Zbigniew Brzezinski
EL GRAN TABLERO MUNDIAL
Barcelona, 1998, Paidós.
“Lo más problemático de todo fue la pérdida de Ucrania. La aparición de un Estado ucraniano independiente no sólo obligó a todos los rusos a replantearse la naturaleza de su propia identidad política y étnica sino que representó un revés geopolítico vital para el Estado ruso. El repudio de más de 300 años de historia imperial rusa significó la pérdida de una economía industrial y agrícola potencialmente rica y de 52 millones de personas lo suficientemente cercanas a los rusos desde el punto de vista étnico y religioso como para hacer de Rusia un verdadero Estado imperial, grande y seguro de sí mismo. La independencia de Ucrania privó también a Rusia de su posición dominante en el mar Negro, en el que Odesa había sido la principal puerta de acceso para Rusia al comercio con el Mediterráneo y con el mundo situado más allá de él.
La pérdida de Ucrania fue muy grave desde el punto de vista geopolítico, ya que limitó drásticamente las opciones geoestratégicas de Rusia. Incluso sin los Estados bálticos y sin Polonia, una Rusia con Ucrania bajo control todavía podía aspirar al liderazgo de un activo imperio euroasiático en el que Moscú dominara a los no eslavos en el sur y en el sureste de la ex Unión Soviética. Pero sin Ucrania y sin sus 52 millones de primos eslavos, cualquier intento de Moscú de reconstruir el imperio ruso dejaría, con toda seguridad, a Rusia enredada, en solitario, en interminables conflictos con los pueblos no eslavos, que tenían nuevas inquietudes nacionales y religiosas. La guerra con Chechenia fue quizás el primero de esos casos.” (p. 99)