llegué a convertirme en alguien incapaz de sentir nada. Cada trabajo era un deber que cumplir y nada más; ninguno era peor o mejor que otro... Después que terminamos de colgar a Hoess, empaqué mi ropa y me fui a casa. El cierre de mi maleta estaba roto, así que la sujeté con una gruesa correa de cuero. En una hora hice la misma acción dos veces: una vez con Hoess y otra con mi maleta. Ambos trabajos fueron para mí casi lo mismo.” (pp. 41-42)

“Mi madre era una mujer muy bella, inteligente y morbosa. Creo que casi siempre estaba ebria. Recuerdo que una vez llenó un platito con una mezcla de alcohol medicinal y sal de mesa. Lo colocó sobre la mesa de la cocina, apagó todas las luces y me sentó frente a ella, del otro lado de la mesa.
    Y luego aproximó un fósforo a aquella mezcla. La llama brotó de un color casi amarillo puro; una llama de sodio que me la mostró como un cadáver y me hizo aparecer también a mí como un cadáver ante ella.
–Esto –me dijo– es lo que pareceremos cuando estemos muertos.
    Aquella extraña demostración no sólo me asustó a mí; la asustó también a ella. Mi madre se asustó de sus propias rarezas y a partir de ese momento dejé de ser su compañero. Desde aquel día rara vez me hablaba... Me separó completamente de ella; estoy seguro de que fue por temor de hacer o decir alguna locura mayor.
    Todo esto sucedió en Schenectady, antes de que yo cumpliese diez años.” (p. 50)

“-¿Ya no escribes?
-No ha ocurrido nada que quiera decir.
-¿Después de todo lo que has visto, de todo lo que has pasado, querido?
-Es precisamente todo lo que he visto, todo lo que he pasado, lo que casi me hace imposible decir nada. He perdido el don de escribir con sentido. Hablo una jerga incomprensible para el mundo civilizado, y el mundo me responde de la misma manera.” (p. 122)
Heinrich Heine
RELATOS
Madrid, 1992, Cátedra.


“Tales comidas familiares en la casa del rabino tenían lugar muy especialmente en la celebración anual de la Pascua, una maravillosa y antiquísima fiesta que aún hoy los judíos de todo el mundo celebraban la víspera del decimocuarto día del mes de Nissen, en eterna memoria de su liberación de la esclavitud egipcia, de la siguiente forma:
    Cuando se hace de noche, la señora de la casa enciende las luces, pone el mantel sobre la mesa, coloca en el centro del mismo tres panes ácimos, los cubre con una servilleta y sitúa en este elevado lugar seis pequeñas fuentes que contienen alimentos simbólicos, a saber: un huevo, lechuga, raíz de rábano, un hueso de cordero y una mezcla rojiza a base de pasas, canela y frutos secos. A esta mesa se sienta el cabeza de familia con todos sus parientes y amigos, y les lee pasajes de un curioso libro llamado el Agade, y cuyo contenido es una extraña mezcla de leyendas de los antepasados, historias fantásticas de Egipto, narraciones curiosas, controversias, oraciones e himnos ceremoniales. En medio de esta celebración se sirve una gran cena, e incluso durante la lectura, en determinados momentos se prueba un poco de las comidas simbólicas, así como, luego, se comen trocitos del pan ácimo y se beben cuatro vasitos de vino tinto. El carácter de esta celebración nocturna es melancólicamente alegre, seriamente juguetón y fantásticamente misterioso, y el tono tradicionalmente cantarín con que el cabeza de familia lee el Agade, y con el que a veces es respondido a coro por los oyentes, suena tan escalofriantemente íntimo, tan maternalmente adormecedor, y al mismo tiempo tan agitado y vivo, que incluso aquellos judíos que se han apartado hace mucho de la fe de sus padres y han corrido en pos de lejanas alegrías y honores se sienten conmovidos hasta lo más hondo de su corazón cuando por azar llegan a sus oídos los viejos y familiares sones de la Pascua.” (pp. 250-251)

[Las cursivas pertenecen al texto.]

lunes, 14 de septiembre de 2015


Truman Capote
EL ARPA DE HIERBA
Barcelona, 2006, Anagrama.



