Jacint Verdaguer
AIRES DEL MONTSENY
www.verdaguer.cat
"Què és la poesia?
La poesia és un aucell del cel
que fa sovint volades a la terra,
per vessar una gota de consol
en lo cor trist dels desterrats fills d’Eva.
Los fa record del paradís perdut
on jugava l’amor amb la ignocència,
i els ne fa somiar un de millor
en lo verger florit de les estrelles.
Ella és lo rossinyol d’aquells jardins,
són llur murmuri bla ses canticeles,
que hi transporten al pobre desterrat
dant-li per ales místiques les seves.
No es deixa engabiar en los palaus,
no es deixa esbalair per la riquesa,
en la masia amb los senzills del cor
ses ales d’or i sa cançó desplega.”
***
"Qué es la poesía?
La poesía es un ave del cielo,
que alguna vez desciende hasta la tierra
y derrama una gota de consuelo
entre los desterrados hijos de Eva.
Les recuerda el perdido paraíso
do jugaba el amor con la inocencia,
y les hace soñar uno mirífico
en el vergel azul de las estrellas.
Ella es el ruiseñor de aquellos huertos;
sus trinos son divinas cantilenas
que transportan al pobre desterrado
y le dan alas místicas, ligeras.
No se deja encerrar en los palacios,
ni se deja asombrar por las riquezas;
mas en el campo, entre sencillas gentes,
sus alas de oro y su canción despliega."
[Traducción de Luis Guarner.]
En este espacio encontrarás información sobre todas mis publicaciones: NARRATIVA, EDUCACIÓN, HISTORIA Y ANTROPOLOGÍA.
A FAVOR DEL PENSAMIENTO LIBRE
miércoles, 17 de junio de 2020
lunes, 20 de abril de 2020
David Heymann
LIZ TAYLOR. UNA BIOGRAFÍA ÍNTIMA
Barcelona, 1996, Ediciones B.
LIZ TAYLOR. UNA BIOGRAFÍA ÍNTIMA
Barcelona, 1996, Ediciones B.
"Debo reconocer que admiro a Liz. Es una de las personas más incomprendidas y subestimadas de nuestros tiempos. Si nos limitamos a juzgarla por lo que se publica de ella, es imposible tener una idea de la auténtica personalidad de esta increíble mujer de múltiples facetas. Posee un gran sentido del humor y es extraordinariamente leal; le encanta hacer payasadas; es muy inteligente, una voraz lectora de novelas poco conocidas pese a los rumores de que siendo jovencita sólo leía tebeos; y lo que más me impresiona de ella, no conoce el miedo. No se arredra ante nada ni nadie, pero al mismo tiempo se preocupa por las cosas más nimias; es muy valiente, pero el más nimio incidente puede afectarla profundamente.
Esa no es la única contradicción que encierra su personalidad. Liz adora a los niños y es muy tierna con los animales, pero también es una gran aficionada a soltar palabrotas. En una ocasión se refirió a cierto ejecutivo de la Metro como un «mierdahijodeputamamónmaricón», una palabra difícil de encontrar en el diccionario." (p. 179)
[La cita reproduce unas declaraciones de Truman Capote acerca de la actriz.]
“Shelley Winters, que sentía escaso respeto por la supuesta inteligencia de Elisabeth Taylor, solía bromear sobre las tonterías que soltaba a veces. «Un día, mientras rodaba Lolita en Londres -explica Winters-, estaba escribiendo una carta y le pregunté la fecha. Liz consultó el periódico y contestó: 'No lo sé. Este periódico es de ayer.'»” (p. 227; nota al pie.)
L.S.B. Leaky
LOS KIKUYU
San Sebastián, 1973, Burulan.
“«Un extenso jardín». Así es como los primeros exploradores europeos describieron las verdes montañas donde vivían los kikuyu; aquí, en estas onduladas colinas que descienden desde las faldas del monte Kenia hasta el Great Rift Valley, a más de 2.000 m. sobre el nivel del mar, se respira un aire puro procedente de los bosques y las montañas. En estas altitudes son raras la malaria y la bilharziasis. Innumerables riachuelos discurren por las praderas y bosques. El clima es sano y agradable, parecido a una soleada primavera inglesa, hay dos estaciones diferenciadas: un invierno suave y un verano algo más caluroso y seco. Los propios kikuyu se maravillan de la belleza de su país; así, en el lugar conocido como Mukurue wa Gathanga, cerca de Fort Hall, es frecuente oír decir que esta tierra es un sagrado paraíso terrenal.
Allí estuvo la casa Muumbi, de la que, según la tradición, proceden los kikuyu. Muumbi y su esposo, Gikuyu, tuvieron 9 hijas de cuyos nombres derivan los 9 clanes kikuyu. Pero según otra versión menos poética, los kikuyu son los descendientes de un pequeño grupo procedente de Etiopía meridional.” (pp. 77-78; la cita pertenece a un artículo integrado en la enciclopedia PUEBLOS DE LA TIERRA, tomo 2, África Tropical-África Meridional.)
[La bilharziasis es una enfermedad incapacitante, pero de mortalidad baja, causada por gusanos parásitos. Hoy en día se la conoce más por el nombre de “esquistosomiasis”.]
LOS KIKUYU
San Sebastián, 1973, Burulan.
“«Un extenso jardín». Así es como los primeros exploradores europeos describieron las verdes montañas donde vivían los kikuyu; aquí, en estas onduladas colinas que descienden desde las faldas del monte Kenia hasta el Great Rift Valley, a más de 2.000 m. sobre el nivel del mar, se respira un aire puro procedente de los bosques y las montañas. En estas altitudes son raras la malaria y la bilharziasis. Innumerables riachuelos discurren por las praderas y bosques. El clima es sano y agradable, parecido a una soleada primavera inglesa, hay dos estaciones diferenciadas: un invierno suave y un verano algo más caluroso y seco. Los propios kikuyu se maravillan de la belleza de su país; así, en el lugar conocido como Mukurue wa Gathanga, cerca de Fort Hall, es frecuente oír decir que esta tierra es un sagrado paraíso terrenal.
Allí estuvo la casa Muumbi, de la que, según la tradición, proceden los kikuyu. Muumbi y su esposo, Gikuyu, tuvieron 9 hijas de cuyos nombres derivan los 9 clanes kikuyu. Pero según otra versión menos poética, los kikuyu son los descendientes de un pequeño grupo procedente de Etiopía meridional.” (pp. 77-78; la cita pertenece a un artículo integrado en la enciclopedia PUEBLOS DE LA TIERRA, tomo 2, África Tropical-África Meridional.)
[La bilharziasis es una enfermedad incapacitante, pero de mortalidad baja, causada por gusanos parásitos. Hoy en día se la conoce más por el nombre de “esquistosomiasis”.]
Paul Preston
FRANCO: «Caudillo de España»
Barcelona, 1994, Grijalbo.
“Franco será recordado ante todo por su enérgica dirección del esfuerzo de guerra nacional entre 1936 y 1939 y por la determinación con la que buscó la aniquilación sistemática de sus enemigos de izquierda y, posteriormente, por su férrea voluntad de supervivencia. Sus rasgos más notables eran la astucia instintiva y la imperturbabilidad, la sangre fría con la que manejaba las rivalidades entre las fuerzas del régimen y la habilidad con que desactivaba los desafíos de quienes (desde Serrano Suñer a don Juan) eran superiores a él en inteligencia e integridad. Los logros alcanzados por Franco no eran los de un gran benefactor nacional sino los de un hábil manipulador del poder que siempre atendió a sus propios intereses. Como escribió Salvador de Madariaga: «El más alto interés de Franco es Franco. El más alto interés de De Gaulle es Francia».” (p. 970)
FRANCO: «Caudillo de España»
Barcelona, 1994, Grijalbo.
“Franco será recordado ante todo por su enérgica dirección del esfuerzo de guerra nacional entre 1936 y 1939 y por la determinación con la que buscó la aniquilación sistemática de sus enemigos de izquierda y, posteriormente, por su férrea voluntad de supervivencia. Sus rasgos más notables eran la astucia instintiva y la imperturbabilidad, la sangre fría con la que manejaba las rivalidades entre las fuerzas del régimen y la habilidad con que desactivaba los desafíos de quienes (desde Serrano Suñer a don Juan) eran superiores a él en inteligencia e integridad. Los logros alcanzados por Franco no eran los de un gran benefactor nacional sino los de un hábil manipulador del poder que siempre atendió a sus propios intereses. Como escribió Salvador de Madariaga: «El más alto interés de Franco es Franco. El más alto interés de De Gaulle es Francia».” (p. 970)
José María de Pereda
SOTILEZA
http://www.textos.info
“El patache es un barquito de treinta toneladas escasas con aparejo de bergantín-goleta. Supónese que estos barcos han sido nuevos alguna vez; yo nunca los he conocido en tal estado, y eso que no los pierdo de vista, como lo pueda remediar. Por tanto, puede afirmarse que el patache es un compuesto de tablucas y jarcia vieja. Le tripulan cinco hombres; a lo más, seis, o cinco y medio: el patrón, cuatro marineros y un motil o muchacho cocinero. El patrón tiene a popa su departamento especial, con el nombre aparatoso de cámara; la demás gente se amontona en el rancho de proa, espacio de forma triangular, pequeñísimo a lo ancho, a lo largo y a lo profundo, con dos a modo de pesebres en los costados. En estos pesebres se acomodan los marineros para dormir, sobre la ropa que tengan de sobra, y debajo de la que vistan, pues son allí tan raras como las onzas de oro las mantas y las colchonetas. Para entrar en el rancho hay, entre el molinete y el castillo de proa, un agujero, poco mayor que el de una topera, el cual se cubre con una tabla revestida de lona encerada; tapa unas veces de corredera y otras de bisagras. De cualquier modo, si el agujero se cubre con la tapa, no hay luz adentro, ni aire, y si la tapa se deja a medio correr o levantada, entran la lluvia, el frío, el sol y las miradas de los transeúntes, porque el patache, en los puertos, siempre está atracado al muelle. Cada tripulante, incluso el patrón, compra y guarda su pan -tortas de mucho diámetro, que duran cerca de seis días cada una-. Con este pan, unas patatas, unas alubias o unas berzas, con un escrúpulo de tocino o de manteca o de aceite para ablandarlo, todo ello a escote y condimentado por el motil, cuyas manos no tocan el agua dulce como no sea para revolver, dentro de la que echa en un balde, las patatas recién partidas o la berza después de haberla picado sobre el tejadillo de la cámara, a veces con el hacha; con este potaje, repito, y aquel pan, come la tripulación, en el santo suelo, alrededor de la cacerola, en la cual va cada uno, incluso el patrón, metiendo su cuchara cuando le toca. Así cenan también las mismas patatas, las mismas alubias y las propias berzas. En ocasiones, en lugar de las patatas, o de las berzas, o de las alubias, hay bacalao, que el motil guisa en salsa roja, después de haberlo desalado dándole dos zambullidas en el agua de la dársena, desde la borda, atado con un cordel. Para almorzar, un poco de cascarilla en un tanque... Y siempre lo mismo, cuando los tiempos marchan bien.” (pp. 102-103)
SOTILEZA
http://www.textos.info
“El patache es un barquito de treinta toneladas escasas con aparejo de bergantín-goleta. Supónese que estos barcos han sido nuevos alguna vez; yo nunca los he conocido en tal estado, y eso que no los pierdo de vista, como lo pueda remediar. Por tanto, puede afirmarse que el patache es un compuesto de tablucas y jarcia vieja. Le tripulan cinco hombres; a lo más, seis, o cinco y medio: el patrón, cuatro marineros y un motil o muchacho cocinero. El patrón tiene a popa su departamento especial, con el nombre aparatoso de cámara; la demás gente se amontona en el rancho de proa, espacio de forma triangular, pequeñísimo a lo ancho, a lo largo y a lo profundo, con dos a modo de pesebres en los costados. En estos pesebres se acomodan los marineros para dormir, sobre la ropa que tengan de sobra, y debajo de la que vistan, pues son allí tan raras como las onzas de oro las mantas y las colchonetas. Para entrar en el rancho hay, entre el molinete y el castillo de proa, un agujero, poco mayor que el de una topera, el cual se cubre con una tabla revestida de lona encerada; tapa unas veces de corredera y otras de bisagras. De cualquier modo, si el agujero se cubre con la tapa, no hay luz adentro, ni aire, y si la tapa se deja a medio correr o levantada, entran la lluvia, el frío, el sol y las miradas de los transeúntes, porque el patache, en los puertos, siempre está atracado al muelle. Cada tripulante, incluso el patrón, compra y guarda su pan -tortas de mucho diámetro, que duran cerca de seis días cada una-. Con este pan, unas patatas, unas alubias o unas berzas, con un escrúpulo de tocino o de manteca o de aceite para ablandarlo, todo ello a escote y condimentado por el motil, cuyas manos no tocan el agua dulce como no sea para revolver, dentro de la que echa en un balde, las patatas recién partidas o la berza después de haberla picado sobre el tejadillo de la cámara, a veces con el hacha; con este potaje, repito, y aquel pan, come la tripulación, en el santo suelo, alrededor de la cacerola, en la cual va cada uno, incluso el patrón, metiendo su cuchara cuando le toca. Así cenan también las mismas patatas, las mismas alubias y las propias berzas. En ocasiones, en lugar de las patatas, o de las berzas, o de las alubias, hay bacalao, que el motil guisa en salsa roja, después de haberlo desalado dándole dos zambullidas en el agua de la dársena, desde la borda, atado con un cordel. Para almorzar, un poco de cascarilla en un tanque... Y siempre lo mismo, cuando los tiempos marchan bien.” (pp. 102-103)
sábado, 21 de marzo de 2020
Carlo Lucarelli
LA ISLA DEL ÁNGEL CAÍDO
Barcelona, 2003, MDS Books/Mediasat.
