sábado, 11 de octubre de 2014

Kurt Vonnegut
MATADERO CINCO O LA CRUZADA DE LOS NIÑOS
Barcelona, 2009, Anagrama.



“Billy tenía una figura insensata: metro ochenta y ocho de estatura y un pecho semejante a una caja de cerillas.
  No tenía casco, no tenía guerrera, no tenía armas, no tenía botas. Llevaba los pies metidos en unos zapatos de calle baratos −los mismos que había calzado en los funerales de su padre− a uno de los cuales le faltaba el tacón, lo que le hacía andar oscilando arriba-y-abajo, arriba-y-abajo. Este baile involuntario, arriba-y-abajo, arriba-y-abajo, le producía escozor en la articulación de la cadera. Su indumentaria, consistía en una chaqueta deportiva delgada, una camisa, unos pantalones de lana de la que pica, y unos calzoncillos, largos impregnados de sudor.
  Era el único de los cuatro que llevaba barba, una barba erizada y escasa, algunos de cuyos erizados pelos ya eran blancos a pesar de que Billy tenía veintiún años. Además se estaba quedando calvo y el viento, el frío y el ejercicio violento habían dado a su rostro un color carmesí.
  No se parecía en nada a un soldado. Semejaba un mugriento pajarraco.” (pp. 36-37)

“−¿Dónde estoy? −preguntó Billy Pilgrim.
−Atrapado en otro bloque de ámbar, señor Pilgrim. Estamos precisamente donde debemos estar en este instante, a quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Y nos dirigimos, por un hilo del tiempo, hacia Tralfamadore. Este viaje quizá nos lleve horas, o tal vez siglos.
−¿Cómo... he llegado hasta aquí?
−Eso, para usted, requeriría otra explicación terrenal. Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.
−Eso me suena como si ustedes no creyeran en el libre albedrío −dijo Billy Pilgrim.
−Si no hubiera pasado tanto tiempo estudiando a los terrestres −explicó el tralfamadoriano−, no tendría ni idea de lo que significa «libre albedrío». He visitado treinta y un planetas habitados del universo, y he estudiado informes de otros cien. Sólo en la Tierra se habla de «libre albedrío».“ (pp. 81-82)

“Al tiempo que el coronel británico reparaba el brazo roto de Lazzaro y preparaba el yeso para el escayolado, el oficial alemán tradujo en voz alta algunos párrafos del libro de Howard W. Campbell, Jr. Campbell había sido un escritor teatral bastante conocido en otro tiempo. Decía así:
«América es la nación más rica de la Tierra, pero sus habitantes son extremadamente pobres. Esta condición hace que los americanos estén destinados a odiarse a sí mismos. Según nos decía el humorista americano Kin Hubbatd: "Ser pobre no es ninguna desgracia, pero puede serlo." De hecho es un crimen que haya un solo americano pobre, a pesar de lo cual América es una nación de pobres. Cualquier nación tiene como tradición popular algunas historias de hombres pobres, pero extremadamente sabios y virtuosos, que por ello eran más apreciados que sus congéneres ricos y poderosos. Entre los americanos no sucede así. Se burlan de sí mismos y se envanecen de sus hazañas. Es normal que el más pobre propietario de cualquier bar o restaurante tenga en la pared de su establecimiento un cartel que interpele con crueldad: "Si eres tan listo, ¿por qué no eres rico?"; pero también lo es que a su vez tenga una bandera americana plantada sobre un pisapapeles junto a la caja registradora.» (…)
«El americano, como todo ser humano, cree muchas cosas que obviamente son falsas −continuaba el librito−. De ellas, la más destructiva es su convencimiento de que cualquier americano puede hacer dinero con facilidad. Ignoran lo difícil que es hacerse rico, y, por lo tanto, aquellos que no lo consiguen no cesan de culparse. Y este sentimiento de culpabilidad ha sido de gran utilidad para los ricos y poderosos, que lo han considerado como una excusa para no tener que ayudar en absoluto a los pobres, llegando su desinterés a extremos que quizá no habían sido superados desde los tiempos de Napoleón
«América es una nación de novedades. La más sorprendente de todas, que además no tiene precedentes, es su gran masa de pobres indignos, que no se aman los unos a los otros porque tampoco se aman a sí mismos.»” (pp. 116-117)

“Casualmente, Trout había escrito un libro sobre un árbol que daba dinero. Tenía por hojas billetes de veinte dólares. Sus flores eran bonos del gobierno y sus frutos diamantes. Atraía a los seres humanos, que se mataban los unos a los otros al pie del árbol, fertilizándolo.
Así era.” (p. 148)
Antón P. Chejov
HISTORIA DE UNA ANGUILA Y OTRAS HISTORIAS
Madrid, 1963, Espasa-Calpe.


 

“Muchos de los lectores conocen el talento extraordinario de Zapoikin para pronunciar discursos e improvisaciones en todas las circunstancias de la vida, como las bodas, aniversarios, entierros. Puede hablar a cualquier hora que convenga, medio dormido, en ayunas, borracho o con fiebre. Habla con extrema facilidad y abundancia, como un chorro de agua que brota de una cañería; en su vocabulario menudean palabras capaces de enternecer a una roca. Sus discursos son siempre elocuentes y largos; a veces, sobre todo en las bodas, hay que acudir a la policía para hacerle callar.” (p. 125)
[La cita pertenece al relato EL ORADOR.]

