miércoles, 22 de agosto de 2012

Bernardo Atxaga
OBABAKOAK
Barcelona, 2004, Ediciones B.


“He oído decir que, al igual que los cuentos tradicionales, el Juego de la Oca representa una determinada concepción de la vida; que es una descripción de los trabajos y los días que nos toca pasar en este mundo, una descripción y una metáfora.
Cuál sea esta concepción lo puede ver cualquiera que recuerde el tablero y las reglas del juego, pues tanto el tablero como las reglas muestran que la vida es, fundamentalmente, un viaje lleno de dificultades donde, a partes iguales, intervienen el Azar y nuestra Voluntad” (p. 491)

[El texto procede de "A modo de autobiografía", epílogo de la obra.]
Ian McEwan
AMSTERDAM
Anagrama, 1999, Barcelona.


“Probablemente no es nada. Ya sabes, eso que de noche te hace sudar como un poseso y al día siguiente te parece una idiotez. No era exactamente de eso de lo que quería hablarte. Seguro que no es nada, aunque tampoco pierdo nada pidiéndote lo que voy a pedirte. En caso de que me ponga enfermo..., algo muy grave, ya sabes, como Molly, y empiece a caer por la pendiente y a cometer errores horribles, errores de juicio, no recordar los nombres de las cosas, no saber quién soy y demás... En fin, ese tipo de cosas. Me tranquilizaría saber que alguien me ayudaría a acabar con todo... O sea, ayudarme a morir. Sobre todo si llego a un punto en el que no puedo tomar la decisión por mí mismo, o no puedo ponerla en práctica. Bien, lo que te estoy diciendo es que... Te estoy pidiendo, siendo como eres mi amigo más antiguo, que me ayudes si alguna vez llego a encontrarme en tal estado y ves con claridad que ésa es la solución correcta. Lo mismo que nosotros habríamos ayudado a Molly si hubiéramos...” (p. 60)

“Podría haberse tomado la licencia de no cumplir sus compromisos poniendo como excusa el espíritu libre del artista, pero detestaba dar muestras de este tipo de arrogancia. Tenía varios amigos que jugaban la carta de la genialidad cuando les convenía, y dejaban de aparecer en este o aquel acto en la creencia de que cualquier trastorno causado en el ámbito local no podía sino acrecentar el respeto por la naturaleza absorbente e imperiosa de su noble vocación artística. Estos individuos –los novelistas eran, con mucho, los peores- se las arreglaban para convencer a amigos y familiares de que no sólo sus horas de trabajo, sino cada cabezada o cada paseo, cada rato de silencio, depresión o borrachera llevaba en sí mismo el marchamo exculpatorio de una alta meta. Una máscara para ocultar la mediocridad, en opinión de Clive. No dudaba que la vocación artística fuera alta y noble, pero el mal comportamiento no era parte de ella.” (p. 74)
Miguel Delibes
MI MUNDO Y EL MUNDO
Valladolid, 1982, Miñón.


“Es decir, mi objetivo es entreteneros y también inquietaros por los problemas comunes; avivar vuestros deseos de saber y conocer. Entiendo que de esta manera os prepararéis para resistir a la sociedad de consumo que nos amenaza (en la que se quiere reducir al hombre a un autómata productor de objetos y consumidor de objetos) y para ocuparos en tareas nobles y creadoras. Es decir, para justificar vuestra condición de seres humanos.” (p. 6)

jueves, 9 de agosto de 2012

Frank McCourt
EL PROFESOR
Madrid, 2006, MAEVA.


“Yo llegué tarde al mundo de los libros, soy un rezagado, un novato. Mi primer libro, Las cenizas de Ángela, se publicó en 1996, cuando yo tenía sesenta y seis años. El segundo, Lo es, en 1999, cuando tenía sesenta y nueve. A esa edad resulta admirable que tuviera fuerzas siquiera para levantar la pluma. Algunos nuevos amigos míos (adquiridos recientemente, a causa de mi ascensión en las listas de los más vendidos) habían publicado libros con veintitantos años. Unos mozalbetes.
Entonces, ¿por qué tardó usted tanto?
Porque estaba enseñando: por eso tardé tanto. No en un colegio universitario ni en una facultad, donde uno tiene todo el tiempo del mundo para escribir y para otras diversiones, sino en cuatro institutos públicos distintos de Nueva York. (He leído novelas que recrean las vidas de catedráticos de universidad, donde parecen tan ocupados con los adulterios y las rencillas académicas que uno se pregunta de dónde sacan el tiempo para ejercer además un poco la enseñanza.) Cuando impartes cinco clases de instituto al día, cinco días por semana, no vuelves a casa con la idea de despejarte la cabeza y crear prosa inmortal. Después de cinco clases, tienes la cabeza llena del barullo del aula.” (p. 11)
Ramiro Pinilla
LA HIGUERA
Barcelona, 2006, Tusquets.


“Pascuala había empezado a llorar y yo confiaba en poder contener mi pregunta que la obligara a hablar en aquel estado. ‘Andan matando a la gente por ahí’, dijo por fin entre ahogos. ‘Simón García y su hijo fueron sacados de su casa hace cuatro días por los falangistas. Hasta hoy. ¡Hasta hoy!’ ‘Quizás sólo estén... presos, dije’. ‘¡No! ¡Muertos, muertos! En esta casa llevan cuatro días sin salir de puro miedo. Vengo de allí y he visto el peor miedo en los ojos de las dos mujeres. ¡Y solas! ¡Y mudas, más muertas que vivas! Yo estaba en su cocina, pero ellas no me veían. Tuvo que ser la niña quien me contase que entraron los hombres y primero le ataron a Simón las manos a la espalda y luego a Antonio. La esposa abrazó a Simón y dijo: <<¿Por qué se lo llevan?, ¿qué ha hecho?>>, <<¡Conspiró contra España!>>, le contestaron. <<No hace otra cosa en todo el día que trabajar de maestro.>> Y ellos: <<¿Le parece poco?>>. Se los llevaron a los dos como a ganado, empujando de mala manera a las mujeres para que los soltasen, la abuela agarrándose al nieto como una lapa. Fue el propio Simón el que intervino para acabar con el forcejeo que no salvaría a nadie. Se los llevaron sin dejarles despedirse’.” (p. 31)

“Es que, ¿sabes, Rogelio?, han transcurrido muchos años y cambiado muchas cosas. Últimamente las ejecuciones están controladas por el propio Franco, porque los pájaros ya están en jaulas y él decide a éste lo mato y al otro no. Es listo: meten más ruido muchos matando a muchos que uno matando a muchos. A lo más que hoy se puede llegar es a dar palizas y ponerles electrodos en los huevos... Y, como son otros tiempos, ocurre que lo que antes hacíamos sin tapujos, ahora no se puede hacer. ¡Así nos agradece la sociedad nuestros servicios!” (p. 209)
Paul Auster
BROOKLYN FOLLIES
Barcelona, 2006, Anagrama.


