Don Winslow
EL INVIERNO DE FRANKIE MACHINE (II)
Madrid, 2010, Martínez Roca.
“Conoció a modelos, coristas, crupieres, dealers y turistas que iban a pasárselo bien, sin complicaciones, y eso era lo que Frank les brindaba. Las llevaba a cenar a un lugar agradable, a espectáculos, siempre las trataba como si fuesen señoras y era un amante generoso y cariñoso. Frank descubrió que le gustaban mucho las mujeres y que ellas lo trataban con la misma gentileza. Todas menos Patty. Él la trataba mal y ella le pagaba con la misma moneda.
Habló de eso una noche con Sherm, en un momento de tranquilidad en el local de Herbie.
-¿Por qué uno no puede estar con su mujer como está con sus amigas?
-Son razas diferentes, amigo mío -dijo Sherm-; especies totalmente diferentes.
-Tal vez si nos casáramos con las amigas...
-Lo he intentado -dice Sherm- en dos ocasiones.
-¿Y?
-Y se convierten en esposas -dijo Sherm-. Cuando se ponen a planear la boda, empieza la metamorfosis de gatita sexy a gata doméstica. No sirve y, si no me crees, pregúntale a mi abogado.
-Tú eres abogado.
-Pregúntale al abogado que me lleva los divorcios -dijo Sherm-. Dile que vas de mi parte... Tiene una barca que lleva mi nombre.
-No creo que sean ellas -dijo Frank-; creo que somos nosotros. Cuando dejamos de intentar llevarlas a la cama, porque ya están siempre allí, dejamos de esforzarnos y las convertimos en esposas.
-Yo diría que así es la vida, amigo mío -dijo Sherm-. ¡Así es la vida!
«Yo diría que no», pensaba Frank.” (pp. 230-231)