“El dependiente de la tienda, un francés algo obeso, pone delante de él los revólveres, sonríe respetuosamente y dice:
-Le aconsejo que elija este magnífico revólver sistema Smith y Wessor, el último adelanto de la ciencia. Es de triple acción, sistema central con extractor; alcanza hasta seiscientos pasos. Un revólver de moda… El de más venta; diariamente vendemos docenas que se emplean contra bandidos, lobos y amantes. El disparo es muy justo y fuerte; atraviesa a gran distancia a la mujer y al amante… En cuanto a especialidad para suicidios, no conozco mejor sistema.
El dependiente levanta y baja el gatillo, sopla encima de los cañones, apunta y hierve de entusiasmo. Diríase que él mismo se hubiera gustosamente pegado un tiro si fuese poseedor de aquel arma maravillosa.
-¿Cuál es su precio? –pregunta Sigaef.
-Cuarenta y cinco rublos.
-¡Hum!... Es demasiado caro para mí.
-En tal caso le ofreceré otro sistema más barato. Sírvase mirar por aquí. Tenemos armas para todos los gustos y precios. Por ejemplo, este revólver de sistema Lafoucheux no cuesta más que dieciocho rublos; pero,,, -el dependiente tuerce la boca con desprecio- es un sistema anticuado. Lo compran solamente los proletarios y los histéricos. Está considerado como de mal gusto el suicidarse o matar a su mujer con un revólver semejante… Un hombre que se respete no usa más que el Smith y Wessor.” (pp. 179-180)

[La cita pertenece al relato EL VENGADOR. Suponemos que la edición posee erratas y que el texto se refiere a la marca Smith y Wesson, y no a Smith y Wessor.]
Thomas Mann
LOS BUDDENBROOK
Barcelona, 2005, Edhasa.



“-Nosotros, la burguesía, el tercer Estado, como se nos ha venido llamando hasta ahora, queremos que un noble lo sea solamente por sus méritos; nos negamos a reconocer como a tal a un holgazán y rechazamos la distribución actual en estamentos…, ¡queremos que todos los hombres sean libres e iguales, que nadie esté supeditado a una persona, sino que todos seamos súbditos de una misma ley…! ¡Deben abolirse los privilegios y los despotismos…! ¡Todos hemos de ser hijos del Estado con igualdad de derechos; y de la misma manera que no existe ya mediador alguno entre el profano y Dios, así el burgués no debe admitir obstáculos entre él y el Estado…! ¡Queremos libertad de Prensa, de industria y de comercio…! ¡Queremos que todos los hombres puedan competir mutuamente, sin privilegios, y que sus méritos sean sus coronas…! (…) No puede ser escrita ninguna verdad, ni enseñada, por si se diera el caso de que no coincidiera con el orden de cosas establecido… ¿Comprende usted? La verdad es reprimida, no puede ser expresada… y ¿por qué? Pues porque así lo dispone un poder absurdo…, anacrónico, caduco, que, como sabe todo el mundo, tarde o temprano ha de ser barrido…” (p. 144)

“El director Wulicke era un hombre terrible, y había sucedido al jovial y sociable viejo que falleció alrededor del año setenta y uno y bajo cuyo mandato estuvieron el padre y el tío de Hanno. El doctor Wulicke, que era entonces profesor de un instituto prusiano, le remplazó y con él entró un nuevo espíritu en la escuela. Donde antaño se consideraba la educación clásica como el primordial objetivo, conquistado a fuerza de calma, diligencia y alegre idealismo, habían alcanzado ahora la máxima autoridad las ideas del Imperio. Deber, poder, servicio, carrera y «el imperativo categórico de nuestro filósofo Kant» era la bandera que el director Wulicke desplegaba, amenazadora, en todos sus discursos de solemnidad. La escuela se había convertido en un Estado dentro del Estado, en el cual reinaban la disciplina y la rigidez prusianas hasta el punto de que no ya los maestros, sino también los alumnos, se sentían como una especie de funcionarios sin más finalidad que el propio mejoramiento, pendientes del informe de la potestad suprema. Poco después de la entrada del nuevo director habíase empezado la reconstrucción y modernización del establecimiento, a base de los últimos adelantos en materia de estética e higiene, y todo se había resuelto a pedir de boca. Únicamente cabía preguntarse si antes, con menos perfeccionamientos modernos y un poco más de bondad, alegría, tolerancia y libertad, aquellas aulas no habían sido más simpáticas y eficaces.
Personalmente, el doctor Wulicke tenía mucho de la naturaleza pavorosa, enigmática, ambigua, obstinada y celosa del Dios del Antiguo Testamento. Tan terrible era risueño como encolerizado. La ilimitada autoridad que tenía en sus manos, le hacía extremadamente veleidoso e insondable. Era capaz de decir un chiste y enfurecerse si el interlocutor se reía. Ninguno de sus amedrentados alumnos sabía cómo comportarse ante él. No quedaba otro recurso que admirarle de pies a cabeza. Y, con una humildad sin límites, detener la tremenda cólera justiciera que amenazaba aplastarles.” (p. 714-715)

Antón Chejov
UNA HISTORIA ABURRIDA Y OTROS CUENTOS.
Donostia-San Sebastíán, 2004, Tabula rasa.



“Albergar un mal sentimiento contra las personas corrientes por no ser unos héroes es digno de una persona de mente limitada o enfurecida.” (p. 28)

“Sentado en mi gabinete, inclinado ante una mesa sobre un libro o un preparado está Piotr Ignátievich, hombre trabajador, modesto, pero falto de talento, tiene treinta y cinco años, pero ya está calvo y tripudo. Trabaja desde la mañana hasta la noche, lee infinidad de libros, recuerda perfectamente todo cuanto ha leído y en ese sentido vale lo que pesa, pero en todo lo restante es un caballo de carga o bien, como suele decirse, un sabio zoquete. Los rasgos que diferencian a un caballo de carga de aquellos que poseen talento son los siguientes: su horizonte intelectual es limitado y sólo incluye su especialidad; al margen de ella es como un niño.” (p. 31)
 
“Cuando antes tenía la ambición de comprender a alguien o a mí mismo, tomaba en consideración no los actos, donde todo es convencional, sino los deseos. Dime lo que quieres y te diré quién eres.” (p. 93)
[Las citas pertenecen al relato Una historia aburrida.]

domingo, 28 de septiembre de 2014

Paul Auster
INFORME DEL INTERIOR
Barcelona, 2013, Anagrama.