“En general, las vidas se esfuman. Una persona muere y poco a poco todo rastro de su vida desaparece. Un inventor sobrevive en sus invenciones, un arquitecto está presente en sus edificios, pero la mayoría de la gente no deja tras de sí monumento alguno ni logros duraderos: una estantería con álbumes de fotos, la cartilla de notas del colegio, el trofeo de una bolera, un cenicero birlado en un hotel de Florida en la última mañana de unas vacaciones vagamente recordadas. Unos cuantos objetos, algunos documentos, y unas cuantas impresiones causadas a otras personas. Estas últimas siempre tienen historias que contar sobre el muerto, pero la más de las veces se mezclan fechas, se suprimen hechos, se distorsiona cada vez más la verdad, y cuando a esas personas les llega su turno de morir, la mayoría de las historias desaparece con ellas.” (p. 306)

lunes, 30 de julio de 2012

Patricia Highsmith
EXTRAÑOS EN UN TREN
Barcelona, 1984, Seix Barral.


“-Ahí es exactamente donde se equivoca. Cualquier persona es capaz de asesinar. Es puramente cuestión de circunstancias, sin que tenga absolutamente nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un límite determinado... y sólo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto. Cualquier persona. Su mismísima abuela, incluso. ¡Me consta!.” (p. 29)

“Durante unos segundos Guy vio las dos facetas de su vida, matrimonio y carrera profesional, puestas una al lado de la otra, como jamás las había visto antes. Su cerebro divagaba febrilmente, tratando de averiguar cómo podía ser tan estúpido e inútil en una y, al mismo tiempo, tan competente en la otra.” (p. 32)

jueves, 26 de julio de 2012


R. L. Stevenson
EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE
Madrid, 1978, Alianza Editorial.


“Pero a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras eran igualmente sinceras. Era lo mismo yo cuando abandonado todo freno me sumía en el deshonor y la vergüenza, que cuando me aplicaba a la vista de todos a profundizar en el conocimiento y a aliviar la tristeza y el sufrimiento. Y ocurrió que mis estudios científicos, que apuntaban por entero hacia lo místico y lo trascendente, influyeron y arrojaron un potente rayo de luz sobre este conocimiento de la guerra perenne entre mis dos personalidades. Cada día, y con ayuda de los dos aspectos de mi inteligencia, el moral y el intelectual, me acercaba más a esa verdad cuyo descubrimiento parcial me ha llevado a este terrible naufragio y que consiste en que el hombre no es sólo uno, sino dos. Y digo dos porque mis conocimientos no han ido más allá de este punto. Otros vendrán después, otros que me sobrepasarán en conocimientos, y me atrevo a predecir que al fin el hombre será tenido y reconocido como un conglomerado de personalidades diversas, discrepantes e independientes.” (pp. 100-101)

“Sentí unas sacudidas desgarradoras, un rechinar de huesos, una náusea mortal y un horror del espíritu que no pueden sobrepasar ni los traumas del nacimiento y de la muerte. Luego, la agonía empezó a disiparse y recobré el conocimiento sintiéndome como si saliera de una grave enfermedad. Había algo extraño en mis sensaciones, algo indescriptiblemente nuevo y, por su novedad, también indescriptiblemente agradable. Me sentí más joven, más ligero, más feliz físicamente. En mi interior experimentaba una fogosidad impetuosa, por mi imaginación cruzó una sucesión de imágenes sensuales en carrera desenfrenada, sentí que se disolvían los vínculos de todas mis obligaciones y una libertad de espíritu desconocida, pero no inocente, invadió todo mi ser. Supe, al respirar por primera vez esta nueva vida, que era ahora más perverso, diez veces más perverso, un esclavo vendido a mi mal original. Y sólo pensarlo me deleitó en aquel momento como un vino añejo.” (pp. 103-104)
Apolonio de Rodas
EL VIAJE DE LOS ARGONAUTAS
Madrid, 1983, Editora Nacional.


“Pues de Ceneo cantan los poetas cómo aún en vida fue aplastado por los centauros, después de haberlos rechazado él solo, sin el apoyo de otros héroes. Al atacar aquéllos de nuevo no lograron ni hacerle ceder terreno ni herirle, sino que al fin, inquebrantable, inflexible, lo hundieron bajo la tierra a fuerza de golpes verticales con sus pesados troncos de abeto.” (p. 52)

martes, 17 de julio de 2012

Ray Bradbury
EL HOMBRE ILUSTRADO
Barcelona, 1977, EDHASA.


“Cuando habían pasado algunas horas desde la partida de papá, le hice a mamá varias preguntas.
-Papá dice que a veces parece que no lo oyeras o que no pudieses verlo.
Y entonces mamá, serenamente, me lo explicó todo.
-Cuando empezó a viajar por el espacio, hace ya diez años, me dije a mí misma: `Está muerto. O lo mismo que muerto´. Así que pensé en tu padre como si estuviese muerto. Y cuando tu padre regresa, tres o cuatro veces al año, no es él realmente, sólo es un sueño, un recuerdo agradable. Y si el sueño se interrumpe o el recuerdo se borra, ya no puede dolerme mucho. Así que casi siempre me lo imagino muerto...
-Pero otras veces...
-Otras veces no puedo impedirlo. Preparo pasteles, y lo trato como si estuviese vivo; pero sufro mucho entonces. No, es mejor pensar que no ha vuelto desde hace diez años, y que ya nunca lo veré. Así duele menos.” (p. 109)
Charles Perrault
CUENTOS ORIGINALES
Buenos Aires, 1975, Rodolfo Alonso Editor.


“MORALEJA
Se aprende aquí que los niños,
Y sobre todo las niñas,
Bellas, apuestas y gentiles,
Muy mal hacen en escuchar a cualquiera
Y que no es nada extraño
Que haya tantas comidas por el lobo.
Y digo el lobo, porque no todos los lobos
Tienen el mismo aspecto:
Los hay de humor amable,
Callados, sin gritos ni violencia,
Que, cordiales, complacientes y cariñosos,
Persiguen a las jóvenes doncellas
Hasta en sus casas y por esas calles.
Pero ¡Ay! ¿Quién no sabe que esos lobos amistosos
Son, de todos, los más peligrosos?” (pp. 35-37)
[Esta moraleja aparece al final del cuento Caperucita Roja. Al contrario que en las versiones actuales de dicha historia, totalmente ajenas a Perrault, tanto Caperucita como su abuela terminan devoradas sin más por el astuto lobo.]

Yukio Mishima
CONFESIONES DE UNA MÁSCARA
Madrid, 2002, Espasa-Calpe.


“Las personalidades románticas están penetradas de una sutil desconfianza hacia el racionalismo, y eso conduce, a menudo, a ese acto inmoral que se llama soñar despierto. Contrariamente a lo que se cree, soñar despierto no es un proceso intelectual, sino un modo de huir del intelectualismo...” (p. 183)

domingo, 15 de julio de 2012

Élmer Mendoza
LA PRUEBA DEL ÁCIDO
Barcelona, 2011, Tusquets.


