Herman Melville
CUENTOS COMPLETOS (III)
Barcelona, 2006, ALBA EDITORIAL.
“Mi esposa no corre ningún peligro de morir de apatía. La he visto pasar despierta la noche más larga del año mientras planeaba su campaña para el día siguiente. Es una organizadora nata. No se rige por la máxima «Está bien, esté como esté». Su lema es: «Está mal, esté como esté, y lo que es más: hay que cambiarlo, y lo que es más: hay que cambiarlo ahora». Terrible máxima para un soñador adormilado como yo, que adora los séptimos días por ser días de descanso, y cuyo horror sabático a la industriosidad le impulsa a dar un rodeo de medio kilómetro con tal de no tener que ver a un hombre trabajando.
Dicen que los matrimonios se conciertan en el cielo, pero mi mujer habría sido la esposa perfecta para Pedro el Grande, o para Perico el de los Palotes. Con qué gusto habría puesto en orden el enorme y disperso imperio del primero o con qué infatigables trabajos habría recogido los palotes del segundo.” (p. 273)
[La cita pertenece al relato Yo y mi chimenea.]