 

“A los dieciocho intentaste empezar un diario, pero lo dejaste al cabo de dos días, sintiéndote incómodo, cohibido, confuso sobre el propósito de la empresa. Hasta entonces, siempre habías considerado que el acto de escribir era un gesto impulsado de dentro afuera, como tender la mano a otro. Las palabras que escribías estaban destinadas a que las leyera alguien que no eras tú, una carta que deberá leer un amigo, por ejemplo, o un trabajo académico que tendrá que leer el profesor que te ha asignado la tarea, o bien, en el caso de tus poemas y relatos, que leerá una persona desconocida, un ser imaginario. El problema con el diario era que no sabías a quién debías dirigirlo, si estabas hablando contigo mismo o con otro, y en caso de que fuera contigo mismo, qué extraño y desconcertante resultaba, porque ¿para qué molestarse en contarte a ti mismo cosas que ya sabías, por qué tomarte la molestia de repasar cosas que acababas de experimentar?, y si era a otro, ¿quién era esa persona y cómo podía interpretarse como un diario el hecho de dirigirte a ella? Entonces eras demasiado joven para comprender cuánto olvidarías después, y estabas demasiado encerrado en el presente para darte cuenta de que la persona para quien escribías era en realidad tu futuro ser.” (pp. 170-171)

Philip Roth
EL TEATRO DE SABBATH
Madrid, 1997, Alfaguara.


 

“—¿Y tú? —le preguntó—. ¿Me serás fiel? ¿Eso es lo que me sugieres?
—Yo no quiero a nadie más.
—¿Desde cuándo? Veo que estás sufriendo, Drenka. No quiero que sufras, pero no puedo tomarme en serio lo que me pides. ¿Cómo justificas el deseo de imponerme unas restricciones que tú misma nunca te has impuesto? Me pides una fidelidad que nunca te has molestado en ofrecerle a tu marido y que, si hiciera lo que solicitas, seguirías negándole por mi causa. Quieres la monogamia fuera del matrimonio y el adulterio dentro. Tal vez tengas razón y ésa sea la única manera de hacerlo, pero tendrás que buscarte un viejo más recto que yo.” (p. 31)

“Lo que Sabbath detestaba del mismo modo que las personas decentes detestan la palabra joder era el término compartir.”(p. 103)

“Bueno, chicas, los dioses son alarmantes. Es un dios quien te ordena que te cortes el prepucio. Es un dios quien te ordena sacrificar a tu primogénito. Es un dios quien te ordena abandonar a tus padres e irte al desierto. Es un dios quien te envía a la esclavitud. Es un dios quien destruye, el espíritu de un dios desciende para destruir, y no obstante es un dios quien da la vida. ¿Existe algo en toda la creación tan repugnante y fuerte como este dios que da vida? El Dios de la Torá encarna el mundo en todo su horror, así como en toda su verdad. Tenéis que reconocer los méritos de los judíos, con su franqueza realmente infrecuente y admirable. ¿Qué otro pueblo tiene un mito nacional que revele tanto la conducta atroz de su Dios como la suya propia? No tenéis más que leer la Biblia, está todo ahí, los judíos que se descarrían, se vuelven idólatras, asesinan sanguinariamente, y la esquizofrenia de esos dioses antiguos. ¿Cuál es el relato bíblico arquetípico? Una historia de traición. No es más que un engaño tras otro. ¿Y cuál es la voz más grande de la Biblia? La de Isaías. ¡El loco deseo de arrasarlo todo! ¡El loco deseo de salvarlo todo! ¡La voz más grande de la Biblia es la de alguien que ha perdido el juicio! Y ese Dios, ese Dios hebreo... ¡no puedes huir de él! Lo que causa espanto no son sus rasgos monstruosos, pues muchos dioses son monstruos, eso casi parece haber sido un requisito previo, sino que no existe refugio alguno en el que puedas librarte de él. No hay ningún poder que supere al suyo. El rasgo más monstruoso de Dios, amigos míos, es el totalitarismo. ¡Ese Dios vengativo, furioso, ese cabrón que envía castigos, es definitivo!” (p. 312)
Jacques Bergier
LOS LIBROS CONDENADOS
Barcelona, 1976, Plaza & Janés.


 
“Pero la Biblioteca continuó. A pesar de las sucesivas destrucciones de que fue víctima, prosiguió su obra hasta que los árabes la aniquilaron por completo. Y, si lo hicieron, sabían por qué lo hacían. Habían destruido ya, en el propio Islam -y también en Persia- gran número de libros secretos sobre magia, alquimia y astrología. 
    La consigna de los conquistadores era «no hacen falta libros que no sean el Libro», es decir, el Corán. Así, la destrucción total de la biblioteca el 646 d. de J.C. tuvo por objeto, más que la destrucción de los libros condenados, la de los libros en general. El historiador musulmán Abd al-Latif (1160-1231) escribió: «La Biblioteca de Alejandría fue incendiada y destruida por Amr ibn-el-As, por orden del triunfador Omar.» El tal Omar se había opuesto, por otra parte, a que se escribiesen libros musulmanes, siempre siguiendo el principio de que «el libro de Dios nos basta». Era un musulmán recién convertido, extraordinariamente fanático, que odiaba los libros y había destruido muchísimos de ellos en numerosas ocasiones, porque no hablaban del Profeta.” (pp. 35-36)

Thomas Hardy
JUDE EL OSCURO
Madrid, 1972, Alianza Editorial.