“He leído que el pasado y el futuro son una espiral cada una de cuyas vueltas contiene a la próxima y predice su forma. Quizá sea así, pero mi propia vida me ha parecido más bien una serie de círculos cerrados, de anillos que no se desarrollan con la libertad de una espiral. Para mí, pasar de uno a otro de esos círculos significa un salto, no un deslizamiento suave. Lo que me debilitaba era el intervalo entre ellos, la espera mientras no sabía hacia dónde debía saltar.” (p. 180)


Luca Cavalli-Sforza
¿QUIÉNES SOMOS? HISTORIA DE LA DIVERSIDAD HUMANA (II)
Barcelona, 1994, Crítica.


“En un árbol genealógico familiar que recientemente se ha descrito en Canadá, se ha observado un número apreciable de personas incapaces de formar correctamente el plural de nombres raros. Por ejemplo, si preguntamos: «¿Cómo se dice si en vez de un tomate hay dos?», obtendremos por respuesta: «Dos tomates». Estas personas no tienen dificultad para responder correctamente cuando se trata de nombres usados en el lenguaje común. Pero si se les explica que hay un animal llamado uombat, una palabra que jamás han oído, y se les pregunta cuál es el plural, no se consigue obtener la respuesta «uombates». Lo que ocurre es que desconocen la regla de la formación de plurales. El estudio de este árbol genealógico tan especial, que es muy completo, revela la probable existencia de un gen que rige la capacidad de formar plurales o de conjugar verbos. La genética molecular permitirá descubrir el gen responsable de este singular defecto.” (pp. 278-279)

“Con una mezcla de emoción, satisfacción y cierta turbación me di cuenta de que el gran parecido entre el árbol genético y el de las familias lingüísticas, destacado por nosotros, ya había sido previsto por Charles Darwin. En el Origen de las especies (1859), se lee: «Si dispusiéramos de un árbol genealógico perfecto de la humanidad, una ordenación genealógica de las razas del hombre permitiría clasificar adecuadamente las lenguas que hoy se hablan en el mundo; y si todas las lenguas extinguidas, los dialectos intermedios y los que van cambiando lentamente pudieran quedar incluidos, esta ordenación sería la mejor posible». (…) ¿Por qué tiene que haber parecido entre evolución lingüística y evolución genética? La explicación es bien sencilla. A lo largo de la expansión del hombre moderno, regiones y continentes nuevos fueron ocupados por grupos que se separaron de sus comunidades de origen y se establecieron en nuevas localidades. A partir de allí surgieron otros fragmentos, que avanzaron hacia lugares más apartados. A través de esta serie de separaciones y desplazamientos en cadena se llegó a regiones muy lejanas, desde las cuales era muy difícil o imposible mantener contactos con los lugares y poblaciones de origen. El aislamiento de los numerosos grupos que se formaron dio lugar a dos fenómenos inevitables: la aparición de diferencias genéticas y la aparición de diferencias lingüísticas. Los dos fenómenos han seguido su propio camino y han tenido su propia dinámica, pero la historia de las separaciones, que son la causa de la diferenciación, es común a ambos. La historia que se reconstruye a través de las lenguas, lo mismo que a través de los genes, es precisamente la de las separaciones, la misma historia.” (pp. 285-286)

“La esquizofrenia es una enfermedad social muy importante por su elevada frecuencia (1-2 por 100 de los nacimientos), y provoca manifestaciones de locura que tienen graves consecuencias sociales. Hay un componente hereditario, aunque hasta ahora no se ha podido desvelar. Pero parece que en muchos esquizofrénicos y en sus parientes cercanos también hay cierta originalidad y productividad artística en varios campos. Si se suprimieran los genes responsables de la esquizofrenia, podríamos correr el riesgo de quedarnos sin artes, teatro o literatura.” (pp. 367-367)

“El factor principal que controla la cantidad de discusiones es la incertidumbre del asunto, que en biología suele ser mayor que en física, y en física mayor que en matemáticas. En la antropología -en sentido amplio- la incertidumbre es máxima. Esto da lugar a muchas discusiones, a muchas críticas, y se diría que en algunos departamentos estadounidenses de antropología los jóvenes antropólogos son entrenados para la actividad científica como gallitos de pelea. Afortunadamente, muchos de ellos se van aplacando a lo largo de su vida científica, pero otros conservan una extraordinaria agresividad.” (p. 379)