“Cuando caminaba, Mazzarino tenía la impresión de no ir solo. Lo hacía pisando fuerte, como si marcara el paso, echando hacia delante los anchos hombros y con los brazos doblados y abiertos a los lados, como si tuviera que contener el empuje de una multitud y al mismo tiempo avivar su fuerza. Cuando caminaba, el capomanipolo Mazzarino sentía en el cuello el aliento de miles y miles de camisas negras, oía a sus espaldas el susurro de las orlas plateadas de los gallardetes, percibía con el rabillo del ojo la blancura ondeante de las calaveras y los huesos bordados en la tela negra; lo ceñían al cinto las porras y los puñales de los escuadristas, y lo ensordecía el rítmico estruendo de la fanfarria, trompetas, bombo y tambores y el paso de las botas de la Milicia. El capomanipolo Mazzarino sabía que no iba solo cuando caminaba, y lo hacía como si fuera al frente de una columna, firme y recio como si supiera muy bien de dónde venía y adónde iba.
Antes, no; antes de ser escuadrista y pasar a a camisa negra, vicecaposcuadra, aiutante y capomanipolo, no lo sabía. Había nacido en un lugar al que nada venía y del que nada salía. Un monte en plenos Apeninos, una casa de campo aislada, metida en un bosque de árboles negros que a aquella altitud crecían chatos y gruesos, como eran él mismo y sus dieciséis hermanos. Aparte de la hermana mayor, que se había quedado en casa para ayudar a la madre, las mujeres eran las únicas que se iban, porque el padre las mandaba a servir a los pueblos de abajo o a la ciudad en cuanto cumplían los trece años. En cambio, los varones se quedaban allí, cavando una tierra que no daba nada, criando ovejas tan flacas como cabras, recogiendo castañas, capturando mulas salvajes y cazando jabalíes. Así era Mazzarino, y así eran todos sus hermanos y hermanas: respiraban dando soplidos con la mandíbula sacada, gruñían medias palabras en dialecto montañés con un tono ronco y cerrado, y olfateaban el aire como jabalíes, ensanchando las aletas de la nariz chata, recios, hirsutos y negros como ellos.” (p. 63)
LA ISLA DEL ÁNGEL CAÍDO
Barcelona, 2003, MDS Books/Mediasat.
“Cuando caminaba, Mazzarino tenía la impresión de no ir solo. Lo hacía pisando fuerte, como si marcara el paso, echando hacia delante los anchos hombros y con los brazos doblados y abiertos a los lados, como si tuviera que contener el empuje de una multitud y al mismo tiempo avivar su fuerza. Cuando caminaba, el capomanipolo Mazzarino sentía en el cuello el aliento de miles y miles de camisas negras, oía a sus espaldas el susurro de las orlas plateadas de los gallardetes, percibía con el rabillo del ojo la blancura ondeante de las calaveras y los huesos bordados en la tela negra; lo ceñían al cinto las porras y los puñales de los escuadristas, y lo ensordecía el rítmico estruendo de la fanfarria, trompetas, bombo y tambores y el paso de las botas de la Milicia. El capomanipolo Mazzarino sabía que no iba solo cuando caminaba, y lo hacía como si fuera al frente de una columna, firme y recio como si supiera muy bien de dónde venía y adónde iba.
Antes, no; antes de ser escuadrista y pasar a a camisa negra, vicecaposcuadra, aiutante y capomanipolo, no lo sabía. Había nacido en un lugar al que nada venía y del que nada salía. Un monte en plenos Apeninos, una casa de campo aislada, metida en un bosque de árboles negros que a aquella altitud crecían chatos y gruesos, como eran él mismo y sus dieciséis hermanos. Aparte de la hermana mayor, que se había quedado en casa para ayudar a la madre, las mujeres eran las únicas que se iban, porque el padre las mandaba a servir a los pueblos de abajo o a la ciudad en cuanto cumplían los trece años. En cambio, los varones se quedaban allí, cavando una tierra que no daba nada, criando ovejas tan flacas como cabras, recogiendo castañas, capturando mulas salvajes y cazando jabalíes. Así era Mazzarino, y así eran todos sus hermanos y hermanas: respiraban dando soplidos con la mandíbula sacada, gruñían medias palabras en dialecto montañés con un tono ronco y cerrado, y olfateaban el aire como jabalíes, ensanchando las aletas de la nariz chata, recios, hirsutos y negros como ellos.” (p. 63)
Henry Kamen
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (V)
Barcelona, 2014, Espasa.
[La cursiva pertenece al texto.]
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (V)
Barcelona, 2014, Espasa.
“A menudo celebrada como la más memorable hazaña militar de España a lo largo de su historia, la victoria no fue ni mucho menos española en exclusiva, sino que resultó posible gracias (principalmente) a los recursos italianos en barcos, hombres, armas, material y vituallas. Los costes totales que recayeron sobre el erario público castellano se han calculado en torno a los 5 millones de ducados, de los que la mayor parte se pagaron con préstamos de banqueros genoveses. Como todas las victorias de mayor esplendor, Lepanto sirvió para poco más que para provocar una inmensa pérdida de vidas humanas. Y los turcos no tardaron en tener lista una nueva flota plenamente operativa.” (p. 120)
“España es uno de esos países que jamás ha conseguido ser lo que quería y que continúa teniendo un futuro inalcanzado ante sí. Tal vez por ello, muchos españoles han eludido mirar demasiado de cerca la realidad y han optado en su lugar por soñar una España imaginada que, aun así, en sus cabezas, les pareciera suficientemente real. Algunos autores han recalcado que el único retrato real jamás pintado de su país es el dibujado por las palabras de un perturbado, un tal don Quijote de la Mancha. De hecho, algunos pensadores fueron más lejos aún y llegaron a decir que don Quijote era España. Unamuno escribió en 1898 que el Quijote era «símbolo eterno de la humanidad en general y de nuestro pueblo español muy en especial». Para Maeztu, por ejemplo, «Toda España [había] sido D. Quijote. Fuimos sonámbulos que recorríamos las tierras creyéndonos despiertos y estábamos dormidos».” (p. 269)
“España es uno de esos países que jamás ha conseguido ser lo que quería y que continúa teniendo un futuro inalcanzado ante sí. Tal vez por ello, muchos españoles han eludido mirar demasiado de cerca la realidad y han optado en su lugar por soñar una España imaginada que, aun así, en sus cabezas, les pareciera suficientemente real. Algunos autores han recalcado que el único retrato real jamás pintado de su país es el dibujado por las palabras de un perturbado, un tal don Quijote de la Mancha. De hecho, algunos pensadores fueron más lejos aún y llegaron a decir que don Quijote era España. Unamuno escribió en 1898 que el Quijote era «símbolo eterno de la humanidad en general y de nuestro pueblo español muy en especial». Para Maeztu, por ejemplo, «Toda España [había] sido D. Quijote. Fuimos sonámbulos que recorríamos las tierras creyéndonos despiertos y estábamos dormidos».” (p. 269)
Yuri Kagrámanov
¿CAUTIVA NORTEAMÉRICA A EUROPA? (II)
Moscú, 1988, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti.
“Los liberales norteamericanos tratan por lo común de producir la impresión de que el maccartismo es algo ligado indisolublemente a la figura de McCarthy y que Norteamérica ya ha superado. Pero en realidad, el maccartismo como fenómeno surgió mucho antes de que McCarthy apareciera en el escenario político y siguió existiendo después de que el senador abandonara este mundo, sólo que ha adoptado formas no tan manifiestas. La reanimación del mccartismo en Estados Unidos de hoy es otra prueba de lo justa que es esta afirmación.
El culto a la racionalidad y el maccartismo son fenómenos (si los analizamos bien) no tan contradictorios, porque ambos, de una u otra manera, responden a la tradición autóctona norteamericana, llamada antiintelectualismo y conformismo. El culto a la racionalidad es muy parecido a la desconfianza tradicionalmente propia de los norteamericanos respecto a la reflexión.” (pp. 26-27)
¿CAUTIVA NORTEAMÉRICA A EUROPA? (II)
Moscú, 1988, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti.
“Los liberales norteamericanos tratan por lo común de producir la impresión de que el maccartismo es algo ligado indisolublemente a la figura de McCarthy y que Norteamérica ya ha superado. Pero en realidad, el maccartismo como fenómeno surgió mucho antes de que McCarthy apareciera en el escenario político y siguió existiendo después de que el senador abandonara este mundo, sólo que ha adoptado formas no tan manifiestas. La reanimación del mccartismo en Estados Unidos de hoy es otra prueba de lo justa que es esta afirmación.
El culto a la racionalidad y el maccartismo son fenómenos (si los analizamos bien) no tan contradictorios, porque ambos, de una u otra manera, responden a la tradición autóctona norteamericana, llamada antiintelectualismo y conformismo. El culto a la racionalidad es muy parecido a la desconfianza tradicionalmente propia de los norteamericanos respecto a la reflexión.” (pp. 26-27)
Henry Kamen
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (IV)
Barcelona, 2014, Espasa.