“¿Quién era él para entrar y escandalizar a los hombres más poderosos del estado? No soy más que un pinche poli pendejo y ni siquiera estoy seguro de lo que soy realmente; yo, un pobre infeliz, ¿tengo derecho a interrumpir una reunión tan chingona donde todos ríen y disfrutan? Soy un fracasado, un idiota que está robando oxígeno, ¿qué he hecho en mi vida? Nada, chuparme el dedo y ladrarle a la luna. Un cabrón que no vota, que no pide aumento, que no escribe cartas, que no tiene dirección de internet, que no ha viajado, que no cree en Dios ni en la Iglesia, vamos, ni siquiera en los pinches ovnis que ponen roja la luna. Un cabrón permanentemente abandonado que no fue capaz de identificar a su único hermano en el velorio de su madre, un pendejo que no tiene vieja y que seguramente está perdiendo la capacidad de coger como Dios manda.” (p. 165)
Marta Rivera de la Cruz
EN TIEMPO DE PRODIGIOS
Barcelona, 2006, Planeta.


“Existen muchos lugares comunes que en principio deberían ser de ayuda para orientarnos en el dolor, y, sobre todo, para salir de él. Pero ni las frases hechas, ni los buenos consejos, ni las recomendaciones resultan demasiado útiles. Ni siquiera la colaboración de quienes ya han estado allí, al otro lado de la frontera. Frente al dolor, en el dolor, uno siempre se encuentra solo.” (p. 164)

viernes, 22 de junio de 2012

André Gide
LOS MONEDEROS FALSOS
Barcelona, 1984, Seix Barral.


“Basta, muy a menudo, con la suma de una cantidad de pequeños hechos muy sencillos y naturales, tomados cada uno por separado, para obtener un total monstruoso.” (p. 41)

“-Escuche usted, mi querido amigo: no quisiera parecerle cínico; pero me horrorizan los sentimientos, como los trajes hechos. Había yo creado en mi corazón, respecto a mi padre, un amor filial a medida, pero que, en los primeros tiempos, resultaba un poco holgado y que tuve que achicar. El viejo sólo me ha proporcionado en vida disgustos, contrariedades, molestias. Si le quedaba algo de ternura en el corazón, no ha sido a mí a quien se la ha demostrado. Mis primeros impulsos hacia él, en la época en que no sabía yo lo que era la contención, no me han valido más que sofiones, que me han servido de enseñanza. Ya habrá visto usted mismo, cuando le cuidaba... ¿Le dio nunca las gracias? ¿Mereció usted de él la menor mirada, la más leve sonrisa? Creyó siempre que se le debía todo. ¡Oh! Era lo que llaman un carácter. Creo que hizo sufrir mucho a mi madre, a quien, sin embargo, él amaba, si es que realmente ha amado alguna vez. Creo que ha hecho sufrir a todo el mundo a su alrededor, a sus criados, a sus perros, a sus caballos, a sus queridas; a sus amigos no, porque no tenía ninguno. Su muerte hará que respiren todos con satisfacción. Era según creo, un hombre de gran valía <<en lo suyo>>, como dicen; pero no he podido descubrir nunca qué era <<lo suyo>>.”(pp. 45-46)

“-¿Quiere usted que le hable con franqueza, querido? Tiene usted todas las cualidades del literato: es usted vanidoso, hipócrita, ambicioso, voluble, egoísta...” (p. 50)

“Se dice que los novelistas, con la descripción demasiado exacta de sus personajes, embrollan más que ayudan a la imaginación y que deberían dejar que el lector se representase cada uno de aquéllos como le pareciese.” (p. 76)

“Pero ya sabe usted que en las novelas es siempre peligroso presentar a intelectuales. Fastidian al público; no consigue uno hacerles decir más que necedades, y transmiten a todo lo que se relaciona con ellos, un aspecto abstracto.” (p. 190)

“-He pensado con frecuencia –interrumpió Eduardo- que en arte, y especialmente en literatura, cuentan únicamente los que se lanzan hacia lo desconocido. No se descubre nueva tierra sin acceder a perder de vista, primeramente y por largo tiempo, toda costa. Pero nuestros escritores temen la alta mar; son tan sólo costeros.” (p. 350)

Carlos Fisas
EROTISMO EN LA HISTORIA
Barcelona, 1999, Plaza y Janés.


“El siglo XIX, cargado de hipocresía y pudibundez, es paradigma de una sociedad puritana. Resulta curioso que el noventa por ciento de las principales novelas de la época estén dedicadas al adulterio. Ana Karenina, La Regenta, Madame Bovary, La Cartuja de Parma, Fortunata y Jacinta, etcétera son claros ejemplos de ello, y al propio tiempo que la sociedad decimonónica hacia un culto de la fidelidad conyugal y de la honestidad de costumbres, se glorificaba, o por lo menos se justificaba, el adulterio y se enaltecía a la prostituta. La dama de las camelias o Dulce y sabrosa dan buena cuenta de ello. Ni que decir tiene que la sociedad victoriana inglesa, tan pacata y puritana, estaba podrida por dentro. Consúltese a este respecto los escalofriantes reportajes de la Pall Mall Gazette, que causaron escándalo en la época al descubrir el negocio y la organización del comercio derivado de la prostitución de menores.” (p. 15)

“Pocos son los escritores que han escrito obras pornográficas, y seguro que nadie piensa que entre ellos se encontraba Mark Twain; sin embargo, publicó una, titulada 1601, de la que el propio autor dijo simplemente: <<Si hay alguna palabra decente en la obra, es que se me pasó por alto>>.” (p. 104)

“En su libro Tierra de los hombres Antoine de Saint-Exupéry escribe una frase famosa: <<Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección>>. Desgraciadamente, en muchos matrimonios cuando los dos miran en la misma dirección es que allí está el televisor.” (p. 178)

viernes, 15 de junio de 2012


Entrevista a William Faulkner 
The Paris Review: William Faulkner, The Art of Fiction No. 12. 
Entrevista de Jean Stein (New York, 1956)
http://www.theparisreview.org/


ENTREVISTADOR
Sr. F., decía usted hace un rato que no le gustan las entrevistas

WILLIAM FAULKNER
La razón por la que no me gustan las entrevistas es que al parecer reacciono violentamente a las preguntas personales. Si las preguntas son sobre el trabajo, intento responderlas. Cuando son sobre mí, puede que responda o puede que no, pero incluso cuando respondo, si la misma pregunta me la hacen al día siguiente, la respuesta puede que sea diferente.
 (...)

ENTREVISTADOR
Hay quienes dicen que no pueden entender sus textos, incluso después de leerlos dos o tres veces. ¿Qué les aconsejaría?

FAULKNER

Leerlos cuatro veces.

(...)

ENTREVISTADOR
¿Qué tipos de trabajo hacía para ganar un poco de dinero de vez en cuando?