"Los enormes sufrimientos que provocan las enfermedades hereditarias a quienes las padecen y a sus parientes cercanos se pueden evitar en buena medida, y podrán ser eliminados por completo. Por eso resulta incomprensible el ensañamiento con que los teólogos de la Iglesia Católica Romana, y los fundamentalistas de varias religiones, todavía más intransigentes, han querido condenar a los padres de futuros niños enfermos a no evitar estos sufrimientos o a renunciar a tener hijos. El castigo recae no solamente sobre los padres, sino también sobre el que va a nacer, y es profundamente injusto, porque en un mundo mejor el niño tiene derecho a nacer sano, un derecho que le niegan estas concepciones religiosas, aun cuando los conocimientos humanos lo han hecho posible." (p. 382)

[Las cursivas pertenecen al texto.]

Luca Cavalli-Sforza 
¿QUIÉNES SOMOS? HISTORIA DE LA DIVERSIDAD HUMANA (I)
Barcelona, 1994, Crítica.



“Vale la pena recordar que cuando se descubrieron los primeros huesos de dinosaurio, también en el siglo pasado, se dijo que no podían pertenecer a una especie desaparecida, porque era imposible que Dios hubiera creado seres vivos y luego, al descubrir que se había equivocado, los hubiera llevado a la extinción. El principal anatomopatólogo de la época, un alemán llamado Rudolf Virchow, dijo que los huesos de Neandertal eran el resultado de una enfermedad padecida por el hombre al que habían pertenecido. Era tal su prestigio, que otros científicos rectificaron su propia interpretación, más cercana a la actual.” (pp. 52-53)

“Somos muy poco distintos. Acostumbrados a resaltar la diferencia entre piel blanca y piel negra, o entre las estructuras faciales, tendemos a creer que hay grandes diferencias entre europeos, africanos, asiáticos, etcétera. En realidad, los genes responsables de estas diferencias visibles son los que han cambiado en respuesta al clima. Quienes hoy viven en los trópicos o en el ártico han tenido que adaptarse a las condiciones locales en el transcurso de la evolución. No puede haber demasiada variación individual en los caracteres que controlan nuestra capacidad para vivir en nuestro medio. También tenemos que tener en cuenta otra necesidad: los genes que responden al clima influyen sobre caracteres externos del cuerpo, porque la adaptación al clima requiere sobre todo que haya modificaciones en la superficie del cuerpo (que es nuestra interfase con el mundo exterior). Al ser exteriores, estas diferencias raciales saltan a la vista, y automáticamente pensamos que en el resto de la constitución genética debe haber diferencias de la misma envergadura. Pero no es así: en el resto de nuestra constitución nos diferenciamos poco.” (p. 185)

[Las cursivas pertenecen al texto.]

“Mil quinientos años son más que suficientes para dejar de entenderse. Islandia fue colonizada por los noruegos a finales del siglo IX d. C. Los islandeses todavía pueden entender con dificultad las lenguas de la península escandinava, pero a los escandinavos les cuesta mucho entender a los islandeses. En este ejemplo, mil años son un tiempo mínimo para que una lengua cambie lo suficiente para hacerse incomprensible.” (p. 239)

Georges Steiner
PRUEBAS y TRES PARÁBOLAS
Barcelona, 2001, Destino.



“-El marxismo hizo al hombre un supremo homenaje. La visión por parte de Moisés y Jesús y Marx de una tierra justa, de un amor al prójimo, de la universalidad humana, de la abolición de las barreras entre las naciones, las clases, las razas, la abolición de los odios tribales: esa visión (hemos convenido en ello, ¿no es cierto?) fue fruto de una inmensa impaciencia. Pero fue más. Fue una sobrestimación del hombre. Posiblemente fatal, posiblemente enloquecida, pero en cualquier caso una magnífica, jubilosa sobrestimación del hombre. El más alto cumplido que se le haya hecho nunca. La Iglesia ha mantenido al hombre en un deprimente menosprecio. Es una criatura caída, destinada a sudar su condena perpetua. El polvo al polvo. El marxismo lo ha llevado a ser casi ilimitado en sus capacidades, en sus horizontes, en los saltos de su espíritu. Un buscador de estrellas. No enlodado en el pecado original, sino original él mismo. Nuestra historia no es más que un prólogo feroz.” (pp. 69-70)