“El primer gran problema del reinado fue el de la sucesión. Su único heredero, don Carlos, mostró ya desde la infancia síntomas de inestabilidad mental, y el rey se vio obligado a excluirlo de los asuntos de Estado y de todo puesto de autoridad. El extraño carácter del príncipe era ya por entonces tema de comentarios en todas las cortes europeas. Os embajadores traían hasta ellas espeluznantes historias de su presunta crueldad con los animales y de su curioso temperamento. A comienzos de 1561, el príncipe sufrió un grave accidente al caer por unas escaleras y entró en coma. Su muerte parecía inminente. Se recuperó de aquello, pero su salud siguió siendo mala; pasaba por periodos intermitentes de indisposición. Los estrambóticos rasgos de su comportamiento fueron la comidilla de la corte y un motivo de honda preocupación para el rey. Pero los aspectos más graves de la conducta de don Carlos fueron los relacionados con su faceta política. […] En navidades de 1567, el rey anduvo en consultas con sus consejeros. A medianoche del 18 de enero, convocó a los cuatro miembros en activo del Consejo de Estado y se dirigió con ellos y cuatro ayudantes a los aposentos del príncipe. Entraron en silencio en su cámara y se apoderaron de todas las armas y documentos que había en la estancia. El príncipe se revolvió en su lecho y preguntó, con voz somnolienta: «¿Quién es?». Le respondieron: «El Consejo de Estado». Don Carlos se incorporó y vio a su padre, vestido de armadura. «¿Vuestra Majestad ha venido a matarme?», le preguntó. Felipe lo tranquilizó y le dijo que a partir de ese momento iba a tratarlo no como padre, sino como rey. Se retiraron entonces los consejeros y el monarca, y el príncipe fue conducido a una torre del Alcázar, donde permanecería encerrado a partir de ese momento baja la vigilancia de una guardia permanente de dos hombres.
Durante su reclusión, la conducta de don Carlos no hizo más que empeorar. Trató de poner fin a su vida negándose a comer durante semanas. Luego, se tragó uno de sus anillos, convencido de que los diamantes son venenosos. Al acercarse el verano, don Carlos comenzó a someter intencionadamente su cuerpo a cambios extremos de temperatura cubriendo su lecho con hielo. Todo aquello tuvo consecuencias. Cayó enfermo y falleció en la madrugada del 24 de julio, a los veintitrés años de edad.” (pp. 117-119)
[Carlos de Austria (1545-1568) fue hijo primogénito de Felipe II y de su primera esposa, María Manuela de Portugal.]
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (IV)
Barcelona, 2014, Espasa.
“El primer gran problema del reinado fue el de la sucesión. Su único heredero, don Carlos, mostró ya desde la infancia síntomas de inestabilidad mental, y el rey se vio obligado a excluirlo de los asuntos de Estado y de todo puesto de autoridad. El extraño carácter del príncipe era ya por entonces tema de comentarios en todas las cortes europeas. Os embajadores traían hasta ellas espeluznantes historias de su presunta crueldad con los animales y de su curioso temperamento. A comienzos de 1561, el príncipe sufrió un grave accidente al caer por unas escaleras y entró en coma. Su muerte parecía inminente. Se recuperó de aquello, pero su salud siguió siendo mala; pasaba por periodos intermitentes de indisposición. Los estrambóticos rasgos de su comportamiento fueron la comidilla de la corte y un motivo de honda preocupación para el rey. Pero los aspectos más graves de la conducta de don Carlos fueron los relacionados con su faceta política. […] En navidades de 1567, el rey anduvo en consultas con sus consejeros. A medianoche del 18 de enero, convocó a los cuatro miembros en activo del Consejo de Estado y se dirigió con ellos y cuatro ayudantes a los aposentos del príncipe. Entraron en silencio en su cámara y se apoderaron de todas las armas y documentos que había en la estancia. El príncipe se revolvió en su lecho y preguntó, con voz somnolienta: «¿Quién es?». Le respondieron: «El Consejo de Estado». Don Carlos se incorporó y vio a su padre, vestido de armadura. «¿Vuestra Majestad ha venido a matarme?», le preguntó. Felipe lo tranquilizó y le dijo que a partir de ese momento iba a tratarlo no como padre, sino como rey. Se retiraron entonces los consejeros y el monarca, y el príncipe fue conducido a una torre del Alcázar, donde permanecería encerrado a partir de ese momento baja la vigilancia de una guardia permanente de dos hombres.
Durante su reclusión, la conducta de don Carlos no hizo más que empeorar. Trató de poner fin a su vida negándose a comer durante semanas. Luego, se tragó uno de sus anillos, convencido de que los diamantes son venenosos. Al acercarse el verano, don Carlos comenzó a someter intencionadamente su cuerpo a cambios extremos de temperatura cubriendo su lecho con hielo. Todo aquello tuvo consecuencias. Cayó enfermo y falleció en la madrugada del 24 de julio, a los veintitrés años de edad.” (pp. 117-119)
[Carlos de Austria (1545-1568) fue hijo primogénito de Felipe II y de su primera esposa, María Manuela de Portugal.]
Yuri Kagrámanov
¿CAUTIVA NORTEAMÉRICA A EUROPA? (I)
Moscú, 1988, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti.
“En lo que se refiere al carácter abierto de los norteamericanos, con relación a otras naciones, éste se manifiesta por lo general como anhelo de aleccionar y no como deseo de aprender.
Veamos uno de los ejemplos más recientes de lo conservadora que es la «América de un piso»: en 1977, un grupo de sociólogos realizó una encuesta entre los vecinos de una típica ciudad del Estado de Indiana, donde ya habían realizado estudios semejantes en 1923. Los resultados de la encuesta demostraron que en medio siglo el modo de pensar de los habitantes de la localidad había experimentado muy pocos cambios. Por ejemplo, tanto en 1923 como en 1977 la mayoría de jóvenes opinó que la Biblia para ellos era «la guía que les ayudaba a resolver todos los problemas de la vida contemporánea». La Biblia es un libro respetable, no lo dudamos, pero a veces se debe mirar el calendario, para darnos cuenta que vivimos en el último cuarto del siglo XX. Al conocer hechos como éste, uno empieza a comprender mejor la relativa facilidad con que en el umbral de los años 80 en Estados Unidos llegaron a predominar los ultraconservadores, fundamentalistas miltantes y neomaccartistas que en nuestros días persiguen hasta a Mark Twain por librepensador.” (p. 17)
¿CAUTIVA NORTEAMÉRICA A EUROPA? (I)
Moscú, 1988, Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti.
“En lo que se refiere al carácter abierto de los norteamericanos, con relación a otras naciones, éste se manifiesta por lo general como anhelo de aleccionar y no como deseo de aprender.
Veamos uno de los ejemplos más recientes de lo conservadora que es la «América de un piso»: en 1977, un grupo de sociólogos realizó una encuesta entre los vecinos de una típica ciudad del Estado de Indiana, donde ya habían realizado estudios semejantes en 1923. Los resultados de la encuesta demostraron que en medio siglo el modo de pensar de los habitantes de la localidad había experimentado muy pocos cambios. Por ejemplo, tanto en 1923 como en 1977 la mayoría de jóvenes opinó que la Biblia para ellos era «la guía que les ayudaba a resolver todos los problemas de la vida contemporánea». La Biblia es un libro respetable, no lo dudamos, pero a veces se debe mirar el calendario, para darnos cuenta que vivimos en el último cuarto del siglo XX. Al conocer hechos como éste, uno empieza a comprender mejor la relativa facilidad con que en el umbral de los años 80 en Estados Unidos llegaron a predominar los ultraconservadores, fundamentalistas miltantes y neomaccartistas que en nuestros días persiguen hasta a Mark Twain por librepensador.” (p. 17)
Henry Kamen
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (III)
Barcelona, 2014, Espasa.
“Muchos autores posteriores, ávidos por encontrar a alguien a quien achacar las subsiguientes dificultades que España atravesó, culparon a las dinastías que sucedieron a los Reyes Católicos. El escritor José Cadalso, por ejemplo, sostuvo en la década de 1780 que Fernando e Isabel serían siempre príncipes «inmortales entre cuantos sepan lo que es el gobierno» y que, durante su reinado, la población duplicaba la de la España del siglo XVIII y la española era la nación «más docta de Europa». Aquella era una leyenda sin base alguna de verdad. Frente a aquella situación idílica, según Cadalso, los sucesores de los monarcas trajeron consigo la «decadencia total de las ciencias, artes, milicia, comercio, agricultura y población […] al mismo tiempo que sobre nuestras ruinas iban edificando sus grandezas las demás naciones europeas». Esa estrambótica visión suya, fruto de su nostalgia de un pasado presuntamente perfecto, aunque absolutamente imaginario, fue la misma que influyó en el modo de pensar de los españoles durante siglos (...)” (pp. 75-76)
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (III)
Barcelona, 2014, Espasa.
“Muchos autores posteriores, ávidos por encontrar a alguien a quien achacar las subsiguientes dificultades que España atravesó, culparon a las dinastías que sucedieron a los Reyes Católicos. El escritor José Cadalso, por ejemplo, sostuvo en la década de 1780 que Fernando e Isabel serían siempre príncipes «inmortales entre cuantos sepan lo que es el gobierno» y que, durante su reinado, la población duplicaba la de la España del siglo XVIII y la española era la nación «más docta de Europa». Aquella era una leyenda sin base alguna de verdad. Frente a aquella situación idílica, según Cadalso, los sucesores de los monarcas trajeron consigo la «decadencia total de las ciencias, artes, milicia, comercio, agricultura y población […] al mismo tiempo que sobre nuestras ruinas iban edificando sus grandezas las demás naciones europeas». Esa estrambótica visión suya, fruto de su nostalgia de un pasado presuntamente perfecto, aunque absolutamente imaginario, fue la misma que influyó en el modo de pensar de los españoles durante siglos (...)” (pp. 75-76)
Paula Fox
POBRE GEORGE
Barcelona, 2009, El Aleph.
“(...) se acordó de los brazos de su madre. Un día, los había mirado bien. Ella llevaba una blusa de algodón sin mangas. Entre su axila y su codo, había visto un arco de carne blanda, pecosa, fláccida, una cortina de carne. En ese mismo instante, había percibido que era vieja. De algún modo, ella debió de leerle el pensamiento, porque le habló con aspereza y lo mandó a hacer algún absurdo recado. Ya no había vuelto a ponerse manga corta.” (p. 230)
POBRE GEORGE
Barcelona, 2009, El Aleph.
“(...) se acordó de los brazos de su madre. Un día, los había mirado bien. Ella llevaba una blusa de algodón sin mangas. Entre su axila y su codo, había visto un arco de carne blanda, pecosa, fláccida, una cortina de carne. En ese mismo instante, había percibido que era vieja. De algún modo, ella debió de leerle el pensamiento, porque le habló con aspereza y lo mandó a hacer algún absurdo recado. Ya no había vuelto a ponerse manga corta.” (p. 230)
Henry Kamen
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (II)
Barcelona, 2014, Espasa.
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (II)
Barcelona, 2014, Espasa.
“Quizá la imagen favorecedora más habitual de la España musulmana sea la de un al-Ándalus elevado a la categoría de la cultura más avanzada y tolerante de su época. Por extensión, esa visión suele combinarse con otra interpretación exageradamente benigna de la España de aquellos siglos: la de un país multicultural que no tenía parangón en su tiempo porque, en el, todos -cristianos, musulmanes y judíos- vivían seguros y en paz. Algunos académicos solían referirse a esa situación denominándola «convivencia», pero lo cierto es que las comunidades de cristianos, judíos y musulmanes de la península jamás convivieron en pie de igualdad, y su coexistencia fue siempre una relación entre desiguales. «España» como unidad política no existía todavía y, en los diferentes reinos, las minorías trataban de adaptarse y eludir la posibilidad de conflictos, pues estos no pocas veces se traducían en salvajes persecuciones.” (p. 37)
“El ejemplo del Cid muestra a las claras que las lealtades podían cambiar sin que ello reportara mayor ignominia para quien así obraba. El historiador francés de la España árabe, Reinhard Dozy, ha sostenido al respecto que «un caballero español de la Edad Media no luchaba por su país ni por su religión; luchaba, como hizo el Cid, para ganarse el pan, ya fuera al servicio de un príncipe cristiano o de uno musulmán».” (p. 46)
“El ejemplo del Cid muestra a las claras que las lealtades podían cambiar sin que ello reportara mayor ignominia para quien así obraba. El historiador francés de la España árabe, Reinhard Dozy, ha sostenido al respecto que «un caballero español de la Edad Media no luchaba por su país ni por su religión; luchaba, como hizo el Cid, para ganarse el pan, ya fuera al servicio de un príncipe cristiano o de uno musulmán».” (p. 46)
lunes, 9 de marzo de 2020
Daniel Keyes
FLORES PARA ALGERNON (relato)
Boadilla del Monte, 2004, Ediciones SM.