FAULKNER
Lo que saliera. Podía hacer un poco de casi cualquier cosa –conducir barcos, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesité mucho dinero porque vivir en New Orleans en aquella época era barato, y todo lo que quería era un lugar para dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que podía hacer durante dos o tres días y ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Por temperamento, soy un vagabundo. No me gusta el dinero tanto como para trabajar por ello. En mi opinión, es una pena que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas al día, día tras día, es trabajar. No se puede comer durante ocho horas al día, ni beber durante ocho horas al día, ni hacer el amor durante ocho horas -todo lo que puedes hacer durante ocho horas es trabajar. Ésta es la razón por la que el hombre hace que él mismo y todos los demás se sientan tan miserables e infelices.

(...)

ENTREVISTADOR
¿Y qué opina de la función de los críticos?

FAULKNER
El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores, leen las revistas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leer revistas. El crítico también intenta decir “Kilroy estuvo aquí”. Su función no está dirigida hacia el artista en sí. El artista está por encima del crítico, porque el artista escribe algo que provocará al crítico. El crítico escribe algo que provocará a todo el mundo, pero no al artista.

ENTREVISTADOR
-Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?

FAULKNER
-No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que gustarme a mí, y si me gusta entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me gusta, hablar sobre ella no la mejorará, ya que lo único que podría mejorarla sería trabajar más en ella. No soy un literato, sólo soy un escritor. No obtengo ningún placer de hablar de los problemas del oficio.
(La traducción es mía.)
Charles Dickens
GRANDES ESPERANZAS
Madrid, 2002, Suma de Letras.


“Después me sostuvo por los brazos de pie sobre la losa y continuó en estos horrendos términos:
-Mañana por la mañana, temprano, me vas a traer la lima y la comida. Me lo traerás todo a aquella vieja batería de allí abajo. Si lo haces sin atreverte a decir jamás una palabra o hacer un signo que pueda dar a entender que me has visto o que has visto a nadie, se te dejará con vida. Pero no lo hagas o apártate  de mis instrucciones en algún detalle por pequeño que sea, y verás cómo alguien te arranca el hígado y el corazón, los asa y se los come. Te advierto que no estoy solo, como podrías figurarte. Hay un joven escondido conmigo; comparado con él yo soy un ángel. Este joven está oyendo ahora lo que digo. Este joven tiene una manera secreta, que sólo él conoce, de llegar hasta un niño y arrancarle el hígado y el corazón. Es inútil que un niño pretenda esconderse de este joven. Un niño puede haber cerrado su puerta con llave, puede estar metido en su cama, puede arroparse bien, puede subirse el embozo hasta la cabeza, pero aquel joven hallará manera de irse acercando hasta él y abrirle en canal. Ahora mismo, me cuesta gran trabajo contener a este joven para que no te haga daño. Me cuesta mucho impedir que te llegue a las entrañas.
Le dije que le procuraría la lima y las cosas de comer que pudiera encontrar, y que se lo traería todo a la batería por la mañana temprano.
-¡Di que Dios te mate si no lo haces! –dijo el hombre.
Lo dije, y él me bajó de la losa.
-¡Ahora –prosiguió-, recuerda lo que has prometido, piensa en este joven y vete a casa!
-Buenas noches, señor –balbucí yo.
-¡Y tan buenas! –dijo él volviéndose a mirar la fría y mojada llanura-. ¡Si al menos fuese yo una rana! ¡O una anguila!” (pp. 21-22)

“En el pequeño mundo en que viven los niños, sea quien sea el que los eduque, no hay nada que se perciba con tanta delicadeza ni que se sienta tan agudamente como la injusticia. La injusticia de la que el niño es objeto puede ser sólo una pequeña injusticia; pero el niño es pequeño y su caballo de cartón es tan alto, en proporción, como un grande y huesudo caballo irlandés.” (p. 99)


jueves, 7 de junio de 2012


Lope de Vega
SONETO
Soneto extraído del libro Lope de Vega: su vida y su obra, de Alonso Zamora Vicente. Madrid, 1961, Gredos, (p. 181).


“Desmayarse, atreverse, estar furioso, 
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño,

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar vida y el alma a un desengaño,
esto es amor; quién lo probó lo sabe.”

Friedrich Nietzsche
EN TORNO A LA VOLUNTAD DE PODER
Barcelona, 1986, Planeta–De Agostini.


“El pensamiento y las creencias son un peso que agobia, tanto y más que cualquier otro peso. ¿Dices que los alimentos, el ambiente, el aire, la sociedad te transforman y te condicionan? Pues bien, tus opiniones todavía lo hacen más, porque ellas te condicionan la selección de los alimentos, de tu casa, de tu aire, de tu sociedad.” (p. 156)

domingo, 3 de junio de 2012

Juan Goytisolo
VAMOS A MENOS
Madrid, EL PAÍS, 10-enero-2001.