“Tal es, y tal era, la hoy olvidada Shaston o Palladour. Debido a su emplazamiento, el gran problema de la ciudad ha sido la falta de agua; y desde toda la vida, según se recuerda, se han visto caballos, asnos y hombres subiendo penosamente por los caminos serpeantes hasta la ciudad, cargados con cubas y barriles que llenan en los pozos abiertos al pie de la montaña, y a los aguadores vendiendo su mercancía al precio de medio penique por cubo.
  Esta dificultad en el suministro de agua, unida a otras dos circunstancias extrañas, a saber: la del camino del cementerio, que tiene una cuesta casi tan empinada como la de un tejado por detrás de la iglesia, y el hecho de que en otro tiempo atravesara el pueblo por un período de corrupción conventual y doméstica, dio pie al dicho de que Shaston era famosa por ofrecer al hombre tres consuelos como no se los podía ofrecer ningún otro lugar del mundo. Era la ciudad donde el cementerio estaba más cerca del cielo que el campanario, donde abundaba más la cerveza que el agua y había más prostitutas que mujeres honradas. Se decía también que de la Edad Media para acá, sus habitantes se habían vuelto tan pobres que no podían pagarse sacerdotes, de ahí que se vieran obligados a echar abajo sus iglesias y prescindir completamente de rendir culto público a Dios, necesidad de la que ellos se lamentaban sentados en la taberna delante de sus vasos. En aquel tiempo parece que a los de Shaston no les faltaba el sentido del humor.” (pp. 252-253)

domingo, 21 de septiembre de 2014

William Faulkner
MIENTRAS AGONIZO
Barcelona, 2000, Anagrama.



“En aquel tiempo solía echarme muchas veces en el camastro del zaguán, a la espera de que todos durmieran, y entonces me levantaba y volvía a buscar el cubo. Normalmente estaba oscuro, muy oscuro; la quieta superficie del agua era un agujero redondo en la nada, y antes de hacerla volver a la vida al agitarla con el cazo quizá veía una estrella o dos en el cubo, e incluso en el mismo cazo cuando me inclinaba sobre él para beber.” (p. 19)

“Recuerdo que cuando yo era joven creía que la muerte era un fenómeno del cuerpo; ahora sé que no es más que una mera función de la mente –y de las mentes de quienes sufren la pérdida–. Los nihilistas dicen que es el final; los fundamentalistas, el principio. Cuando en realidad no es más que un inquilino o una familia que se muda de una casa o una ciudad.” (p. 48)

“De vez en cuando te pones a pensar en ello. No muy a menudo, no. Lo cual es bueno. Porque el Señor quiso que la gente actuara y no se pasara mucho tiempo pensando, porque el cerebro es como una especie de mecanismo: no aguanta mucho tiempo en tensión continua. Le conviene funcionar con normalidad, haciendo el trabajo diario y no utilizando ninguna de sus piezas más de lo necesario. Lo he dicho y lo vuelvo a decir: es lo que le pasa a Darl: piensa demasiado. Cora tiene razón cuando dice que lo que necesita es una esposa que lo enderece. Pero cuando pienso en ello me digo que si el estar casado es lo único que puede ayudar a un hombre, es que el hombre es casi un caso sin remedio. Pero supongo que Cora tiene razón cuando dice que la razón por la que el Señor tuvo que crear a las mujeres es porque el hombre, en lo relativo a lo que le conviene, no sabe ni dónde tiene la mano derecha.” (pp. 71-72)

“Recordaba que mi padre solía decir que la razón para vivir es prepararse para estar muerto mucho tiempo.” (p. 158)

“Como Tío Billy suele decir, un hombre no es tan diferente de un caballo o una mula, a fin de cuentas, salvo en que una mula o un caballo tiene un poco más de sentido común.” (p. 172)

“La gente parece alejarse cada vez más del viejo principio que dice que clavemos bien los clavos y limemos bien las asperezas siempre, como si lo que hacemos lo estuviéramos haciendo para nuestro uso y disfrute. Es como si alguna gente tuviera tablas buenas y pulidas para construir el edificio de un juzgado y otros no tuvieran más que madera basta para levantar un gallinero. Pero es mejor levantar un gallinero bien hecho que construir un juzgado de mala muerte, y cuando los dos se hacen bien o los dos se hacen mal no es el que sea juzgado o gallinero lo que a un hombre le va a hacer sentirse bien o mal.” (pp. 215-216)


Gershom Scholem
LA CÁBALA Y SU SIMBOLISMO
Madrid, 2009, Siglo XXI.



“Según una vieja tradición de la época talmúdica, en cada generación hay treinta y seis justos de los que depende la existencia del mundo. En una acepción mística, esta frase equivale a los «justos ocultos», es decir, aquellos cuyo carácter es ignorado por sus coetáneos e incluso muchas veces por ellos mismos. Nadie sabe, nadie puede saber quiénes son en realidad esos santos sobre los que descansa el mundo. Si desapareciese el anonimato, característica inherente a su ser, ya no serían nada. Uno de ellos es tal vez el Mesías, quien continúa oculto porque los tiempos no son dignos de él.” (p. 7)

“¿Por qué un místico cristiano tiene siempre visiones cristianas y no las de un budista? ¿Por qué un budista ve las figuras de su panteón y no –por ejemplo– la de Jesús o la Virgen? ¿Por qué un cabalista encuentra siempre en su camino hacia la iluminación al profeta Elías y no a un personaje de un mundo que le sea extraño?” (p. 18)

“¿Cuándo ha tenido el pueblo judío mayores oportunidades de realizar el encuentro con su propio genio, con su verdadera y «perfecta naturaleza», que en el horror y la derrota, en la lucha y la victoria de estos últimos años, al efectuar una utópica retirada hacia el interior de su propia historia?” (p. 141)