“Oy me han echo un esamen. Creo que me an suspendido y alomejor ya no quieren usarme. Lo que me a pasado es que estaba un ombre mui amable en mi cuarto y tenia unas cartas blancas con tinta desparamada por encima. Me a dicho Charlie que bes en estas cartas. Yo estaba mui asustado aunque tenia mi pata de conejo en mi bolsiyo porque cuando era pequeño siempre suspendia los examenes en la escuela y tambien se me caia la tinta.
Le dicho que veia una mancha de tinta. Me ha dicho que si y me sentido contento. Pensaba que abia terminado pero cuando me lebantado me a parado. Me a dicho vamos Charlie aun no emos acavado. Luego no me acuerdo bien pero queria que yo dijese que habia en la tinta. Yo no veia nada en la tinta pero el decia que abia dibujos ai y que otras personas veian dibujos. Yo no veia ningunos dibujos. Lo he intentado de beras. E puesto la carta mui cerca y luego mui lejos. Luego he dicho que si tenia mis gafas podria ver mejor solo uso las gafas para ver la tele o el cine pero e dicho que estavan en el armario de la entrada. E cojido las gafas. Luego e dicho dejame ver las cartas otra bez seguro que ahora los encuentro.
Me esforzado mucho pero no podia encontrar los dibujos. Solo beia la tinta. Le he dicho que alomejor necesitaba gafas nuevas. A escrito una cosa en un papel y e tenido miedo de no pasar el examen. Le dicho que era una mancha muy bonita con puntitos alrededor. A puesto una cara mui triste asique eso no era. Le dicho porfavor dejame provarlo otra vez. Seguro que me sale dentro de un rato porque soi a beces un poco lento. Tambien soi un lector lento en la clase de la señorita Kinnian para lectores adultos con dificultades pero estoi esforzandome mucho.
Me a dado otra oportunida con otra carta que tenia 2 clases de tinta una roja y otra azul.
Era mui amable y hablaba mui despacio igual que la señorita Kinnian y me a esplicado que era el tes de roscas. Me a dicho que la gente ve cosas en la tinta. Yo le dicho dime donde. Me a dicho piensa. Yo le dicho que pensaba que era una mancha de tinta pero eso tam poco estaba bien. Me a dicho a que te recuerda inventate algo. E cerrado los ojos durante mucho tiempo para hacer que me inbentaba. Le dicho que inbentaba que era una pluma con tinta que se desparamava por un mantel. Entonces se a lebantado y se a marchado.
Creo que no e aprobado el tes de roscas.” (pp. 6-9)
[El texto corresponde al cuento publicado por Keyes en 1959 y no a la novela homónima que publicaría, como ampliación, en 1966.]
FLORES PARA ALGERNON (relato)
Boadilla del Monte, 2004, Ediciones SM.
“Oy me han echo un esamen. Creo que me an suspendido y alomejor ya no quieren usarme. Lo que me a pasado es que estaba un ombre mui amable en mi cuarto y tenia unas cartas blancas con tinta desparamada por encima. Me a dicho Charlie que bes en estas cartas. Yo estaba mui asustado aunque tenia mi pata de conejo en mi bolsiyo porque cuando era pequeño siempre suspendia los examenes en la escuela y tambien se me caia la tinta.
Le dicho que veia una mancha de tinta. Me ha dicho que si y me sentido contento. Pensaba que abia terminado pero cuando me lebantado me a parado. Me a dicho vamos Charlie aun no emos acavado. Luego no me acuerdo bien pero queria que yo dijese que habia en la tinta. Yo no veia nada en la tinta pero el decia que abia dibujos ai y que otras personas veian dibujos. Yo no veia ningunos dibujos. Lo he intentado de beras. E puesto la carta mui cerca y luego mui lejos. Luego he dicho que si tenia mis gafas podria ver mejor solo uso las gafas para ver la tele o el cine pero e dicho que estavan en el armario de la entrada. E cojido las gafas. Luego e dicho dejame ver las cartas otra bez seguro que ahora los encuentro.
Me esforzado mucho pero no podia encontrar los dibujos. Solo beia la tinta. Le he dicho que alomejor necesitaba gafas nuevas. A escrito una cosa en un papel y e tenido miedo de no pasar el examen. Le dicho que era una mancha muy bonita con puntitos alrededor. A puesto una cara mui triste asique eso no era. Le dicho porfavor dejame provarlo otra vez. Seguro que me sale dentro de un rato porque soi a beces un poco lento. Tambien soi un lector lento en la clase de la señorita Kinnian para lectores adultos con dificultades pero estoi esforzandome mucho.
Me a dado otra oportunida con otra carta que tenia 2 clases de tinta una roja y otra azul.
Era mui amable y hablaba mui despacio igual que la señorita Kinnian y me a esplicado que era el tes de roscas. Me a dicho que la gente ve cosas en la tinta. Yo le dicho dime donde. Me a dicho piensa. Yo le dicho que pensaba que era una mancha de tinta pero eso tam poco estaba bien. Me a dicho a que te recuerda inventate algo. E cerrado los ojos durante mucho tiempo para hacer que me inbentaba. Le dicho que inbentaba que era una pluma con tinta que se desparamava por un mantel. Entonces se a lebantado y se a marchado.
Creo que no e aprobado el tes de roscas.” (pp. 6-9)
[El texto corresponde al cuento publicado por Keyes en 1959 y no a la novela homónima que publicaría, como ampliación, en 1966.]
Mark Twain
EL FORASTERO MISTERIOSO (II)
Madrid, 2016, Alianza Editorial.
“»Es extraño que no lo hubieras sospechado hace años…, ¡hace siglos, edades, eones! Porque has existido sin compañero a lo largo de todas las eternidades. ¡Realmente es extraño que no hayas sospechado que tu universo y sus contenidos son sólo sueños, visiones, ficción! Extraño, porque son tan franca e histéricamente locos… como todos los sueños: un Dios que podía crear buenos hijos tan fácilmente como malos, y, sin embargo, prefirió crearlos malos; que podría haberlos hecho felices a todos, y, sin embargo, nunca hizo feliz a ninguno; que los hizo capaces de estimar su amarga vida, y aun así la hizo mezquinamente breve; que dio a sus ángeles la felicidad eterna sin ganársela, y, sin embargo, exigió que sus otros hijos la ganaran; que dio a sus ángeles vidas sin dolor, y afligió a sus otros hijos con ásperas miserias y enfermedades de la mente y del cuerpo; que habla de la justicia e inventó el infierno…, habla de la Regla de oro y de perdonar setenta veces siete, e inventó el infierno; que pregona la moral a otras personas mientras él no tiene ninguna; que desaprueba los crímenes y, sin embargo, los comete todos; que, sin ser invitado, creó al hombre, y luego trata de librarse de las responsabilidades de los actos del hombre, dejándosela sólo a éste, en vez de colocarla honradamente donde debe estar, en él mismo; y finalmente, con una divina torpeza, ¡invita a este pobre esclavo maltratado a adorarlo!…
»Ahora comprenderás que todas estas cosas son imposibles, salvo en un sueño. Comprenderás que son puras locuras pueriles, las creaciones ridículas de una imaginación que no es consciente de sus monstruosidades; en una palabra, que son un sueño y que tú eres su creador. Todas las señales del sueño son visibles; deberías haberlas reconocido antes.
»Es verdad lo que te he revelado; no hay Dios, ni universo, ni raza humana, ni vida terrestre, ni cielo, ni infierno. Todo es un sueño…, un sueño grotesco y disparatado. Nada existe salvo tú. Y tú no eres más que un pensamiento..., ¡un pensamiento errante, un pensamiento inútil, un pensamiento desamparado, vagando solitario entre las eternidades!»” (pp. 153-154)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
EL FORASTERO MISTERIOSO (II)
Madrid, 2016, Alianza Editorial.
“»Es extraño que no lo hubieras sospechado hace años…, ¡hace siglos, edades, eones! Porque has existido sin compañero a lo largo de todas las eternidades. ¡Realmente es extraño que no hayas sospechado que tu universo y sus contenidos son sólo sueños, visiones, ficción! Extraño, porque son tan franca e histéricamente locos… como todos los sueños: un Dios que podía crear buenos hijos tan fácilmente como malos, y, sin embargo, prefirió crearlos malos; que podría haberlos hecho felices a todos, y, sin embargo, nunca hizo feliz a ninguno; que los hizo capaces de estimar su amarga vida, y aun así la hizo mezquinamente breve; que dio a sus ángeles la felicidad eterna sin ganársela, y, sin embargo, exigió que sus otros hijos la ganaran; que dio a sus ángeles vidas sin dolor, y afligió a sus otros hijos con ásperas miserias y enfermedades de la mente y del cuerpo; que habla de la justicia e inventó el infierno…, habla de la Regla de oro y de perdonar setenta veces siete, e inventó el infierno; que pregona la moral a otras personas mientras él no tiene ninguna; que desaprueba los crímenes y, sin embargo, los comete todos; que, sin ser invitado, creó al hombre, y luego trata de librarse de las responsabilidades de los actos del hombre, dejándosela sólo a éste, en vez de colocarla honradamente donde debe estar, en él mismo; y finalmente, con una divina torpeza, ¡invita a este pobre esclavo maltratado a adorarlo!…
»Ahora comprenderás que todas estas cosas son imposibles, salvo en un sueño. Comprenderás que son puras locuras pueriles, las creaciones ridículas de una imaginación que no es consciente de sus monstruosidades; en una palabra, que son un sueño y que tú eres su creador. Todas las señales del sueño son visibles; deberías haberlas reconocido antes.
»Es verdad lo que te he revelado; no hay Dios, ni universo, ni raza humana, ni vida terrestre, ni cielo, ni infierno. Todo es un sueño…, un sueño grotesco y disparatado. Nada existe salvo tú. Y tú no eres más que un pensamiento..., ¡un pensamiento errante, un pensamiento inútil, un pensamiento desamparado, vagando solitario entre las eternidades!»” (pp. 153-154)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
Henry Kamen
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (I)
Barcelona, 2014, Espasa.
"La primera historia general de verdad de España como nación, amplia en su enfoque, bien informada y de una admirable objetividad, fue la elaborada por el jesuita Juan de Mariana, que la redactó inicialmente en latín, la tradujo posteriormente y la publicó en dos tomos en 1601 con el título Historia general de España. Fue la historia nacional más consultada por los españoles durante más de tres siglos tras su publicación. Pero el país sobre el que escribió De Mariana tardaría mucho aún en materializarse como tal. Como entidad política de verdad, puede decirse que no surgió hasta aproximadamente 1800, momento en el que otras naciones de Europa, como Francia y Alemania, también estaban empezando a evolucionar hacia su forma contemporánea. Los mandatarios políticos de principios del siglo XIX estaban convencidos de que su nación existía, pero tenían dificultades a la hora de definir los antecedentes de esta. Hubo que crear, entonces, leyendas y mitos para dotar al pasado nacional de alguna sustancia. El problema, visto desde nuestra perspectiva actual, estribaba en crear mitos que tuvieran un carácter histórico y en emplear unas palabras y un lenguaje armónicos con tales mitos. Por ejemplo, ¿qué se entendía por una «nación»? ¿Era «España» una de ellas? Si nos preguntamos hoy si había una nación en España antes del siglo XIX, la respuesta (como bien decía Gracián) es que había muchas, pues España existía, sí, pero bajo la forma de una amalgama de comunidades y naciones." (pp. 13-14)
BREVÍSIMA HISTORIA DE ESPAÑA (I)
Barcelona, 2014, Espasa.