“La decisión del jurado del Premio Cervantes el pasado mes de diciembre prueba de modo concluyente (por si hubiera aún necesidad de ello) la putrefacción de la vida literaria española, el triunfo del amiguismo pringoso y tribal, la existencia de fratrías, compinches y alhóndigas, la apoteosis grotesca del esperpento. Sí, Spain is different, y lo es sin remedio. Las vehementes declaraciones de amor del laureado, de un amor que, a diferencia del de Wilde y Gide, sí se atreve a decir su nombre, al secretario de Estado de Cultura ('¡Ay, mi amor, cuántas cosas te debo! Me has hecho un hombre. De verdad que estoy con vosotros. Cuenta conmigo para lo que quieras'); sus expresiones chulas e insultantes respecto a los otros candidatos, entre los que por fortuna no me hallaba yo ('ahora sí que les hemos jodido bien', '¡esto es la polla!'); sus muy rendidas gracias a quienes 'se lo han trabajado [el premio] a muerte' (su padrino, José Hierro y el crítico estrella de este periódico), resultarían inconcebibles en otro país que el nuestro. En la flamante España que va a más, la ignorancia, desfachatez y venalidad reinantes permiten galardonar no a Valente, sino a don José García Nieto, pues en razón de la ausencia casi general de criterios de valor, todo vale. En corto, la cultura ha sido sustituida por su simulacro mediático y nadie o muy pocos elevan la voz contra ese estado de cosas. La resignación y el conformismo con los poderes fácticos reinan en el campo literario como en los felices tiempos del franquismo.
Lo más extraordinario de este inefable festival de burlas y vanidades es la insistencia del galardonado en la índole 'política' de su premio y su recompensa a 'la España progresista' que él encarna. ¡El autoproclamado escritor de izquierdas, e incluso rojo, publicaba sin duda en Cuadernos de Ruedo Ibérico o Nuestras Ideas, y no en la La Gaceta Literaria! Para un memorialista de su pedigrí, la desmemoria que afecta a la vida española es una baza única. ¡Del patrocinio de don Juan Aparicio al de Luis Alberto de Cuenca, qué impecable trayectoria de izquierdas!
Mas lo ocurrido con el cervantes -empleemos la minúscula para evitar el ultraje a la memoria de nuestro primer escritor- no puede considerarse con todo un hecho aislado: se inscribe en un cuadro genérico de premios, recompensas, medallas, galardones, ditirambos y propaganda desaforada destinados a transformar en obras de arte unos partos de mediocridad escasamente áurea cuando no atentados mortales a la inteligencia y buen gusto. La distinción fundamental entre el texto literario y el producto editorial ha sido cuidadosamente borrada y, para emplear los términos acuñados por Antonio Saura, el 'hipo de la moda' se confunde con 'la moderna intensidad'. No tengo nada en contra de los buenos 'productos' que sirven de soporte material a la publicación de obras minoritarias y de mayor enjundia. Una gran editorial como Gallimard -a la que se tributó un merecido homenaje en la Feria del Libro de Guadalajara- ha sabido combinar unos y otras durante casi un siglo hasta componer un catálogo digno de admiración. Pero en España, en donde la cultura es escasa y superficial, víctima de nuestra trágica discontinuidad histórica -¿puede considerarse 'normal' un país en el que el lector no pudo acceder al disfrute de una obra como La Regenta durante más de cuarenta años?-, el empeño de algunos en sostener la obra de calidad lucha quijotescamente contra la ignorancia de los más y la demostrada incompetencia de los dómines de la cultura. Si a ello añadimos el hecho de que la educación se ha convertido en una nueva forma de calamidad pública -como señaló recientemente Juan Pablo Fusi, el nivel de conocimientos de los universitarios de hoy en las disciplinas de humanidades es tal vez inferior al de los colegios de enseñanza media de la Institución Libre de Enseñanza en tiempos de Cánovas-, obtendremos un cuadro completo de la desertificación ética y literaria de nuestra España de nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos. No hay que extrañarse así de que en este clima triunfalista y deletéreo de sometimiento a lo inane, pero mediático -o por mejor decir, de mediático por lo inane-, asistamos a la reproducción clónica de premios y obras premiadas, en los que el contenido del libro viene determinado de antemano por estrategias e imperativos de su promoción. Una buena promoción suple con creces la baratija impresa y atenúa el hedor de lo manido y rancio con un buen empaquetado de regalo de Nina Ricci o Dior. Todo ello no sería posible sin la complicidad activa o pasiva de las páginas culturales de los grandes periódicos, dependientes, como nadie ignora, de intereses políticos o empresariales más o menos confesables. Cualquier crítico o escritor de escaso fuste pero de muchas campanillas puede pontificar sobre la 'retórica hueca' de Valente o perdonar la vida a Borges mientras proclama al inefable cervantes de las botas negras brillantes y pañuelo rosa o de bufanda blanca y pantalón rojo eléctrico, lo mismo da, el mejor escritor de todas las Españas. Cualquier avispado columnista de cartón piedra puede establecer, con ayuda o sin ayuda del ministerio, su canon literario y forjarse de ese modo, a costa de omisiones mezquinas y flagrantes desafueros, una pequeña celebridad. Los amores y desamores de los pretendientes a Bloom mas de integridad condigna de un cabecilla de taifa, reflejan fielmente lo que escribió Cernuda -a quien no se lee y se cita con desparpajo- en uno de sus ensayos: 'Lo lamento, pero la crítica no consiste como creen ahí, en administrar un compuesto de azúcar, melaza, sacarina y jarabe a aquellos escritores admirados y palo tras palo a aquellos detestados por el crítico, sino otra cosa'. Para desdicha nuestra, esta 'otra cosa' sigue brillando por su ausencia. Recuerdo la reseña de una novela de difícil repercusión fuera de España en la que el crítico prodigó 16 adjetivos de elogio (cinco de ellos terminados en ante). El mismo crítico se despachó a gusto con otra -ésta sí traducida posteriormente a varias lenguas no obstante su índole minoritaria- con un número apenas inferior de frases o términos demoledores y despectivos.
Pero en un caldo de cultivo como el de nuestra villa y corte, en el que la tontería y falsedades de las que habla Cernuda pasan por valores contantes y sonantes, nada significa ya nada. Igual da Gala que martingala y Verdi que Monteverdi ('basta quitarle el Monte', como dijo un musicólogo de tertulia). Los opiniónomos y sabios disciernen títulos de gloria o de infamia sin tomarse la molestia de leer a quienes trituran o ensalzan. (Hace años incurrí en la ingenuidad de presentarme a una plática radiofónica sobre la novela que acababa de publicar. Al llegar con unos minutos de antelación al estudio sorprendí a los contertulios mientras leían apresuradamente la contracubierta del libro para saber de qué iba. Los ejemplares a su disposición lucían una virginidad ajena a todo manoseo zafio. A pesar de ello, al empezar la charla, tres de ellos alabaron la obra y uno la criticó con dureza. Pero se trataba de una iluminación directa del Espíritu Santo, ya que ninguno la había leído).
Es una desdicha que el Paráclito no alumbre casi nunca las mentes de nuestros responsables culturales. Sus intervenciones salvíficas son más bien raras. ¡Ojalá tuviésemos con nosotros a este camarero de un restaurante popular de Monterrey que me habló de unas semanas de Disciplina Clericalis y de don Sem Tob! De depender de mí, le habría nombrado inmediatamente ministro de Educación.
La amenaza más grave que hoy pesa sobre el escritor y el futuro mismo de la literatura es su rendición sin combate a los halagos del poder mediático y a las crudas leyes de la compraventa: el tanto vendes tanto vales que levanta hasta los cuernos de la luna a los fabricantes de best- sellers y margina a quienes escriben sin anhelo de recompensa y permanecen fieles a la ética del lenguaje. Como escribía en su bello discurso de recepción del Nobel el novelista chino Gao Xingjian, 'si el juicio estético del escritor debiera seguir las tendencias del mercado, ello equivaldría al suicidio de la literatura'.