“El libre mercado toma al hombre medio en su nivel más bajo. Bajo es la palabra. Invierte en su codicia animal. Hace un balance de su egotismo y sus mezquinos intereses. Estimula su apetito por los bienes y las comodidades, los juguetes mecánicos y las vacaciones al sol. Le halaga la barriga para que se regodee y pida más. Con lo cual mantiene el consumismo en marcha. El capitalismo no ha dejado al hombre como lo encontró, lo ha disminuido. Nos hemos convertido en un rebaño ávido de placeres que gruñe frente al pesebre. Ese segundo coche. Una nevera más grande. Estamos realmente poseídos, más que cualquiera de los enajenados y los endemoniados de vuestros manuales de brujería. Posesos del ansia de poseer. Ansiando cosas innecesarias, estúpidas. Hasta el grado del mutuo salvajismo y el estupor. Es así, padre Carlo, ahora lo sé... Una clase de estupor o pasividad bestiales. Delante del televisor. ¿Ha leído eso sobre los niños americanos de cinco años para abajo? Veintisiete horas semanales delante de la pantalla.” (pp. 72-73)

Jared Diamond
ARMAS, GÉRMENES Y ACERO (III)
Barcelona, 2007, Random House Mondadori.



“En nuestros días, las sociedades islámicas de Oriente Próximo son relativamente conservadoras y no están en la vanguardia de la tecnología. Pero el islam medieval de la misma región sí era de gran florecimiento tecnológico y abierto a las innovaciones. Lograron tasas de alfabetización mucho más elevadas que la Europa contemporánea; asimilaron el legado cultural de la Grecia clásica hasta el punto de que muchos libros clásico griegos nos han llegado solo a través de ejemplares en árabe; construyeron molinos de viento y otros que aprovechaban las mareas e inventaron la trigonometría y las velas latinas; realizaron grandes avances en metalurgia, ingeniería mecánica y química y métodos de riego; y trajeron el papel y la pólvora de China transmitiéndolos a Europa. En la Edad Media era interesante el flujo de tecnología desde el Islam a Europa, más que el de Europa al Islam hoy. El sentido neto de este flujo solo empezó a invertirse hacia 1500.” (p. 291)

“Por ejemplo, dio la casualidad de que estaba efectuando una visita al pueblo iyau de Nueva Guinea en una época en que una antropóloga se entrevistaba con mujeres iyau para preguntarles acerca de la historia de su vida. Una mujer tras otra, cuando se les pedía que dijesen el nombre de su esposo, nombraban a varios esposos sucesivos que habían fallecido de muerte violenta. Una respuesta típica era así: «Mi primer esposo fue matado por asaltantes elopis. Mi segundo esposo fue matado por un hombre que me quería, y que se convirtió en mi tercer esposo. Ese esposo fue matado por el hermano de mi segundo esposo, que quería vengar el asesinato».” (p. 319)

“Las densidades de población más altas de los aborígenes estaban en las regiones más húmedas y productivas de Australia: el sistema fluvial del Murray-Darling el sudeste, las costas del este y el norte, y el extremo sudoccidental. Estas zonas sirvieron después para albergar las mayores densidades de población de colonizadores europeos en la Australia moderna. La razón por la que pensamos en los aborígenes como un pueblo del desierto es simplemente que los europeos los mataron o los expulsaron de la mayor parte de las zonas deseables, dejando las últimas poblaciones aborígenes intactas únicamente en zonas que los europeos no deseaban.” (pp. 355-356)

Jared Diamond
ARMAS, GÉRMENES Y ACERO (II)
Barcelona, 2007, Random House Mondadori.



“Estos parásitos pasan a una persona procedentes de un animal comido, pero el virus causante de la enfermedad de la risa (kuru) en las tierras altas de Nueva Guinea solía pasar de una persona a otra persona al comer la carne de la que portaba la enfermedad. Era transmitido por canibalismo, cuando los niños de las tierras altas cometían el fatal error de chuparse los dedos después de jugar con los sesos crudos que sus madres acababan de sacar de las víctimas muertas de kuru que esperaban a ser cocinadas.” (p. 229)