"La primera historia general de verdad de España como nación, amplia en su enfoque, bien informada y de una admirable objetividad, fue la elaborada por el jesuita Juan de Mariana, que la redactó inicialmente en latín, la tradujo posteriormente y la publicó en dos tomos en 1601 con el título Historia general de España. Fue la historia nacional más consultada por los españoles durante más de tres siglos tras su publicación. Pero el país sobre el que escribió De Mariana tardaría mucho aún en materializarse como tal. Como entidad política de verdad, puede decirse que no surgió hasta aproximadamente 1800, momento en el que otras naciones de Europa, como Francia y Alemania, también estaban empezando a evolucionar hacia su forma contemporánea. Los mandatarios políticos de principios del siglo XIX estaban convencidos de que su nación existía, pero tenían dificultades a la hora de definir los antecedentes de esta. Hubo que crear, entonces, leyendas y mitos para dotar al pasado nacional de alguna sustancia. El problema, visto desde nuestra perspectiva actual, estribaba en crear mitos que tuvieran un carácter histórico y en emplear unas palabras y un lenguaje armónicos con tales mitos. Por ejemplo, ¿qué se entendía por una «nación»? ¿Era «España» una de ellas? Si nos preguntamos hoy si había una nación en España antes del siglo XIX, la respuesta (como bien decía Gracián) es que había muchas, pues España existía, sí, pero bajo la forma de una amalgama de comunidades y naciones." (pp. 13-14)
Mark Twain
EL FORASTERO MISTERIOSO (I)
Madrid, 2016, Alianza Editorial.
“No ganáis nada; siempre termináis donde habíais empezado. Durante un millón de años la raza ha seguido reproduciéndose monótonamente, multiplicando monótonamente, y una y otra vez también monótonamente ha representado esta tontería aburrida. ¿Con qué fin? ¡Ninguna sabiduría puede adivinarlo! ¿Quién se beneficia de ello? Nadie, salvo un grupito de pequeños monarcas usurpadores y nobles que os desprecian; que se sentirían contaminados si los tocarais; que os cerrarían la puerta en las narices si os atreviérais a visitarlos; para quienes trabajáis como esclavos y para quienes lucháis y morís y no sentís vergüenza sino orgullo; cuya existencia es un insulto perpetuo a vosotros, y tenéis miedo de resentiros por ello; que son mendigos mantenidos por vuestras limosnas, y que, sin embargo, ante vosotros se dan aires de benefactores; que se dirigen a vosotros en el lenguaje del amo al esclavo, y reciben la respuesta en el lenguaje del esclavo al amo; que son adorados por vosotros con la boca, mientras en vuestro corazón (si es que tenéis corazón) os despreciáis a vosotros mismos por hacerlo. El primer hombre fue un hipócrita y un cobarde, cualidades que no han faltado en su linaje; sobre esa base se han construido todas las civilizaciones; ¡Brindad por su perpetuación! ¡Brindad por su aumento!” (p. 124)
EL FORASTERO MISTERIOSO (I)
Madrid, 2016, Alianza Editorial.
“No ganáis nada; siempre termináis donde habíais empezado. Durante un millón de años la raza ha seguido reproduciéndose monótonamente, multiplicando monótonamente, y una y otra vez también monótonamente ha representado esta tontería aburrida. ¿Con qué fin? ¡Ninguna sabiduría puede adivinarlo! ¿Quién se beneficia de ello? Nadie, salvo un grupito de pequeños monarcas usurpadores y nobles que os desprecian; que se sentirían contaminados si los tocarais; que os cerrarían la puerta en las narices si os atreviérais a visitarlos; para quienes trabajáis como esclavos y para quienes lucháis y morís y no sentís vergüenza sino orgullo; cuya existencia es un insulto perpetuo a vosotros, y tenéis miedo de resentiros por ello; que son mendigos mantenidos por vuestras limosnas, y que, sin embargo, ante vosotros se dan aires de benefactores; que se dirigen a vosotros en el lenguaje del amo al esclavo, y reciben la respuesta en el lenguaje del esclavo al amo; que son adorados por vosotros con la boca, mientras en vuestro corazón (si es que tenéis corazón) os despreciáis a vosotros mismos por hacerlo. El primer hombre fue un hipócrita y un cobarde, cualidades que no han faltado en su linaje; sobre esa base se han construido todas las civilizaciones; ¡Brindad por su perpetuación! ¡Brindad por su aumento!” (p. 124)
domingo, 23 de febrero de 2020
Bertolt Brecht
VIDA DE GALILEO / MADRE CORAJE Y SUS HIJOS (II)
Madrid, 2007, Alianza Editorial.
VIDA DE GALILEO / MADRE CORAJE Y SUS HIJOS (II)
Madrid, 2007, Alianza Editorial.
“Yo sostengo que el único objetivo de la Ciencia es aliviar las fatigas de la existencia humana. Si los científicos, intimidados por los poderosos egoístas, se contentan con acumular Ciencia por la Ciencia misma, se la mutilará, y que vuestras nuevas máquinas significarán sólo nuevos sufrimientos. Quizá descubráis con el tiempo todo lo que haya que descubrir, pero vuestro progreso será sólo un alejamiento progresivo de la Humanidad. El abismo entre vosotros y ella puede ser un día tan grande que vuestros gritos de júbilo por alguna nueva conquista sean respondidos por un griterío de espanto universal... Como científico tuve una posibilidad excepcional. En mi época, la Astronomía llegó a la plaza pública. En esas condiciones muy especiales, la firmeza de un hombre hubiera podido provocar grandes conmociones. Si yo hubiera resistido, los hombres dedicados a las ciencias naturales hubieran podido desarrollar algo así como el juramento de Hipócrates de los médicos; ¡la promesa de utilizar la Ciencia únicamente en beneficio de la Humanidad! Tal como están las cosas, lo más que se puede esperar es una estirpe de enanos inventores, que podrán alquilarse para todo.” (pp. 123-124)
[La cita pertenece a la obra “VIDA DE GALILEO”.]
sábado, 22 de febrero de 2020
Bertolt Brecht
VIDA DE GALILEO / MADRE CORAJE Y SUS HIJOS (I)
Madrid, 2007, Alianza Editorial.
“GALILEO. ¿Quieres dejar de quedarte ahí como un bacalao, cuando hemos descubierto la verdad?
SAGREDO. No me quedo como un bacalao, sino que tiemblo al pensar que pudiera ser la verdad.
GALILEO. ¿Qué?
SAGREDO. ¿Has perdido el juicio? ¿No sabes realmente a qué te expones si es verdad eso que ves? ¿Y si gritas por todas las plazas que la Tierra es una estrella y no el centro del Universo?
GALILEO. Sí, ¡y no que todo el gigantesco Universo, con todos sus astros, gira en torno a nuestra minúscula Tierra, como piensan todos!
SAGREDO. ¡Es decir, que sólo hay astros!... ¿Y dónde está Dios?
GALILEO. ¿Qué quieres decir?
SAGREDO. ¡Dios! ¿Dónde está Dios?
GALILEO, colérico: ¡Ahí no! ¡Lo mismo que no lo encontrarían en la Tierra si hubiera ahí seres vivientes y los buscaran aquí!
SAGREDO. Y entonces ¿dónde está Dios?
GALILEO. ¿Soy teólogo acaso? Soy matemático.
SAGREDO. Antes que nada eres un ser humano. Y yo te pregunto: ¿dónde está Dios en tu sistema universal?
GALILEO. ¡En nosotros o en ninguna parte!
SAGREDO, gritando : ¿Como decía el que quemaron en la hoguera?
GALILEO. ¡Como decía el que quemaron en la hoguera!
SAGREDO. ¡Por eso lo quemaron! ¡No hace diez años aún!
GALILEO. ¡Porque no pudo demostrar nada! ¡Porque sólo lo afirmó! [...]
SAGREDO. Galilei, siempre te he conocido como hombre astuto. Durante diecisiete años en Padua y tres en Pisa enseñaste pacientemente a cientos de alumnos el sistema tolemaico que la Iglesia predica y que confirman las Escrituras en que descansa la Iglesia. Lo tenías por erróneo, de acuerdo con Copérnico, pero lo enseñabas.
GALILEO. Porque no podía probar nada.
SAGREDO, incrédulo: ¿Y crees que esto cambia las cosas?
GALILEO. ¡Totalmente! ¡Mira, Sagredo! ¡Tengo fe en los hombres, lo que quiere decir que tengo fe en su razón! Sin esa fe no tendría fuerzas para levantarme por las mañanas de la cama.
SAGREDO. Entonces te diré algo: yo no tengo fe en ellos. Cuarenta años entre los hombres me han enseñado continuamente que no son accesibles a la razón. Muéstrales la roja cola de un cometa, infúndeles un miedo absurdo y los verás salir corriendo de sus casas y partirse las piernas. Pero diles algo racional y pruébaselo con siete argumentos, y se burlarán de ti.
GALILEO. Eso es totalmente falso y una calumnia. No comprendo cómo, si crees eso, puedes amar la Ciencia. ¡Sólo a los muertos dejan indiferentes las razones!
SAGREDO. ¿Cómo puedes confundir su lastimosa astucia con la razón?
GALILEO. No hablo de su astucia. Sé que llaman al asno caballo cuando lo venden y al caballo asno cuando lo quieren comprar. Ésa es su astucia. La vieja que, la noche antes del viaje le da con su mano seca un haz de heno al mulo, el navegante, que al comprar provisiones, piensa en la tormenta y la calma chicha, el niño, que se pone la gorra cuando se le demuestra que puede llover, todos ellos son mi esperanza, todos atienden a razones. Sí, tengo fe en la suave violencia de la razón sobre los hombres. A la larga no pueden resistírsele. Nadie puede ver mucho tiempo cómo dejo caer una piedra -deja caer al suelo una piedra de la mano- y digo que no cae. De eso nadie es capaz. La seducción que se desprende de una prueba es demasiado grande. La mayoría se rinde a ella, y a la larga todos. Pensar es uno de los mayores placeres del ser humano.” (pp. 33-35)
[La cita pertenece a la obra “VIDA DE GALILEO”.]
VIDA DE GALILEO / MADRE CORAJE Y SUS HIJOS (I)
Madrid, 2007, Alianza Editorial.
“GALILEO. ¿Quieres dejar de quedarte ahí como un bacalao, cuando hemos descubierto la verdad?
SAGREDO. No me quedo como un bacalao, sino que tiemblo al pensar que pudiera ser la verdad.
GALILEO. ¿Qué?
SAGREDO. ¿Has perdido el juicio? ¿No sabes realmente a qué te expones si es verdad eso que ves? ¿Y si gritas por todas las plazas que la Tierra es una estrella y no el centro del Universo?
GALILEO. Sí, ¡y no que todo el gigantesco Universo, con todos sus astros, gira en torno a nuestra minúscula Tierra, como piensan todos!
SAGREDO. ¡Es decir, que sólo hay astros!... ¿Y dónde está Dios?
GALILEO. ¿Qué quieres decir?
SAGREDO. ¡Dios! ¿Dónde está Dios?
GALILEO, colérico: ¡Ahí no! ¡Lo mismo que no lo encontrarían en la Tierra si hubiera ahí seres vivientes y los buscaran aquí!