Para no suicidarse, el escritor tiene que aceptar en efecto la soledad creadora, mucho menos dramática por fortuna que la de quienes, como Osip Mandelstam o Bulgakov, no pudieron ver impresa su obra o perecieron a causa de su exigencia moral y estética insobornable. Evocar el destino de éstos o de algunos grandes creadores de nuestra lengua (de los que tan poco sabemos) resultaría una ayuda preciosa en el momento de afrontar la alternativa. No pienso aquí en las plumas serviles o zafias que existen tan sólo a la sombra del poder o gracias a su continua presencia mediática sino en aquellas que, dotadas de la sensibilidad innata del escritor capaz de plasmar su visión del mundo, sacrifican su precioso don al afán barato de hacer carrera.
Una prensa atenta a la educación ciudadana debería cuidar de la defensa de los valores literarios y artísticos más allá de las modas y combinaciones mercantiles. Dicha labor no es cómoda en un medio habituado a la confección y venta de productos de asimilación instantánea conforme a las normas de las sociedades configuradas por el mercado global (productos consumidos a su vez por éstas con la misma facilidad y rapidez que las hamburguesas zampadas, digeridas y evacuadas de sus hamburgueserías). Pero los críticos que aceptan sin pestañear dicho orden de cosas y ensalzan regularmente las obras plastificadas y fabricadas en serie deberían comparecer ante un tribunal de deontología. Que los órganos de prensa venales o al servicio del poder -para el que la cultura es sólo un motivo de decoración o alarde vano- participen en tal almoneda no puede sorprender a nadie. En otros casos dicha conducta resulta más difícil de encajar.
EL PAÍS es 'algo más que un periódico'. Es también, como sabemos, la matriz o pieza clave de un poderoso grupo empresarial con ramificaciones en el ámbito editorial y en diversos medios de comunicación de España e Iberoamérica. Su credibilidad informativa le ha permitido conquistar de buena ley una audiencia internacional y alzarse al nivel de los cuatro o cinco mejores periódicos del mundo. Merced a ello podemos disfrutar de la lectura de algunas de las mejores plumas españolas y extranjeras tocante a los problemas y realidades acuciantes con las que debemos lidiar. En mis viajes a diversas zonas conflictivas a lo largo de la última década he podido comprobar igualmente la excepcional seriedad y competencia de sus corresponsales en los Balcanes, Rusia, Oriente Próximo y el Magreb. Pero advierto con creciente inquietud -y esto es la otra cara de la moneda, visible no obstante, a todo observador sin anteojeras- la incidencia de una serie de presiones internas y externas, ligadas a su dimensión empresarial y a la imbricación que conlleva, que ponen a dura prueba en una de sus secciones sus designios de imparcialidad.
Si al cabo de los años leo siempre con el mismo incentivo las páginas de Opinión y las informaciones y crónicas internacionales (las de España me interesan menos con excepción de las que tocan al País Vasco, el racismo y la inmigración), en el campo cultural verifico a menudo la fuerza de estas presiones y la existencia de un lo nuestro y lo ajeno de un nosotros y ellos que justifican un muy diferente trato a autores y obras según pertenezcan o no al grupo multimedia o, lo que es peor, sean amigos o no de quienes a la sombra pinchan y cortan.
No descubro el Mediterráneo si señalo que algunas informaciones sobre el número de premios acumulados y ejemplares vendidos de un autor de la casa, reiterados con machaconería, corresponden más bien a las funciones de un buen agente literario que a las de un periódico serio cuya fiabilidad nadie debería poner en duda. Tampoco descubro el Atlántico si apunto al hecho de que el nombre de ciertos autores es escamoteado por causas que los interesados ignoran y que ese ninguneo llega a tales extremos que se puede informar sobre la presentación de un libro y omitir el nombre del presentador (esto acaeció la pasada primavera con la del bello poemario póstumo de Carlos Fuentes Lemus; su presentador, Julián Ríos, desapareció de la reseña del acto). Se me dirá que esto puede ocurrir en todos los diarios. Mas la índole sistemática de las promociones y ninguneos no debería sobrepasar ciertos límites so pena de afectar la confianza que deposita en ellos el lector.
Algunas omisiones, por minúsculas que sean, pueden acarrear consecuencias dañinas y citaré un ejemplo que me atañe. Cuando el imam Jomeini decretó su célebre fatwua contra Salman Rushdie, recibí en Marraquech una llamada telefónica de Londres para solicitar mi firma en una carta cuyo texto fue publicado el día siguiente en The Times. Por más señas, fui el único firmante español y el único que suscribió la protesta contra el desafuero en un país musulmán. Poco después, la misma carta, con sus signatarios, apareció en este periódico. Sólo faltaba mi firma: detalle insignificante y al que no presté mayor atención. Pero he aquí que al cabo de unos años un colega me reprochó, de buena fe sin duda, haber negado mi apoyo moral al escritor perseguido. Entonces comprobé, con retraso, las secuelas de ciertas omisiones para mí tan misteriosas como las que existían en tiempos de la censura franquista, y lamenté no haber indicado públicamente el escamoteo de mi nombre en la lista reproducida en EL PAÍS en forma de comunicado o anuncio.
Más allá de estas anécdotas de escaso interés para el lector, percibo en las páginas de Cultura los corolarios de una endogamia que, por acentuarse de año en año, corre el riesgo de convertirse en autismo. La existencia de unos intelectuales orgánicos, no ya al servicio de un partido político o grupo social, sino de la empresa, tiene a la corta o a la larga efectos negativos si no se toma conciencia de ello y no se adoptan medidas para circunscribir el mal. Todos conocemos a estos escritores (buenos o mediocres, igual da) que están siempre en la brecha, allí donde deben estar y que si critican lo divino y lo humano se guardan muy mucho de emitir el menor reparo al funcionamiento del sector cultural y a unos favoritismos de los que son los primeros beneficiarios. Tal vez eso sea inevitable y difícil de erradicar. Pero si desaparecen las voces críticas o son ahogadas por un discurso satisfecho y eufórico -como sucedía en otra escala, mucho más nociva, en las antiguas Uniones de Escritores de los países del 'socialismo real'- se corre el riesgo de hablar y aplaudir a quien habla de forma 'autorizada'; en otras palabras, de confundir la voz propia con la voz de la sociedad.
Junto a la figura del Defensor del Lector a secas, habría que crear la de un Defensor del Lector Literario, con el encargo expreso de señalar los usos y abusos de nuestro peculiar Parnaso con la ironía de un Larra o un Clarín; el elogio en el que no cree ni el que lo da ni el que lo lee ni a veces, si conserva una pizca de lucidez, el que lo recibe; los compadreos, aborrecimientos y exclusiones ajenos a toda ética y sentido común; la censura comercial mucho más solapada y mortífera que la antigua censura religiosa, ideológica o política. Hoy, como hace cuarenta años, lo que entiendo por crítica literaria -extraño quizás a la mentalidad española, según creía Cernuda- se refugia de ordinario en unas pocas revistas independientes de toda subvención estatal y autonómica, como es el caso heroico de Quimera o Archipiélago, o recurre al libelo provocador pero saludable del samizdat. Quién sabe si los foros espontáneos de internautas serán en el futuro la única alternativa viable a la tiranía de la trivialidad.
Las cosas no han cambiado mucho desde el día en el que el último cervantes llegó al café Gijón. En mi novela Don Julián -prohibida por los servicios del entonces padrino de aquél-, hablaba de 'esas estatuas todavía sin pedestal, pero ya con la mímica y el desplante taurómacos' de los escaladores del 'laurífico escalafón, que vierten a raudales su simpático don de gentes: si me citas te cito, si me alabas te alabo, si me lees te leo: ¡original y castizo sistema crítico fundado en la tribal, primitiva economía de trueque! ¡Poetas, narradores, dramaturgos, al acecho de planetario premio, de alcaponesca beca!: trenzándose, entretanto, unos a otros, floridas guirnaldas, prodigándose henchidos elogios, redactando sonoros panegíricos: fuera de tono, inauténticos siempre excepto cuando airada, recíprocamente se combaten', etcétera.
Cualquier parecido con el Parnaso de hoy sería desde luego simple coincidencia. En este campo, si tenemos en cuenta los estragos de la seudocultura mediática y la ignorancia general de nuestro pasado, incluso el más próximo, no cabe sino concluir que vamos a menos.”
Georges Simenon
EL GATO
Barcelona, 2004, Tusquets.