“Una de nuestras respuestas habituales a la infección consiste en desarrollar fiebre. Una vez más, estamos acostumbrados a considerar la fiebre un «síntoma de enfermedad», como si se desarrollara inevitablemente sin cumplir función alguna. Pero la regulación de la temperatura corporal está bajo nuestro control genético y no tiene lugar solo por accidente. Unos cuantos microbios son más sensibles al calor que nuestros cuerpos. Al elevar nuestra temperatura corporal, en realidad intentamos matar a los gérmenes asándolos antes de que nosotros nos asemos.” (p. 231)

“Por ejemplo, el virus del sarampión está más emparentado con el virus que causa el tifus bovino. Esta terrible enfermedad epidémica afecta al ganado vacuno y a muchos mamíferos rumiantes salvajes, pero no a los humanos. El sarampión, a su vez, no aqueja al ganado. La estrecha semejanza entre el virus del sarampión y el virus del tifus bovino sugiere que el segundo se trasladó al ser humano y después evolucionó hasta convertirse en el virus del sarampión, modificando sus propiedades para adaptarse a nosotros.” (p. 238)

"Cuando yo era joven, a los escolares estadounidenses se nos enseñaba que América del Norte había estado ocupada en principio por sólo un millón de indios. Esta cifra tan baja era útil para justificar la conquista por los blancos de lo que podía considerarse un continente casi vacío. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas y el análisis pormenorizado de las descripciones dejadas por los primeros exploradores europeos de nuestras costas parecen indicar ahora un numero inicial de unos veinte millones de indios. Para el Nuevo Mundo en su conjunto, el descenso de la población india en los dos siglos siguientes a la llegada de Colón se calcula en hasta el 95 por ciento." (p. 244)

Jared Diamond
ARMAS, GÉRMENES Y ACERO (I)
Barcelona, 2007, Random House Mondadori.



“En las islas Chatham, situadas a 800 kilómetros al este de Nueva Zelanda, siglos de independencia llegaron a un fin brutal para el pueblo morioiri en diciembre de 1835. El 19 de noviembre de ese año llegó un barco que transportaba a 500 maoríes provistos de armas de fuego, palos y hachas, a los que siguieron el 5 de diciembre 400 maoríes más. Grupos de maoríes comenzaron a recorrer los asentamientos de los morioris, anunciando que los morioris eran ahora sus esclavos y matando a quienes ponían objeciones. Una resistencia organizada por parte de los morioris podría haber derrotado con todo a los maoríes, cuya proporción con respecto a los habitantes de las islas era de uno a dos. Sin embargo, los morioris tenían una tradición de resolver las disputas pacíficamente. Decidieron en una junta no responder a los ataques, sino ofrecer la paz, la amistad y la división de los recursos.
   Antes de que los morioris pudieran presentar aquella oferta, los maoríes atacaron en masa. En el transcurso de los días siguientes, mataron a cientos de morioris, cocinaron y devoraron muchos de sus cuerpos y esclavizaron a todos los demás, matando a la mayoría de ellos también en los años siguientes según su antojo.” (p. 63)

“Idéntica importancia en las guerras de conquista tuvieron los gérmenes que evolucionaron en las sociedades humanas con los animales domésticos. Enfermedades infecciosas como la viruela, el sarampión y la gripe surgieron como gérmenes especializados del ser humano, derivados de mutaciones de gérmenes ancestrales muy parecidos que habían infectado a los animales. Los humanos que domesticaron los animales fueron los primeros que cayeron víctimas de los gérmenes recién evolucionados, pero esos humanos desarrollaron después una resistencia importante a las nuevas enfermedades. Cuando aquellas personas parcialmente inmunes entraron en contacto con otras que no habían estado expuestas previamente a los gérmenes, el resultado fueron epidemias en las que murió hasta el 99 por ciento de la población expuesta previamente. Los gérmenes adquiridos así, en última instancia de los animales domésticos, desempeñaron un papel decisivo en la conquista por los europeos de los indígenas de América, Australia, África austral y Oceanía.” (pp. 104-105)

"Un ejemplo clásico es la aparición del melanismo industrial en las mariposas nocturnas de Gran Bretaña: tipos más oscuros de estas mariposas se fueron haciendo más comunes que las más pálidas conforme el ambiente se iba haciendo más sucio en el siglo XIX, porque las mariposas nocturnas de color oscuro que descansaran en un árbol lleno de suciedad tenían más probabilidades de escapar de los predadores que aquellas cuyo color pálido contrastaba con el polvo negro.” (pp. 143-144)