SAGREDO. Y entonces ¿dónde está Dios?
GALILEO. ¿Soy teólogo acaso? Soy matemático.
SAGREDO. Antes que nada eres un ser humano. Y yo te pregunto: ¿dónde está Dios en tu sistema universal?
GALILEO. ¡En nosotros o en ninguna parte!
SAGREDO, gritando : ¿Como decía el que quemaron en la hoguera?
GALILEO. ¡Como decía el que quemaron en la hoguera!
SAGREDO. ¡Por eso lo quemaron! ¡No hace diez años aún!
GALILEO. ¡Porque no pudo demostrar nada! ¡Porque sólo lo afirmó! [...]
SAGREDO. Galilei, siempre te he conocido como hombre astuto. Durante diecisiete años en Padua y tres en Pisa enseñaste pacientemente a cientos de alumnos el sistema tolemaico que la Iglesia predica y que confirman las Escrituras en que descansa la Iglesia. Lo tenías por erróneo, de acuerdo con Copérnico, pero lo enseñabas.
GALILEO. Porque no podía probar nada.
SAGREDO, incrédulo: ¿Y crees que esto cambia las cosas?
GALILEO. ¡Totalmente! ¡Mira, Sagredo! ¡Tengo fe en los hombres, lo que quiere decir que tengo fe en su razón! Sin esa fe no tendría fuerzas para levantarme por las mañanas de la cama.
SAGREDO. Entonces te diré algo: yo no tengo fe en ellos. Cuarenta años entre los hombres me han enseñado continuamente que no son accesibles a la razón. Muéstrales la roja cola de un cometa, infúndeles un miedo absurdo y los verás salir corriendo de sus casas y partirse las piernas. Pero diles algo racional y pruébaselo con siete argumentos, y se burlarán de ti.
GALILEO. Eso es totalmente falso y una calumnia. No comprendo cómo, si crees eso, puedes amar la Ciencia. ¡Sólo a los muertos dejan indiferentes las razones!
SAGREDO. ¿Cómo puedes confundir su lastimosa astucia con la razón?
GALILEO. No hablo de su astucia. Sé que llaman al asno caballo cuando lo venden y al caballo asno cuando lo quieren comprar. Ésa es su astucia. La vieja que, la noche antes del viaje le da con su mano seca un haz de heno al mulo, el navegante, que al comprar provisiones, piensa en la tormenta y la calma chicha, el niño, que se pone la gorra cuando se le demuestra que puede llover, todos ellos son mi esperanza, todos atienden a razones. Sí, tengo fe en la suave violencia de la razón sobre los hombres. A la larga no pueden resistírsele. Nadie puede ver mucho tiempo cómo dejo caer una piedra -deja caer al suelo una piedra de la mano- y digo que no cae. De eso nadie es capaz. La seducción que se desprende de una prueba es demasiado grande. La mayoría se rinde a ella, y a la larga todos. Pensar es uno de los mayores placeres del ser humano.” (pp. 33-35)
[La cita pertenece a la obra “VIDA DE GALILEO”.]
Ian McEwan
LA LEY DEL MENOR
Barcelona, 2015, Anagrama.
“Tenía la impresión, aunque los hechos no lo confirmaron, de que a finales del verano de 2012 las rupturas y los sinsabores de matrimonios y parejas crecieron en Gran Bretaña como una monstruosa marea de primavera que barrió hogares enteros, dispersó posesiones y sueños optimistas y ahogó a los que no tenían un poderoso instinto de supervivencia. Promesas de amor fueron desmentidas o reescritas, compañeros antaño benévolos se convirtieron en taimados contendientes que se agazapaban detrás de un abogado, sin reparar en gastos. Objetos domésticos en otro tiempo menospreciados fueron disputados acerbamente, una confianza antes natural fue sustituida por «arreglos» meticulosamente redactados. En la mente de los protagonistas, la historia del matrimonio fue escrita de nuevo como un estado que siempre había sido un fracaso y el amor pasó a ser un espejismo. ¿Y los hijos? Naipes de un juego, fichas de negociación utilizadas por las madres, sujetos de negligencia económica o emocional por parte de los padres; el pretexto para acusaciones de malos tratos reales, imaginados o cínicamente inventados, normalmente por las madres, en ocasiones por los padres; niños aturdidos que iban y venían cada semana de una casa a otra en virtud de acuerdos entre progenitores, abrigos olvidados en algún sitio o plumieres estentóreamente esgrimidos por un abogado a otro; niños condenados a ver a sus padres una o dos veces al mes; o nunca, ya que los hombres más resueltos desaparecían en la forja de un matrimonio cálido y nuevo para engendrar una nueva prole.
¿Y el dinero? Ahora las monedas acuñadas eran verdaderas a medias y a medias puras argucias. Maridos rapaces contra mujeres codiciosas que maniobraban ambos como países al final de una guerra, llevándose de las ruinas los despojos que podían antes de la retirada definitiva. Hombres que ocultaban sus ingresos en cuentas del extranjero; mujeres que reclamaban una vida tranquila para siempre. Madres que impedían a sus hijos que vieran a su padre, a pesar de las órdenes judiciales; maridos que pegaban a su mujer y a sus hijos, esposas que mentían, rencorosas, un cónyuge o el otro, o los dos, borrachos, o drogadictos, o psicóticos; y otra vez niños, forzados a cuidar de padres incompetentes, niños que habían sufrido auténticos abusos, sexuales, mentales o ambos, y cuyo testimonio se transmitía en la pantalla al tribunal. Y más allá del alcance de Fiona, en casos reservados que trascendían a los tribunales de familia y se juzgaban en las vistas penales, niños torturados, o que morían de inanición, o apaleados hasta la muerte, o de los que expulsaban los malos espíritus en el curso de ritos animistas, padrastros jóvenes y monstruosos que les rompían los huesos a bebés que aún caminaban a gatas en presencia de madres dóciles y de cortas luces, y drogas, alcohol, hogares sumidos en una pobreza extrema, vecinos indiferentes que hacían oídos sordos a los gritos, y asistentes sociales negligentes o agobiados que no intervenían.” (pp. 133-134)
LA LEY DEL MENOR
Barcelona, 2015, Anagrama.
“Tenía la impresión, aunque los hechos no lo confirmaron, de que a finales del verano de 2012 las rupturas y los sinsabores de matrimonios y parejas crecieron en Gran Bretaña como una monstruosa marea de primavera que barrió hogares enteros, dispersó posesiones y sueños optimistas y ahogó a los que no tenían un poderoso instinto de supervivencia. Promesas de amor fueron desmentidas o reescritas, compañeros antaño benévolos se convirtieron en taimados contendientes que se agazapaban detrás de un abogado, sin reparar en gastos. Objetos domésticos en otro tiempo menospreciados fueron disputados acerbamente, una confianza antes natural fue sustituida por «arreglos» meticulosamente redactados. En la mente de los protagonistas, la historia del matrimonio fue escrita de nuevo como un estado que siempre había sido un fracaso y el amor pasó a ser un espejismo. ¿Y los hijos? Naipes de un juego, fichas de negociación utilizadas por las madres, sujetos de negligencia económica o emocional por parte de los padres; el pretexto para acusaciones de malos tratos reales, imaginados o cínicamente inventados, normalmente por las madres, en ocasiones por los padres; niños aturdidos que iban y venían cada semana de una casa a otra en virtud de acuerdos entre progenitores, abrigos olvidados en algún sitio o plumieres estentóreamente esgrimidos por un abogado a otro; niños condenados a ver a sus padres una o dos veces al mes; o nunca, ya que los hombres más resueltos desaparecían en la forja de un matrimonio cálido y nuevo para engendrar una nueva prole.
¿Y el dinero? Ahora las monedas acuñadas eran verdaderas a medias y a medias puras argucias. Maridos rapaces contra mujeres codiciosas que maniobraban ambos como países al final de una guerra, llevándose de las ruinas los despojos que podían antes de la retirada definitiva. Hombres que ocultaban sus ingresos en cuentas del extranjero; mujeres que reclamaban una vida tranquila para siempre. Madres que impedían a sus hijos que vieran a su padre, a pesar de las órdenes judiciales; maridos que pegaban a su mujer y a sus hijos, esposas que mentían, rencorosas, un cónyuge o el otro, o los dos, borrachos, o drogadictos, o psicóticos; y otra vez niños, forzados a cuidar de padres incompetentes, niños que habían sufrido auténticos abusos, sexuales, mentales o ambos, y cuyo testimonio se transmitía en la pantalla al tribunal. Y más allá del alcance de Fiona, en casos reservados que trascendían a los tribunales de familia y se juzgaban en las vistas penales, niños torturados, o que morían de inanición, o apaleados hasta la muerte, o de los que expulsaban los malos espíritus en el curso de ritos animistas, padrastros jóvenes y monstruosos que les rompían los huesos a bebés que aún caminaban a gatas en presencia de madres dóciles y de cortas luces, y drogas, alcohol, hogares sumidos en una pobreza extrema, vecinos indiferentes que hacían oídos sordos a los gritos, y asistentes sociales negligentes o agobiados que no intervenían.” (pp. 133-134)
Arthur Machen
EL GRAN DIOS PAN Y OTROS RELATOS DE TERROR SOBRENATURAL
Madrid, 1999, Valdemar.
“—¿Cree usted que existen semejantes cosas?
—¡Oh!, sí que lo creo, sí; y me parece que puedo proporcionarle pruebas convincentes sobre ese punto. Me temo que no se haya preocupado usted del estudio de la alquimia. Es una pena, porque, en todo caso, su simbolismo es muy hermoso, y además, si estuviera usted al corriente de ciertos libros sobre el tema, podría recordarle frases susceptibles de explicar buena parte del manuscrito que acaba de leer.
—De acuerdo. Pero me gustaría saber si usted cree seriamente que existe algún fundamento real bajo esas fantasías. ¿No pertenecen todas ellas a la esfera de la poesía? ¿no son un curioso sueño que el hombre se ha consentido a sí mismo?
—Sólo puedo decirle que, sin duda, lo más conveniente para la gran masa de gente es rechazarlas como un sueño. Pero si me pregunta usted lo que de verdad creo, eso es harina de otro costal. No, no diría yo que creo, sino más bien que conozco. Le aseguro que he conocido casos de hombres que han tropezado de forma completamente accidental con algunos de esos «procesos», y se han asombrado de sus consecuencias totalmente inesperadas. En los casos de que hablo no podía haber ninguna posibilidad de «sugestión» o de acto subconsciente de ningún tipo. Igual podría suponerse entonces que un estudiante se «sugestiona» con la existencia de Esquilo cuando empolla mecánicamente las declinaciones griegas.” (p. 172)
[El texto pertenece al relato “EL PUEBLO BLANCO”.]
“»Y hay otra cosa —continuó tras una pausa reflexiva—. Tu idea de un externado es pésima. Los padres no te agradecerían que les permitieras tener a sus chicos en casa mientras son pequeños. Algunos llegan a decir que el principal propósito de los colegios es permitir a los padres una buena excusa para deshacerse de sus hijos. No es ninguna tontería. La mayoría de los padres y madres quieren a sus hijos y les gusta tenerlos en casa: en todo caso cuando son jóvenes. Pero, de un modo u otro, se les ha metido en la cabeza que los profesores desconocidos saben más acerca de cómo educar a un muchacho que su propia gente; y así es. En suma, desecha esa idea tuya.” (p. 177)
[El texto pertenece al relato “UN CHICO LISTO”.]
EL GRAN DIOS PAN Y OTROS RELATOS DE TERROR SOBRENATURAL
Madrid, 1999, Valdemar.
“—¿Cree usted que existen semejantes cosas?