 “No pudo menos de recordar la frialdad y la dureza de su mirada cuando, tras una larga vacilación, se tendió por fin sobre ella con la intención de hacer el amor. En el momento en que la penetró, no sin dificultades, todo el cuerpo de Marguerite se tensó de improviso, como si rechazara al hombre por instinto.
Durante un minuto más o menos esperó a que ella se relajara, pero comoquiera que no lo hizo, sino todo lo contrario, él acabó retirándose, avergonzado y balbuciendo disculpas.
-¿Por qué? –indagó ella en tono duro.
-¿Que por qué me disculpo?
-¿Por qué no continúas hasta el final? Me he casado contigo y es mi deber soportar esto también.
Aquel <<también>> le había vuelto muchas veces a la memoria. ¿Qué quería decir exactamente? ¿Qué otras cosas soportaba por sumisión cristiana? ¿Sus puros? ¿Sus modales poco refinados? ¿El hecho de compartir la misma habitación?” (p. 102)

“Aquellos dos hombres debían de rondar los sesenta. Todavía no sospechaban a qué velocidad iban a envejecer.” (p. 121)

lunes, 28 de mayo de 2012

Ian Kershaw
HITLER
Barcelona, 2002, Península.

 
“Dicho de otro modo, su poder era <<carismático>>, no institucional. Dependía de que otros estuvieran dispuestos a ver en él cualidades <<heroicas>>. (Tomo I; p. 31)

“No leía para saber o para ilustrarse, sino para confirmar sus concepciones previas.” (Tomo I; p. 338)

“Los observadores críticos seguían sin comprender por qué una mezcla de verdades a medias, distorsiones, simplificaciones y promesas redencionistas vagas y pseudorreligiosas podían producir tales efectos.” (Tomo I; p. 422)

“Pero esa condena me ayuda muy poco a entender por qué millones de ciudadanos alemanes, que eran mayoritariamente seres humanos normales, que no tenían nada de malvados innatos, interesados en general por el bienestar y los asuntos cotidianos propios y de sus familias, semejantes a la gente normal de otras partes, y a quienes no había lavado el cerebro ni hipnotizado por completo en modo alguno una propaganda fascinadora ni había sometido por el terror una represión implacable, hallasen tan atractivo lo que Hitler significaba” (Tomo II; p. 12)

“se habían mostrado dispuestos colectivamente en número creciente a depositar su confianza en la visión milenarista de un hombre que se proclamaba su salvador político.” (Tomo II; p. 1118)
Raúl Eguizábal Maza
HISTORIA DE LA PUBLICIDAD
Madrid, 1998, Eresma & Celeste Ediciones.


“Para Jacques Ellul, la propaganda es un <<conjunto de métodos utilizados por un poder político o religioso con el fin de obtener efectos ideológicos o psicológicos>>. Prácticamente cualquier cosa es susceptible de volverse propaganda, el arte, la escuela, los libros, la moda, y por supuesto, la información y la publicidad.
La publicidad se caracteriza sin embargo, por la manifestación de sus códigos. Allí donde la propaganda se oculta, se <<disfraza>> de periodismo, de educación, de pintura, de literatura, la publicidad manifiesta siempre lo que es. (...) No es que la publicidad no pueda engañar o manipular, es que lo hace a cara descubierta, utilizando los soportes que le han sido asignados y manifestando sus códigos.” (p. 109)

(La cita de J. Ellul pertenece a su obra “Histoire de la Propagande”. Paris, 1976, PUF, 2ª ed.)

jueves, 24 de mayo de 2012

Juan García Hortelano
CUENTOS COMPLETOS
Madrid, 1997, Alfaguara.


“-¿Dónde se encontraba cuando se perpetraron los hechos?
-Si se refiere usted a lo de este mandria, que algún puto, con perdón, me ha dejado a la puerta de mi domicilio para perjudicarme, tengo que referirle que he estado desde el pasado mes y hasta la madrugada de mi regreso, que ha sido hoy, de viaje comercial por una infinidad de localidades, manchegas mayormente, en todas y cada una de las cuales podrá su señoría verificar la honradez de mi declaración. Se lo juro.
-Oiga, no le dé usted el latazo al señor juez.
-Sí, señor, pero uno tiene que clarificar su vida. Como le decía, señor juez, esta noche, de regreso aquí, me he encontrado, muerto y en mi puerta, al marica éste.
-Piojoso, mala lengua, ¿por qué tienes que difamar de marica a mi hombre?
-Porque esa fama tenía, señora. Que rondaba a los anocheceres entre las barracas y andaba con unos y con otros, y tanto los unos como los otros resultaban ser por un casual los tres o cuatro maricones que en todo barrio, por decente que sea, hay.
-¿Y tu madre, desgraciado?
-Mi madre, señora, no era marica.
-Pues sepan todos ustedes que yo, que puedo preciarme por desgracia de haber conocido a muchos, jamás tropecé con un tío más macho que mi Alberto. A lo mejor, bragazas, el sarasón eres tú y ni te atreves.” (p. 477)
Otto Neurath
FUNDAMENTOS DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Madrid, 1973, Taller de Ediciones Josefina Betancor.


“A veces, los sociólogos piensan en la física y en la astronomía como en El Dorado de la exactitud y de lo definido, suponiendo con frecuencia que en este campo cualquier tipo de contradicción es fatal para las hipótesis. Por supuesto, sea cual fuere la ciencia de que se trate, los científicos intentan siempre encuadrar sus hipótesis en un conglomerado de otras hipótesis, datos de observación y otros datos aceptados. Pero ciertos defectos como, por ejemplo, las contradicciones bien descritas, no siempre inducen a los científicos a descartar una hipótesis. Pueden sostener que a menudo dicha hipótesis resulta útil y que no existe otra hipótesis más atrayente. Los <<ejemplos positivos>> desempeñan un gran papel y no sólo los <<ejemplos negativos>>, como en el esquema asimétrico refutación-verificación. La hipótesis de Newton sobre la gravitación ha sido utilizada a pesar del hecho de que, por espacio de unos ciento cincuenta años, los científicos estuvieron sospechando una y otra vez que en la hipótesis de Newton había elementos contradictorios y ambiguos; con todo, se revelaba tan acertada para el análisis de los movimientos de los cuerpos que sólo unos cuantos científicos criticaron realmente los defectos de dicha hipótesis.” (pp. 86-87)

domingo, 20 de mayo de 2012



Sexto Empírico (ss. II-III d.C.)
CRITIAS (IX-54)
[Extraído del libro: Platón, “Apología de Sócrates”. Madrid, 1988, Alhambra, p. 148]


“Hubo una época en que la vida de los hombres era desordenada, bestial y esclava de la fuerza; en la cual no había recompensa para la virtud, ni tampoco castigo para el malvado. Entonces, yo creo, que inventaron los hombres las leyes distributivas a fin de que la justicia pudiera ser tan arrogante y poderosa como su antagonista, de manera que si alguien pecaba recibía un castigo. Cuando las leyes prohibieron cometer abiertamente acción de violencia y éstos comenzaron a perpetuarse en secreto, alguien, muy sabio e inteligente, descubrió el temor (a los dioses) para contener la perversidad; así pues, se disponía de un medio para amedrentar a los malvados, aunque ellos hiciesen o pensasen el mal en secreto. De ese modo se introdujo lo divino (la religión) afirmando que hay un dios que florece con vida eterna, que oye y ve con su mente, piensa en todo, posee naturaleza extrahumana que le permite conocer cuanto se dice entre los hombres, y es capaz de advertir de antemano toda intención de los mortales. Por más sigilo que se ponga en planear el mal esto no escapará a los dioses pues su inteligencia es sobrenatural. Mediante tales razones se introdujo la más placentera de las enseñanzas, cubriendo la verdad con una falsa teoría.”
Tomás Salvador
LA NAVE
Barcelona, 1974, Plaza y Janés.