“Como complemento de lo expuesto (…) deseo hacer una previa presentación de la estructura judía tardía de la leyenda, tal como la describió con visión penetrante Jakob Grimm en el romántico Periódico para eremitas, del año 1808.
«Los judíos polacos modelan, después de recitar ciertas oraciones y de guardar unos días de ayuno, la figura de un hombre de arcilla y cola, y una vez pronunciado el šem hameforaš [“el nombre divino”] maravilloso sobre él, éste ha de cobrar vida. Cierto que no puede hablar, pero entiende bastante lo que se habla o se le ordena. Le dan el nombre de Golem, y lo emplean como una especie de doméstico para ejecutar toda clase de trabajos caseros. Sin embargo, no debe salir nunca de casa. En su frente se encuentra escrito emet [“verdad”], va engordando de día en día y se hace en seguida más grande y fuerte que todos los demás habitantes de la casa, a pesar de lo pequeño que era al principio. De ahí que, por miedo de él, éstos borren la primera letra, de forma que queda sólo met [“está muerto”], y entonces el muñeco se deshace y se convierte en arcilla. Pero hubo una vez uno que, por descuido, dejó crecer tanto a su Golem que ya no podía llegarle a la frente. Movido por un gran miedo, ordenó a su criado que le quitase las botas, pensando que, al doblarse, le podría llegar a la frente. Ocurrió tal como pensaba el dueño, y éste pudo felizmente borrar la primera letra, pero toda la carga de arcilla cayó sobre el judío y lo aplastó.»” (p. 192)

sábado, 30 de agosto de 2014


Harold Bloom
CÓMO Y POR QUÉ LEER
Barcelona, 2000, Círculo de Lectores.



“Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.” (p. 13)

“No puedo menos que sentirme escéptico ante la tradicional esperanza social que da por sentado que el crecimiento de la imaginación individual ha de conllevar inevitablemente una mayor preocupación por los demás, y pongo en cuarentena toda argumentación que relacione los placeres de la lectura personal con el bien común.” (p. 19)

“Con frecuencia, aunque no siempre nos demos cuenta, leemos en busca de una mente más original que la nuestra.” (p. 22)

“En los cuentos de primer orden, la realidad se vuelve fantástica y la fantasmagoría desconcertantemente mundana. Tal vez sea por eso por lo que hoy en día muchos lectores rehúyen los libros de cuentos y prefieren comprar novelas, incluso si los cuentos son de mucha mayor calidad.” (p. 69)

“Toda la mala literatura es parecida, pero la que merece el calificativo de grande es de una diversidad pasmosa, y los géneros constituyen auténticas divisiones dentro de ella.” (p. 149)

“Contemporáneos exactos (puede que hayan muerto el mismo día), es evidente que Shakespeare había leído el Quijote pero muy improbable que Cervantes hubiese siquiera oído hablar del dramaturgo inglés.” (p. 152) 

“Hay partes de sí mismo que el lector no conocerá totalmente hasta que no conozca lo mejor posible a don Quijote y Sancho Panza.” (p. 158)


Harold Bloom
¿DÓNDE SE ENCUENTRA LA SABIDURÍA?
Madrid, 2006, Santillana.

“Nuestra civilización sigue escindida entre un conocimiento y una estética helenas y una moralidad y religión hebreas. Podríamos decir que la mano de la civilización occidental (y de hecho de gran parte de la oriental) tiene cinco dedos heterogéneos: Moisés, Sócrates, Jesús, Shakespeare y Freud.” (p. 55)

“La enseñanza más profunda de Nietszche, a medida que lo leo, es que el auténtico sentido es doloroso y que el mismo dolor es el sentido.” (p. 264)

“Puede que el siglo XXI esté dominado por guerras religiosas entre algunos elementos del islam y una emergente alianza entre hindúes, judíos y cristianos. (…) La guerra es la más terrible de las necedades y la guerra religiosa es una aterradora manifestación de cómo las ideas se transforman en acontecimientos.” (p. 337)

“La sola lectura no nos salvará ni nos hará sabios, pero sin ella nos hundiremos en la muerte en vida de esta versión simplificada de la realidad que Estados Unidos, como tantas otras cosas, impone al mundo.” (p. 343)


LA SANTA BIBLIA
Madrid, 1976, Ediciones Paulinas.


"Yo, Cohelet, he sido rey de Israel en Jerusalén. Y consagré mi corazón a investigar y a observar por la sabiduría todo lo que se hace bajo los cielos. Es ésta una penosa ocupación que Dios ha dado a los hijos del hombre para que trabajen en ella. He visto todo lo que se hace bajo el sol, y he aquí que todo es vanidad y anhelo de viento. (…) Y me dediqué a conocer la sabiduría y la ciencia, la locura y la necedad, y comprendí que también eso es anhelo de viento. Porque donde hay mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien aumenta la ciencia, aumenta el dolor." (Eclesiastés, 1:12-17; pp. 778-779)


Shan Sa
LA PUERTA DE LA PAZ CELESTE
Barcelona, 2001, Planeta.



“El sol inflamaba una gran extensión de tejas doradas. Pagodas pintadas, torres cargadas de esculturas de dragones, el gigantesco tejado de los palacios por encima de los altos muros de la Ciudad Prohibida se perfilaban majestuosamente. Pero el teniente Zhao sólo vería en ello una opulencia basada en la explotación del pueblo y, por esta razón, no sería seducido por las escalinatas de mármol blanco ni por las columnas de sándalo esculpido. No le gustarían los muros cubiertos de fantásticos frescos, ni los muebles incrustados de oro, ni las colgaduras bordadas antaño por las más hábiles manos de China.” (pp. 17-18)
 
“Unos lejanos gritos atravesaron la noche. Poco a poco, una claridad diáfana invadió el saloncillo. Oyó la agitación alegre y nerviosa de los gorriones en el saledizo. Nacía el día.” (p. 33)

“Día de otoño, 

la alada lluvia  
viene y se va.” (p. 52)

“Las montañas, el bosque, las calles,
los pájaros incluso
dejan de rumorear:
Es la hora,
atraviesas el inmenso bosque de sauces llorones,
para acudir  

a mi sueño.” (p. 57)

“Hoy, por fin, comprendo el error que estuvo a punto de rubricar mi perdición: le pedí demasiado a la vida, pensé que me debía la felicidad y la serenidad. En realidad, la vida no ofrece el bien ni el mal. La felicidad es un fruto que se cultiva y se recoge en el alma. No puede recibirse del exterior.” (p. 72)

“-¿Sabes?, en la cima de cada montaña hay una puerta celeste.” (p. 95)

Elena Alonso Frayle
LA EDAD DE LA ANESTESIA
Zaragoza, 2014, Edelvives.