—¡Oh!, sí que lo creo, sí; y me parece que puedo proporcionarle pruebas convincentes sobre ese punto. Me temo que no se haya preocupado usted del estudio de la alquimia. Es una pena, porque, en todo caso, su simbolismo es muy hermoso, y además, si estuviera usted al corriente de ciertos libros sobre el tema, podría recordarle frases susceptibles de explicar buena parte del manuscrito que acaba de leer.
—De acuerdo. Pero me gustaría saber si usted cree seriamente que existe algún fundamento real bajo esas fantasías. ¿No pertenecen todas ellas a la esfera de la poesía? ¿no son un curioso sueño que el hombre se ha consentido a sí mismo?
—Sólo puedo decirle que, sin duda, lo más conveniente para la gran masa de gente es rechazarlas como un sueño. Pero si me pregunta usted lo que de verdad creo, eso es harina de otro costal. No, no diría yo que creo, sino más bien que conozco. Le aseguro que he conocido casos de hombres que han tropezado de forma completamente accidental con algunos de esos «procesos», y se han asombrado de sus consecuencias totalmente inesperadas. En los casos de que hablo no podía haber ninguna posibilidad de «sugestión» o de acto subconsciente de ningún tipo. Igual podría suponerse entonces que un estudiante se «sugestiona» con la existencia de Esquilo cuando empolla mecánicamente las declinaciones griegas.” (p. 172)
[El texto pertenece al relato “EL PUEBLO BLANCO”.]
“»Y hay otra cosa —continuó tras una pausa reflexiva—. Tu idea de un externado es pésima. Los padres no te agradecerían que les permitieras tener a sus chicos en casa mientras son pequeños. Algunos llegan a decir que el principal propósito de los colegios es permitir a los padres una buena excusa para deshacerse de sus hijos. No es ninguna tontería. La mayoría de los padres y madres quieren a sus hijos y les gusta tenerlos en casa: en todo caso cuando son jóvenes. Pero, de un modo u otro, se les ha metido en la cabeza que los profesores desconocidos saben más acerca de cómo educar a un muchacho que su propia gente; y así es. En suma, desecha esa idea tuya.” (p. 177)
[El texto pertenece al relato “UN CHICO LISTO”.]
martes, 11 de febrero de 2020
Hisham Matar
SOLO EN EL MUNDO
Barcelona, 2007, Salamandra.
“¿Qué había fallado en el estadio? ¿Qué había faltado, para que Ustaz Rashid se salvara? Quizá las películas de cowboys, con su lógica de final feliz, me habían convencido de que aquello no podía acabar así. Tal vez la esperanza no la había inventado Dios sino las películas, con la promesa de que, justo en el momento que al héroe le ponen la soga al cuello, de pronto, con autoridad divina, llega una bala no se sabe de dónde y rompe la cuerda. El héroe derriba al hombre que tiene a su lado, y los demás —los «cobardes»— saltan sobre las monturas y huyen al galope montaña arriba. Y en el cine todo el mundo saltaba y gritaba y aplaudía y se abrazaba como en un partido de fútbol. Me resbalaban las lágrimas por la cara, pero no me importaba, porque también en otras caras, y caras de hombres mayores, relucían las lágrimas. Recordaba la dicha de esos momentos, cuando parecía que el pecho se me ensanchaba de alegría. ¿Dónde estaban los héroes, las balas, la muchedumbre que huía, los finales felices que nos hacían salir de la oscura sala del cine con las mejillas sonrosadas de felicidad, dándonos palmadas en la espalda, felicitándonos del triunfo de nuestro héroe, de que Dios no lo hubiera abandonado en su hora de necesidad, de que el mundo marchara tal como nosotros esperábamos, sin dudar? En el estadio había faltado algo, algo en lo que ya no se podía seguir confiando. Aparte de hacerme perder la confianza en el proverbio «a la buena gente le pasan cosas buenas», la ejecución televisada de Ustaz Rashid dejó en mí otra impresión más honda, que me acompañaría hasta la edad adulta: un pánico sordo, como si de un momento a otro alguien pudiera arrancarme la alfombra de debajo de los pies. Después de la muerte de Ustaz Rashid, dejé de forjarme la ilusión de que yo, baba o mamá fuéramos inmunes al fuego de la locura que se había apoderado del Estadio Nacional de Baloncesto.” (pp. 203-204)
[El autor se refiere a las ejecuciones, públicas y televisadas, de los disidentes libios ordenadas por Gadafi durante la década de los años setenta del siglo pasado.]
SOLO EN EL MUNDO
Barcelona, 2007, Salamandra.
“¿Qué había fallado en el estadio? ¿Qué había faltado, para que Ustaz Rashid se salvara? Quizá las películas de cowboys, con su lógica de final feliz, me habían convencido de que aquello no podía acabar así. Tal vez la esperanza no la había inventado Dios sino las películas, con la promesa de que, justo en el momento que al héroe le ponen la soga al cuello, de pronto, con autoridad divina, llega una bala no se sabe de dónde y rompe la cuerda. El héroe derriba al hombre que tiene a su lado, y los demás —los «cobardes»— saltan sobre las monturas y huyen al galope montaña arriba. Y en el cine todo el mundo saltaba y gritaba y aplaudía y se abrazaba como en un partido de fútbol. Me resbalaban las lágrimas por la cara, pero no me importaba, porque también en otras caras, y caras de hombres mayores, relucían las lágrimas. Recordaba la dicha de esos momentos, cuando parecía que el pecho se me ensanchaba de alegría. ¿Dónde estaban los héroes, las balas, la muchedumbre que huía, los finales felices que nos hacían salir de la oscura sala del cine con las mejillas sonrosadas de felicidad, dándonos palmadas en la espalda, felicitándonos del triunfo de nuestro héroe, de que Dios no lo hubiera abandonado en su hora de necesidad, de que el mundo marchara tal como nosotros esperábamos, sin dudar? En el estadio había faltado algo, algo en lo que ya no se podía seguir confiando. Aparte de hacerme perder la confianza en el proverbio «a la buena gente le pasan cosas buenas», la ejecución televisada de Ustaz Rashid dejó en mí otra impresión más honda, que me acompañaría hasta la edad adulta: un pánico sordo, como si de un momento a otro alguien pudiera arrancarme la alfombra de debajo de los pies. Después de la muerte de Ustaz Rashid, dejé de forjarme la ilusión de que yo, baba o mamá fuéramos inmunes al fuego de la locura que se había apoderado del Estadio Nacional de Baloncesto.” (pp. 203-204)
[El autor se refiere a las ejecuciones, públicas y televisadas, de los disidentes libios ordenadas por Gadafi durante la década de los años setenta del siglo pasado.]
Manuel Danvila y Collado
REINADO DE CARLOS III
Madrid, 1894, El Progreso Editorial.
Biblioteca Digital Hispánica
“«Proclamacion que hizo la villa de Nijar el dia 13 de Septiembre de 59 (situada 5 leguas de Almería) á donde remitieron testimonio —Haviendo llegado á noticia de los Sres. Alcaldes de que el inmediato sucesor á la corona de España era el Sr. D. Carlos 3.° deseosos de manifestar el grande amor, que como fieles vasallos le tributaban dispusieron en su Ayuntamiento de común acuerdo, se combocase en la Plaza pública de dicha villa á todos los vecinos y por no sufrir dilación semejante acto, no procuraron de mas Theatro, ni Tablado, que el dividir en circulo toda la gente, y en medio de él, uno de los Alcaldes haciendo de Alferez mayor el que levantando la voz, y enseñando la cruz de la vara dijo: ¿Creéis por esta, que Dios es Dios? ¿Y creéis, que Carlos 3.° que es hermano de nuestro difunto Rey, el que está en Italia es nuestro Monarcha? A lo que respondieron todos: Sí creemos; y repitiendo este acto por tres veces, á la última hicieron una gran salba de Mosquetería, y repique de campanas. Después mandaron traer de beber á todo aquel gran concurso, el que consumió 77 arrobas de Vino, y quatro pellejos de Aguardiente cuyos espíritus los calentó de tal forma que con repetidos vítores se encaminaron al posito, desde cuyas ventanas arrojaron el trigo que en él había, y 900 reales de sus Arcas. De allí pasaron al Estanco del Tabaco y mandaron tirar el dinero de la Mesada, y el tabaco. En las tiendas practicaron lo propio mandando derramar, para mas authorizar la función quantos géneros líquidos y comestibles havía en ellas. El Estado eclesiástico concurrió con igual eficacia, pues á voces indugeron á las Mugeres tiraran quanto havia en sus casas, lo que egecutaron con el mayor desinteres, pues no les quedó en ellas, pan, trigo, harina, zebada, platos, cazuelas, almireces, morteros, ni sillas, quedando dicha villa destruida, y con tal excelencia los naturales, que en diciéndoles, ¿creéis por esta que Dios es Dios? prorrumpen en mil desatinos». (Ms. del Sr. Sánchez Toca, citado).” (Tomo-II; pp. 10-11; nota 2)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
REINADO DE CARLOS III
Madrid, 1894, El Progreso Editorial.
Biblioteca Digital Hispánica
“«Proclamacion que hizo la villa de Nijar el dia 13 de Septiembre de 59 (situada 5 leguas de Almería) á donde remitieron testimonio —Haviendo llegado á noticia de los Sres. Alcaldes de que el inmediato sucesor á la corona de España era el Sr. D. Carlos 3.° deseosos de manifestar el grande amor, que como fieles vasallos le tributaban dispusieron en su Ayuntamiento de común acuerdo, se combocase en la Plaza pública de dicha villa á todos los vecinos y por no sufrir dilación semejante acto, no procuraron de mas Theatro, ni Tablado, que el dividir en circulo toda la gente, y en medio de él, uno de los Alcaldes haciendo de Alferez mayor el que levantando la voz, y enseñando la cruz de la vara dijo: ¿Creéis por esta, que Dios es Dios? ¿Y creéis, que Carlos 3.° que es hermano de nuestro difunto Rey, el que está en Italia es nuestro Monarcha? A lo que respondieron todos: Sí creemos; y repitiendo este acto por tres veces, á la última hicieron una gran salba de Mosquetería, y repique de campanas. Después mandaron traer de beber á todo aquel gran concurso, el que consumió 77 arrobas de Vino, y quatro pellejos de Aguardiente cuyos espíritus los calentó de tal forma que con repetidos vítores se encaminaron al posito, desde cuyas ventanas arrojaron el trigo que en él había, y 900 reales de sus Arcas. De allí pasaron al Estanco del Tabaco y mandaron tirar el dinero de la Mesada, y el tabaco. En las tiendas practicaron lo propio mandando derramar, para mas authorizar la función quantos géneros líquidos y comestibles havía en ellas. El Estado eclesiástico concurrió con igual eficacia, pues á voces indugeron á las Mugeres tiraran quanto havia en sus casas, lo que egecutaron con el mayor desinteres, pues no les quedó en ellas, pan, trigo, harina, zebada, platos, cazuelas, almireces, morteros, ni sillas, quedando dicha villa destruida, y con tal excelencia los naturales, que en diciéndoles, ¿creéis por esta que Dios es Dios? prorrumpen en mil desatinos». (Ms. del Sr. Sánchez Toca, citado).” (Tomo-II; pp. 10-11; nota 2)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
C. G. Jung
SINCRONICIDAD (II)
Málaga,1988, Sirio.