“Las luchas y sufrimientos del hombre apenas significan nada (llenan su historia y se pierden en ella), sin un significado abstracto, sin una forma evolutiva de pensamiento. Y el escritor DEBE COMPRENDER que es él quien proporciona dicha fórmula translaticia. Los egipcios o mayas, por ejemplo, tenían un lenguaje que si bien les permitía reproducir hechos materiales, no los facultaba para reproducir hechos inmateriales. O lo que es igual: no podían transmitir sus pensamientos con la dinámica que requiere la posibilidad evolutiva de la Historia. Dejaron grandes ruinas, pero poca filosofía. Los arameos, los griegos, ya supieron encontrar un lenguaje analógico figurado, cuya claridad cogitativa vivirá mientras viva el hombre. ¿Qué sucedía? Los egipcios, o los mayas, ¿no tenían lenguaje figurativo analógico porque su estructura mental no se lo permitía, o bien no llegaron a tener finura mental porque su lenguaje figurado era muy pobre? Como fuere, es indudable que un egipcio no podría comprender el lenguaje de una novela actual, mientras que un semita, un griego, un romano, lo entendería perfectamente.” (p. 11)

(La cita pertenece al prólogo del autor a la obra. Las mayúsculas pertenecen al texto.)

domingo, 13 de mayo de 2012


W. Fernández Flórez
EL SECRETO DE BARBA AZUL
Madrid, 1962, Espasa-Calpe.


“La justicia, en nuestras sociedades, se yergue, como tantos otros solemnes conceptos, sobre un fundamento convencional. Primero se crea el convencionalismo, y después la ley moral que lo ampara. Primero nace la propiedad, y después el código que castiga el robo, el hurto, la estafa, el fraude... Pero la propiedad no es una ordenación natural, sino convenida, y pudo muy bien no existir o ser concebida de otro modo, y, en este caso, la ética habría de ser otra también, consecuentemente.” (p. 7)

“-Es una fatiga inútil -gruñó-. Dios ha hecho este diminuto planeta y muchísimos planetas más; y el Sol, y muchísimos soles más. Esta es, realmente, una obra de importancia. Pobló de astros el infinito, y los ve moverse dentro de la maravillosa armonía que apeteció.
-¿Para qué?
-Naturalmente, lo ignoro. La vida, amigo mío, se columpia entre el dolor y el tedio, un tedio grumoso y pegadizo que hay en el fondo de todas las almas. Sobre ser aburrida, es injusta y cruel, desquiciada y sin meta. ¡Dar destino a la vida! He ahí un hermoso sueño. Pero antes sería preciso llamar hacia nosotros la atención de los dioses... Yo he ideado un medio de atraer la atención de los dioses.
-¿Cuál?
-¡Oh! ¡Muy sencillo! La muerte colectiva, el suicidio unánime de la Humanidad. Dimitir la existencia en masa en señal de protesta. Vendría a ser así como un paro general, la afirmación sin discrepancias de nuestra inconformidad con lo existente. Los dioses no tardarían en enterarse.
-¿Cómo?
-Por el olor. La Tierra, cargada con la Humanidad insepulta, apestaría el espacio.” (pp. 231-232)

Immanuel Kant
PRINCIPIOS METAFÍSICOS DEL DERECHO
Buenos Aires, 1974, Américalee.


“El deseo es la facultad de ser causa de los objetos de nuestras representaciones por medio de estas representaciones mismas. La facultad que posee un ser de obrar según sus representaciones se llama la vida.” (p. 19)

[La cursiva pertenece al texto original.]

sábado, 5 de mayo de 2012

Felisberto Hernández
NADIE ENCENDÍA LAS LÁMPARAS
Madrid, 1993, Cátedra.


"Al llegar a este párrafo se detuvo, se levantó y empezó a pasearse por la pieza. El sitio por donde paseaba era muy estrecho; hubiera podido apartar la mesita para que fuera más ancho; pero le gustaba llegar hasta la mesita y mirar el párrafo que había escrito. También hubiera podido continuar su tarea, pero sentía una secreta angustia: para escribir, al pensar en los hechos pasados, se daba cuenta de que se le deformaba el recuerdo, y él quería demasiado los hechos para permitirse deformarlos; pretendía narrarlos con toda exactitud, pero bien pronto advirtió que era imposible; y por eso lo empezó a torturar esa indefinida y secreta angustia." (pp. 184-185)

"Aquel tipo que era  yo antes de conocerla, tenía la indiferencia del cansancio. Si yo la hubiera conocido mucho antes, mucho antes hubiera gastado mis energías en amarla; pero como no la encontré, esas energías las gasté en pensar: había pensado tanto que había descubierto lo vano y falso del pensamiento cuando éste cree que es él, en primer término, quien dirige nuestro destino. Y a pesar de saber esto, seguía pensando, mis energías seguían minando el pensamiento, y sentía el más antipático cansancio." (p. 185)

(Ambas citas pertenecen al relato "Las dos historias".)



T. S. Eliot
FUNCIÓN DE LA POESÍA Y FUNCIÓN DE LA CRÍTICA
Barcelona, 1968, Seix Barral.


“Exigimos al crítico teorizante capacidad para reconocer un buen poema así que se enfrenta con él; mas quien sabe reconocer un buen poema no siempre acierta a explicarnos el porqué de su bondad. La experiencia poética, como cualquier otra, sólo es parcialmente expresable en palabras (…) Personas incapaces de explicar su afición por un poema tienen, a veces, una sensibilidad más profunda y discriminadora que otras a quienes no cuesta nada hablar copiosamente sobre él; recordemos que la poesía no se escribe pura y simplemente para proveer de tema de conversación.” (p. 31)

“Si la poesía es una forma de <<comunicación>>, lo que se comunica es el poema mismo y sólo incidentalmente la experiencia y el pensamiento que se han vertido en él. El poema tiene una experiencia que está entre el poeta y el lector, una realidad que no es simplemente la realidad de lo que el escritor está tratando de expresar, o de su experiencia al escribir el poema, o de la experiencia del lector o del escritor como lector. Consecuentemente, el problema de lo que un poema <<significa>> es mucho más difícil de lo que a primera vista parece.” (p. 41)