 
“-Me da la sensación –continuó- de que vive atormentado por la vergüenza de no haber hecho nada. Pero la verdad es que no conoció otra cosa, no tenía muchas alternativas. El Muro ya existía cuando él nació. Llegó a un mundo en el que solo había una versión oficial de la realidad. Él mismo me explica a menudo que la verdadera función del Muro fue la opacidad. En realidad, no era imposible de sortear: no era tan alto que no pudiera ser escalado; uno podía, en teoría, saltar al otro lado y, de hecho, ya sabemos que hubo quien lo consiguió. No, su más temible perversidad no descansaba en su condición de obstáculo físico, sino en su función de blindaje: no permitía a la gente ver lo que ocurría más allá, ni en sentido real ni en sentido figurado. Los dejaba solos, aislados, respirando una y otra vez el mismo aire viciado, enrarecido.” (p. 121)
[La cita se refiere, obviamente, al Muro de Berlín.]

sábado, 16 de agosto de 2014

Haruki Murakami
CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO
Barcelona, 2006, Tusquets.
 


Cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que desea, ¿sabes qué pasa? Que acaba por no saber incluso lo que quiere.” (p. 82)

“Pero yo detestaba leer sus escritos, ver su imagen en televisión. Tenía ingenio, sin duda, y también talento. Eso lo reconozco incluso yo. Con cuatro palabras dejaba en un santiamén fuera de combate a su oponente. Poseía un instinto animal para saber a cada instante la dirección del viento que soplaba. Pero cuando escuchabas sus opiniones o leías sus escritos con atención, comprendías enseguida que Noboru Wataya carecía de coherencia. No tenía una visión del mundo asentada en convicciones profundas. Era un mundo construido combinando diversos sistemas superficiales de pensamiento. En un instante podía cambiar a su gusto la combinación según la necesidad del momento. Unas combinaciones y permutaciones intelectuales muy ingeniosas. Tanto, que casi podría calificárselas de artísticas. Pero para mí, si se me permite decirlo, no eran más que un simple juego. La única coherencia en sus opiniones era la sistemática falta de coherencia, y la única visión del mundo era una visión del mundo que no precisaba visión del mundo. Esta vaciedad constituía, paradójicamente, su patrimonio intelectual. Coherencia y una firme visión del mundo no eran necesarias en la lucha operativa intelectual de los medios de comunicación cuyo tiempo se fragmenta en segundos.” (p. 86)

“Para la opinión pública, la coherencia es algo del todo prescindible. Lo que la gente reclama es que aparezca en pantalla una lucha de gladiadores intelectuales, y lo que quiere ver allí es cómo corre, roja, de modo espectacular, la sangre. Que alguien diga el lunes una cosa y la contraria el jueves es algo que no tiene la menor importancia.” (p. 87)

“El amanecer en Mongolia es algo magnífico. En un instante, el horizonte se convierte en una débil línea que flota en la oscuridad y, después, la línea sube más y más. Como si, desde el cielo, se alargara una gran mano que levantase despacio el velo de la noche de la superficie de la tierra. Era una vista sublime. Esa majestuosidad, como he dicho antes, sobrepasaba de lejos los límites de mi conciencia como ser humano. Contemplando el alba, sentí cómo mi vida se desdibujaba poco a poco, diluyéndose en la nada.” (p. 157)
 

sábado, 2 de agosto de 2014


Mario Vargas Llosa
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO
Madrid, 2013, Santillana.


“Para esta nueva cultura, son esenciales la producción industrial masiva y el éxito comercial. La distinción entre precio y valor se ha eclipsado y ambas cosas son ahora una sola, en la que el primero ha absorbido y anulado el segundo. Lo que tiene éxito y se vende es bueno y lo que fracasa y no conquista al público es malo. El único valor es el comercial. La desaparición de la vieja cultura implicó la desaparición del viejo concepto de valor. El único valor existente es ahora el que fija el mercado”. (pp. 31-32)

“En las artes plásticas la frivolización ha llegado a extremos alarmantes. La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en este ámbito la confusión reine y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con cierta objetividad qué es tener talento o carecer de él, qué es bello y qué es feo, qué obra representa algo nuevo y durable y cuál no es más que un fuego fatuo. Esa confusión ha convertido el mundo de las artes plásticas en un carnaval donde genuinos creadores y vivillos y embusteros andan revueltos y a menudo resulta difícil diferenciarlos. Inquietante anticipo de los abismos a que puede llegar una cultura enferma del hedonismo barato que sacrifica toda otra motivación y designio a divertir.” (p. 49)

“La contrapartida es que, cuando el gusto del gran público determina el valor de un producto cultural, es inevitable que, en muchísimos casos, escritores, pensadores y artistas mediocres o nulos, pero vistosos y pirotécnicos, diestros en la publicidad y la autopromoción o que halagan con destreza los peores instintos del público, alcancen altísimas cotas de popularidad y le parezcan, a la inculta mayoría, los mejores y sus obras sean las más cotizadas y divulgadas." (p. 181)