"Por eso, debemos escudriñar en los rincones más recónditos y armarnos de valor para superar los prejuicios de nuestra época, si queremos ampliar las bases de la naturaleza de nuestro entendimiento. Cuando Galileo descubrió las lunas de Júpiter con su telescopio, inmediatamente entró en colisión frontal con los prejuicios de sus doctos contemporáneos. Nadie sabía lo que era un telescopio ni para qué servía. Nadie había hablado antes de las lunas de Júpiter. Naturalmente, todas las épocas piensan que las anteriores tenían prejuicicos. Hoy lo pensamos más que nunca, y estamos tan equivocados como todas las épocas que lo creyeron así. ¿Cuántas veces hemos visto condenada la verdad! Es triste, pero por desgracia cierto, que el hombre no aprende nada de su historia. Este melancólico hecho, nos causará las más grandes dificultades tan pronto como nos pongamos a recopilar material empírico que arroje una pequeña luz sobre este oscuro tema, pues podemos estar bastante seguros de hallarla donde las autoridades nos han asegurado que no hay nada que encontrar." (p. 45)
“Es la creencia profundamente arraigada en el poder soberano de la causalidad lo que plantea dificultades intelectuales y hace que parezca impensable que puedan existir sucesos sin causa o que puedan producirse alguna vez.” (p. 136)
SINCRONICIDAD (II)
Málaga,1988, Sirio.
"Por eso, debemos escudriñar en los rincones más recónditos y armarnos de valor para superar los prejuicios de nuestra época, si queremos ampliar las bases de la naturaleza de nuestro entendimiento. Cuando Galileo descubrió las lunas de Júpiter con su telescopio, inmediatamente entró en colisión frontal con los prejuicios de sus doctos contemporáneos. Nadie sabía lo que era un telescopio ni para qué servía. Nadie había hablado antes de las lunas de Júpiter. Naturalmente, todas las épocas piensan que las anteriores tenían prejuicicos. Hoy lo pensamos más que nunca, y estamos tan equivocados como todas las épocas que lo creyeron así. ¿Cuántas veces hemos visto condenada la verdad! Es triste, pero por desgracia cierto, que el hombre no aprende nada de su historia. Este melancólico hecho, nos causará las más grandes dificultades tan pronto como nos pongamos a recopilar material empírico que arroje una pequeña luz sobre este oscuro tema, pues podemos estar bastante seguros de hallarla donde las autoridades nos han asegurado que no hay nada que encontrar." (p. 45)
“Es la creencia profundamente arraigada en el poder soberano de la causalidad lo que plantea dificultades intelectuales y hace que parezca impensable que puedan existir sucesos sin causa o que puedan producirse alguna vez.” (p. 136)
Susan Sontag
ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS (II)
Madrid, 2003, Alfaguara.
“En el centro de las esperanzas y de la sensibilidad ética modernas está la convicción deque la guerra, aunque inevitable, es una aberración. De que la paz, si bien inalcanzable, es la norma. Desde luego, no es así como se ha considerado la guerra a lo largo de la historia. La guerra ha sido la norma, y la paz, la excepción.” (p. 87)
“La historiadora alemana Barbara Duden ha recordado que cuando impartía clase sobre la historia de la representación corporal en una gran universidad estatal de Estados Unidos hace algunos años, ni uno solo de sus veinte alumnos logró identificar el tema de ninguna de las pinturas canónicas de la Flagelación que les mostraba en diapositivas. («Creo que es una imagen religiosa», aventuró alguno). Sólo podía confiar en que la única imagen canónica de Jesús que la mayoría de los estudiantes sería capaz de identificar era la Crucifixión.” (p. 94)
“En la actualidad los pueblos que han sido víctimas quieren un museo de la memoria, un templo que albergue una narración completa, organizada cronológicamente e ilustrada de sus sufrimientos. Los armenios, por ejemplo, han reclamado durante mucho tiempo un museo en Washington que dé carácter institucional a la memoria del genocidio del pueblo armenio que perpetraron los turcos otomanos. Pero ¿por qué aún no existe, en la capital de la nación, que es una ciudad de abrumadora mayoría afroamericana, un Museo de la Historia de la Esclavitud? En efecto, no hay un Museo de la Historia de la Esclavitud —toda la historia, desde el comercio de esclavos en la propia África— en ningún sitio de Estados Unidos. Al parecer es un recuerdo cuya activación y creación son demasiado peligrosas para la estabilidad social. El Museo Conmemorativo del Holocausto y el previsto Museo y Monumento al Genocidio Armenio están dedicados a lo que no sucedió en Estados Unidos, así, la obra de la memoria no corre el riesgo de concitar una resentida población nacional contra la autoridad. Contar con un museo que haga la crónica del colosal crimen de la esclavitud africana en Estados Unidos de América sería reconocer que el mal se encontraba aquí. Los estadounidenses prefieren imaginar el mal que se encontraba allá, y del cual Estados Unidos —una nación única, sin dirigentes de probada malevolencia a lo largo de su historia— está exento. Que este país, como cualquier otro, tiene un pasado trágico no se aviene bien con la convicción fundadora, y aún todopoderosa, del carácter excepcional de Estados Unidos. El consenso nacional sobre la historia estadounidense, según el cual es una historia de progreso, constituye un nuevo marco para fotografías dolorosas: centra nuestra atención en los agravios, tanto aquí como en otros lugares, para los que Estados Unidos se tiene por solución o remedio.” (pp. 101-103)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS (II)
Madrid, 2003, Alfaguara.
“En el centro de las esperanzas y de la sensibilidad ética modernas está la convicción deque la guerra, aunque inevitable, es una aberración. De que la paz, si bien inalcanzable, es la norma. Desde luego, no es así como se ha considerado la guerra a lo largo de la historia. La guerra ha sido la norma, y la paz, la excepción.” (p. 87)
“La historiadora alemana Barbara Duden ha recordado que cuando impartía clase sobre la historia de la representación corporal en una gran universidad estatal de Estados Unidos hace algunos años, ni uno solo de sus veinte alumnos logró identificar el tema de ninguna de las pinturas canónicas de la Flagelación que les mostraba en diapositivas. («Creo que es una imagen religiosa», aventuró alguno). Sólo podía confiar en que la única imagen canónica de Jesús que la mayoría de los estudiantes sería capaz de identificar era la Crucifixión.” (p. 94)
“En la actualidad los pueblos que han sido víctimas quieren un museo de la memoria, un templo que albergue una narración completa, organizada cronológicamente e ilustrada de sus sufrimientos. Los armenios, por ejemplo, han reclamado durante mucho tiempo un museo en Washington que dé carácter institucional a la memoria del genocidio del pueblo armenio que perpetraron los turcos otomanos. Pero ¿por qué aún no existe, en la capital de la nación, que es una ciudad de abrumadora mayoría afroamericana, un Museo de la Historia de la Esclavitud? En efecto, no hay un Museo de la Historia de la Esclavitud —toda la historia, desde el comercio de esclavos en la propia África— en ningún sitio de Estados Unidos. Al parecer es un recuerdo cuya activación y creación son demasiado peligrosas para la estabilidad social. El Museo Conmemorativo del Holocausto y el previsto Museo y Monumento al Genocidio Armenio están dedicados a lo que no sucedió en Estados Unidos, así, la obra de la memoria no corre el riesgo de concitar una resentida población nacional contra la autoridad. Contar con un museo que haga la crónica del colosal crimen de la esclavitud africana en Estados Unidos de América sería reconocer que el mal se encontraba aquí. Los estadounidenses prefieren imaginar el mal que se encontraba allá, y del cual Estados Unidos —una nación única, sin dirigentes de probada malevolencia a lo largo de su historia— está exento. Que este país, como cualquier otro, tiene un pasado trágico no se aviene bien con la convicción fundadora, y aún todopoderosa, del carácter excepcional de Estados Unidos. El consenso nacional sobre la historia estadounidense, según el cual es una historia de progreso, constituye un nuevo marco para fotografías dolorosas: centra nuestra atención en los agravios, tanto aquí como en otros lugares, para los que Estados Unidos se tiene por solución o remedio.” (pp. 101-103)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
C. G. Jung
SINCRONICIDAD (I)
Málaga,1988, Sirio.
“En la concepción original del mundo que tenía el hombre, tal y como la encontramos en los pueblos primitivos, el espacio y el tiempo tienen una existencia precaria. Se convirtieron en conceptos «fijos» solamente en el transcurso de su evolución mental, gracias en gran parte a la introducción del sistema de medidas. El espacio y el tiempo, en sí mismos, no son nada. Son conceptos objetivados nacidos de la actividad analítica de la mente consciente y constituyen las coordenadas indispensables para la descripción de los cuerpos en movimiento. Son, por tanto, esencialmente físicos en su origen, razón por la que Kant, se vio probablemente impulsado a considerarlos como categorías a priori. Pero si el espacio y el tiempo no son más que propiedades aparentes de los cuerpos en movimiento y están creados por las necesidades intelectuales del observador, su relativización mediante las condiciones psíquicas deja de ser algo asombroso para entrar en los límites de la posibilidad. Esta posibilidad se presenta a sí misma cuando la psiquis observa no a cuerpos externos, sino a sí misma.” (pp. 28-29)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
"Los arquetipos, son factores formales responsables de la organización de los procesos psíquicos inconscientes: son «modelos de comportamiento». Al mismo tiempo, cuentan con una «carga específica» y desarrollan efectos misteriosos que se expresan en ellos mismos como sentimientos. El sentimiento produce un descenso parcial del nivel mental, pues aunque eleva un contenido determinado a un grado supranormal de luminosidad, lo hace restando la misma energía a otros posibles contenidos de consciencia que se vuelven oscuros y en ocasiones inconscientes. Debido a la reducción de consciencia causada por el sentimiento durante todo el tiempo que dura, se produce un descenso de control que, a su vez, proporciona al inconsciente una oportunidad de ocupar el espacio que queda vacío. De esta forma nos encontramos con que los contenidos inconscientes inesperados o inhibidos se abren paso y encuentran expresión en el sentimiento." (p. 29)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
SINCRONICIDAD (I)
Málaga,1988, Sirio.
“En la concepción original del mundo que tenía el hombre, tal y como la encontramos en los pueblos primitivos, el espacio y el tiempo tienen una existencia precaria. Se convirtieron en conceptos «fijos» solamente en el transcurso de su evolución mental, gracias en gran parte a la introducción del sistema de medidas. El espacio y el tiempo, en sí mismos, no son nada. Son conceptos objetivados nacidos de la actividad analítica de la mente consciente y constituyen las coordenadas indispensables para la descripción de los cuerpos en movimiento. Son, por tanto, esencialmente físicos en su origen, razón por la que Kant, se vio probablemente impulsado a considerarlos como categorías a priori. Pero si el espacio y el tiempo no son más que propiedades aparentes de los cuerpos en movimiento y están creados por las necesidades intelectuales del observador, su relativización mediante las condiciones psíquicas deja de ser algo asombroso para entrar en los límites de la posibilidad. Esta posibilidad se presenta a sí misma cuando la psiquis observa no a cuerpos externos, sino a sí misma.” (pp. 28-29)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
"Los arquetipos, son factores formales responsables de la organización de los procesos psíquicos inconscientes: son «modelos de comportamiento». Al mismo tiempo, cuentan con una «carga específica» y desarrollan efectos misteriosos que se expresan en ellos mismos como sentimientos. El sentimiento produce un descenso parcial del nivel mental, pues aunque eleva un contenido determinado a un grado supranormal de luminosidad, lo hace restando la misma energía a otros posibles contenidos de consciencia que se vuelven oscuros y en ocasiones inconscientes. Debido a la reducción de consciencia causada por el sentimiento durante todo el tiempo que dura, se produce un descenso de control que, a su vez, proporciona al inconsciente una oportunidad de ocupar el espacio que queda vacío. De esta forma nos encontramos con que los contenidos inconscientes inesperados o inhibidos se abren paso y encuentran expresión en el sentimiento." (p. 29)
[Las cursivas pertenecen al texto.]
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