“ninguna Iglesia es democrática. Todas ellas postulan una verdad, que tiene la abrumadora coartada de la trascendencia y el padrinazgo abracadabrante de un ser divino, contra los que se estrellan y pulverizan todos los argumentos de la razón, y se negarían a sí mismas –se suicidarían- si fueran tolerantes y retráctiles y estuvieran dispuestas a aceptar los principios elementales de la vida democrática como son el pluralismo, el relativismo, la coexistencia de verdades contradictorias, las constantes concesiones recíprocas para la formación de consensos sociales”. (pp. 191.192)

“Si se trata sólo de entretener, de hacer pasar al ser humano un rato agradable, sumido en la irrealidad, emancipado de la sordidez cotidiana, el infierno doméstico o la angustia económica, en una relajada indolencia espiritual, las ficciones de la literatura no pueden competir con las que suministran las pantallas, grandes o chicas. Las ilusiones fraguadas con la palabra exigen una activa participación del lector, un esfuerzo de imaginación y, a veces, tratándose de literatura moderna, complicadas operaciones de memoria, asociación y creación, algo de lo que las imágenes del cine y la televisión dispensan a los espectadores. Y éstos, en parte a causa de ello, se vuelven cada día más perezosos, más alérgicos a un entretenimiento que los exija intelectualmente.” (p. 216)

“Que el escritor «se comprometa», no puede querer decir que renuncie a la aventura de la imaginación, ni a los experimentos del lenguaje, ni a ninguna de las búsquedas, audacias y riesgos que hacen estimulante el trabajo intelectual, ni que riña con la risa, la sonrisa o el juego porque considera incompatible con la responsabilidad cívica el deber de entretener. Divertir, hechizar, deslumbrar, lo han hecho siempre los grandes poemas, dramas, novelas y ensayos. No hay idea, personaje o anécdota de la literatura que viva y dure si no sale, como el conejo del sombrero de copa del ilusionista, de hechiceros pases mágicos. No se trata de eso.” (p. 224)
Carl von Clausewitz
DE LA GUERRA
Madrid, 2005, La Esfera de los Libros.


“Así pues, repetimos nuestra frase: la guerra es un acto de violencia, y no hay límites en la aplicación de la misma; cada uno marca la ley al otro, surge una relación mutua que, por su concepto, tiene que conducir al extremo.” (p. 19; cap. primero, apartado 3)

“La guerra de una comunidad –pueblos enteros-, concretamente de pueblos instruidos, emana siempre de una situación política y sólo es provocada por un motivo político. Es pues un acto político. (…) Vemos pues que la guerra no es sólo un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación del tráfico político, una ejecución del mismo por otros medios. Lo que sigue siendo peculiar de la guerra se refiere tan sólo a la naturaleza singular de sus medios.” (pp. 30-31; cap. primero, apartados 23 y 24)

“Las pasiones que han de inflamarse en la guerra tienen que estar presentes ya en los pueblos” (p. 33; cap. primero, apartado 28)





 
John Bunyan
EL PROGRESO DEL PEREGRINO
www.iglesiareformada.com 


Esta noche he soñado que tinieblas espantosas se difundían por todo el cielo, al mismo tiempo que se sucedían tales y tan terribles relámpagos y truenos, que me pusieron en la mayor agonía. Vi también que las nubes chocaban violentamente unas contra otras, agitadas por un impetuoso huracán. Vi un hombre, sentado en una nube, acompañado de millares y millares de seres celestiales, todos en llamas de fuego; los cielos parecía que estaban ardiendo como un horno, y al mismo tiempo oí la voz de una terrible trompeta, que decía: «Levantaos, muertos, y venid a juicio»; en el mismo momento vi que las rocas se hendían, se abrieron los sepulcros y salieron los muertos en ellos encerrados, unos levantando muy contentos los ojos al cielo, y otros, avergonzados, buscando esconderse debajo de las montañas. Entonces vi al hombre de la nube abriendo el libro y mandando que todos se aproximasen a él; pero a una respetuosa distancia, cual suele haber entre el juez y los reos que por él van a ser juzgados, pues de la nube salía fuego que no permitía a ninguno acercarse a ella. En seguida oí al hombre de la nube que intimaba a sus servidores: «Recoged la cizaña, la paja y la hojarasca, y arrojadlo todo al lago ardiendo». Y en el mismo instante, precisamente cerca de donde yo me hallaba, se abrió el abismo, de cuya boca salían con horrible ruido nubes espantosas de humo y carbones encendidos. Luego volvió a decir: «Allegad mi trigo en el alfolí»; y entonces muchos fueron arrebatados por las nubes, pero yo quedé donde estaba. En esto yo buscaba donde esconderme; pero no me era posible, porque los ojos del hombre de la nube estaban fijos en mí; entonces mis pecados se amontonaron en mi memoria y mi conciencia me acusaba por todas partes, y con esto me desperté.” (cap. V)

domingo, 6 de julio de 2014


Jonathan Swift
LOS VIAJES DE GULLIVER
Madrid, 1999, Unidad Editorial.



“Los Viajes de Gulliver proponen una lectura que saca de la rutina, de toda forma de complacencia o de pereza. Llevan a mirar el paisaje con otros ojos. Son un canto a la idea de la relatividad de las cosas, a la tolerancia, a la indispensable crítica, pero también a la broma absolutamente necesaria. Si las sociedades humanas se reducen a dimensiones diez veces menores o se multiplican por cinco, el ridículo de muchas situaciones salta de inmediato a la vista.” (p. 6)
[La cita pertenece a Jorge Edwards, autor del prólogo.]

“Al elegir las personas para todos los puestos oficiales, atienden más a las buenas costumbres que a la mayor cualificación profesional. Y dado que el gobierno es necesario a toda la humanidad, creen que la capacidad normal del entendimiento humano ha de convenir tanto a un oficio como a otro, y que la providencia nunca pretendió que el manejo de los asuntos públicos fuese un misterio, sólo comprensible por algunos pocos de inteligencia extraordinaria, de los que es raro que nazcan más de tres en cada generación; por el contrario, suponen que la verdad, la justicia, la templanza y demás virtudes están al alcance de cualquier hombre, y que su práctica, acompañada por la experiencia y la buena voluntad, capacitaría a cualquiera para servir a su país, excepto cuando se requieren los estudios de una carrera. Creían que la falta de virtudes morales estaba tan lejos de ser sustituida por dotes intelectuales superiores, que los cargos públicos nunca debían ponerse en tan peligrosas manos como son las de personas tales aptitudes; y que al menos los errores cometidos por ignorancia pero con disposición virtuosa, nunca tendrían tan fatales consecuencias para el bienestar público como las acciones de un hombre cuya inclinación natural le hace propenso a la corrupción y posee gran capacidad para organizar, multiplicar y justificar sus corrupciones.” (p. 53)

“Se quedó totalmente estupefacto ante la reseña de la historia de nuestros asuntos durante el último siglo, diciendo, en tono de protesta, que aquello no era sino un montón de conjuras, rebeliones, asesinatos, matanzas, revoluciones y destierros que son los más funestos efectos que la avaricia, el partidismo, la hipocresía, la perfidia, la crueldad, la ira, la locura, el odio, la envidia, la codicia, la malicia y la ambición pueden producir.” (p. 122)

“Otro profesor me envió un extenso escrito con instrucciones para descubrir conjuras y conspiraciones contra el gobierno. Advertía a los hombres de Estado importantes examinar la dieta de todas las personas sospechosas, su hora de comer, sobre qué lado se echaban en la cama, con qué mano se limpiaban el trasero; escudriñar a fondo sur excrementos, y, por el color, olor y sabor, consistencia, crudeza o madurez de la digestión, se hiciera un juicio de sus pensamientos y designios. Porque los hombres nunca se ponen tan serios, pensativos y absortos como cuando están en el trono evacuador, cosa que él había averiguado por medio de repetidas experiencias.” (p. 176)

“A guisa de ejemplo: una banda de piratas es arrastrada por una tempestad hasta ni se sabe dónde, por fin un grumete descubre tierra desde el mastelero, desembarcan para robar y saquear, ven un inofensivo pueblo que los recibe con amabilidad, ponen un nuevo nombre al país, y toman posesión formal de él para el rey, erigen un tablón carcomido o una piedra como señal conmemorativa, asesinan a dos o tres docenas de nativos, se llevan como muestra y a la fuerza a una pareja y regresan a su patria, y alcanzan el perdón. Así comienza una nueva posesión, adquirida con título de Derecho divino. A la primera ocasión se envían barcos, se expulsa o aniquila a los nativos, se tortura a sus príncipes para que digan dónde esconden el oro, se otorga la más completa bula para toda clase de actos inhumanos y de lascivia, y la tierra toda hiede con la sangre de sus habitantes. Y a éste execrable trabajo de carniceros empleados en tan piadosa expedición, se les llama colonia moderna despachada para convertir y civilizar a un pueblo idólatra y bárbaro.” (p. 272)

[Las cursivas pertenecen al texto.]


Confucio
LOS CUATRO LIBROS
Madrid, 2010, Ediciones Ibéricas.


“Habiendo salido el Filósofo, sus discípulos preguntaron lo que su maestro había querido decir. Theseng respondió: «La doctrina de nuestro maestro consiste únicamente en poseer rectitud de corazón y amar al prójimo como a sí mismo».” (p. 68; Primer Libro, cap. IV, comentario 15)

“Los antiguos no dejaban escapar palabras vanas; temían que sus acciones respondieran a ellas.” (p. 68; Primer Libro, cap. IV, comentario 22)

“En el comienzo de mis relaciones con los hombres, escuchaba sus palabras y creía que éstas se conformaban con sus acciones. Ahora, en mis relaciones con los hombres, escucho sus palabras, pero examino sus acciones.” (p. 70; Primer Libro, cap. V, comentario 9)

“Es difícil ser pobre y no experimentar ningún resentimiento; es fácil, en comparación, ser rico y no enorgullecerse de ello.” (p. 100; Segundo Libro, cap. XIV, comentario 11)

“Cuando la multitud deteste a alguien, examinad atentamente antes de juzgar; cuando la multitud se apasione por alguien, examinad atentamente antes de juzgar.” (p. 107; Segundo Libro, cap. XV, apartado 27)
[Las citas pertenecen a la obra LUN YU, también conocida como ANALECTAS, LAS CONVERSACIONES FILOSÓFICAS o COMENTARIOS FILOSÓFICOS.]

“Kungtsé [Confucio] dijo: «No hay más que dos grandes vías en el mundo: la humanidad y la inhumanidad, y he ahí todo.»” (p. 178; Libro Segundo, cap. I, comentario 2)

“Había un niñito que cantaba diciendo:
Si el agua del río Thsang-lang es pura,
Podré lavar en ella las cintas que ciñen mi cabeza.
Si el agua del río Thsang-lang está turbia,
Podré lavar en ella mis pies.” 
(p. 180; Libro Segundo, cap. I, comentario 8)

“Mencio dijo: «Uno de los grandes defectos de los hombres es gustar a ser los modelos de los demás hombres.» (p. 185; Libro Segundo, cap. I, comentario 23)

“Todos los hombres tienen el sentimiento de lo que no debe hacerse. Extender este sentimiento a todo lo que hacen es equidad.” (p. 245; Libro Segundo, cap. VIII, comentario 31)
[Las citas pertenecen a la obra MENG-TSEU, también conocida como MENG-TSE, MENGZI o LIBRO DE MENCIO.]